Vísperas – San Marcos Evangelista

VÍSPERAS

SAN MARCOS, evangelista

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Benditos son los pies de los que llegan
para anunciar la paz que el mundo espera,
apóstoles de Dios que Cristo envía,
voceros de su voz, grito del Verbo.

De pie en la encrucijada del camino
del hombre peregrino y de los pueblos,
es el fuego de Dios el que los lleva
como cristos vivientes a su encuentro.

Abrid pueblos, la puerta a su llamada,
la verdad y el amor son don que llevan;
no temáis, pecadores, acogedlos,
el perdón y la paz serán su gesto.

Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero,
gracias, Señor, que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Soy ministro del Evangelio por la gracia que Dios me dio.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por la gracia que Dios me dio.

SALMO 125

Ant. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
´»el Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

CÁNTICO de EFESIOS

Ant. A mí se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A mí se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo.

LECTURA: Col 1, 3-6a

En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero.

RESPONSORIO BREVE

R/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

R/ Sus maravillas a todas las naciones.
V/ La gloria del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Contad a los pueblos la gloria del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Dios, Padre de los astros, que nos ha llamado a la fe verdadera por medio del Evangelio de su Hijo, y oremos por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que resucitaste de entre los muertos a tu Hijo, el gran pastor de las ovejas,
— haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
— haz que el evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
— danos también a nosotros sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
— haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has sentado a tu Hijo a tu derecha, en el cielo,
— Admite a los difuntos en tu reino de felicidad.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – San Marcos Evangelista

Ellos salieron a predicar por todas partes

San Marcos

1. Introducción.

Señor, quiero hacer este rato de oración contando contigo. Parece que tienes prisa de lanzar a los discípulos a predicar, a llevar el evangelio a todas las gentes. A veces yo no tengo esa prisa. Soy lento, pongo excusas, sólo veo dificultades a la hora de salir a evangelizar. Necesito orar para lanzarme a la misión con alegría, con el deseo de que otros también se provechen de lo que yo estoy viviendo. Pero algo tengo claro: No puedo ser apóstol sin ser testigo.

2. Del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo se apareció Jesús y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

3. Qué dice el texto.

         Meditación-reflexión

Me llaman la atención estas palabras que siempre deben ir juntas: “Se apareció Jesús y les dijo: Id”. Sin encuentro con el Señor no puede haber misión. Sólo el que ha hecho experiencia de encuentro con el Resucitado está capacitado para ser apóstol.  No hay que ir por ir, sino ir a llevar a los hombres y mujeres del mundo un mensaje de ilusión, de esperanza, de vida. Hay mucha gente que se lo pasa muy mal: está triste, no tiene horizontes, no tiene nada claro su futuro. Y nosotros debemos dar testimonio de nuestra fe en Cristo Resucitado. No se nos pide dar clases sino aportar experiencias. La gente necesita vernos alegres, con la sonrisa en los labios, con la paz en la mirada, con la ternura en el corazón. A los primeros cristianos les dieron el título de “hombres inéditos”. Con la Resurrección de Cristo se ha hecho una nueva edición de hombre. Y de todo eso nosotros debemos ser testigos. Nuestra fe debe ser contagiosa.

Palabra del Papa

“Al celebrar la canonización de un gran misionero del Evangelio, san José Vaz, al igual que muchos misioneros en la historia de la Iglesia, él respondió al mandato del Señor resucitado de hacer discípulos en todas las naciones… San José Vaz nos da un ejemplo de celo misionero. A pesar de que llego a Ceilán para ayudar y apoyar a la comunidad católica, en su caridad evangélica llego a todos. Dejando atrás su hogar, su familia, la comodidad de su entorno familiar, respondió a la llamada a salir, a hablar de Cristo dondequiera que fuera. San José Vaz sabía cómo presentar la verdad y la belleza del Evangelio en un contexto multi-religioso, con respeto, dedicación, perseverancia y humildad. Éste es también hoy el camino para los que siguen a Jesús. Estamos llamados a salir con el mismo celo, el mismo ardor, de san José Vaz, pero también con su sensibilidad, su respeto por los demás, su deseo de compartir con ellos esa palabra de gracia, que tiene el poder de edificarles. Estamos llamados a ser discípulos misioneros”. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de enero de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio).

5.- Propósito: No hablar de Dios sin antes haber estado con Él.

6.- Dios me ha hablado hoy aquí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por este momento de oración donde he descubierto lo grande y hermoso que es para mí el poder dedicar mi tiempo para predicar tu evangelio. Y la gran noticia que yo puedo dar es la que el mundo más necesita:  que Cristo ha resucitado y así nos ha demostrado que Él llevaba razón; que una vida dada totalmente a los demás tiene pleno sentido. Y también que los violentos, los estafadores, los que se pasan la vida criticando a los demás, nunca tendrán razón, ni podrán ser felices.

ORACIÓN POR LA PAZ.

«Señor Jesús, Príncipe de la Paz, mira a tus hijos que elevan su grito hacia ti: Ayúdanos a construir la paz. Consuela, oh Dios misericordioso, los corazones afligidos de tantos hijos tuyos, seca las lágrimas de los que están en la prueba, haz que la dulce caricia de tu Madre María caliente los rostros tristes de tantos niños que están lejos del abrazo de sus seres queridos. Tú que eres el Creador del mundo, salva a esta tierra de la destrucción de la muerte generalizada, haz que callen las armas y que resuene la dulce brisa de la paz. Señor Dios de la esperanza, ten piedad de esta humanidad sorda y ayúdala a encontrar el valor de perdonar». (Parolín, Secretario del Estado Vaticano).

Echad la red

Las lecturas de este domingo narran una aparición de Jesús a los discípulos en el lago  y los  primeros pasos de la iglesia naciente. Resaltan el sentido evangelizador de la comunidad cristiana y la presencia en ella de Jesús.

El evangelio no invita a lanzar las redes en nombre de Jesús -“sin mí no podéis hacer nada”-, confiando en su palabra. Junto a Pedro que sale a pescar hay otros discípulos, siete en total, signo de totalidad, indicando que la evangelización es tarea de toda la comunidad. La pesca en la noche (sin Jesús) es infructuosa, pero cuando le escuchan y siguen sus indicaciones las redes se desbordan; solo con El  la evangelización dará fruto. Los 153 peces (para los antiguos  eran las especies de peces que existía en los mares)  grandes y el que la red no se rompa,  significan la plenitud y universalidad de la Iglesia,  simbolizan  la totalidad de los hombres  destinatarios del evangelio,  sin distinción de lengua,  raza, sexo o condición social.  Pedro está desnudo, símbolo de debilidad, antes de conocer a Jesús; cuando lo reconoce “se ciñe la túnica” símbolo de servicio,se tira al agua (gesto de dar la vida) y se sienta a la mesa para compartir el fruto de la pesca =participa en el banquete del Señor y de los hermanos. (F. Ulibarri).     La frugal comida que siguió a la pesca ha de entenderse en clave eucarística. Jesús repite el ritual de la multiplicación de los panes, que es mismo de la última cena y de Emaús: toma el pan, luego el pescado, y se lo da.

La 2ª parte del evangelio, recoge la conversación de Pedro con Jesús. En ella Jesús le confía la responsabilidad  y primacía de la comunidad, sobre una triple confesión de amor, que recuerda  la triple negación en la pasión. “Me amas- Tú lo sabes todo- Apacienta- Sígueme”.   Pedro es el personaje más nombrado del NT, después de  Jesús.  Los evangelios le presentan como prototipo de discípulo, no por su ejemplaridad, sino por su conversión. Pedro puede ser  un referente para el proceso del discípulo de todos los tiempos.

“El discípulo amado” es el que reconoce a Jesús en la orilla y se lo indica a los demás. Y el amor será el signo y fundamento de la comunidad y lo que logrará  que la red no se rompa. Fue el amar “más que estos”  lo que trasformó, al Pedro de la espada y de la ambición de los primeros puestos, en discípulo y pastor. El seguimiento y opción por Jesús exige la renuncia a toda  forma de poder y de violencia, en la vida y especialmente en el servicio a la comunidad.

No siempre ha sido así. A lo largo de la historia de la Iglesia  la red de la fraternidad  y del servicio  se ha visto desgarrada y rota  por mil sutiles formas de ambición y de dominio, sobre la sociedad y al interior de la comunidad. Incluso hemos justificado  la violencia y el abuso de poder,  en nombre de Dios.

En este momento, en que la propia Iglesia toma conciencia de los abusos de poder que se han dado en su seno, resuena con nueva fuerza el mandato de Jesús y su pregunta a Pedro: ¿me amas más que estos?. Hoy podemos preguntarnos: ¿es el amor lo que nos mueve a los discípulos, especialmente a los pastores?; es el amor quien rige nuestras relaciones y quien inspira nuestras actitudes y decisiones, nuestras normas e instituciones?

La 1ª lectura insiste en La misión evangelizadora como la tarea esencial y permanente de la Iglesia, desde su inicio. Pedro proclama  la esencia del mensaje cristiano: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús y lo constituyó Señor.  Esta convicción profunda de  fe, convierte a los discípulos en apóstoles de la Resurrección “nosotros somos testigos de esto”. Y ni las prohibiciones ni las persecuciones podrán frenar ese impulso evangelizador porque  “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

 Esa es la actitud del hombre de fe.  Lo difícil es saber cuál es  el pensamiento y la voluntad de Dios para no atribuir a Dios lo que en el fondo son deseos o  intereses nuestros. En este caso, tanto los judíos como los apóstoles actuaban en nombre de Dios. ¿Cómo discernir cual es la voluntad de Dios?   Gamaliel da un criterio siempre válido: “si es obra de los hombres, se destruirá sola. Si viene de Dios no podréis destruirla”.  No nos apresuremos a condenar o rechazar cualquier idea o propuesta nueva que contradiga nuestra manera de pensar o de hacer, ni nos dejemos llevar por el inmediato y rápido éxito.    En cualquier caso la Palabra de Dios y su voluntad requiere siempre discernimiento a partir de los signos en los que se nos manifiesta.

La  Iglesia tiene que seguir anunciando con audacia y valentía la Buena Noticia de Jesús.  En un momento en que podemos sentirnos, como Iglesia, asediados, perseguidos, y condenados, Dios nos sigue diciendo: “echad las redes”, no temáis yo estoy con vosotros en la barca, sed  testigos vivos del Resucitado. ¿Dónde? En las tareas y vida de cada día. ¿Cómo? Poniendo amor donde reina la violencia, despertando esperanza en medio de la tormenta, promoviendo la justicia y la dignidad de las personas a pesar de las prohibiciones y persecuciones,… consolando, perdonando, liberando.  Eso es vivir y celebrar la Pascua.

Pidamos al Señor, para nosotros y para todos los creyentes, la parresía de la primera comunidad cristiana.

Fray Jesús María Galdeano Aramendía O.P.

Comentario – Lunes II de Pascua

Jn 3, 1-8

Durante seis semanas haremos una lectura casi continua del evangelio según san Juan. El tiempo pascual es un tiempo de plenitud: la resurrección de Jesús ha revelado su «ser’ profundo… su misterio divino. Era bastante natural en este momento del año, colocar el evangelio que ha ido más lejos en la contemplación de la «Persona» de Jesús. El tema fundamental de san Juan podría expresarse así:

El Hijo único de Dios se ha encarnado y ha sido entregado por el Padre al mundo a fin de revelar y comunicar a los hombres las riquezas misteriosas de la vida divina.

Nicodemo rué de noche a Jesús y le dijo: «Sabemos que has venido como maestro de parte de Dios…»

Nicodemo es un hombre de buena fe. Ha observado a Jesús, y de sus observaciones ha sacado la conclusión de que ‘ Jesús viene de Dios».

Respondió Jesús y le dijo: «Sí, en verdad te digo que quien no naciere de nuevo no podrá entrar en el reino de Dios.»

El «reino», o «reinado» de Dios… era una noción frecuente en los otros tres evangelios. San Juan, reemplaza esta noción por la de «vida». La fe da acceso al hombre a un modo de existencia totalmente nuevo, porque es «divino»: ¡es la vida de Dios… en el hombre! Es necesario pues «un nacer de nuevo». San Pablo habla de un «injerto . Cada autor, a su modo, intenta revelarnos el misterio.

Ser bautizado, es renacer. Es como si todo volviera a empezar. Es una resurrección. Un nuevo ser. Señor, haz que yo renazca, nuevo cada día.

Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu.

«Nacido de la carne»… «Nacido del Espíritu…»

Dejo resonar en mí esta oposición.

Yo sé lo que es la «carne’: es la naturaleza humana con sus posibilidades y sus límites… es una maravilla frágil. Adivino lo que es el «Espíritu»… es la potencia divina. Desde mi bautismo, habita en mí el Espíritu de Dios.

Yo he «nacido del Espíritu».

¿Pero es realmente verdad que soy «espiritual», que soy «espíritu»?

¿Qué exigencias debería tener esto en mi vida cotidiana?

El viento sopla donde quiere. Oyes su voz. Pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo hombre nacido del Espíritu.

En griego, la misma palabra «pneuma» designa a la vez el viento y el espíritu .

La imagen es sugestiva: Jesús subraya el carácter «misterioso», invisible, difícil de controlar, del viento. No se sabe de dónde viene ni adonde va.

Estar bautizado es ser conducido por ese soplo divino invisible. ¿Acepto yo que sea Dios, el Espíritu, quien me impulse hacia adelante, quien me conduzca «no sé adonde»?

‘El viento sopla donde quiere.» ¡Vivir con lo invisible!

‘Lo esencial es invisible para los ojos», escribía Saint-Exupéry en el «Pequeño Príncipe».

No te maravilles si te he dicho: «Es preciso renacer.»

Sí, es una novedad radical… un «hombre divinizado», un hombre animado de una vida superior, un hombre participante actualmente de la vida divina.

Es conveniente hallar de vez en cuando el tiempo para pensar en ello, para realizar esta vida de verdad: la oración, tiempo privilegiado de empalmar con el Espíritu.

Noel Quesson
Evangelios 1

Homilía – Domingo III de Pascua

ENCUENTRO Y MISIÓN

UN MENSAJE PARA HOY EN UN LENGUAJE DE AYER

Son muchos los cristianos a los cuales los relatos pascuales les desconciertan. En primer lugar, hay algunas discordancias entre los relatos de los diversos evangelistas. No comprenden por qué los discípulos no reconocen a Jesús si es el mismo con quien convivieron. No comprenden, así mismo, cómo Jesús, estando glorificado, pueda comer de la misma forma que quien vive en carne mortal. El evangelista nos da a entender que comió con ellos pan y pescado.

Evidentemente, los relatos, todos cargados de simbolismo, no pretenden primordialmente ser una crónica de acontecimientos pasados, sino una realidad que tiene lugar en el presente y también en el futuro. Tienen como finalidad básica anunciar a los discípulos y a sus comunidades, nostálgicos por no haber conocido al Señor, que está vivo y presente en medio de ellos, pero al que hay que reconocer con una mirada de fe (Jn 21,4). Porque está vivo y nos es cercano, podemos tener una relación personal con él, como la tuvo Pedro, como la han tenido y la tienen grandes creyentes.

Los relatos pascuales subrayan que todos los encuentros con el Señor, sea a nivel de fe personal, en la comunidad o en la celebración de la Eucaristía son, al mismo tiempo, un envío. Esto es lo que significa el símbolo de la pesca que el Señor ordena a los discípulos: «Echad la red». La pesca es el símbolo tomado del oficio de la mayoría de los apóstoles para designar la misión de la comunidad. Cuando Jesús llama a los primeros discípulos, les dice: «Desde ahora seréis pescadores de hombres» (Me 1,17). A Pedro, que con tres contestaciones de amor borra las tres negaciones, le pide el Señor que su amor lo encarne en solicitud por sus hermanos.

La misión es esencial al ser de la comunidad cristiana. «La Iglesia existe para evangelizar» {EN 14), afirma rotundamente Pablo VI. La Iglesia no es sólo la comunidad de los que se salvan, sino que es también la que evangeliza con la palabra y el testimonio.

Es aleccionador leer en el libro de los Hechos la constatación que hace Lucas: Pedro, Felipe, Esteban, Pablo van a evangelizar impulsados por el Espíritu, no por iniciativa propia, no por libre (Hch 8,26). Pablo intenta ir a Bitinia, «pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió» (Hch 16,7).

La fe es un compromiso misionero. Tertuliano aseguraba: «El cristiano que no es un apóstol, es un apóstata». Si la Iglesia existe para evangelizar, sabemos que quienes tienen que llevar a cabo la misión somos los cristianos, incluidos, naturalmente, los seglares, «Iglesia en el mundo». «El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez, consigna Pablo VI. He aquí la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia…» (EN 24).

EN LA NOCHE NO COGIERON NADA

Pedro, como principal del grupo, invita a sus compañeros a pescar: «Voy a pescar». «Vamos nosotros también contigo», le responden. Pero en toda la noche «no cogen nada». Este detalle del evangelista lleva un mensaje subyacente alertador. Los apóstoles van a «pescar», van a anunciar la Buena Noticia, pero por iniciativa propia, no por envío del Señor. Y van de noche. La noche, en el evangelio de Juan, representa la ausencia de Jesús, luz del mundo (Jn 8,12)… No van en su nombre, no van impulsados por el Espíritu; por eso «no cogieron nada». El evangelista alerta a los cristianos, tanto individual como comunitariamente, a purificar las motivaciones de la acción misionera.

Deplorablemente, hay demasiadas apuestas misioneras personales, sin discernimiento, motivadas por el deseo de gratificación, de llenar el tiempo, de obtener diversas recompensas. Esto es lo que hace que estallen los conflictos, las rivalidades entre personas y grupos, de tal modo que, a veces, no sólo no se pesca nada, sino que se aleja la pesca que otros podrían pescar. Hay muchas personas de dentro y fuera de la Iglesia que se escandalizan de nuestras peleas por los primeros puestos y la hegemonía de nuestro grupo.

¿Por qué nos lamentamos con frecuencia de que nuestra labor educacional con los hijos y nuestras invitaciones a la fe «no llegan»? Porque «es de noche», porque no está el Señor con nosotros en el ministerio, no lo hacemos «en su nombre», desde el amor y la gratuidad, porque no lo hacemos movidos por el Espíritu, como Pedro, Pablo, Felipe, Esteban, de quien dice Lucas: «Unos cuantos de la sinagoga se pusieron a discutir con él, pero no logrando hacer frente al espíritu con que hablaba…» (Hch 6,8-11).

El evangelista señala también: «Pedro subió a la barca y arrastró la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red». El dato está lleno de simbolismo. Por una parte, quiere proclamar que cuando se actúa en nombre de Jesús, cuando se trabaja de día, a la luz de la verdad, entonces nuestro quehacer es fecundo. El autor escribe el relato varios decenios después de la

resurrección de Jesús, cuando integran la Iglesia personas de diversas razas, culturas y condiciones; señala «ciento cincuenta y tres» porque ése era el número de naciones entonces conocido y quiere indicar la universalidad de la Iglesia. Ya no son sólo los judíos. Y señala otro dato que lleva mensaje: «Aunque eran tantos, no se rompió la red», aunque eran de diferentes razas, culturas y condiciones, lo que suponía una

gran diversidad, no se rompía la unidad, porque la relación y la convivencia estaban marcadas por el amor fraterno. El evangelista alude, sin duda, a la unidad que reinaba en las comunidades del Imperio en las que convivían cultos e incultos, judíos y paganos, ricos y pobres, esclavos y libres, comunidades en las que, a pesar de la heterogeneidad, «tenían todos un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32).

EL SECRETO DEL PAN Y EL PESCADO

El grupo apostólico se encuentra con Jesús antes de salir a pescar; van a alta mar siguiendo la consigna del Maestro. Se reencuentran con el Maestro después de la pesca. Y les acompaña también en la pesca («el Señor confirmaba el mensaje con las señales que los acompañaban» -Mc 16,20-). Jesús les prepara una comida de pan y peces asados, el pan de la Eucaristía y los peces, símbolos del cristianismo. Es precisamente en la «fracción del pan», en el hacer memoria de la entrega martirial y la resurrección de Jesús, en la comida de fraternidad, donde los discípulos se encuentran con el Señor, se llenan de su Espíritu y se disponen así a vivir su misión de Iglesia, cada uno en el lugar a donde el Señor le envía. Se trata, naturalmente, de eucaristías que van mucho más allá del mero cumplimiento.

¿Hacia qué compromisos nos empuja el Señor? Tal vez los hemos intentado otras veces, pero de noche, sin suficiente fe en el Señor, como les ocurrió a los apóstoles. Es cuestión de intentarlo de nuevo, pero de día, impulsados por la palabra del Señor, y en comunidad como los apóstoles. Seguramente nos ocurrirá como a ellos: quedaremos asombrados de la fecundidad de nuestra acción. Nos ocurrirá lo que alguien ha dicho de un gran creyente de nuestro tiempo: No sabía que era imposible, y lo logró.

Atilano Alaiz

Jn 21, 1-19 (Evangelio Domingo III de Pascua)

La Resurrección, experiencia de amor

El evangelio de este domingo, como todo Jn 21, es muy probablemente un añadido a la obra cuando ya estaba terminada. Pero procede de la misma comunidad joánica, pues contiene su mismo estilo, lenguaje y las mismas claves teológicas. El desplazamiento de Jerusalén al mar de Tiberíades nos sitúa en un clima anterior al que les obligó a volver a Jerusalén después de los acontecimientos de la resurrección. Quiere ser una forma de resarcir a Pedro, el primero de los apóstoles, de sus negaciones en el momento de la Pasión. Es muy importante que el “discípulo amado”, prototipo del seguidor de Jesús hasta el final en este evangelio, detecte la presencia de Jesús el Señor y se lo indique así a los demás. Es un detalle que no se debe escapar, porque como muchos especialistas leen e interpretan, no se trata de una figura histórica, ni del autor del evangelio, sino de esa figura prototipo de fe y confianza para aceptar todo lo que el Jesús de San Juan dice en este escrito maravilloso.

Pedro, al contrario que en la Pasión, se tira al agua, “a su encuentro”, para arrepentirse por lo que había oscurecido con sus negaciones. Parece como si todo Jn 21 hubiera sido escrito para reivindicar a Pedro; es el gran protagonista, hasta el punto de que él sólo tira de la red llena de lo que habían pescado para dar a entender cómo está dispuesto ahora a seguir hasta el final al Señor. Pero no debemos olvidar que es el “discípulo amado” (v. 7) el que delata o revela situación. Si antes se ha hablado de los Zebedeos, no quiere decir que en el texto “el discípulo amado” sea uno de ellos. Es el discípulo que casi siempre acierta con una palabra de fe y de confianza. Es el que señala el camino, el que descubre que “es el Señor”. Y entonces Pedro… se arroja.

El relato nos muestra un cierto itinerario de la resurrección, como Lucas 24,13-35 con los discípulos de Emaús. Ahora las experiencias de la resurrección van calando poco a poco en ellos; por eso no se les ocurrió preguntar quién era Jesús: reconocieron enseguida que era el Señor que quería reconducir sus vidas. De nuevo tendrían que abandonar, como al principio, las redes y las barcas, para anunciar a este Señor a todos los hombres. También hay una “comida”, como en el caso de Lc 24,13ss, que tiene una simbología muy determinada: la cena, la eucaristía, aunque aquí parezca que es una comida de “verificación” de que verdaderamente era el Señor resucitado. Probablemente el relato de Lc 24 es más conseguido a nivel literario y teológico. En todo caso los discípulos descubrieron al Señor como el resucitado por ciertos signos que habían compartido con El.

Todo lo anterior, pues, prepara el momento en que el Señor le pide a Pedro el testimonio de su amor y su fidelidad, porque a él le debe encomendar la responsabilidad de la primera comunidad de discípulos. Pedro, pues, se nos presenta como el primero, pero entendido su “primado” desde la experiencia del amor, que es la experiencia base de la teología del evangelio de Juan. Las preguntas sobre el amor, con el juego encadenado entre los verbos griegos fileô y agapaô (amar, en ambos casos) han dado mucho que hablar. Pero por encima de todo, estas tres interpelaciones a Pedro sobre su amor recuerdan necesariamente las tres negaciones de la Pasión (Jn 18,17ss). Con esto reivindica la tradición joánica al pescador de Galilea. Sus negaciones, sus miserias, su debilidad, no impiden que pueda ser el guía de la comunidad de los discípulos. No es el discípulo perfecto (eso para el evangelio joánico es el “discípulos amado”), pero su amor al Señor ha curado su pasado, sus negaciones. En realidad, en el evangelio de Juan todo se cura con el amor. Y esta, pues, es una experiencia fundamental de la resurrección, porque en Tiberíades, quien se hacen presente con sus signos y pidiendo amor y dando amor, es el Señor resucitado.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Ap 5, 11-14 (2ª lectura Domingo III de Pascua)

Liturgia pascual en el cielo

La segunda lectura nos narra una segunda visión del iluminado de Patmos, en la que se adentra en el santuario celeste (una forma de hablar de una experiencia intensa de lo divino y de la salvación) donde está Dios y donde aparece una figura clave del Apocalipsis: el cordero degollado, que es el Señor crucificado, aunque ya resucitado. Con él estaba toda la plenitud de la vida y del poder divino, como lo muestra el número siete: siete cuernos y siete espíritus.

La visión, pues, es la liturgia cósmica (en realidad todo el libro del Apocalipsis es una liturgia) del misterio pascual, la celebración y aclamación del misterio de la muerte y resurrección del Señor. Toda la liturgia cristiana celebra ese misterio pascual y por medio de la liturgia los hombres nos trasladamos a aquello que no se puede expresar más que en símbolos. Pero para celebrar y vivir lo que se ha hecho por nosotros.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Hch 5, 27-32. 40-41 (1ª lectura Domingo III Pascua)

Testigos: El Espíritu y la Comunidad

La primera lectura nos presenta el discurso de defensa que Pedro hace ante el Sanedrín judío, que ha comenzado a perseguir a los primeros cristianos, después que los saduceos y las clases sacerdotales (los verdaderos responsables también de la condena de Jesús) se han percatado de que lo que el Nazareno trajo al pueblo no lo habían logrado hacer desaparecer con su muerte. Los discípulos, que comenzaron tímidamente a anunciar el evangelio, van perdiendo el miedo y están dispuestos a dar razón de su fe y de su nuevo modo de vida. Fueron encarcelados y lograron su libertad misteriosamente.

Para dar razón de su fe, de nuevo, recurren al kerygma que anuncia con valentía la muerte y la resurrección de Jesús, con las consecuencias que ello supone para los responsables judíos que quisieron oponerse a los planes de Dios. La resurrección, pues, no es ya solamente que Jesús ha resucitado y ha sido constituido Salvador de los hombres, sino que “implica” también que su causa continúa adelante por medio de sus discípulos que van comprendiendo mucho mejor lo que el Maestro les enseñó. Esta es una expresión que ha marcado algunas de las interpretaciones sobre el acontecimiento y que no ha sido admitida. Pero en realidad se debe tomar en consideración.

No podemos centrarnos solamente en el “hecho” de la resurrección en la persona de Jesús, sino que también debemos considerar que la resurrección de Jesús cambia la vida y el horizonte de sus discípulos. Y esto es muy importante igualmente, ya que sin ello, si bien se proclame muchas veces que “Jesús ha sido resucitado” no se hubiera ido muy lejos. Es decir, la resurrección de Jesús también da una identidad definitiva a la comunidad cristiana. Ahora la causa de Jesús les apasiona, les fascina, y logran dar un sentido a su vida, que es, fundamentalmente, “anunciar el evangelio”.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Comentario al evangelio – San Marcos Evangelista

Hoy es el día de san Marcos. Celebrar esta fiesta es un motivo de gozo. Y más este año que nos está acompañando en la lectura dominical. El párrafo que sigue es una síntesis del artículo mayor de Enric González publicado en El País, el pasado 1 de marzo. Si alguien como él, que se define como no creyente, se declara profundo admirador de su obra, más motivos tenemos nosotros, creyentes, para sentir un profundo agradecimiento a quien puso por primera vez negro sobre blanco la vida de Jesús. De la admiración al agradecimiento.

Construir un relato no es nada fácil, aunque se trate de contar algo realmente acontecido y dispongamos de datos fiables. Incluso si el narrador ha sido testigo ocular de lo que cuenta, necesita atar cabos sueltos, explicar detalles dudosos y, sobre todo, fabricar una coherencia que no existe en la vida real. Y, por supuesto, ha de tener el valor y la lucidez necesarios para aceptar su propia subjetividad. Las historias crecen y se transforman cada vez que se cuentan o se escriben, pero el texto original, el primero, posee una luz característica: la luz de la creación. Por eso me parece admirable el relato que generalmente atribuimos a alguien llamado Marcos, de quien sólo conocemos lo que escribió. No hablo del evangelio de Marcos como creyente, porque no lo soy, sino como devoto admirador de su breve obra literaria. Recomiendo la lectura del relato de Marcos porque, aunque estilísticamente tosca, es dinámica, abunda en intriga y misterios, contiene presencias diabólicas y exorcismos, y concluye de forma desconcertante. El llamado Marcos creó una historia (desconocemos los hechos reales, sólo sabemos lo que él nos cuenta) sobre la que se construyó gran parte de la cultura occidental. Entre los evangelios, es el único que habla de alguien que parece un hombre real y de su tiempo.

La lectura evangélica de hoy son las últimas palabras del libro. Estas palabras se entienden perfectamente cuando se ha leído-comprendido-vivido toda la historia.

  • Predicad el Evangelio a toda la creación. Id llevando Noticias Buenas. A todos, a todas. A todo: la creación, la tierra. Esta semana, que hemos celebrado el día de la tierra, comprendemos mejor la cantidad de buenas noticias, en forma de sensibilidad ecológica, que espera nuestro querido planeta. Y la cantidad de hermanos y hermanas nuestras que están esperando que seamos para ellos la Buena Noticia de Dios.
  • Los signos que nos acompañan. Me llama la atención la de hablar el lenguaje universal, que todos entienden. Ese lenguaje universal es el de los hechos, que todo el mundo entiende.
  • Ellos se fueron a predicar el Evangelio. Y así hasta hoy.

Ciudad Redonda

Meditación – San Marcos Evangelista

Hoy celebramos la memoria de san Marcos Evangelista.

La lectura de hoy es del evangelio de san Marcos (Mc 16, 15-20):

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Hoy, en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra: al evangelizador se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). 

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. 

—¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano».

Mons. Agustí CORTÉS i Soriano