Comentario – Lunes II de Pascua

Jn 3, 1-8

Durante seis semanas haremos una lectura casi continua del evangelio según san Juan. El tiempo pascual es un tiempo de plenitud: la resurrección de Jesús ha revelado su «ser’ profundo… su misterio divino. Era bastante natural en este momento del año, colocar el evangelio que ha ido más lejos en la contemplación de la «Persona» de Jesús. El tema fundamental de san Juan podría expresarse así:

El Hijo único de Dios se ha encarnado y ha sido entregado por el Padre al mundo a fin de revelar y comunicar a los hombres las riquezas misteriosas de la vida divina.

Nicodemo rué de noche a Jesús y le dijo: «Sabemos que has venido como maestro de parte de Dios…»

Nicodemo es un hombre de buena fe. Ha observado a Jesús, y de sus observaciones ha sacado la conclusión de que ‘ Jesús viene de Dios».

Respondió Jesús y le dijo: «Sí, en verdad te digo que quien no naciere de nuevo no podrá entrar en el reino de Dios.»

El «reino», o «reinado» de Dios… era una noción frecuente en los otros tres evangelios. San Juan, reemplaza esta noción por la de «vida». La fe da acceso al hombre a un modo de existencia totalmente nuevo, porque es «divino»: ¡es la vida de Dios… en el hombre! Es necesario pues «un nacer de nuevo». San Pablo habla de un «injerto . Cada autor, a su modo, intenta revelarnos el misterio.

Ser bautizado, es renacer. Es como si todo volviera a empezar. Es una resurrección. Un nuevo ser. Señor, haz que yo renazca, nuevo cada día.

Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu.

«Nacido de la carne»… «Nacido del Espíritu…»

Dejo resonar en mí esta oposición.

Yo sé lo que es la «carne’: es la naturaleza humana con sus posibilidades y sus límites… es una maravilla frágil. Adivino lo que es el «Espíritu»… es la potencia divina. Desde mi bautismo, habita en mí el Espíritu de Dios.

Yo he «nacido del Espíritu».

¿Pero es realmente verdad que soy «espiritual», que soy «espíritu»?

¿Qué exigencias debería tener esto en mi vida cotidiana?

El viento sopla donde quiere. Oyes su voz. Pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo hombre nacido del Espíritu.

En griego, la misma palabra «pneuma» designa a la vez el viento y el espíritu .

La imagen es sugestiva: Jesús subraya el carácter «misterioso», invisible, difícil de controlar, del viento. No se sabe de dónde viene ni adonde va.

Estar bautizado es ser conducido por ese soplo divino invisible. ¿Acepto yo que sea Dios, el Espíritu, quien me impulse hacia adelante, quien me conduzca «no sé adonde»?

‘El viento sopla donde quiere.» ¡Vivir con lo invisible!

‘Lo esencial es invisible para los ojos», escribía Saint-Exupéry en el «Pequeño Príncipe».

No te maravilles si te he dicho: «Es preciso renacer.»

Sí, es una novedad radical… un «hombre divinizado», un hombre animado de una vida superior, un hombre participante actualmente de la vida divina.

Es conveniente hallar de vez en cuando el tiempo para pensar en ello, para realizar esta vida de verdad: la oración, tiempo privilegiado de empalmar con el Espíritu.

Noel Quesson
Evangelios 1

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