Comentario – Martes II de Pascua

Jn 3, 7-15

Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser esto?»

San Juan, más que los otros evangelistas, ha notado las controversias, las preguntas que los interlocutores hacían a Jesús.

Mas que grandes discursos Jesús dialogaba.

Aquí, hay que imaginarnos a Nicodemo frente a Jesús. Es una conversación. Mi plegaria debería ser a veces así: hacer preguntas a Jesús.

Jesús le dijo: «¿Eres maestro en Israel y no sabes ésto?»

Incluso el más sabio entre los «maestros» no puede comprender. Toda la ciencia de Israel es incapaz de saber lo que revela Jesús. Conocer el Espíritu de Dios es imposible al hombre, incluso al más inteligente.
Nicodemo, «maestro de Israel», es invitado a hacerse pequeño… debe renunciar a todo lo que sea su ciencia… es necesario que «nazca de nuevo».

¿Me fío yo quizá de mis propias luces?

¿Acepto humildemente no entenderlo todo en las cosas de la fe? ¿No hay en mí también algo de ese orgullo de Nicodemo que hubiera querido captar toda la verdad?

Sí, efectivamente, hablamos de lo que conocemos, damos testimonio de lo que hemos visto… Solamente Jesús tiene la experiencia inmediata de las cosas de Dios: ¡habla de lo que conoce, dice lo que ha visto!

La Fe es ésto: ver con los ojos de Jesús… Es confiar en la palabra de Jesús… es dejarse introducir por El en su dominio divino.

La más humilde viejecita, que haya entregado su vida a Jesús y crea en El, tiene un mayor conocimiento sobre Dios que el más sabio de los teólogos y filósofos.

Y vosotros no recibís nuestro testimonio… Si hablándoos de cosas terrenas no creéis…

Desde el comienzo el evangelio según San Juan es dramático. Hace notar la incredulidad. Subraya las reacciones de los hombres frente a las afirmaciones de Jesús.

Y esto es siempre verdad en el día de hoy: hay que tomar partido por o en contra de Jesús. No es un drama del pasado. Los contemporáneos de Jesús representaban a los hombres de todo tiempo:

—o bien se acepta su Palabra, aún sin comprenderlo todo y se es «creyente’…

—o bien se acepta su Palabra, aún sin comprenderlo todo y se es «creyente …

Hoy tenemos demasiada tendencia a pensar que la incredulidad es un fenómeno reciente. Jesús subraya aquí la responsabilidad del hombre que no cree: «no recibís mi testimonio… no creéis…».

¿Cómo creeréis cuando os hable de «cosas celestiales»? Nadie sube al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Ya en los tres evangelios sinópticos el título de «Hijo del hombre» era utilizado, en referencia al profeta Daniel, para decir «el origen celeste» de Jesús. Juan acentúa esta revelación hablando de «¡descender» del cielo!

Jesús es aquél que viene del cielo y remonta al cielo.

El cielo es su verdadera patria. Dios es su medio ambiente.

Así es preciso que sea «levantado» el Hijo del hombre, para que todo el que creyere en El tenga la vida eterna. Jesús conocerá el sufrimiento y la muerte —»levantado» en la cruz—. Fue ya anunciado desde el comienzo del evangelio. Pero es así como comunica la «vida divina». La «vida eterna» a los que creen.

Noel Quesson
Evangelios 1

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