Comentario – Viernes II de Pascua

Jn 6, 1-15

Empezamos hoy la lectura del famoso capítulo 6 de san Juan: es una verdadera síntesis teológica sobre la eucaristía y sobre la fe. Según un procedimiento de composición, habitual en san Juan, tendremos el relato de dos milagros, luego un largo discurso de Jesús que expresa y prolonga la significación de estos dos ‘ signos ‘ prodigiosos. La lectura de este conjunto abarcará toda la próxima semana, i) Multiplicación de los panes. 2) Marcha sobre las aguas. 3) Discurso sobre el Pan de Vida.

Al otro lado del lago le seguía una gran muchedumbre porque había visto los ‘signos que hada… subió Jesús al monte y se sentó con sus discípulos. Estaba cercana la Pascua, la gran fiesta de los Judíos.

alusión explícita a la proximidad de la Pascua… y, como enseguida veremos, la formula de bendición de los panes (eucaristasas en griego) que es exactamente la utilizada durante la Cena-comida pascual… prueban que san Juan pensaba ciertamente en la Eucaristía. No olvidemos, además, que cuando Juan escribió este relato, la Iglesia tenía ya una práctica de al menos unos 40 ó 5 o años de celebraciones eucarísticas.

Levantando pues los ojos, y contemplando la gran muchedumbre que venía a El, dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para dar de comer a éstos?»

Dios es amor, dirá san Juan en su primera Epístola.

Jesús es amor, nos revela a Dios.

Jesús ve las necesidades de los hombres. Jesús se preocupa de la felicidad de los hombres. Jesús tiene presente la vida de los hombres.

Su milagro de la multiplicación de los panes, como su sacramento de eucaristía… son gestos de amor.

¡Me paro a escuchar tu voz, Jesús! Eres Tú quien nos interroga, quien nos provoca. Eres Tú, Señor, quien nos pide saber mirar el hambre de los hombres, y sus necesidades aún las más prosaicas… «para que tengan de qué comer» Tú dices… ¡simplemente de qué comer! Y nosotros que tan a menudo soñamos en un Dios lejano, en las nubes. Eres Tú que nos conduces a nuestra vida humana cotidiana. Amar… ¡ahí está! es un humilde servicio cotidiano.

Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tanta gente?

Ante los grandes problemas humanos —el Hambre, la Paz, la Justicia— repetimos constantemente la misma respuesta: «¿qué podemos hacer nosotros? esto nos rebasa.»

Retengo la inmensa desproporción: 5 panes… 2 peces… 5.000 hombres.

Jesús tomó los panes, y, habiendo «eucaristiado» —habiendo «dado gracias»— se los distribuyó.
Dar Gracias. Agradecer a Dios.

Tal es el sentimiento de Jesús en este instante. Piensa en otra multiplicación de «panes». Piensa en el inaudito misterio de la comida pascual que ofrecerá a los hombres de todos los tiempos. No descuida el «hambre corporal», pero piensa sobre todo en el «hambre de Dios» que es de tal modo más grave aún para los hombres.

«Verdaderamente éste es el gran profeta, que ha de venir al mundo.» Pero Jesús conociendo que iban a venir para arrebatarle y hacerle rey se retiró otra vez al monte El solo.

Jesús no quiere dejar creer que El trabaja para un reino terrestre. Su proyecto no es político, incluso si tiene incidencias humanas profundas. Jesús no entra directamente en el proyecto de «liberación» cívica en el que sus contemporáneos quisieran arrastrarle. Esto será por otra parte la gran decepción de estas gentes, que le abandonarán todos. Jesús piensa que su proyecto es otro: su gran discurso sobre el ‘pan de la vida eterna» nos revelará ese «proyecto».

Noel Quesson
Evangelios 1