Lectio Divina – Santa Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena

Mi yugo es suave y mi carga ligera

1.-Oración introductoria.

Señor, te pido que me des un corazón humilde y sencillo, como el corazón de tu madre. Vengo hoy a ti no con la soberbia del fariseo que se creía mejor que los demás sino con la humildad del publicano que se sentía un gran pecador. No vengo a ti desde mi “exigencia” sino desde mi “indigencia”. No merezco que me des nada, pero sí pongo delante de ti mis manos vacías para que me las llenes.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

La alabanza de Jesús va dirigida a su Padre, Señor del cielo y de la tierra. Es muy importante esa vinculación que hace Jesús entre el Padre y el Creador. Jesús ha disfrutado como nadie de la Naturaleza porque para Él no existe “naturaleza muerta” sino que toda la creación es un regalo del Padre para nosotros. En la hoja del árbol, en el canto del pájaro, en el ruido del agua, en la brisa del mar, Jesús descubre las huellas del Padre. Salir a la Naturaleza es empaparme de la ternura del Padre. Es más. Toda la creación me lleva de la mano a un Dios cada vez más grande. Toda la creación, como una rendija entre las nubes, me lleva a las profundidades del misterio de Dios que se revela “a la gente sencilla”. Sólo éstos conocen el paso de Dios por la Creación y por la Historia. Por otra parte, Jesús aparece como el verdadero descanso para los apóstoles. Y ¿dónde descansamos las personas? El verdadero descanso está en el amor. El niño descansa en los brazos de su madre; y el esposo con su esposa, y los amigos con sus amigos. Y toda persona está llamada a descansar en el corazón de Dios. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón va de tumbo en tumbo mientras no descanse en Ti”.

Palabra del Papa.

La gente sencilla siempre tie­ne espacio para albergar el misterio. Tal vez hemos reducido nuestro hablar del misterio a una explicación racional; pero en la gente, el mis­terio entra por el corazón. En la casa de los pobres, Dios siempre encuentra sitio (Encuentro con el Episcopado brasileño, 27-7-13).

4.- Qué me dice a mí hoy este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Salir un rato al campo y disfrutar de la creación al pensar que ella es un bonito regalo del Padre para mí.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, por todo lo que he aprendido hoy en este espacio de oración. Gracias por las pistas que me has dado para disfrutar de la Naturaleza, no como un geólogo, sino como un hijo de Dios. Las montañas nevadas y los anchos mares; los pájaros con sus trinos y los peces de mil colores, todo lo ha creado mi Padre Dios para que lo disfrute. Y también para decirle: ¡Qué grande eres, Dios mío y qué inmenso es tu amor! Yo te adoro, te alabo y te amo.

ORACIÓN POR LA PAZ.

«Señor Jesús, Príncipe de la Paz, mira a tus hijos que elevan su grito hacia ti: Ayúdanos a construir la paz. Consuela, oh Dios misericordioso, los corazones afligidos de tantos hijos tuyos, seca las lágrimas de los que están en la prueba, haz que la dulce caricia de tu Madre María caliente los rostros tristes de tantos niños que están lejos del abrazo de sus seres queridos. Tú que eres el Creador del mundo, salva a esta tierra de la destrucción de la muerte generalizada, haz que callen las armas y que resuene la dulce brisa de la paz. Señor Dios de la esperanza, ten piedad de esta humanidad sorda y ayúdala a encontrar el valor de perdonar». (Parolín, Secretario del Estado Vaticano)