Comentario al evangelio – Sábado II de Pascua

Ya os decía, hace unos días, que la descripción de la comunidad, que hacía el libro de los Hechos, lo era del sueño que albergaban los primeros cristianos. Quiero decir que representaba el ideal, pero no era una fotografía de lo que ocurría. Juntos, por ejemplo, compartían el ideal de que todo lo tuvieran en común y que nadie pasara necesidad. Pero la realidad era más conflictiva que los ideales. De hecho, los discípulos grecoparlantes se quejan contra los hebreoparlantes, no por cuestiones lingüísticas, sino por algo mucho más serio: éstos no atienden a las pobres viudas de aquéllos. Y esto genera una discusión que fractura a la comunidad. Hay conflicto. Pero, ¿qué es lo que hace de él un conflicto que no es insalvable? Pues, precisamente, el hecho de que todos participan de la misma visión soñada y todos quieren hacerla cada vez más real.

No hay cosa peor que perder los sueños comunitarios. Perdido el sueño, se pierde la esperanza de construir una comunidad más evangélica. Se tira la toalla y se justifica esta postura, diciendo que no hay que ser idealistas y que esto no da más de sí. El sueño ha dejado de convertirse en ideal tensional que tira de las voluntades hacia arriba y hacia el centro.

Frente a esa postura, hay que mantener el deseo de crecer. Hay que recuperar el propio atractivo carismático. Hay que vencer la mediocridad y el miedo a la noche cerrada y al viento fuerte, que puede golpearnos. Hay que escuchar la voz de Jesús que nos dice: «soy yo, no temáis». Hay que adherirse a Él personal y colectivamente. Hay que dejarse moldear por Él. Y hay que decir testarudamente que, con la fuerza de la resurrección, otra comunidad es posible.

Ciudad Redonda

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Meditación – Sábado II de Pascua

Hoy es sábado II de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan 6, 16-21

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaúm. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocótierra en seguida, en el sitio a donde iban.

El Evangelio de hoy contiene dos verdades importantes. Primero, demuestra que Jesús es divino, porque podía caminar sobre el agua y controlar las leyes de la naturaleza. Lo puede hacer porque es uno con el Creador del universo. Jesús, siendo Señor de toda la Creación, tiene poder sobre la naturaleza. Al darse cuenta de esto, los apóstoles tuvieron miedo y se sintieron llenos de un temor grande y reverente. La segunda verdad que advertimos en este relato es que Jesús quiere hablarnos personalmente. Los apóstoles se dieron cuenta de la divinidad de Jesús, porque vieron que podía controlar el orden creado y se quedaron pasmados, pero el miedo dio paso a la fe cuando les dijo: “Soy yo, no tengan miedo.” Las palabras de Jesús les llegaron muy hondo a cada uno y les ablandó el corazón; por eso “con gusto lo recibieron en la barca. A veces nosotros también nos sentimos atormentados y atribulados, como los apóstoles que navegaban en el mar embravecido. Nadie es inmune a las dificultades de la vida: las tensiones y pesares con familiares y amigos; los problemas de trabajo o económicos; las enfermedades y los vicios. Por mucho que tratemos de evitar tales situaciones, a veces no parece que lo logramos, pero no hay que desmayar: Jesús quiere quesepamos que él también tiene dominio sobre todas estas cosas. Su muerte y su resurrecciónnos ponen ahora mismo en contacto con la vida del mundo venidero y así logramos vivir en la victoria de la resurrección. ¿Has tenido tú un encuentro con Cristo y has conocido su poder? ¿Lo has visto como Señor y Rey del universo, con autoridad sobre todas las cosas? ¿Has experimentado el consuelo de escuchar su voz cada día en la oración, en el Texto Sagrado y en la Liturgia? El Señor quiere que lo conozcas de todas estas formas. Acude a Jesús ahora mismo y haz oración; pídele que venga a tu corazón. El Señor te demostrará quetiene dominio sobre el pecado y sobre las obras de la oscuridad y te dará tranquilidad respecto a tu vida. Abre tu corazón y recíbelo con alegría. Una vez que lo hagas, dedícate a tener presente al Señor, hacer oración diariamente y leer y estudiar su Palabra en la Sagrada Escritura. Así crecerán tu fe y tu paz. “Señor mío Jesucristo, pongo toda mi confianza en ti. Ven a mi corazón y mi mente, para que la luz de tu verdad guíe mis pasos y yo sea un fiel seguidor tuyo.”

Comunidad Piedras Vivas

Liturgia – Sábado II de Pascua

SÁBADO II DE PASCUA

Misa del sábado (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 6, 1-7. Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo.
  • Sal 32.Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
  • Jn 6, 16-21.Vieron a Jesús caminando sobre el mar.

Antífona de entrada           Cf. 1 Pe 2, 9
Pueblo adquirido por Dios, anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Los apóstoles estaban buscando discípulos que atendieran a las necesidades materiales de la gente. Se esperaba que estos discípulos fueran servidores llenos del Espíritu de sabiduría, que percibieran con sensibilidad las necesidades, y fueran justos e imparciales al distribuir el alimento y la ayuda necesitada. Se requiere efectivamente sensibilidad para percibir quiénes son los realmente necesitados y qué necesitan realmente. Los apóstoles designaron a Esteban y a algunos compañeros más para esta misión. La Primera Lectura de hoy nos dice también que la primera obligación de la Iglesia es la proclamación de la Buena Noticia de salvación. Y el Evangelio añade, como buena noticia, que Cristo permanece siempre con su Iglesia, también en las pruebas y tempestades de todos los tiempos.

• Tú, que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección. Señor, ten piedad.
• Tú, que has renovado la creación entera con tu resurrección. Cristo, ten piedad.
• Tú, que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que, por los misterios pascuales,
has querido abrir a tus fieles la puerta de la misericordia,
míranos y ten piedad de nosotros,
para que no nos desviemos nunca del sendero de la vida
los que, con tu benevolencia,
seguimos el camino de tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Jesucristo, el Señor, está sentado a la derecha del Padre e intercede por nosotros. Oremos con confianza, animados por su mediación.

1.- Por el papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, para que realicen su misión en la Iglesia animados por un espíritu de servicio. Roguemos al Señor.

2.- Por la Iglesia, para que todos los cristianos sientan la importancia de su colaboración en la extensión del reino de Dios. Roguemos al Señor.

3.- Por los que se preparan para recibir por vez primera la eucaristía, para que se dispongan a ser testigos de Cristo en la familia, en la escuela y en los diversos ambientes en que se mueven. Roguemos al Señor.

4.- Por los que pasan hambre, para que todos los ayudemos a salir de su difícil situación. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor, haz que la Palabra de Jesucristo, tu Hijo se difunda, y crezca el número de sus discípulos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio Pascual

Antífona de comunión          Jn 17, 24
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste. Aleluya.

Oración después de la comunión
SEÑOR, después de recibir el don sagrado del sacramento,
te pedimos humildemente
que nos haga crecer en el amor
lo que tu Hijo nos mandó realizar
en memoria suya.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE, Señor,
que tus fieles, por la fuerza de tu bendición,
se dispongan interiormente al bien,
para que realicen todas sus obras
fortalecidos y movidos por tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.