Como una película

1. – Hay una enorme plasticidad en el Evangelio de San Juan de esta tercera semana de Pascua. Es toda una escena bien contada, como en un guión para cine o televisión. Primero, Pedro dice que va a pescar. Luego, sus amigos se unen. Después, Juan ve al Señor. Pedro que esta desnudo se cubre y se lanza a nado. Hay en la playa hay unas brasas. Van a desayunar. El Señor Jesús que aparece ahora es algo distinto. En todos los relatos evangélicos sobre el Resucitado se observa esa diferencia. El cuerpo glorioso de Jesús contiene diferencias.

Los diálogos también están ordenados muy cinematográficamente. Pero ellos van a marcar el contenido profundo de este relato evangélico. Al final, se establece la conversación –sin duda tensa y dolorosa para Pedro– entre Jesús y su futuro vicario. Las tres afirmaciones de amor obtenidas por Jesús de los labios de Pedro sirven para purgar las tres negaciones de la difícil noche del Jueves Santo. Siempre se ha interpretado este pasaje como una «regañina» de Jesús a Pedro y, sin embargo, hay que verlo como una fórmula del Sacramento de la Reconciliación. Jesús ayuda a Pedro a confesarse para que purgue y olvide su antiguo pecado. Probablemente desde ese día, Pedro no tendría escrúpulos interiores y se sintió limpio y perdonado. Y es que uno de los mayores enemigos del alma es el escrúpulo. El acto de confesarse da una vía objetiva de que los pecados han sido perdonados. Otra cosa es que Pedro recordarse con tristeza y sensación de sentirse pecador sus negaciones, pero sabiendo que la culpa había sido borrada.

3. – Pero volviendo al símil cinematográfico este Evangelio de San Juan es como un «flash back», un resumen final de toda la actividad de los Apóstoles. Desde su trabajo primero como pescadores, con el recuerdo de su pesca prodigiosa y abundante, hasta la comida con el maestro con la partición del pan. Ahora el Cenáculo es la bóveda del cielo y sus otros límites la tierra firme y el mar azul. Debemos de pensar, en paz y en sosiego, como fueron esos días de presencia de Jesús Resucitado en los que ya de una forma sobrenatural, el Dios hecho hombre completó la formación a sus Apóstoles. El vigor, la inteligencia, el valor que se va a ir observando en los Hechos de los Apóstoles se entiende mejor analizando ese periodo glorioso de Jesús en la tierra. Ciertamente, que la venida del Espíritu Santo será el «combustible» que impulse definitivamente a esos hombres, antiguamente ignorantes y toscos, a las más altas cotas de inteligencia y de capacidad. La clave de la transformación de los Apóstoles es también un buen argumento para nuestras meditaciones. Jesús Resucitado nos puede transformar a todos.

Ángel Gómez Escorial