Comentario – Lunes III de Pascua

Jn 6, 22-29

Durante toda la semana leeremos el Capítulo 6 de san Juan: «Discurso sobre el Pan de Vida». Esta larga discusión con sus oyentes, Jesús la desarrolló al «día siguiente» de los dos milagros de:

— la multiplicación de los panes…

— la marcha sobre las aguas…

Cuatro interpretaciones principales fueron propuestas para este «Pan de Vida»:

1— Algunos autores antiguos han pensado en un sentido puramente espiritual: «el pan de vida», es «la persona de Jesús y su Palabra», que se asimila por la Fe…

2— Un gran número de exégetas modernos, por el contrario, consideran este discurso propiamente eucarístico, del principio al fin: el «pan de vida», es la eucaristía, una comida real.

3— Varios comentaristas profesan una opinión intermedia: la primera parte del discurso apunta a la Fe… que hace que Jesús, por la comunión a su pensamiento y a su Palabra, sea alimentado para nosotros. La segunda parte del discurso apunta a la Eucaristía… nos hace alimentar de su «carne y de su sangre».

4— En fin, para ciertos autores contemporáneos, el discurso entero apunta igualmente a la Fe y a la Eucaristía.

Retengamos de todo esto que hay una unión muy íntima entre estos dos temas: la Fe total en Cristo implica la Fe en su «presencia» en la Eucaristía… La Eucaristía es el misterio de la Fe por excelencia… meditar la Palabra de Jesús por la Fe y comulgar a su Cuerpo se siguen el uno al otro… no se cree de verdad en Jesús, Hijo de Dios encarnado, si no se está dispuesto a comulgar su Cuerpo. Era muy normal que Jesús hablara de la Fe antes de la Eucaristía, pues el misterio de Su Presencia no alimenta realmente si no al que tiene Fe. Y se ve así toda la importancia de la primera parte de la Misa: hay que haberse alimentado con la Palabra de Dios en la «liturgia de la Palabra», para poder alimentarse realmente de la Eucaristía.

Sí, vosotros me buscáis no porque habéis visto los signos, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado.

Jesús se dirige a campesinos galileos que se afanan para ganarse la vida. Saben lo que es el hambre, y también la saciedad cuando se ha trabajado mucho y la cosecha ha sido buena. Como hizo con la Samaritana junto al pozo, Jesús toma como punto de partida una necesidad material de sus oyentes: son símbolos muy simples… el hambre, la sed, el pan, el agua…

Procuraros no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre.

Jesús se sirve de la comparación del alimento para hacer comprender lo que El aporta a la humanidad. Hay dos clases de vida y dos clases de alimentos: el alimento corporal, que da una «vida perecedera» y el alimento venido del cielo que ¡da la «vida eterna»! Creado por Dios y para Dios, el hombre tiene hambre y sed de Dios. Nada, fuera de Dios, puede satisfacerle enteramente. Todos los alimentos terrestres perecederos dejan al ser humano insatisfecho.

«¿Qué hay que hacer para «ejercitarnos en obras del agrado de Dios?» Jesús respondió: «La obra agradable a Dios, es que creáis en Aquél que Él os ha enviado.»

Éste alimento esencial del cual el hombre tiene hambre es El mismo, Jesús, enviado por el Padre, y que tomamos ya por la Fe «creyendo en El».

Obrar, afanarse, trabajar… esforzarse, para nuestra vida espiritual… es tanto más necesario que «ganarse el pan».

Noel Quesson
Evangelios 1