Somos uno

En el cuarto evangelio se formula de manera radical la no-dualidad: “El Padre y yo somos uno”. Expresión que equivale a decir: “La Realidad es una”. Y todo lo que percibimos no son sino formas concretas en las que la Realidad una se despliega y manifiesta.

La no-dualidad -la afirmación de que somos uno- no significa en absoluto negar el mundo de las formas ni descuidarlo. Semejante trampa solo se cuela cuando se vive desde el ego o cuando se habla de la no-dualidad desde la mente. Sin embargo, la comprensión no-dual es, fundamentalmente, abrazo de todas las formas, es decir, amor que se manifiesta en valoración, respeto y cuidado.

La mente no puede entender la unidad, porque es incapaz de trascender el mundo de los objetos: pensar es delimitar y, por tanto, objetivar. Eso hace que todo lo pensado se convierta automáticamente en “objeto”. Debido a esa incapacidad, planteará la unidad como una “meta” a conseguir, a través de un pretendido esfuerzo moral. Por lo que, desde la mente, la formulación, en la práctica, viene a ser esta: “No somos uno, pero vamos a esforzarnos para serlo”.

La comprensión y la vivencia de la no-dualidad requiere el silencio de la mente pensante. Silencio que permite constatar en nosotros el Fondo silencioso y consciente que somos y que reconocemos en todos los seres. La unidad no es una meta; es nuestro origen, nuestra raíz y nuestra verdad.

¿Dónde estoy en la comprensión y la vivencia de la unidad?

Enrique Martínez Lozano

Cuidado e incondicionalidad amorosa

La metáfora del vínculo entre el pastor y sus ovejas para referirse a la relación de Cristo con la humanidad quizás ha quedado desgastada en la cultura suburbana, pero lo que pretende subrayar fundamentalmente es su opción incondicional por aquellos y aquellas que conoce en profundidad y que ama más que a su vida misma. A ello remite en este mismo capítulo en los versículos 1,10. El texto de este domingo resalta de nuevo esta incondicionalidad, pero precedida de cuatro verbos (acciones). Dos referidas al pueblo-humanidad: escuchar y seguiry otra a Cristo-Pastor: conocer y cuidar.

La relación está atravesada por tanto por un compromiso mutuo que es la unión de dos libertades, la del pueblo-humanidad en la escucha de la voz de Dios y su compromiso en la historia, secundando su iniciativa (seguimiento), y la de Dios, en su alianza inquebrantable de amor y cuidado, expresada como “vida eterna” y cuyo garante es Dios mismo, revelado en el amor histórico y concreto encarnado en Cristo.

En nuestra experiencia como mujeres y hombre creyentes quizás este texto remite a dos cuestiones fundamentales: La primera es hacernos conscientes de la calidad de nuestra escucha a la Palabra de Dios en la historia, en los acontecimientos, en lo cotidiano de nuestra vida.

¿Es nuestra escucha una escucha actualizada o más bien vivimos de las rentas? ¿Cómo descubrimos a Dios en los nuevos signos de los tiempos y sus clamores: el grito de la tierra y la ecología, los movimientos de liberación de las mujeres, las luchas antirracistas, ¿las iniciativas por otra economía y organización social posibles que tenga en el centro la vida y no el libre mercado y en las que las personas y la casa común sean lo primero? En definitiva ¿Cómo es nuestra calidad de escucha y disponibilidad a hacer del mundo un lugar habitable, sin primeros ni últimos ni últimos, al modo de Jesús de Nazaret?

La segunda pregunta va referida a nuestra propia experiencia de Dios porque la fe cristiana no es ideología ni creencia, sino sobre todo experiencia. ¿Cómo y a través de quienes experimentamos el cuidado y la incondicionalidad amorosa de Dios en los tiempos inciertos y violentos que atravesamos? ¿Qué experiencias de plenitud, de eternidad, de comunión se nos van regalando desde el ya sí, pero todavía no del reino y son en nuestra vida fuente de resiliencia y esperanza comprometida contra toda desesperanza?

Pepa Torres Pérez

II Vísperas – Domingo IV de Pascua

II VÍSPERAS

DOMINGO IV DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo. Aleluya.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Aleluya.

LECTURA: Hb 10, 12-14

Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

R/ Y se ha aparecido a Simón.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mi Padre, que me ha dado las ovejas, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi Padre, que me ha dado las ovejas, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Aleluya.

PRECES

Oremos a Dios Padre, que resucitó a su Hijo Jesucristo y lo exaltó a su derecha, y digámosle:

Guarda, Señor, a tu pueblo, por la gloria de Cristo.

Padre justo, que por la victoria de la cruz elevaste a Cristo sobre la tierra,
— atrae hacia él a todos los hombres.

Por tu Hijo glorificado, envía, Señor, sobre tu Iglesia el Espíritu Santo,
— a fin de que tu pueblo sea, en medio del mundo, signo de la unidad de los hombres.

A la nueva prole renacida del agua y del Espíritu Santo consérvala en la fe de su bautismo,
— para que alcance la vida eterna.

Por tu Hijo glorificado, ayuda, Señor, a los que sufren, da libertad a los presos, salud a los enfermos
— y la abundancia de tus bienes a todos los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A nuestros hermanos difuntos, a quienes mientras vivían en este mundo diste el cuerpo y la sangre de Cristo glorioso,
— concédeles la gloria de la resurrección en el último día.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

No se trata de seguir o imitar sino de hacer nuestra la vida

Terminadas las apariciones, seguimos con textos pascuales que nos hablan de Vida definitiva, que es la clave del tiempo pascual. Al hablar de Vida eterna proponiendo una vida para más allá. Los evangelios nos hablan de una Vida que hay que vivir aquí y ahora. Es increíble el poco caso que hacemos al evangelio cuando no está de acuerdo con nuestras expectativas. En el evangelio de Jn está muy claro: “Hay que nacer de nuevo”.

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoê” significa la vida transcendente inmutable, “Bios” la vida biológica concreta y “psykhê” significa la personalidad psicológica. Aquí dice psykhê. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino a entregarse a los demás como persona.

En el evangelio de Juan no habla Jesús sino la comunidad, que expresa lo que pensaban sobre Jesús. No concibo a Jesús creyéndose pastor de nadie. Jesús llega a su plenitud por las relaciones con los demás. Pero unas verdaderas relaciones humanas solo son posibles entre iguales. Porque nunca se creyó más que nadie, sino al servicio de todos, se presenta ante nosotros como modelo de humanidad. Relación entrañable, de tal manera que se preocupa por todos como un pastor auténtico se preocupa por cada una de las ovejas.

Después de decir que ellos no son ovejas suyas, describe con todo detalle qué significa ser de los suyos, les está acusando de no querer seguirle, comprometiéndose con él al servicio del hombre. No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. La mayoría de las veces oímos y aceptamos solamente lo que está de acuerdo con nuestros intereses. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes. Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él.

“Y ellas me siguen”. No basta escuchar, hay que vivir. El mensaje de Jesús consiste en una nueva manera de afrontar la existencia humana, una manera de vivir más de acuerdo con las exigencias del ser humano. Esa será la manera de cumplir lo que Dios espera de nosotros. La voluntad de Dios está ya en lo más profundo de mí. Jesús no nos pide ser borregos sino ser personas adultas y responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Esto es lo importante para nosotros. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Éste es el meollo del misterio pascual. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones y bandidos. Ponerse en las manos de Jesús equivale a estar en las manos del Padre. «No hay quien se libre de mi mano; lo que yo hago, ¿quién lo deshará?” (Is 43,13)

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad  tenía de Jesús. Hoy sabemos que los discursos del evangelio de Juan no son originales de Jesús, por lo tanto no tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice somos “unus” sino unum (neutro). Esto es más importante de lo que parece. Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre (el Origen) no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera que tenga conciencia de lo que es. No se puede ir más allá. El lenguaje humano  no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. Buscamos la unión con Dios pero sin dejar de ser nosotros. No puede funcionar. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Una de las pocas palabras que podemos asegurar que pronunció Jesús, es “abba”. Pero el concepto de padre que nosotros usamos no es suficiente para expresar lo que Dios es para Jesús y para cada uno de nosotros. Los padres biológicos nos han trasmitido la vida, pero esa vida sigue sus propios derroteros. En el caso de la Vida, que Dios nos comunica, se trata de su única Vida, que se convierte en nuestra propia Vida sin dejar de ser la de Dios.

El ser humano Jesús había llegado a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él, porque de él, de su falso yo, no quedaba nada. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Esta es la razón por la que, el Jesús que predicó el Reino de Dios se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado que está en alguna parte fuera del mundo, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Ya sé que es la idea de Dios que arrastramos desde el Paleolítico, pero es hora de aceptar que ha sido un ídolo que tenemos que abandonar. Jesús es UNO, no con otro ser, que tiene una identidad distinta a la suya, sino con el fundamento absoluto de su ser y del de todos los seres.

Jesús, viviendo para los demás, está identificándose con lo que es Dios. Así manifiesta la verdadera Vida, que es la misma de Dios. Esa Vida es la que comunicará a los demás. Dios se la está comunicando a él y nos la está comunicando a todos. Jesús es así manifestación de Dios y modelo de Hombre. Donde hay amor hasta el límite, hay Vida sin límite. Para quien ama como Jesús amó, no hay muerte. Por eso la entrega de la vida es espontánea.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. La vida que el padre da al hijo es la misma del padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«. Son realidades que nos desbordan.

Me habéis oído comentar decenas de veces la frase de Schillebeeckx: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Hoy puedo decir: si quitara de mí lo que hay de Dios, quedaría nada y si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada. Con el ejemplo matemático se entiende muy bien: 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí (Eckhart).

Fray Marcos

Las ovejas, el pastor y los ladrones

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Aunque hoy día mucha gente solo ha visto un rebaño en televisión, la imagen sigue siendo muy expresiva. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

Jesús comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la valla. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían.

Cuando termina de contarla, los presentes “no entendieron de qué les hablaba”. Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. A veces dice que él es la puerta del rebaño; otras, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, “que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis?” (literalmente: “tiene un demonio y está loco”). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de “mis ovejas”, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios”. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva a “la vida eterna”. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo.  La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían los “cristianos” que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: “Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”.

El Padre. A lo largo del c.10 hay diversas referencias a la relación de Jesús con “mi Padre”. A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22, donde el pastor es Dios. Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. “Yo y el Padre somos uno”. La reacción del auditorio es más dura en este caso: “cogieron piedras para apedrearlo”, y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis. ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: “El que me ha visto ha visto al Padre”. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé “tomaron asiento”; e inmediatamente se añade que “muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos”. Entonces, ¿para qué toman asiento?

Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

José Luis Sicre

LAS OVEJAS, EL PASTOR Y LOS LADRONES

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Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Aunque hoy día mucha gente solo ha visto un rebaño en televisión, la imagen sigue siendo muy expresiva. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

Jesús comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la valla. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían.

Cuando termina de contarla, los presentes “no entendieron de qué les hablaba”. Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. A veces dice que él es la puerta del rebaño; otras, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, “que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis?” (literalmente: “tiene un demonio y está loco”). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de “mis ovejas”, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios”. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva a “la vida eterna”. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo.  La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían los “cristianos” que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: “Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”.

El Padre. A lo largo del c.10 hay diversas referencias a la relación de Jesús con “mi Padre”. A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22, donde el pastor es Dios. Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. “Yo y el Padre somos uno”. La reacción del auditorio es más dura en este caso: “cogieron piedras para apedrearlo”, y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis. ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: “El que me ha visto ha visto al Padre”. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé “tomaron asiento”; e inmediatamente se añade que “muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos”. Entonces, ¿para qué toman asiento?

Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

José Luis Sicre

Comentario – Domingo IV de Pascua

(Jn 10, 27-30)

Cuando Jesús dice que él da la vida, a veces indica que él entrega su vida en la cruz por nosotros, pero otras veces se refiere a la vida sobrenatural, a la vida de la gracia que él derrama en nuestros corazones para purificarnos, para santificarnos, para liberarnos, para hacernos alcanzar el verdadero gozo, la verdadera paz, la verdadera vida que él quiere que vivamos.

Pero a partir del v. 30 Jesús muestra que él no es simplemente un pastor más, un pastor humano, sino que es Dios, uno con el Padre. En realidad, si leemos Ezequiel 34, 11-12, allí Dios había anunciado que él mismo sería el buen pastor de su pueblo. Jesús es ese Dios que viene a cumplir su promesa para ser el buen pastor de su pueblo maltratado, para darle vida abundante.

Esto no niega que pueda haber pastores humanos que Jesús utiliza como instrumentos para llegar a sus ovejas. Así lo leemos en 1 Ped 5, 2-4, donde se invita a los dirigentes de las comunidades a comportarse como verdaderos pastores, sometidos al supremo pastor, que es el verdadero dueño de las ovejas. También en Hechos 20, 28 se llama «pastores» a los que guían la comunidad, pero se les recuerda que la Iglesia es propiedad de Dios, que la compró con la sangre de Cristo.

Todos en alguna medida somos pastores de los demás; un padre es pastor de sus hijos, un maestro es pastor de sus alumnos, y también de alguna manera somos pastores de nuestros amigos y parientes. Estamos llamados a cuidarnos unos a otros. Pero siempre recordando que el Pastor es sobre todo Jesús; él es el dueño de los corazones, él es el único Señor.

Oración:

«Jesús, mi Señor y mi Dios, te adoro a ti, que me pastoreas con amor humano, con la ternura de tu corazón de carne, pero también con tu infinito amor divino. Te adoro a ti, mi pastor divino, que me sostienes con tu infinito poder y le das sentido a mi vida».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Modicum

El evangelio que la Iglesia nos propone hoy es un pasaje del sermón de la última Cena, concretamente del capítulo 16 de San Juan. El resto del capítulo lo leeremos en la misa los dos próximos domingos. El tiempo de Pascua está ya avanzado, se aproxima Pentecostés, y es en aquella larga conversación del primer Jueves Santo donde Jesús –lo veremos el próximo domingo– promete a los discípulos que les enviará un Consolador, el Espíritu de Verdad.

En la oración-colecta de la misa la Iglesia eleva a Dios Padre, por la mediación de Jesucristo, una petición que no puedo menos de recoger y escribir aquí. Es lacónica y grandiosa. Dice así: “Concede, Señor, a cuantos profesan la fe cristiana, que se aparten de todo lo que va contra este nombre y sigan todo lo que es conforme a él. Por Jesucristo Nuestro Señor”. La Iglesia, pues, pide al Señor la solución de algo que ha venido a ser como el cisma íntimo de los cristianos de hoy: la separación, la ruptura entre la religión y la vida. Para muchos católicos de nuestro tiempo el cristianismo parece ser pura normatividad reseca, unas leyes eclesiásticas con las que “hay que cumplir”, pero que están al margen del calor de la vida humana, de esa vida que parece contener para el hombre moderno la suma de todos los valores. Estamos ante un cristianismo sin vida, porque vivimos una vida sin cristianismo.

Ha sido precisamente la lectura del pasaje evangélico que queda transcrito más arriba, lo que me ha lanzado a releer la colecta de la Misa. ¿Qué es sino la vida humana ese “poco” –“modicum”– que tanto se repite en el texto de San Juan? “Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”. La vida de un cristiano –si lo es de verdad– consiste en ese poco de tiempo que precede al gozo que nadie puede arrebatar.

“Modicum”, un poco. Eso es la vida humana: un poco, un poco de tiempo que hay que llenar de fe y de amor, de cristianismo. Un poco de tiempo en el cual los que profesamos la fe de Cristo no sólo hemos de apartar cuanto es incompatible con esa fe, sino que hemos de lograr –es eso lo que le pedimos al Señor– que la fe informe la vida entera, que será entonces vida cristiana…

¿Qué es, pues, vivir en cristiano? Sencillamente, la tarea diaria de un hombre que va realizando, empujado por la gracia, la ecuación, la unidad, entre estos dos términos: fe y vida. Poco a poco van desapareciendo las zonas meramente humanas: todo está traspasado de influjo sobrenatural, porque Dios anda en medio de los pucheros, como decía la Santa Ávila. El hombre recobra –o conquista por primera vez– su unidad: desaparecen las dualidades, las divisiones. De ahí que, en un movimiento simultáneo, mientras lo humano va siendo atravesado por la gracia de Dios, lo específicamente religioso –la piedad y la liturgia– se va injertando en lo humano. Ya no hay formalismos rutinarios so capa de espiritualidad: la Santa Misa y la oración dejan de ser “funciones” religiosas para ser manifestaciones del encuentro y del diálogo del hombre con Dios. Y cuando un hombre así vive en medio del mundo, su religión es una vida de fe, un cristianismo encarnado –como Cristo: el Verbo hecho carne– que le hace buscar la santificación de su trabajo ordinario y de sus responsabilidades cotidianas.

Hacer coincidir la religión y la vida. Poner fin al cisma íntimo del alma. Vida cristiana: cristianismo vivo. Actuar nuestra Fe, vivir lo que creemos. Cristianismo, Vida. He aquí la temática que nos brinda el domingo III después de Pascua, el domingo del “modicum”.

Por supuesto que la gran ecuación que Cristo pide a sus fieles no se realizará sin esfuerzo: la gracia no suprime la actividad del cristiano, sino que la exige. De ahí que Jesús compare la vida a los dolores de una mujer en el parto. Aunque, por otro lado, no hay que sacar las cosas de quicio: a ese esfuerzo necesario debe también aplicársele la palabra del Señor: “modicum”, un poco. Poca cosa en comparación con la inmensa alegría que se avecina y que ya empieza a saborearse durante el esfuerzo mismo….

Y para que nos animemos a la lucha por la gran ecuación basta leer la epístola de San Pedro recogida en la Misa de hoy. El fiel Apóstol de Cristo muestra allí la consecuencia “misionera” de esa vida cristiana: los que viven sin Dios —dice—, a la vista de vuestras buenas obras, glorificarán a Dios en sus vidas.

Pedro Rodríguez

Lectio Divina – Domingo IV de Pascua

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen

INTRODUCCIÓN

“Con cuanto cariño expresa Jesús el sentimiento de pertenencia y comunión con los suyos. La imagen que tantas veces habría llenado sus ojos en los caminos de Galilea, de pastores atentos y pacientes; los textos de los profetas escuchados en la sinagoga que hablaban de un pastor según el corazón de Dios que buscaría a las ovejas perdidas y sanaría a las frágiles…confluyen en ese instante en que Él mismo se ofrece como cuidador definitivo y universal. Jesús utiliza tres verbos que se vuelven paradigmáticos: ESCUCHAR, CONOCER, SEGUIR. En primer lugar, la atención a su suave voz entre los ruidos de la historia, esa escucha que nos familiariza con aquellos que oímos, que nos asimila con aquel que se comunica. Este pastor es el único que nos conoce hasta el fondo, el que despierta la bondad escondida en nosotros, y al que aprendemos a seguir porque en ello nos va el alimento, el descanso, la protección, la compañía”… (Mariola López Villanueva)

LECTURAS DE LA MISA

1ª lectura: Hec. 13,14.43-52      2ª lectura: Apo. 7,9.14b-17.

EVANGELIO

Jn.10,27-30

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno»

REFLEXIÓN

El Papa Francisco, hablando especialmente a los sacerdotes de hoy   nos dice que el buen pastor debe ir DELANTE DE LAS OVEJAS, EN MEDIO DE LAS OVEJAS Y DETRÁS DE LAS OVEJAS.

1.- El buen Pastor va delante de las ovejas. Y esto, ¿qué significa? ¿Que debe ir delante en sabiduría, en poder, en privilegios? ¿Significa que él tiene la primera y la última palabra? No. Al estilo de Jesús, el sacerdote de hoy debe ir delante en el “servicio desinteresado” a los demás. Es el primero que abre la puerta de la Iglesia y se pone a rezar por el pueblo. Ir delante significa que es el primero en enterarse de los problemas del pueblo, de aquello que más les preocupa. Ir delante significa que, ante un pobre que no se puede desplazar al centro de salud, es el primero que pone a disposición su coche y su persona, Ir delante significa tener la puerta siempre abierta para todos. Ir delante significa “poner la vida por delante”. Primero la vida y después la palabra. Ir delante significa que la gente del pueblo llegue a decir lo que los de Ginebra decían de San Francisco de Sales: ¡Qué bueno tiene que ser Dios que es capaz de crear hombres tan buenos como nuestro obispo! Ir delante significa ser el más amigo de Jesús, el primero en adorar, alabar y servir a nuestro Señor.

2.- El buen pastor vive en medio de las ovejas. En medio de las ovejas significa impregnarse del olor de las ovejas. Es estar con el pueblo en todo lo bueno, lo positivo, lo auténtico que vive el pueblo. Sabe comer con ellos el “pan tierno y crujiente” de los días de fiesta y el “pan duro y amargo” de los días de luto. Sabe compartir con el pueblo sus gozos y sus sufrimientos. Estar en medio significa sentirse “arropado” por el pueblo sintiendo el cariño de todos y tratando de querer a todos en actitud de servicio. No es un ser solitario sino solidario. Estar en medio significa escuchar de cerca los problemas, las inquietudes, los deseos de paz, de justicia y de fraternidad. Hermano entre hermanos, es capaz de crear amistad, unión, bienestar, unidad. Y si siempre se ha dicho que “la unión hace la fuerza”, además se pueda decir: “la unión hace la fiesta”. Que el sacerdote sea el creador de la unidad en el pueblo. La gente sencilla se lo pasaba en grande con Jesús y Jesús con ellos.

3.- El buen pastor también sabe estar detrás de las ovejas.  Detrás, en la cola, siempre van las rezagadas, las más débiles, las que no pueden seguir el paso de las demás, las recién paridas a las que hay que ayudar a llevar los corderitos que no pueden todavía caminar. En el evangelio se dice que hay que cuidar de modo especial “a los pequeñitos”. Y los pequeñitos son los más ancianos, los enfermos, los de menos luces, aquellos a quienes la vida les pesa demasiado y necesitan una ayuda especial. Esa bella imagen de Jesús como buen Pastor, poniendo en brazos a la oveja descarriada hay que actualizarla en nuestros días. Hay mucha gente herida, gente que sufre mucho, gente cansada, gente decepcionada. A todos hay que atender, acoger, acariciar.  Un cura así es el mejor regalo que puede tener un pueblo.

PREGUNTAS

1.- Como sacerdote o catequista, ¿me gusta poner mi vida por delante?  En el terreno de la fe, ¿Me gusta hablar de aquello que estoy viviendo?

2.- ¿Me gusta situarme en medio del pueblo auscultando sus sentimientos más auténticos y profundos?

3.- ¿Me agrada situarme detrás del rebaño, cuidando a los más débiles y pequeños?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

No existe en el Evangelio
alegoría más bella:
“Jesús es el Buen Pastor
y nosotros sus ovejas.
Nos llama por nuestro nombre,
“conoce” nuestras flaquezas.
Tatuados a sangre y fuego,
en su corazón nos lleva.
Nos conduce a fuentes de agua
y a prados de hierba fresca:
con su Palabra y su Cuerpo,
Él nos da la “vida eterna”.
Con la “vara” de su amor
y el “cayado “de su entrega,
nos guía por los senderos,
“para que nadie perezca”.
Encontramos en sus manos
el descanso y la defensa.
Nadie podrá con nosotros,
si Él nos aprieta con fuerza.
En nuestras noches de dudas
enciende miles de estrellas.
Aunque fallemos nosotros,
cumple siempre sus promesas
Gracias Señor, Pastor bueno
del rebaño de la Iglesia.
Escucharemos tu voz
y seguiremos tus huellas

(Escribió estos versos José Javier Pérez Benedí)

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Rebaños

1.- Yo no sé quienes y como, sois, mis queridos jóvenes lectores. A veces me llega alguna noticia que me alegra, alguien al que le gustan, me dice que os trasmite mis mensajes. Tal vez algunos los leáis directamente, no lo sé, me gustaría mucho enterarme, si así fuera. Con mi mayor ilusión os escribo cada semana, el mundo de Internet es inmenso y global, pero la comunicación personal escasea. Lo lamento.

Os he dicho estas cosas, porque tengo la impresión de que a mí, hombre viejo, me cuesta menos que a vosotros entender el lenguaje bíblico. No voy a continuar por el terreno de las generalidades, voy al grano. Cuando era pequeño e iba al pueblo de mi tío, llegaban al atardecer los rebaños. Todos juntos, los animales, a mi modo de ver, no se distinguían entre sí, pero, para mi sorpresa, cada uno era conducido, sin dificultades, a los corrales del propietario. Y, como yo era el sobrino del amo y chiquillo de ciudad, era bien acogido por los pastores, que me trataban con cariño y simpatía. Y me enseñaban el corderito que había nacido aquellos días o la borrega que estaba a punto de criar y me dejaban ver ordeñar a las pacientes ovejas. Aquella relación entre el rudo hombre, tal vez analfabeto, y el rebaño, era un prodigio que yo admiraba y apreciaba. Cosas semejantes son las estampas que observo por el desierto de Judá, por el del Neguev o el del Sinaí. La apariencia del ganado ovino del desierto difiere un poco del de pasto abundante, pero el beduino trata a su rebaño con el mismo aprecio que el que tiene el nuestro de la mesta.

2.- A diferencia de lo que explicaba, los que puedo encontrar en mi entorno, e imagino que a vosotros os puede pasar lo mismo, son muy diversos. El pastor a lo mejor va escuchando con su transistor, el partido de fútbol que le interesa, su comida no es tan parca como la de antiguo y duerme, comúnmente, no en cabaña y lecho de paja, sino en casa y colchón. Acompañado todo ello de suculento manjar y buena bebida.

Tal vez, digo yo, para entender las enseñanzas de Jesús, debáis pensar en un jinete y su caballo, en un chico y su perro, en un abuelo y sus pajaritos o en una buena labradora y sus gallinas, si es que todavía quedan pollitos salidos de huevos incubados por cluecas. Espero que conservéis suficiente ingenio para que podáis imaginar una relación de amor de tal clase.

3.- Jesús afirma que nosotros, su grupito de fieles seguidores, de entusiasmados fans, de comprometidos en su equipo de emprendedores proyectos, no le somos indiferentes. Afirma en primer lugar, que si así lo somos, es porque el Padre suyo y nuestro, nos ha escogido con predilección y a Él nos ha encomendado. Somos, mis queridos jóvenes lectores, personas privilegiadas, mimados miembros de su staff.

Es consciente de que nosotros somos capaces de darnos cuenta de sus desvelos por nosotros, de sus llamadas y de sus invitaciones (no puedo dejar de pediros que hagáis en vuestro interior un poco de silencio y os preguntéis si el Señor tiene razón o si, desgraciadamente, os habéis olvidado de cómo son sus llamadas, de cómo son sus regalos, de cómo os impactan sus amores). Por si nuestra actitud no fuera la descrita, afirma que, por su parte, Él nos conoce uno por uno y no nos abandona (aunque nos creamos, en ciertos momentos, que es olvidadizo). Siempre nos tiene en cuenta y nos reserva una eterna existencia feliz (aviso para los momentos de decaimiento, de desánimo, cuando pueda tentar la idea del suicidio).

4.- Nos aprecia más que el inmenso firmamento, con sus nebulosas en espiral que se desplazan, con sus agujeros negros y el eco del big bang, que todavía resuena. Que el alucinante mundo microscópico, con sus electrones, neutrones, positrones y neutrinos, amén de las partículas y radiaciones nuevas que se vayan descubriendo. Todas estas fascinantes realidades no son nada, comparadas con la chispita que brilla en nuestro interior, que a Él mismo le sorprende.

Nos tiene bien protegidos, bien amados. Nada debe perturbarnos. (Pero no olvidéis que aun siendo cierto esto, conservamos un resquicio de libertad que puede echarlo todo a perder).

Jesús y el Padre-Dios son un mismo Ser, tan cercano a nosotros que diviniza nuestra existencia. Como el oxígeno del aire se mete en nuestros pulmones y recorre todo el cuerpo dándole vida.

Pedrojosé Ynaraja

Un solo pastor y un único rebaño

1. – Nuestro ideal es marchar todos unidos tras el Buen Pastor. Pero nunca, como en estos tiempos, se echa de menos la unión –real y operativa– de los cristianos. Y no menos, la unión coherente de los fieles católicos, separados hasta el disparate por razones políticas o por la nefasta desunión que producen las llamadas «capillitas» Este término es antiguo y muy peyorativo. Pero, sin embargo, sigue presente.

2. – El Buen Pastor permanece señalando el camino y llamando a sus ovejas. Lo vemos y le oímos, todos. Nadie podrá negar que esta ahí. Sin embargo, nosotros tenemos otros quehaceres que nos impiden seguirle. No queremos ir juntos con nadie, salvo con quienes nos gustan. Y así la estructuración habitual de la sociedad humana tendrá más éxito que las llamadas de Jesús a la unidad de todos en el amor. Y contra eso tenemos que luchar. No podemos construir una iglesia de ricos, ni una asamblea de pobres airados. Es intrínsecamente malo crear facciones eclesiales –o de creyentes– ordenadas por el viejo criterio político de las izquierdas o de las derechas. Es odioso instrumentar la actividad cristiana en función de ideas políticas o construir universos religiosos adaptados a esa absurda división. Cristo nos quiere a todos. Y nos quiere humildes, mansos, amorosos, tranquilos, sosegados y felices. Él nos puede dar todo eso y disfrutar de la necesaria unión.

3. – Y en lo más alto, la Comunión de los Santos. Es la común unión de todos los cristianos -vivos y muertos- en el seguimiento de Jesús. Solemos pensar poco en ello. Y, sin embargo, es básica su contemplación para obtener el convencimiento de que todos podemos estar unidos. Las fronteras de la vida, de la muerte, de la riqueza, de la pobreza, de cualquier diferencia física o espiritual no existen en el vínculo de la Comunión de los Santos. Por ahí está nuestro pensamiento en Betania (Ver Editorial) y por ahí, precisamente, vislumbramos las fuerzas necesarias para reconocer Buen Pastor y constituir el Único Rebaño.

Ángel Gómez Escorial