Es cosa de dos

Una relación de amistad entre dos amigos es cosa de los dos. Para que funcione, ambos han de poner de su parte e implicarse en esa relación. No se trata de que los dos aporten lo mismo ni de estar calibrando quién pone más o menos, pero sí que se requiere que ambos amigos aporten lo necesario para que dicha relación funcione. Cuando una de los dos carga con toda la responsabilidad de la relación y pone todo su esfuerzo y dedicación, mientras que otro da el mínimo, es fácil que la relación de amistad se rompa.

Jesús nos dijo: Ya no os llamo siervos: porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos. (Jn 15, 15). Por tanto, como indica el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos (IFCA) “Ser cristianos en el corazón del mundo”, la fe es una relación de amor y amistad con Dios: “Dios ha salido de sí mismo hacia nosotros para tratarnos como amigos, para entrar en diálogo con nosotros e invitarnos a entrar en su compañía, para responder desbordantemente al ansia de vida y felicidad que anida en nuestro corazón y que Él mismo ha sembrado en nosotros” (Tema 4: “La Buena Noticia: Dios ha resucitado a Jesús y lo ha constituido Señor”).

En el tiempo de Pascua celebramos de modo especial lo que constituye la base de nuestra fe y nuestra vida: que Cristo ha resucitado. Y, como indica el Catecismo (651-655): “La Resurrección constituye la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, la verdad de la divinidad de Jesús. Y por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida”.

Por tanto, “si Jesucristo está vivo y presente entre nosotros, ser cristiano es encontrarse con Jesucristo y entrar así en relación personal con Él. Más aún, ser cristiano es vivir de ese encuentro y para ese encuentro, convertir toda la vida en encuentro con Él”. (IFCA Tema 4). Cristo Resucitado nos invita a tener con Él una relación de amistad, “no es un mito ni una idea abstracta. Es Alguien concreto, un TÚ con el que puedo encontrarme, que nos interpela y nos ofrece la plena liberación y salvación y el logro de una felicidad mayor de la que podemos imaginar”. (IFCA Tema 4)

El Evangelio de este cuarto domingo de Pascua nos ofrece una síntesis de lo que conlleva la relación de amistad entre Dios y nosotros: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. En esta relación hay un “desequilibrio”: el Señor ha puesto todo de su parte, hasta el extremo, y nos da la vida eterna, algo que nosotros no podemos igualar. Pero Él, que nos conoce, no nos pide que hagamos lo mismo, sino que aportemos lo necesario para que esta relación funcione: a nosotros nos corresponde escuchar su voz y seguirle.

Para escuchar su voz, como indica la carta a los Hebreos (1, 1-2): En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. Si queremos que la relación de amistad con Dios funcione, debemos revisar cómo nos ponemos a su escucha: qué lugar ocupa su Palabra en nuestra vida, cómo la leemos, la meditamos… También cómo es nuestra oración, si nos limitamos al mínimo, si sólo “decimos rezos”, o bien “tratamos de amistad con Aquél que sabemos nos ama” (Sta. Teresa de Jesús).

Y, como fruto de escuchar Su voz, brota el seguimiento. “Creer en Jesús, además de afirmar su existencia y de creer en su palabra, es seguirle. Jesús nos llama, nos invita a cada uno. El seguidor de Jesús es el creyente que se enamora y se deja seducir por Jesucristo y le sigue”. (Llamados por la Gracia de Cristo, Tema 9) Porque “antes de toda ley y de todo deber, lo que Jesús nos propone es un seguimiento como el de los amigos que se siguen y se buscan y se encuentran por pura amistad. Todo lo demás viene después”. (Christus vivit 290) Para que la amistad con el Señor vaya adelante, revisemos si de verdad le seguimos y Él guía nuestra vida, o nos limitamos a afirmar su existencia y a “cumplir”, pero sin dejarle entrar plenamente en nuestra vida.

En las relaciones humanas, cuando una parte es la que siempre pone todo su esfuerzo e interés mientras la otra se limita a lo mínimo, probablemente esa relación se rompa. Y lo mismo ocurre en nuestra relación de amor y amistad con Dios: es cosa de dos. Dios nos llama a su amistad en Jesús, pero somos libres para acoger o rechazar esta amistad.

Que el tiempo de Pascua nos ayude a poner de nuestra parte lo necesario para que funcione esta relación de amistad entre Él y nosotros, escuchándole mejor en su Palabra y en la oración, para responderle con nuestro seguimiento, “llevan-do su amor a los demás, con la esperanza de que también ellos encontrarán su puesto en la comunidad de amistad fundada por Jesucristo”. (Christus vivit 153).

Comentario al evangelio – Domingo IV de Pascua

PASTORES CON EL BUEN PASTOR


Lema Jornada Oración por las vocaciones: «Llamados a edificar la familia humana«

        El de hoy es uno de esos pasajes evangélicos ante los que es mejor callar, dejarlo que se nos meta y nos cale; es mejor contemplarlo y disfrutarlo, sin que se nos metan por medio las ideas. Es un Evangelio sobre todo para sentir el cariño de Dios, lo que él hace por nosotros, lo que él es, cómo le gusta comportarse con nosotros.

¿Que cómo es Dios? Fíjate:

 ~ TIENE OJOS ATENTOS Y VIGILANTES  que miran a todas partes, especialmente a sus ovejas, y no hay nada que se le esconda. Podemos gozar sabiendo que él nos mira. Me mira. «Tan grande Señor» está pendiente de una pobre oveja.
Nos dicen los evangelios que su mirada le hizo darse cuenta de que la gente que le seguía estaba cansada, hambrienta, como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles con calma. Y multiplicó para ellos el pan. Su mirada supo captar la profunda tristeza de la viuda de Naim que había perdido a su único hijo. Y se lo devolvió vivo. Sus ojos se cruzaron con los de Zaqueo, oveja perdida, y se fue a recuperarla a su propia casa. O la mirada cariñosa al joven rico…

               Si dejas que te mire te sentirás seducir: ¿Qué tendrá su mirada, que es capaz de hechizar a sus discípulos, que lo dejan todo por irse con él? Mateo/Leví o Pedro podrían contarnos muchos detalles. Pues es una mirada que sabe leer el fondo del corazón y llenarlo de paz desbordante. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas.

           Una mirada que busca horizontes nuevos, porque sabe que no nos conviene estar siempre en los mismos pastos, en la misma orilla, en la misma tierra. Nosotros tenemos la mirada demasiado corta (como las ovejas), demasiado agachada. Pero él ve más lejos, más arriba, más adentro… Y se va por delante, tirando de nosotros, acompañando, cuidando…

              Esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada del Señor, que nos llama a todos. Ve potencialidades en cada uno de nosotros, que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común.

            Así es la mirada de todo «pastor bueno»: Se da cuenta, sabe mirar «dentro», pone en camino, abre horizontes, busca soluciones, recrea…. Aprendamos a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades. Mirar a los otros con los ojos de Dios.

 ~ TIENE FINOS OÍDOS Y GRAN CAPACIDAD DE ESCUCHA. Distingue la voz de cada uno de nosotros, y capta enseguida nuestras necesidades, incluso aquellas que ni siquiera nosotros tenemos muy claras ni sabemos expresar. Le llegan siempre nuestras plegarias y aguza el oído para comprender hasta los más escondidos sentimientos. Su oído está especialmente educado para descubrir los peligros que nos acechan: los aullidos lejanos de los lobos, el gemido de la oveja que se perdió, o las nubes que se arremolinan preparando la próxima tormenta.

                 Y sus ovejas aprenden de él a escuchar. Escucharle a él, y escuchar también a los otros.  No es fácil esto de escuchar. No es fácil escuchar como él:

La suya es una escucha «afectiva», que conecta conmigo, se deja afectar por lo mío, se implica, que capta cómo estoy, y me ayuda a comprender lo que necesitan de mí, lo que tengo que cambiar, a dónde tengo que moverme… Tan importante es esto de escuchar que Dios lo pidió a Israel al comienzo de los tiempos: «Escucha Israel»… Su voz, su Palabra, nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía a cada uno.

Y es una escucha guiadora… que se convierte en llamada y en «seguimiento» por nuestra parte. Una escucha que me hace «conocer» a fondo. «Conocer» en el mundo bíblico significa «establecer una profunda relación personal con alguien». Las ovejas «conocen» al pastor, y el pastor a sus ovejas. Y ellas también procuran «conocer» a los otros de manera similar. Aprendamos a escuchar a los hermanos en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer.

               Se trata de un reto importante. El Papa espera de los pastores que «huelan» a oveja, que conozcan de primera. No es lo mismo «conocer» desde un despacho, tener informes, estadísticas, que te cuenten otros las cosas… a dejar que las situaciones te «toquen» estando presentes en ellas. No es lo mismo leer noticias sobre la guerra de Ucrania que acoger debidamente a los refugiados.
Buena parte del tiempo del Buen Pastor ha de estar dedicado a «mancharse», escuchar, acompañar, atender… especialmente a las ovejas heridas. Cuánto me cuesta preparar estas homilías, al desconocer la realidad de las personas que la leen, o las que participan en una celebración, con tantos rostros anónimos delante…

              Un último punto por no extenderme más: El Buen Pastor es también «Cordero». Nos lo ha recordado la segunda lectura. Y los pastores, los que tenemos encomendada esa responsabilidad dentro de la Comunidad cristiana… también somos ovejas. Y también, a menudo… nos cansamos. Decía el Papa Francisco:

Nuestras tareas implican nuestra capacidad de compasión, nuestro corazón es «movido» y conmovido. Nos alegramos con los novios que se casan, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido… Tantas emociones, tanto afecto, fatigan el corazón del Pastor.  Para nosotros sacerdotes las historias de nuestra gente no son un telediario: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos…

                     Recordando a san Agustín: «con vosotros soy oveja, para vosotros soy pastor». Y por tanto, qué importante resulta la cercanía, el afecto, el interés, el acompañamiento, los pequeños detalles, la paciencia, la corrección fraterna… También necesitamos ser «cuidados». Jesús cuidaba de los suyos, pero también él necesitó el cuidado, la cercanía, la amistad, el descanso con los suyos…

          Invoquemos la luz del Espíritu Santo para que cada pueda encontrar su propio lugar y dar lo mejor de sí mismo en este gran designio divino. Amén

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
teniendo en cuenta el Mensaje del Papa para esta jornada

Meditación – Domingo IV de Pascua

Hoy es Domingo IV de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 10, 27-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Hoy, la mirada de Jesús sobre los hombres es la mirada del Buen Pastor, que toma bajo su responsabilidad a las ovejas que le son confiadas y se ocupa de cada una de ellas. Entre Él y ellas crea un vínculo, un instinto de conocimiento y de fidelidad: «Escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen» (Jn 10,27). La voz del Buen Pastor es siempre una llamada a seguirlo, a entrar en su círculo magnético de influencia. 

Cristo nos ha ganado no solamente con su ejemplo y con su doctrina, sino con el precio de su Sangre. Le hemos costado mucho, y por eso no quiere que nadie de los suyos se pierda. Y, con todo, la evidencia se impone: unos siguen la llamada del Buen Pastor y otros no. El anuncio del Evangelio a unos les produce rabia y a otros alegría. ¿Qué tienen unos que no tengan los otros? San Agustín, ante el misterio abismal de la elección divina, respondía: «Dios no te deja, si tú no le dejas»; no te abandonará, si tu no le abandonas. No des, por tanto, la culpa a Dios, ni a la Iglesia, ni a los otros, porque el problema de tu fidelidad es tuyo. Dios no niega a nadie su gracia, y ésta es nuestra fuerza: agarrarnos fuerte a la gracia de Dios. No es ningún mérito nuestro; simplemente, hemos sido “agraciados”.

La fe entra por el oído, por la audición de la Palabra del Señor, y el peligro más grande que tenemos es la sordera, no oír la voz del Buen Pastor, porque tenemos la cabeza llena de ruidos y de otras voces discordantes, o lo que todavía es más grave, aquello que los Ejercicios de san Ignacio dicen «hacerse el sordo», saber que Dios te llama y no darse por aludido. Aquel que se cierra a la llamada de Dios conscientemente, reiteradamente, pierde la sintonía con Jesús y perderá la alegría de ser cristiano para ir a pastar a otras pasturas que no sacian ni dan la vida eterna. Sin embargo, Él es el único que ha podido decir: «Yo les doy la vida eterna» (Jn 10,28).

P. Josep LAPLANA OSB

Liturgia – Domingo IV de Pascua

DOMINGO IV DE PASCUA

Misa del Domingo (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio Pascual.

Leccionario: Vol. I (C)

  • Hch 13, 14. 43-52. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
  • Sal 99.Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
  • Ap 7, 9. 14b-17. El Cordero los apacentaría y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
  • Jn 10, 27-30.Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

Antífona de entrada           Cf. Sal 32, 5-6
La misericordia del Señor llena la tierra, la palabra del Señor hizo el cielo. Aleluya.

Monición de entrada
Hermanos: Esta es la reunión santa de los que reconocemos a Jesucristo como verdadero pastor que nos conoce, nos cuida y nos regala la vida nueva de la resurrección. Convocados por su voz, queremos o y nos disponemos a participar en la celebración en la que se renueva su Misterio pascual.

Acto penitencial
Nos cuesta perdonar a quienes nos ofenden; justo al revés de nuestro Dios, que nos perdona sin condiciones:

• Tú, que nos llenas de Espíritu Santo para hacernos testigos valientes y decididos de la resurrección. Señor, ten piedad.
• Tú, que en tu gran amor nos haces hijos y nos dices que un día veremos tu verdadero rostro. Cristo, ten piedad.
Tú, Buen Pastor, que nos traes la presencia y cercanía de un Dios Padre que siempre nos cuida. Señor, ten piedad

Perdona, Señor, nuestros pecados y danos tu amor que nos ayude a vivir sirviendo a los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Gloria
Cantemos el himno de alabanza, invocando a Dios Padre y a Jesucristo, el Señor, sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
condúcenos a la asamblea gozosa del cielo,
para que la debilidad del rebaño
llegue hasta donde le ha precedido la fortaleza del Pastor.
Él, que vive y reina contigo.

Se dice Credo.
Transformados por la vida nueva de Jesucristo, renovemos hoy nuestra adhesión a Él, a cuya muerte y resurrección fuimos incorporados por el Bautismo.

Oración de los fieles
Oremos a Dios, nuestro Padre, que nos ha puesto bajo el cuidado de Jesucristo, el Pastor que nos conduce hacia las fuentes de agua viva.

1.- Para que ayude eficazmente a todos los que tienen el ministerio pastoral en la Iglesia. Roguemos al Señor.

2.- Para que fortalezca a los que se sienten atribulados, y puedan experimentar el gozo de la salvación. Roguemos al Señor.

3.- Para que dé sabiduría y acierto a los que gobiernan nuestra sociedad y realicen su tarea con verdadero espíritu de servicio. Oremos.

4.- Por nuestros jóvenes y por los de los países de misión, para que no tengan miedo a ser llamados por Dios y, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, respondan con firmeza y confianza a la vocación. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros conozcamos cada vez mejor a Cristo Jesús, nuestro Pastor, escuchemos su voz y lo sigamos dócilmente. Oremos.

Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo tu Hijo, bajo cuyo cuidado de Pastor nos has puesto, para que tengamos vida eterna. Él vive y reina contigo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
alegrarnos siempre por estos misterios pascuales
y que la actualización continua de tu obra redentora
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio Pascual
Antífona de comunión          
Ha resucitado el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su rebaño. Aleluya.

Oración después de la comunión
PASTOR bueno,
vela compasivo sobre tu rebaño
y conduce a los pastos eternos
a las ovejas que has redimido
con la sangre preciosa de tu Hijo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición solemne
DIOS, que por la resurrección de su Unigénito
os ha redimido y adoptado como hijos,
os llene de alegría con sus bendiciones.
R/. Amén.

Y ya que por la redención de Cristo
recibisteis el don de la libertad verdadera,
por su bondad recibáis también la herencia eterna.
R/. Amén.

Y, pues confesando la fe
habéis resucitado con Cristo en el bautismo,
por vuestras buenas obras
merezcáis ser admitidos en la patria del cielo.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R/. Amén.

Laudes – Domingo IV de Pascua

LAUDES

DOMINGO IV DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo,
alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
¡Bendita la mañana
que anuncia tu esplendor al universo!

En el día primero,
tu resurrección alegraba
el corazón del Padre.
En el día primero,
vio que todas las cosas eran buenas
porque participaban de tu gloria.

La mañana celebra
tu resurrección y se alegra
con claridad de Pascua.
Se levanta la tierra
como un joven discípulo en tu busca,
sabiendo que el sepulcro está vacío.

En la clara mañana,
tu sagrada luz se difunde
como una gracia nueva.
Que nosotros vivamos
como hijos de luz y no pequemos
contra la claridad de tu presencia. Amén.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.

LECTURA: Hch 10, 40-43

Dios resucitó a Jesús al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.

R/ Tú que has resucitado de entre los muertos.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo doy la vida eterna a mis ovejas; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo doy la vida eterna a mis ovejas; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Aleluya.

PRECES

Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó a Jesús, nuestro jefe y salvador, y aclamémosle, diciendo:

Ilumínanos, Señor, con la luz de Cristo.

Padre santo, que hiciste pasar a tu Hijo amado de las tinieblas de la muerte a la luz de tu gloria,
— haz que podamos llegar también nosotros a tu luz admirable.

Tú que nos has salvado por la fe,
— haz que vivamos hoy según la fe que profesamos en nuestro bautismo.

Tú que quieres que busquemos los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a tu derecha,
— líbranos de la seducción del pecado.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que nuestra vida, escondida con Cristo en ti, brille en el mundo
— como signo que anuncie el cielo y la tierra nuevos.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.