Un solo pastor y un único rebaño

1. – Nuestro ideal es marchar todos unidos tras el Buen Pastor. Pero nunca, como en estos tiempos, se echa de menos la unión –real y operativa– de los cristianos. Y no menos, la unión coherente de los fieles católicos, separados hasta el disparate por razones políticas o por la nefasta desunión que producen las llamadas «capillitas» Este término es antiguo y muy peyorativo. Pero, sin embargo, sigue presente.

2. – El Buen Pastor permanece señalando el camino y llamando a sus ovejas. Lo vemos y le oímos, todos. Nadie podrá negar que esta ahí. Sin embargo, nosotros tenemos otros quehaceres que nos impiden seguirle. No queremos ir juntos con nadie, salvo con quienes nos gustan. Y así la estructuración habitual de la sociedad humana tendrá más éxito que las llamadas de Jesús a la unidad de todos en el amor. Y contra eso tenemos que luchar. No podemos construir una iglesia de ricos, ni una asamblea de pobres airados. Es intrínsecamente malo crear facciones eclesiales –o de creyentes– ordenadas por el viejo criterio político de las izquierdas o de las derechas. Es odioso instrumentar la actividad cristiana en función de ideas políticas o construir universos religiosos adaptados a esa absurda división. Cristo nos quiere a todos. Y nos quiere humildes, mansos, amorosos, tranquilos, sosegados y felices. Él nos puede dar todo eso y disfrutar de la necesaria unión.

3. – Y en lo más alto, la Comunión de los Santos. Es la común unión de todos los cristianos -vivos y muertos- en el seguimiento de Jesús. Solemos pensar poco en ello. Y, sin embargo, es básica su contemplación para obtener el convencimiento de que todos podemos estar unidos. Las fronteras de la vida, de la muerte, de la riqueza, de la pobreza, de cualquier diferencia física o espiritual no existen en el vínculo de la Comunión de los Santos. Por ahí está nuestro pensamiento en Betania (Ver Editorial) y por ahí, precisamente, vislumbramos las fuerzas necesarias para reconocer Buen Pastor y constituir el Único Rebaño.

Ángel Gómez Escorial