Comentario – Viernes IV de Pascua

Jn 14, 1-6

Antes de pasar de este mundo al Padre, Jesús decía: «No se turbe vuestro corazón…»

Los apóstoles están inquietos. ¿Dónde va?

No olvidemos la atmósfera trágica de esta última tarde, jueves santo, víspera de su muerte.

Toda la humanidad, toda la amistad de Jesús en estas palabras de consuelo.
Nuestro Dios no es indiferente ni frío, sino un Dios sensible a nuestros sufrimientos.

Creéis en Dios, creed también en mí.

La paz profunda que supera toda turbación viene de la Fe. Jesús pide un acto ele Fe en su persona, idéntico al que puede hacerse respecto a Dios: llamada a una Fe sin reserva, total…

¡que aporta la paz!

¡Señor, dame esta fe, esta paz!

En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo diría, porque voy a prepararos el lugar.

Jesús «vuelve a casa» el primero… va a ver de nuevo al Padre.

Así ve Jesús su muerte. La alegría de la vuelta a casa para encontrar a alguien a quien se ama y del quien se sabe amado. «Voy al Padre». Jesús debe ser el primero en ir al cielo. Pero hace una gran promesa: ¡nos prepara un lugar!

¡Gracias, Señor! ¡Prepáralo bien! ¡Guárdalo bien! El mío y el de todos los que amo, y el de todos los hombres…

Cuando Yo me haya ido y os haya preparado el lugar, de nuevo volveré y os tomaré conmigo.
Son palabras de ternura.

«Os tomaré conmigo…» «Volveré…»

Promesa de que no estaremos separados de Jesús.

Es un lenguaje muy sencillo, casi ingenuo: ‘la casa del Padre , preparar un lugar , tomar junto a si …

Allí donde Yo estoy, estaréis también vosotros.

Jesús nos hace participar de su vida divina.

Tal es el objetivo de mi vida. Es hacia donde va la humanidad. Estar con Dios, estar donde está Jesús. Se comprende que haya dicho: «No se turbe vuestro corazón».

Para ir donde Yo voy, vosotros conocéis el camino.

¡Cristo, el que abre los caminos! ¡El que va delante! El que ha roto el circulo infernal de la finitud humana, de la mortalidad y del pecado, El que ha abierto «la salida». Sin Cristo la humanidad está encerrada en sus límites; pero he aquí que se. abre una esperanza. No seremos siempre egoístas, injustos, duros, impuros, débiles… la humanidad no será siempre opresora, racista, violenta, agresiva, no estará dividida… Hay un camino que conduce a alguna parte, allá donde el amor existe.

Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.

Esta es la «buena nueva»: la historia tiene un sentido, el hombre tiene un sentido, todo hombre está destinado a vivir cerca del Padre… «¡en tu Reino, donde esté nuestro lugar, con toda la creación entera por fin liberada del pecado y de la muerte. Glorificarte por Cristo Jesús!”

Noel Quesson
Evangelios 1