Comentario – Lunes V de Pascua

Jn 14, 21-26

Toda esta semana meditaremos el «discurso después de la Cena». Esas palabras de Jesús, en el relato de san Juan, siguen inmediatamente el anuncio de la negación de Pedro, portavoz del grupo de los discípulos (Juan 13, 38). Un malestar profundo invade a estos hombres. Temen lo peor. Y es verdad que mañana Jesús será torturado. Jesús experimenta también esta turbación: Y he aquí lo que acierta a decir para reconfortarles… para reconfortarse a sí mismo.

El que recibe mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama.

Amar a Jesús. Jesús quiere que se le ame.

E indica el signo del verdadero amor: la sumisión al amado. Es una experiencia que comprenden todos los que aman. Cuando se ama a alguien, se es capaz de abandonar libremente el punto de vista personal para adaptarse al máximo a la voluntad y a los deseos de aquel que ama: se transforma en aquel a quien se ama. Se establece una especie de simbiosis mutua: tu deseo es también el mío, tu voluntad es la mía, tu pensamiento ha llegado a ser el mío… nuestras dos vidas forman una sola vida.

El que me ama será amado de mi Padre y Yo le amaré.

Todo comentario es inútil. Sencillamente, hay que ir repitiéndose esto a sí mismo. Una verdadera cascada de amistad. Yo… Jesús… El Padre…

Es todo lo contrario a un Dios lejano y temible, es un Dios próximo y amoroso.

«Señor, ¿por qué te manifiestas a nosotros, y no al mundo?»

Esta es la pregunta de uno de los apóstoles. Llenos del Antiguo Testamento, los apóstoles piden a Jesús que se manifieste «pública y gloriosamente», en una especie de Teofanía, en medio de relámpagos y truenos, como en el Sinaí… y como los profetas lo habían anunciado alguna vez. (Ezequiel 43)

Hoy, también, algunos cristianos… y quizá, yo… continúan buscando manifestaciones espectaculares. ¿Cuál será la respuesta de Jesús?

Si alguno me ama guardará mi palabra; mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra «morada».

¡Esta es la manifestación que Dios nos hace!

Hace su morada en el corazón de los que creen en El. Dicho de otro modo: No se manifiesta más que en el corazón de los que le aman. ¡Para todos los demás, Dios parece ausente…! ¡No se manifiesta!

Jesús habla de amor.

Señor, Tú no te manifiestas más que a los que aceptan tu palabra, a los que libremente aceptan amarte. No fuerzas las puertas estruendosamente. No quieres hacer prodigios espectaculares que forzarían las muchedumbres a la adhesión. No vienes a habitar sino en aquellos que, por amor, ¡te abren su puerta! Señor, bien quisieras manifestarte a todos, pero respetas la libertad de cada uno: ¡No hay que forzar el amor! A nosotros, cristianos, tú nos encargas servir de intermediarios: es la calidad de nuestro amor por ti lo que debería revelarte, manifestarte a todos los que te ignoran.
«La morada de Dios.» ¡No es ante todo un Templo de piedras! El templo «soy yo» ¡si soy fiel a la Palabra de Jesús! La oración, la plegaria…. se trata de escuchar a este Dios presente en mí, y responderle.
No hay que ir lejos a buscarle… Está aquí.

El Espíritu Santo, el defensor que el Padre enviará en mi nombre, Ese os lo enseñará todo. Y os recordará todo lo que Yo os he dicho.

Jesús sabe que se va. Mañana, Viernes Santo, se marchará. Pero anuncia otra presencia, otro sí mismo: el Espíritu.

Noel Quesson
Evangelios 1