Comentario – Jueves V de Pascua

Jn 15, 9-11

Como mi Padre me amó, Yo también os he amado.

¡Es inversosímil! ¡Es maravilloso!

El amor con que Jesús nos ama es el mismo con el que El es amado por el Padre.
Nuestra unión con Jesús es comparable a la de Jesús con el Padre.
La frase siguiente nos lo dirá de manera inaudita.

Permaneced en mi amor… Y Yo permanezco en su amor. Si guardáis mis mandamientos, como Yo he guardado los mandamientos del Padre. Permaneceréis en mi amor.

Fijémonos en la estructura de la frase. A un lado están las relaciones de los discípulos con Jesús… y al otro, las relaciones del Hijo con el Padre… y ¡son las mismas!

Los discípulos permanecen en el amor de Jesús

= Jesús permanece en el amor del Padre.

Hay que guardar los mandamientos de Jesús.

 =Jesús guarda los mandamientos del Padre.

Como Yo guardé fielmente los preceptos de mi Padre… Y como Yo permanezco en su amor.

Este es el modelo.

¡La fidelidad de Jesús a su Padre! ¡Como quien no dice nada!

A través del evangelio, evoco esta fidelidad… que le ha conducido hasta la Pasión.
«Si es posible que se aleje de mí este cáliz» dirá Jesús dentro de pocas horas, en el huerto de los Olivos. Su fidelidad, tampoco fue fácil para El. «Pero, Padre, no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres»

Si guardáis mis mandamientos…

Este «si»; ¡es inquietante para nosotros!

Es la responsabilidad de nuestra libertad.

La relación con Dios no es algo automático.

Permaneceréis en mi amor…

Hay que dejarse introducir en todas las delicadezas de este pensamiento.

Dios está presente en todas partes. Dios ama a todos los seres, incluso a los peores malvados. Sí; ¡Dios ama a los pecadores, y no les está ausente!

Pero hay diferentes modos de presencia de Dios y diversos modos de relación. Hay una presencia particular, una relación privilegiada, de Dios con «aquel que le ama y guarda sus mandamientos»… más que con «aquel que no le ama». Es una cuestión de amor. ¡El que ama lo comprende! ¡Señor! Ayúdame a guardar fielmente tus mandamientos.

Ayúdame a permanecer en tu amor.

Como Tú has guardado fielmente los mandamientos de tu Padre.

Y como Tú permaneces en su amor.

Os he dicho estas cosas a fin de que os gocéis con el gozo mío, y vuestro gozo sea completo.
Tú ya nos has dado tu paz. Tu nos das también el gozo tuyo. Tu gozo = permanecer en el amor del Padre. El gozo de Jesús es ser amado y amar. Dios es la fuente de su gozo.

¿Y yo?

El gozo cruza el evangelio desde el comienzo hasta el fin, desde Navidad a la Pascua.

De mi vida, ¿brota también el gozo?

Noel Quesson
Evangelios 1