Notas para fijarnos en el Evangelio

El Espíritu Santo

• «… el que me ama, guardará mi palabra… quien no me ama, no guarda mis palabras…» (23-24): es el Espíritu quien hace que la Palabra de Jesús, tras su Muerte y Resurrección, continúe presente por la predicación de los discípulos. Esta Palabra, hay personas que la acogen (23) y las hay que no (24).

• La «doctrina-palabra» (23-24) de Jesús está llena de autoridad y de contenido porque Él, movido por el Espíritu, dice aquello que ha sentido del Padre, no habla por su cuenta, no va por libre (Jn 8, 28.40; 12, 49; 15,15). Por esto su Palabra es fundamental para la fe y la comunión (Jn 8, 31-32.37. 43. 51. 52), es revelación que el creyente tiene de acoger.

• «…quien me ama,… quien no me ama…» (23-24): es fruto el Espíritu, hay quien se deja atraer y quien no. Amar no se impone, se quiere o no.

• Según Juan, el papel del Espíritu Santo en la vida de los discípulos es el de hacer «recordar y hacer entender» el sentido de la palabra predicada (26). Un enseñar en profundidad hasta dar con el sentido mismo de la vida; un recordar, poner en sintonía con lo sembrado por Jesús, con sus criterios y su vida tal como el mensaje los recoge. La obra del Espíritu es el creyente colabora a encontrar el sentido, a llenar de significatividad sus días, a hacer esa mezcla entre mensaje y sociedad. Cuando decimos que la Eucaristía es el memorial de la Pascua, lo decimos en este sentido: en medio de la comunidad concreta que celebra, el Espíritu Santo hace presente a Cristo viviente y actuando por la Palabra y el Sacramento.

• «Viviremos en él» (23): El creyente se convierte en la casa del Padre (Jn 14, 2. 17). San Pablo y otros textos del Nuevo Testamento también hablan de ello (1Co 3, 16; 6, 19: 2Co 6, 16; Ef 3, 17; Ap 3, 20). Esta promesa se realizará con la venida del Espíritu.

• El «recordar» (26) que provoca el Espíritu no es hacer memoria sino tomar conciencia de que aquí y ahora Jesús continúa hablando, y hablando desde la situación que vivimos, no desde otra época y desde otra cultura. Cuando decimos que la Eucaristía es el memorial de la Pascua, lo decimos en este sentido: en medio de la comunidad concreta que celebra, el Espíritu Santo hace presente al Cristo viviente y actuante por la Palabra y el Sacramento.

La paz

• Toda esta obra hace que la despedida de Jesús no sea a la manera como se despide todo el mundo. Su «paz» (saludo de despedida) no es para no volver sino, al contrario, para hacerse del todo presente en lo humano.

• El saludo habitual de los hebreos, «Shalon – paz», no es una pura fórmula. Esta paz no es sólo ausencia de conflictos, ni sólo una tranquilidad interior, expresa el deseo y el compromiso de la salud, la prosperidad, el bien de la persona en su integridad.

• Jesús no sólo desea a los discípulos «la paz» (27) sino que la da como herencia. Es «la paz» que sólo Dios puede dar. Este don de la paz anticipa el que después encontramos que hace el Resucitado como primera acción: dar la paz (Jn 20, 19.21.26).

• Jesús no da la paz «como la da el mundo» (27). Los profetas denuncian la paz ilusoria que tapaba y escondía la injusticia. Jesús, en esta misma corriente profético, no trae esta falsa paz: «no he venido a traer la paz…» (Mt 10, 34).

La palabra mundo, sobre todo en los capítulos 13- 17 del Evangelio según Juan, señala una oposición compacta y radical contra Jesús (Jn 14,17.19.27; 15,18.19; 16,8.20; 17,9.14.16.25). En este sentido, ni Jesús es del mundo (Jn 8,23) ni los discípulos lo son (Jn 17,14.16). Pero Dios ama el mundo y le envía su Hijo (Jn 3,16), y también los creyentes serán enviados al mundo (Jn 17,18).

• La paz de Jesús hará que en los discípulos, convertidos en portadores del Evangelio en medio del mundo, desaparezca toda turbación: «que vuestros corazones se serenen» (27). Esta «paz» profunda es fruto de la victoria de Cristo sobre la muerte (28).

Seguir creyendo

• Las palabras de Jesús antes de su Muerte y Resurrección (29), recordadas por la acción del Espíritu Santo (26) eran necesarias porque los discípulos no viviesen la Pasión sólo como una tragedia.

• El Espíritu Santo les ayuda a interpretar estas palabras; así «seguirán creyendo» (29).