Comentario – Viernes V de Pascua

Jn 15, 12-17

He aquí mi mandamiento…

Jesús acaba de decir que es preciso guardar «sus» mandamientos, para permanecer en su amor.
Podríamos preguntarnos lo que esto significa, lo que hay que hacer concretamente. Jesús nos lo explicará. He aquí… Pero la cosa debe de ser mucho más sencilla de como nos la imaginamos: pues no está en plural —mis mandamientos—, sino en singular —un solo mandamiento—.

«Amaos los unos a los otros como Yo os he amado»

Este es «el» mandamiento, «su» mandamiento.

Es el mandamiento en el cual tienes más empeño. Cuando amo a los demás, hago lo que Tú llevas irás adentro en el corazón. ¡Amar! ¡Amar! ¡Amar!

Una vez más es preciso que me entretenga en mirar mi vida concreta de hoy bajo esta luz. ¿Cumplo yo este mandamiento? ¿Cómo se traduce para mí el amor que he de dar?

¿Qué formas toma? ¿Qué es lo que se espera a mi alrededor? «Los unos a los otros» ¿Quién es para mí el otro? ¿A quién encontraré? ¿De quién soy responsable? ¿Quién espera algo de mí? ¿Cuál es mi actitud hacia los que me rodean, mi familia, mis colegas de trabajo?

Pero, ¿a dónde nos arrastras, Señor? ¿Hasta dónde nos pedirás amar?

Como Yo os he amado.

¡Hasta aquí!

Nadie tiene amor mayor que el de dar la vida por sus amigos.

Hasta dar la vida.

Señor Jesús, Tú te das como modelo de amor: ¡Tú lo has dado todo! Tú has sacrificado tu vida. Tú no has reservado nada para ti. La medida del amor es la cruz. Sin prisas, contemplo largamente tu cruz; te miro «dando Tu vida por amor»…

Señor, ¿Cómo podría imitarte, si Tú mismo no vienes a amar en mí?

Sois mis amigos si…

Todavía este «si» inquietante. ¡Cómo quisiera ser tu amigo, Señor!

Si hacéis lo que Yo os mando.

«El» mandamiento, es amar.

Ya no os llamo «siervos», porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Ahora os digo «amigos» porque todo lo que oí de mi Padre, os lo he dado a conocer.

Los primeros lectores de Juan, que leían el texto en griego, encontraban aquí la palabra «doulos» que era la empleada para una categoría social que existía entonces, los «esclavos» Jesús opone la esclavitud a la amistad…

¡No somos «esclavos» de Jesús, sino, amigos de Jesús! Nos ha dicho todo lo que El sabía de Dios. Estas fórmulas increíbles nos dejan con una impresión, ¡que no se puede definir! ¡Tenemos todavía tanto a descubrir sobre Dios!

No me habéis elegido vosotros a mí, sino que Yo os elegí a vosotros.

¡Felizmente, en un cierto sentido!

Este es también un pensamiento que hay que matizar. A la vez que Jesús se presenta como nuestro ‘ amigo» no deja por ello de ser nuestro «amo»: El se reserva toda iniciativa… de El recibimos todo lo que hay de bueno en nosotros. ¡Gracias, Señor!

Noel Quesson
Evangelios 1