«Mi Padre os amará»

1. – No es una leyenda, ni una exageración. Lo dice Jesús: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.» La Eucaristía cumple esa condición. Recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo y Él está con nosotros. La Trinidad Beatísima también –el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo– está en la Eucaristía. Pero hay más. Aún más. El amor por Jesús trae el mejor conocimiento de la Palabra y ese mayor conocimiento produce una proximidad, consciente y objetiva, a Dios. Una de las bienaventuranzas dice: «Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». Las bienaventuranzas marcan situaciones de la vida presente. Producida la purificación del corazón se puede ahondar aún más en el conocimiento presente de Dios. Los místicos están con Dios, ven a Dios.

2. – Hay que decir estas cosas con objetividad y humildad. En la actividad religiosa siempre existe la posibilidad de «no ver» o de «ver demasiado». Los mismos Apóstoles no fueron capaces de contemplar la divinidad de Jesús hasta después de la Resurrección. Todo parecía confuso. A nosotros –gente de hoy– nos ocurre lo mismo. A veces tenemos dificultades para diferenciar profundamente a las personas de la Trinidad Santa. Tampoco somos capaces de aceptar la idea de Dios Padre que nos enseñó Cristo. Poco a poco, sin embargo, iremos creciendo en nuestra capacidad cognoscitiva. Siempre será con ayuda de Dios y con un permanente ejercicio de humildad. Están, también, los que «ven demasiado». Los que «iluminan» sus fantasías con prodigios inexistentes. La superstición puede cebarse en ellos y casi siempre estas irregularidades llegan porque los «protagonistas» suelen haber pasado la raya del pecado.

3. – El seguimiento de Cristo produce frutos de objetividad. Y ocurre porque, constantemente, tenemos que discernir sobre lo idóneo de nuestro comportamiento. Y a la hora de examinar nuestras conciencias –y hacerlo bien–, sabemos lo que es verdad y lo que es mentira, lo que no ocurrió y lo que es fruto de nuestra imaginación. No puede aceptarse la tendencia hacia el autoengaño porque eso lleva a la demencia. Pero será, por otra parte, esa objetividad probada día a día la que nos aproxime a las «primicias del Espíritu» y nos haga entender y sentir que Dios está con nosotros.

Ángel Gómez Escorial