Comentario – Lunes VI de Pascua

Jn 15, 26-16, 4

Continuamos la meditación del «discurso después de la Cena». Hasta aquí, Jesús ha hablado sobre todo de amor… Pero el tono va a cambiar. En esta segunda parte de su conversación, Jesús va a hablar mucho sobre el «odio»: quiere prevenir a sus discípulos de la atmósfera de lucha que conocerán frente al rechazo del mundo. *’

Cuando venga el «defensor» que Yo os enviaré de parte del Padre…
Hemos olvidado bastante ese título que daba Jesús al Espíritu. El «Defensor», el «Paráclito» en griego. Esto da un tono de lucha. Dios tomará la defensa de los suyos. ¿Tengo conciencia de que soy atacado, amenazado? Sí, me encuentro constantemente enfrentado al mal a la desgracia, y al Maligno: el pecado, la adversidad, Satán… triple cara de lo que me provoca para destruirme y alienarme.

Jesús lo sabe bien. El, que tan a menudo ha tomado la defensa del hombre, para salvarle del pecado, de la enfermedad o de la muerte y del demonio. El nos envía otro «Defensor»: su Espíritu. A menudo, Señor, me olvido de ese aspecto dramático que tiene la vida cristiana; y corro el riesgo de dejarme llevar a una buena vidita muy tranquila, en vez de continuar alerta, vigilante… y presto al combate contra cualquier forma de mal.

El Espíritu de verdad que procede del Padre, dará «testimonio» (martyresei») de mí.
«Espíritu de verdad es otro título que Jesús da al Espíritu. La verdad libera, la verdad es la única fuerza capaz de contrarrestarle el mal.

Ser, cada vez más, un hambriento de la verdad, para ser, cada vez más, un testigo («martyr» en griego) de la verdad.

Y vosotros me daréis también testimonio («martyreité»).

La suerte de las palabras es ir cambiando de sentido en el curso de los años. Y por esto la Iglesia se ve obligada a adaptarse constantemente, es decir, a usar palabras nuevas para expresar la misma realidad. Los lectores de san Juan, aquí, oían en sus oídos griegos la palabra «martyr», que hoy traducimos por «testigo . «Vosotros también seréis mártires míos = vosotros seréis también mis testigos.»

Os echarán de las sinagogas… Os matarán…

Jesús preveía lúcidamente la extrema dificultad de ser cristiano. En este tiempo pascual, en la primera lectura (Hechos de los Apóstoles) oímos de qué modo Pablo, por ejemplo, ha sido perseguido, tenido por sospechoso, azotado, encarcelado, martirizado. Todavía hoy, el desarrollo en profundidad del evangelio tropieza con las mismas oposiciones, las mismas tentativas de ahogo. El cristiano auténtico es a menudo tenido por sospechoso. Si esto no sucede conmigo es quizá porque he desvirtuado la virulencia y la novedad del evangelio.

Vosotros daréis testimonio de mí porque desde el principio estáis conmigo… Os trataran de ese modo porque no conocieron al Padre ni a mí…

«Estar con»… «conocer al Padre y conocer a Jesús»… Es la condición para ser testigo.

¿Soy realmente el testigo (mártir) de Dios? ¿Estoy de parte de Dios? ¿Es Dios al que defiendo, o es a mí, mis opciones mis ideas?

Sé que tengo un Defensor. El Espíritu está ahí conmigo. Gracias. Concédeme, Señor, el no tener nunca miedo.

Noel Quesson
Evangelios 1

Anuncio publicitario