Comentario – Miércoles VI de Pascua

Jn 16, 12-15

Ayer meditamos el papel del «Defensor» que el Espíritu ejerce en el curso del proceso de Jesús» que se desarrolló en Jerusalén en aquel tiempo… y que se desarrolla en el curso de toda la historia.

Hoy vamos a considerar otro cometido del Espíritu, su papel de pedagogo, el que hace comprender, el que hace crecer.

Muchas cosas tengo aún que deciros, mas no podéis comprenderlas ahora.

Sí, la Fe es una progresión. Es una vida que va desarrollándose. En Dios hay siempre cosas nuevas a descubrir, tales como en el desarrollo de una relación de amor con alguien, un prometido, un esposo, un amigo.

Al igual que los apóstoles no estoy sino en el inicio. Acepto, Señor, lo que Tú me dices también a mí… Hay cantidad de cosas que no podría comprender ahora, pero que Tú me revelarás poco a poco… más tarde… si soy fiel en escuchar a ese Espíritu, que me habla al corazón, que me habla de ti, Jesús.

Guarda mi espíritu abierto… que jamás me considere como satisfecho, conocedor de todo, orgulloso de mis conocimientos doctrinales. Señor, pienso también en aquellos con quienes vivo. A ellos también les pasa lo mismo: están en el camino de la Fe… Hay verdades y actitudes que no han descubierto todavía… que no podrían comprender ahora. Dame, Señor, tu paciencia, tu pedagogía. Que no aplaste a los demás con verdades que no pueden aún entender… que sepa caminar al ritmo de tu gracia, al ritmo de tus pasos… acompañando a mis hermanos en su propio caminar.

Cuando vendrá Aquél, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa.

Es como una confesión de Jesús: reconoce que hay cosas que no ha podido dar a comprender a sus discípulos.

Sí, mientras Tú estabas con ellos, visiblemente con ellos, corporalmente con ellos, humanamente con ellos… había una cierta dimensión esencial de tu persona que no brillaba. Era necesaria tu muerte y tu resurrección para que tu gloria resplandeciera.

Todavía hoy, tenemos también la tentación de reducir tu mensaje y tu misterio a sus aspectos más humanos, más comprensibles. Señor, que tu Espíritu nos conduzca a la verdad ‘completa».

Porque no hablará de sí mismo, sino que hablará lo que oyere… Recibirá de lo mío y os lo anunciará…
Ya sabíamos que Jesús está totalmente vuelto hacia el Padre, que no «hace nada por sí mismo» que es una perfecta transparencia del Otro.

Esto es lo que Jesús nos revela aquí; la absoluta transparencia de las relaciones de amor entre las Tres personas divinas: ninguna guarda nada de «lo suyo», todo es participado, comunicado, dado, recibido… Nuestras palabras terrenas son inválidas para expresar esta cualidad inaudita de la relación que une al Padre, al Hijo y al Espíritu. Todas nuestras relaciones humanas brotan de ella.

Todo cuanto tiene el Padre es mío… El Espíritu tomará de lo que me pertenece y os lo anunciará…

Las revelaciones del Espíritu en el curso de la historia no pueden ser nuevas revelaciones, contradictorias con lo que ha sido revelado en Jesucristo. ¡El Espíritu lleva a Jesús, como Jesús lleva al Padre!

Contemplo la unidad, la comunión de las personas divinas: ¡todo un programa!

Noel Quesson
Evangelios 1