Comentario – Sábado VI de Pascua

Jn 16, 23-28

Sí, en verdad os digo…

Fórmula solemne de Jesús cuando va a decir algo importante.

Cuánto pidiereis al Padre, os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre.
Ver su plegaria acogida…

Rogar ‘ en nombre de Jesús»…

¿Qué quiere decir esto?

Imagino que esta acogida, no puede ser reconocida más que en la Fe; pues bien sabemos que a menudo, nada parece cambiar después de una plegaria. Pero, ¿es seguro que nada cambia? Si yo tuviera mas Fe, vería también esta acogida de la que Tú, Señor, nos hablas. Dentro de unos instantes Jesús anonadado al pie de un olivo, hará también una oración aparentemente no acogida: «Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz». Pero, ¿no ha sido acogido? ¿Cómo?

Pedid y recibiréis, a fin de que vuestro gozo sea completo.

La oración fuente de gozo… fuente de expansión… fuente de equilibrio. El mundo occidental, ¿no debería retornar a esta fuente? Orar. Pasar tiempo en la contemplación, en el reposo en Dios: quién sabe si no veremos volver esto desde las planicies del Ganges, o las arenas del desierto… o quizá también del hastío de nuestras vidas occidentales materializadas y encerradas en el «cerco de hierro» de una humanidad, a la que se le ha hecho creer que no hay nada más, que no tiene salida, que el hombre esta encerrado en sí mismo…

Pero ¡no! Hay una abertura: hay un mundo divino, próximo, cercano a ti, que te envuelve por doquier… y en el que la oración puede introducirte.

Imposible experimentarlo en lugar de los demás. Hay que penetrar uno mismo en ello. Orad a fin de que vuestro gozo sea completo.

Llega la hora en que ya no os hablaré más en parábolas, sino que os hablaré claramente del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que Yo rogaré al Padre por vosotros, pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y creído que Yo he salido de Dios.

¿Qué significan estas palabras?

La abolición de las distancias. Entre Dios y los creyentes, hay una comunicación directa… que viene, por parte de Dios, de una actitud de amor —el Padre mismo os ama—… y por parte del hombre, de una actitud de fe y de amor —porque me habéis amado y habéis creído en mí.

Entre el universo invisible y el universo visible, no hay muros.

De la tierra, suben sin cesar plegarias, de amor y de fe.

Del cielo, descienden sin cesar gracias y palabras divinas, de amor.

Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y Me voy al Padre.

Sí, en verdad Jesucristo es «la comunicación» entre estos dos mundos, que no están cerrados el uno al otro.

El ha venido de ese mundo invisible, divino, celeste; que nos envuelve por todas partes. El nos lo ha revelado. Ha desvelado lo que estaba escondido en Dios: todo se resume en una sola palabra… Dios ama… Dios es Padre… Dios es amor…

Ha vuelto a ese mundo invisible, divino, celeste, a ese mundo donde el amor es rey, a ese mundo donde el amor hace dichoso, a ese mundo donde las relaciones entre las Personas son totalmente satisfactorias, logradas, ¡y perfectas!

¿Vamos nosotros a beber, de vez en cuando, a esta fuente?

Noel Quesson
Evangelios 1