Lectio Divina – Miércoles VII de Pascua

“Padre, cuida en tu nombre a los que me has dado”

1.- Oración introductoria.

Señor, hay cosas que me rebasan, que me superan, que me trasladan a un mundo maravilloso, tu propio mundo. ¿Cómo podría yo soñar que me ibas a introducir en tu propia vida trinitaria? ¿Cómo me podría imaginar que me ibas a comunicar tu misma verdad, tu misma alegría, tu propia e íntima unidad? Hoy no necesito palabras sino silencio. Un silencio ancho, profundo y prolongado.

2.- Lectura reposada del  texto evangélico: Juan 17, 11-19

Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Quiero arrancar de esta oración de Jesús al Padre, esta bella frase: “Como Tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado”. El envío de los apóstoles es prolongación del envío del Padre a Jesús. Para entender bien esta frase hay que completarla con otra correlativa de Juan: “Como el Padre me ha amado a mí así yo también os he amado” (Juan 15,9). Jesús ha venido a este mundo con todo el cariño infinito del Padre, con la ternura del Padre, con el corazón entrañable del Padre. Cuando Jesús envía a sus discípulos al mundo, les dice que no lleven nada para el camino:” ni dos túnicas, ni dinero, ni alforjas” (Mt.10,10). Naturalmente que se trata de alforjas materiales. Porque las alforjas espirituales están bien repletas de la ternura y del amor desbordado del Padre.

Con estas alforjas espirituales bien llenas, Jesús les puede hablar a sus discípulos de  “verdad”, “de alegría”, y de unidad. La verdad no es la de los filósofos y los sabios. Es la verdad de Jesús. Todo Él es verdad. Es el auténtico, el veraz, el fiel. De esa coherencia debe estar revestido el discípulo. La alegría no es la que da el mundo. Es alegría colmada. Tan honda  que es difícil explicar. Y tan fuerte que es capaz de superar los peores momentos de la vida. Y, sobre todo, “la unidad”. No una unidad  conseguida a base de esfuerzos humanos, sino la unidad que tiene el Padre con el Hijo y el Hijo con el Padre. Unidad regalada. A esta unidad debo acudir cuando fallen las comunidades de corte humano, cuando sienta el fracaso de los amigos, cuando no me vea querido por nadie. La unidad trinitaria no puede fallar nunca. Jesús ha querido que yo en Él, sea “uno con el Padre y el Espíritu Santo”. Y este regalo de Jesús nadie me lo puede robar. Por eso el cristiano nunca está solo.

Palabra  del Papa.

“Un aspecto esencial del testimonio del Señor Resucitado es la unidad entre nosotros, sus discípulos, como la que existe entre Él y el Padre. Y la oración de Jesús en la víspera de su pasión ha resonado hoy en el Evangelio: «Que sean una sola cosa como nosotros». De este eterno amor entre el Padre y el Hijo, que se extiende en nosotros por el Espíritu Santo, toma fuerza nuestra misión y nuestra comunión fraterna; de allí nace siempre nuevamente la alegría de seguir al Señor”. (Homilía de S.S. Francisco, 17 de mayo de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Sentirme desbordado por el amor del Padre manifestado en su Hijo Jesús. Y agradecerlo.

 6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, cuando pienso en lo poco que valgo, en lo poco que tengo y en lo poco que soy, no puedo por menos que agradecer a Dios Padre el regalazo que me ha hecho con su Hijo Jesús. Sin Él no sabría nada del Padre ni hubiera tenido idea de la maravillosa presencia del Espíritu Santo. Con Jesús tengo acceso directo al Padre, a la vida del Padre, al beso y al abrazo del Padre. Incluso a la misma unidad del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. ¡Gracias, mi Dios!

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Miércoles VII de Pascua

Jn 17, 11-19

Padre Santo, guarda en la fidelidad a tu nombre a esos que me has dado.
Mientras yo estaba con ellos yo los guardaba en la fidelidad a tu nombre…

Guárdales del mal…

«Guardar»… Es el tercer verbo de la plegaria de Jesús repetido tres veces.
«Desde ahora yo no estaré en el mundo; ellos se quedan en el mundo… cuando Yo estaba con ellos, los guardaba…» Paradoja de la situación de los creyentes: han sido llamados por Jesús, y Jesús se va. Jesús es consciente de la gran dificultad en que pone a sus apóstoles desapareciendo.

Ellos no son «del mundo»… Como Yo no soy del «mundo»… Como Tú me enviaste «al mundo»… Así Yo los envié a ellos «al mundo».

Tal es la tensión paradógica en la que Jesús ha introducido a sus amigos: estar en el mundo sin ser del mundo.

Una solución a esta tensión, para preservarles, para guardarles… sería retirarlos del mundo. Pero, no…

No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del «mal».

El creyente no es un ser aparte. Incluso el monje, en cierta medida, no puede vivir totalmente separado, «retirado del mundo»: su vocación peculiar, indispensable, debe estar inserta en el mundo donde realizará su misión profética.

Pero la palabra de Jesús, con mayor razón, se aplica a los laicos, a los sacerdotes y a los obispos: «Yo no pido que les retires del mundo…»

el Concilio ha reemprendido y valorizado esta doctrina: (P.O.3)(A.A.2). Para los sacerdotes. «Situados aparte en el seno del pueblo de Dios no para estar separados de este pueblo, ni de cualquier hombre, sea el que sea. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida, distinta a la terrena; pero tampoco serían capaces de servir a los hombres si permanecieran extraños a su existencia y a sus condiciones de vida». Para los laicos, «Lo propio y peculiar del estado laico es vivir en medio del mundo y de los asuntos profanos: han sido llamados por Dios a ejercer su apostolado en el mundo —a la manera de la levadura en la masa—, gracias al vigor de su espíritu cristiano.» ¿Cuáles son mis presencias en el mundo, en qué lugares y obras me he comprometido?

Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad, pues tu palabra es verdad. Como Tú me enviaste al mundo, así Yo los envié a ellos al mundo. Y Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad.

«Consagrar» o también «santificar» según una traducción más próxima al griego, —es el cuarto verbo de la plegaria de Jesús, que aquí se repite tres veces.

Sólo Dios es «santo , pero comunica algo de su santidad a los creyentes. El cristiano «enviado al mundo» ha sido enviado para vivir en el mundo la santidad de Dios… como Jesús fue enviado por el Padre para «santificar» al mundo… <1 cristiano es, primero, «un hombre», como todos los demás… pero es también un «consagrado»: Jesús dice que es la «verdad», ¡la que obra esto en ellos!
¡Cuántos cristianos, por desgracia, son poco conscientes de esta extraordinaria dignidad! Yo mismo, ¿soy conscientes de estar en comunión con el Dios santo? ¿Qué cambios origina esto en mi vida? ¿Qué deseo de perfección? ¿Tengo hambre de absoluto? ¿Dejo que Dios trabaje en mi interior? ¿Voy en busca del bien, de lo bello, de lo verdadero?

Ten piedad de nosotros, Señor, y continúa tu plegaria para que seamos consagrados, de verdad.

Noel Quesson
Evangelios 1

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Pentecostés – Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entró Jesús , se puso en medio y les dijo: – Paz a vosotros. Y diciedo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: – Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: – Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados , les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos

Explicación

Después de la experiencia de la Resurrección, los primeros discípulos y seguidores sienten en ellos la presencia de una FUERZA interior y la claridad de una LUZ, que les ayuda a vivir como Jesús les había enseñado. Ese aliento de vida y de paz es el Espíritu de Jesús que ellos acogen. Aquél que les prometió enviar cuando él regresara al lado de su Padre.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Domingo de Pentecostés –ciclo C- (Jn 20,19-23)

Narrador: Escuchad, amigos y amigas, voy a contaros lo que sucedió tras la resurrección de Jesús. Los discípulos estaban en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.

Discípulo1: ¿Y qué habían hecho los judíos para tenerles miedo?

Narrador: Acusaron a Jesús falsamente y consiguieron que Pilato le condenara a morir en la cruz.

Discípulo2: Y los discípulos temían que se les acusara también. ¡Qué cobardes!

Narrador: ¿Qué haríamos en su lugar? Jesús era su fuerza y su refugio. Además ellos soñaban con un Mesías victorioso. De hecho, lo abandonaron todo por seguirle, y ¡menuda decepción! Sin embargo, escuchad: Ha anochecido, es el día primero de la semana… Y de repente una voz les sorprende y les dice:

Jesús: ¡Paz a vosotros!

Discípulos: Es el Maestro, es el Señor… ¡Ha resucitado!… no es posible.

Jesús: No tengáis miedo. Mirad mis manos, mirad mi costado. Soy yo, Jesús, el Maestro.

Discípulo1: ¡Qué bien, Maestro…, has vuelto Jesús!

Discípulo2: Tu presencia nos anima y reconforta, ¡ya no tenemos miedo! ¡Qué alegría tenerte aquí!

Discípulo1: Sí, sí, qué alegría. Gracias por acordarte de nosotros.

Jesús: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

Discípulo2: Perdona, Maestro…pero… ¿para qué queremos nosotros a ese Espíritu?

Discípulo1: ¡Claro!, alguien tendrá que ayudarnos… iluminarnos… guiarnos y… cambiarnos por dentro ¿no crees? … ¡Falta nos hace!

Narrador: Y Jesús queriendo darles confianza y ánimo, les dice:

Jesús: A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles VII de Pascua

En esta sección intermedia de la oración sacerdotal, Jesús le pide al Padre tres cosas: primero, que sus discípulos sean uno como ellos son uno, segundo, que, sin sacarlos del mundo, los defienda del Maligno y, tercero, que los santifique en la verdad. Detrás de estas tres peticiones podemos descubrir un único deseo de Jesús: poner a sus discípulos en las manos del Padre, como él mismo lo hará con su propia vida antes de expirar en la cruz. El Padre que no abandonó a Jesús en la muerte, sino que lo resucitó. El mismo Padre es el que nos une en el amor, nos protege del mal y nos santifica en la verdad. Volver a contemplar esta verdad debería llenar nuestras vidas de confianza, pues, por más que haya momentos en los que parece que la desunión nos separa sin remedio, que la fuerza del maligno nos atrapa o que el poder de la mentira nos destruye por dentro y por fuera, sabemos que no estamos solos, que estamos bajo el cuidado del Padre y que es posible vivir en nuestro mundo, sin ser de él.

Sólo una confianza básica de este tipo puede fundamentar una existencia que se atreve a superar los peligros, miedos y complejos que menoscaban nuestra capacidad de riesgo para amar y construir un mundo mejor. Quien sabe que su vida está en buenas manos sabe que no tiene asegurado el éxito, pero, sabe que el Padre siempre lo acompaña, lo alienta y lo fortalece. Revisemos cómo va nuestra confianza en el Padre; un buen medidor de ello es la calidad de nuestro compromiso por forjar la unidad, por luchar contra el mal en todas sus expresiones y por vivir en la verdad. Si esta confianza y este compromiso no están vivos y vigorosos, te invito a que repitamos la oración sacerdotal de Jesús y dejemos que la fuerza de la Palabra encienda nuestro corazón.

Ciudad Redonda

Meditación – San Justino

Hoy celebramos la memoria de san Justino.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 5, 13-19):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

»No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud. En verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la más pequeña letra o trazo hasta que se cumpla. Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Hoy hablamos de san Justino, filósofo y mártir, el más importante de los Padres apologistas del siglo II. Nació en la antigua Siquem, en Tierra Santa. Durante mucho tiempo buscó la verdad, peregrinando por diferentes escuelas de la tradición filosófica griega. Por último, como él mismo cuenta en su “Diálogo con Trifón”, un misterioso personaje, un anciano con el que se encontró en la playa del mar, primero lo confundió, demostrándole la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente con sus fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le explicó que tenía que acudir a los antiguos profetas para encontrar el camino de Dios y la “verdadera filosofía”. Al despedirse, el anciano lo exhortó a la oración, para que se le abrieran las puertas de la luz. 

Al final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, que consideraba como la verdadera filosofía, pues en ella había encontrado la verdad y, por tanto, el arte de vivir de manera recta. 

—Por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año 165, en el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien san Justino había dirigido una de sus Apologías.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – San Justino

SAN JUSTINO, mártir, memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 20, 28-38. Os encomiendo a Dios, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia.
  • Sal 67. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
  • Jn 17, 11b-19. Que sean uno, como nosotros.

O bien: cf. vol. IV


Antífona de entrada          Cf. Sal 118, 85. 46
Los insolentes me contaron falsedades ignorando tu ley; pero yo comentaré tus preceptos ante los reyes y no me avergonzaré 

Monición de entrada y acto penitencial
Celebramos hoy la memoria del mártir san Justino, que nació en el seno de una familia pagana en Flavia Neápolis (actual Nablus) en Samaria, a comienzos del siglo II. Como filósofo que era, buscó la auténtica sabiduría, que encontró en la verdad de Cristo y la confirmó con su comportamiento, enseñando lo que afirmaba y defendiéndola con sus escritos. Al presentar al emperador Marco Aurelio, en Roma, su Apología en favor de la religión cristiana, fue conducido al prefecto Rústico, ante quien se declaró cristiano, siendo condenado a la pena capital, hacia el año 165

Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que por medio de la locura de la cruz
enseñaste de modo admirable
la incomparable sabiduría de Jesucristo
al mártir san Justino,
concédenos, por su intercesión,
alejados los errores que nos cercan,
conseguir la firmeza de la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Jesucristo, el Señor, haciendo nuestra su plegaria al Padre.

1.- Para que guarde a la Iglesia de todo mal. Roguemos al Señor.

2.- Para que suscite en los gobernantes de las naciones deseos y proyectos de progreso y de paz. Roguemos al Señor.

3.- Para que ayude y ampare a los que sufren persecución por su compromiso en causas justas. Roguemos al Señor.

4.- Para que nosotros, como fieles discípulos de Cristo, realicemos Y vivamos la verdad en la caridad. Roguemos al Señor.

Señor Jesús, acoge las súplicas de tu Iglesia y envíale el Espíritu Santo. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
celebrar dignamente estos misterios
que defendió san Justino con firme valentía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Co 2, 2
Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado 

Oración después de la comunión
SACIADOS con el alimento celestial,
te suplicamos humildemente, Señor,
que, siguiendo con fidelidad las enseñanzas
del mártir san Justino,
nos mantengamos en continua acción de gracias
por los dones recibidos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.