Lectio Divina – Jueves VII de Pascua

¡QUE TODOS SEAN UNO!

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy necesito la fuerza del Espíritu porque mi oración, basada en tu palabra, me lleva a alturas de vértigo, a cimas insospechadas. Me pides que viva “en unidad con mis hermanos” pero no con una unidad cualquiera sino con la que Tú tienes con el Padre. Sólo si antes me envías tu Espíritu Santo podré conseguir algo tan sublime.

2.- Lectura reposada del evangelio. Juan 17, 20-26

No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Las palabras del evangelio de hoy son escalofriantes, sublimes, estremecedoras. Jesús ha pedido al Padre que caigamos en la cuenta del amor que ese Padre nos tiene. Y este amor es tan inefable que es el mismo con que el Padre ama a Jesús. Personalmente me parece que, además de todos los pecados que tenemos, el gran pecado es que pasamos la vida “sin enterarnos de todo lo que el Padre nos ama”. Y esto trae serias consecuencias: si no arrancamos de esta raíz, no podemos amarnos como hermanos, no podemos tener unidad entre nosotros y, lo que es más grave, nos quedamos sin argumentos convincentes a la hora de expresar nuestra verdadera fe al mundo. Si los cristianos no estamos unidos, no sólo no revelamos, sino que “velamos”, “ocultamos”, “desfiguramos” el verdadero rostro de Dios. Jesús es realista y sabe que la unidad entre nosotros es difícil, más aún, es imposible sin la ayuda del Señor. Por eso Jesús ha rezado al Padre para que esto se pueda cumplir.  Cuando el mismo amor de Dios “manifestado a través de su Espíritu” venga a nosotros e inunde nuestros corazones, podremos convertir “el desierto en vergel”, “la tierra en cielo”, y “el infierno en paraíso”.  Es el milagro del amor.

Palabra del Papa

“En el Evangelio de hoy, Jesús reza al Padre con estas palabras: “Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos”. La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraíza, tienen su raíz, en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida diaria. […] ¿Cómo es mi fidelidad a Cristo? ¿Soy capaz de “hacer ver” mi fe con respeto, pero también con valentía? ¿Estoy atento a los otros? ¿Me percato del que padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas a los que debo amar? Por intercesión de la Santísima Virgen María y de los santos, pidamos que el Señor colme nuestra vida con la alegría de su amor. Así sea. (Homilía de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2013).

4,- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Una oración especial para que me entere, de una vez, lo que el Padre me ama.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración

Al acabar esta oración, me siento desbordado al manifestarnos Jesús lo que el Padre nos ama. Nos ama tanto como a su hijo Predilecto. Por eso hoy me uno a la misma oración de Jesús al Padre: que el amor con que Tú me has amado a mí esté en ellos. Sí, que el amor del Padre corra por nuestras venas y así seremos hermanos de verdad. A veces los cristianos jugamos con palabras bonitas, incluso con palabras sacadas del evangelio. Pero cuando las palabras son sólo palabras, nos estamos engañando. Dame, Señor, tu amor para que pueda amar; dame tu Palabra, para que pueda hablar; dame tu verdad, para ser auténtico, para ser verdadero.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Jueves VII de Pascua

Jn 17, 20-26

He aquí las últimas palabras de la plegaria de Jesús…

Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos crean en mí por su palabra.

Así, pues Señor Jesús, Tú has rogado por mí…

En este instante, y no solamente en este, Jesús ha vislumbrado todo el inmenso desarrollo de su obra… Veía las multitudes humanas que creerían en El… preveía la Iglesia. Y ¿cuál era su plegaria para esta Iglesia, para los innumerables creyentes?

Corazón inmenso de Jesús, corazón universal…

Que todos sean «uno», como Tú, Padre, estás en mí y Yo en ti, para que el mundo crea que Tú me has enviado…

Esta es la última plegaria de Jesús antes de entrar en su Pasión: es la intención principal por la que ofrecerá el sacrificio de su vida… es la que lleva más en el corazón… es, por así decir, su testamento.

Que todos sean uno…

Ser uno.

Entre muchos, no hacer más que uno.

Como Tú estás en mí y Yo en ti…

Nada más profundo que este amor… el de Dios.

El amor de los cristianos tiene por modelo el amor mismo de Dios. Esta es la unidad por la que Jesús dio su vida. ¡Cuán lejos estamos de ella, en nuestras Iglesias, entre las Iglesias, en nuestras comunidades, entre nuestras comunidades, en nuestros grupos y nuestras clases sociales, y entre nuestros grupos y nuestras clases sociales!

Para que el mundo crea…

Es la unidad, es el amor el que es misionero y el que conduce a la Fe. Es la unidad la que evangeliza. Ved cómo se aman, debería poder decirse de todos los que tienen fe, de tal manera que esta fe llegara a ser atrayente.

¡Haz que seamos «uno», Señor!

Esto supone muchas renuncias a nuestras suficiencias, nuestros orgullos, nuestros egoísmos.

En mi vida tal como es, con las personas, tal como son, ¿qué sacrificio estoy dispuesto a hacer, con Jesús, para que esta plegaria suya se realice?

Así conocerá el mundo que Tú me enviaste y que los amaste como me amaste a mí. El mundo no te ha conocido oh Padre; pero Y o te conocí, les di a conocer tu nombre y se lo haré conocer todavía.

Palabras inolvidables. Participación misteriosa. Comunicación, por parte de Jesús de tocio lo que de mejor tiene.

Para que el amor con que Tú me has amado, esté en ellos y Yo en ellos…

Con estas palabras se extingue la plegaria de Jesús, por lo menos en el relato de san Juan. Podemos pensar que Jesús mantuvo pensamientos semejantes durante las últimas horas de su vida humana. Podemos pensar que continúa en el cielo, esta intercesión.

Es la gran cumbre del evangelio, es la gran «buena nueva»: el amor mismo de Dios, el amor trinitario, con el que el Padre ama al Hijo, el amor absoluto e infinito de Dios, participado a los creyentes. Lo que está trabajando en el corazón de la humanidad es esto: la relación de amor perfecto que une a las personas divinas.

Noel Quesson
Evangelios 1

Todo ha cambiado

1. – No lo consignó ningún historiador. Pero la historia cambió desde aquel momento. En el corazón de aquellos galileos que habían seguido a Jesús desde los inicios allá cerca del lago, en el corazón de María, su madre, y en el de las otras mujeres que habían ido con El, en el corazón de los discípulos que se habían añadido al grupo a lo largo de aquellos tres años por las tierras de Palestina, todo había cambiado cuando, después de la muerte del Maestro, lo habían experimentado vivo, resucitado en medio de ellos. Todo había cambiado. Pero no sólo por admiración o por alegría. Todo había cambiado porque ahora la vida nueva de Jesús era su misma vida, el Espíritu de Jesús era su mismo Espíritu. El aliento de Jesús, la fuerza de Jesús, el alma de Jesús.

2.- Esto es la Pascua. La vida nueva de Jesús que es también nuestra vida. El Espíritu de Jesús, que es también nuestro Espíritu. Pero todavía hay más. Hay un momento, un día, en el que este Espíritu, esta fuerza se hacen evidentes, imparables, vivos como ninguna otra cosa viva. Es la experiencia de Pentecostés. Tienen fe, están juntos, pero tienen miedo a salir fuera por temor a los judíos, necesitan un empujón. Y allí juntos, reunidos, compartiendo los miedos y las ilusiones, compartiendo el recuerdo de Jesús, el espíritu los sacudió como un vendaval violento y como unas llamas de fuego.

3. – Hemos de subrayar que el texto de los Hechos dice que «estaban todos reunidos en el mismo lugar». Todos significa el conjunto entero de los discípulos, no sólo los doce. Aunque la pintura represente a los doce apóstoles con María y una llama de fuego en sus cabezas, el texto dice «todos» y un poco antes hablaba de los discípulos. Por tanto, los dones del Espíritu lo reciben todos los seguidores de Jesús, no sólo los que han recibido el orden ministerial. Todos pueden decir, como expresa la Primera Carta a los Corintios, que «Jesús es el Señor».

Es verdad que hay diversidad de ministerios y funciones, como también hay diversidad de dones o carismas. Cada uno desempeña una misión en la Iglesia según el carisma que ha recibido. Esta reflexión debe hacernos caer en la cuenta de la importancia que deben tener en la Iglesia los «ministerios laicales». El Espíritu actúa en todos, aunque cada uno reciba un don y una función. Porque todo somos miembros del cuerpo de Cristo y todos hemos recibido la misma dignidad por el Bautismo. ¿Eres consciente del carisma que has recibido?, ¿sabes cuál es tu función o misión dentro de la Iglesia? Jesús nos envía a todos, como el Padre le ha enviado a Él.

4. – Ellos, los discípulos, salen a la calle, y la Buena Noticia de Jesús comienza aquel camino que nada ni nadie lo podrá parar. Porque el Espíritu, Dios mismo en el corazón de cada creyente y en el corazón de la humanidad es más fuerte que toda debilidad, que todo miedo. Es más fuerte que todas las infidelidades. Es el amor y la vida para siempre. No apaguemos la llama del Espíritu en nosotros. Colaboremos para que encienda a todos los hombres.

José María Martín OSA

Con Espíritu

Sin Espíritu Santo:
Dios está lejos, Cristo pertenece al pasado
el Evangelio es letra muerta,
la iglesia, una mera organización,
la autoridad sería dominación,
la misión una propaganda,
el culto una evocación
y el actuar cristiano un amoral de esclavos.

Pero con la presencia del Espíritu,
el cosmos se eleva
y gime en el parto del Reino,
Cristo Resucitado está presente,
el Evangelio es potencia de vida,
la Iglesia significa comunión trinitaria,
la autoridad es un servicio de liberación,
la misión es un Pentecostés,
la liturgia una memoria y anticipación.
El actuar humano se deifica.

Ignacio IV Hazin,
patriarca de la Iglesia
grego-ortodoxa de Siria

Notas para fijarnos en el evangelio

• Este Espíritu que Jesús «exhala» («exhaló su aliento sobre ellos») (22): Esta expresión nos conduce a los orígenes, a lo que Dios hizo por dar vida al hombre a quien modeló del polvo de la tierra: Le infundió el aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo (Gn 2,7). De esta manera el Evangelio nos dice que Cristo Resucitado, dándonos el Espíritu, es el Creador de la Humanidad Nueva, de una Vida Nueva. Esa nueva creación no es otra que la nueva sociedad, el Reino de la fraternidad, la igualdad y la paz. Es decir, el Espíritu de Jesús empuja en la dirección de la creación de la nueva sociedad. No se trata de dones extra-históricos sino de la total colaboración de Dios para que lo humano triunfe, para que se plenifique la vida, para que se cumpla el «proyecto» de Dios sobre la Historia (Jn 1,1 ).

•  ¿Qué hace el Espíritu?
     – Que Cristo –el único Cristo- vive entre nosotros y en cada uno;
     – Cristo nos comunica su vida de Resucitado;
     – que podemos amar (alguien ha formulado que quien no ama no tiene el Espíritu Santo)
     – que podemos “ver (20) al Señor” (Jn 3,3; 14,19; 20,24.29) –es “el ver” de la fe, el “ver” que llena de alegría (20)-;
     – y podamos acoger sus presencias: en la Igle- sia reunida (Mt 18,20), en la Escritura proclamada como Palabra viva (Rm 10,17), en los Sacramentos (1 Co 11,24-25) y en la vida, en las personas –sobre todo los más pobres– y en los acontecimientos (Mt 25,40.45; Lc 12,54-13,5; 17,21);
      – podemos pasar a la acción y dar la vida por los otros como ha hecho Cristo (Jn 15,13), abiertos a la esperanza del Reino de Dios (Mc 4,26-29).

• Es porque tienen el Espíritu, los “discípulos” (19) pueden ser “enviados” a continuar la misión de Jesús (21). Aquí, esta misión se concreta con el anuncio del perdón de Dios (23), fuente de regeneración.

     – Juan habla de “discípulos” (19), no de apóstoles, refiriéndose a quienes estaban reunidos en un mismo lugar y para una misma cosa, reunidos con Él, formando Iglesia. Con la palabra “discípulos” acentúa la adhesión a Jesús, el seguimiento. La identidad del apóstol –“enviado” (21)–, por lo tanto, pasa por ser, primeramente, discípulo.

     – Es apóstol aquel discípulo a quien el Resucitado envía. El apóstol nunca parte de la propia iniciativa sino de la iniciativa de otro. Siempre se refiere al proyecto de otro: el proyecto de Dios que ha amado tanto al mundo que le quiere dar vida (Jn 3,16) dán- dose a conocer (Jn 7,26). El apóstol –el/la militante cristiano/na– es la persona que da a conocer, con la palabra y la acción, a este Dios que ha manifestado su amor y ha dado la vida en el hombre Jesús de Nazaret (Rm 1,5; 15,18).

• La acción de los apóstoles sólo tiene sentido y eficacia en cuanto que han recibido el Espíritu (22) y, por lo tanto, la suya es la acción de Dios mismo. Como la acción del mismo Jesús, que era la acción de quien le había enviado (21).

• De hecho, en la Iglesia todo depende del Espíritu Santo recibido. No nos podamos inventar nada. En la celebración de la Eucaristía, por ejemplo, si reconocemos la presencia del Señor –y no sólo en la Palabra y el Sacramento– es por el Espíritu que se nos da. Si no fuera así, no sería fácil decir que Jesús esta presente en la reunión, cuando quizás hay gente que no nos cae bien. Tampoco sería fácil de creer que Él esta en la vida, en los pobres, en el trabajo, en la familia, en medio del mundo y de la sociedad (en el centro de trabajo o estudio o en la calle o en las asociaciones…).

Comentario al evangelio – Jueves VII de Pascua

El impacto que produce una familia o una comunidad unidas es muy fuerte, puede fascinar y seducir, hasta convertirse en una fuerza provocadora. Jesús estaba convencido de ello, por eso, en la oración sacerdotal insiste al Padre que sus discípulos sean uno. Pero esa unidad no procede de una simple buena voluntad por estar unidos, sino que procede de la comunión íntima de amor entre el Padre y el Hijo, que hace posible la unidad con cada uno de los creyentes y entre ellos. ¿Cómo hacer para que nuestras familias, comunidades y parroquias superen las divisiones, los enfrentamientos y haya más unidad? Quizá ya estamos cansados de intentarlo con muchos métodos psicológicos y sociológicos y ver que los buenos propósitos poco a poco se vuelven a diluir. Jesús va mucho más allá, nos revela la unidad que él nos pide procede de vivir en profunda comunión con el Padre y el Hijo; ese amor es el que nos une de verdad. ¿Cómo vivirlo? No hay otro camino que el de la fe, que nos convierte el corazón, nos purifica de tantas ambiciones, egoísmos y codicias para dar paso a la aceptación del otro, a la acogida de lo diferente, al diálogo, al discernimiento, a la pluralidad y a la profunda unidad de fe y amor.

El evangelio a veces parece utópico, pero no es así. Lo leemos en esta clave cuando perdemos la convicción del poder de la Palabra y de la gracia de Dios en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos. Necesitamos volver a creer para entrar en la comunión que hace posible la unidad. Entonces seremos capaces de sufrir los duros efectos de buscar la unidad en medio de la pluralidad y, a pesar de todo, ser portadores de paz, perdón, lucidez, generosidad y amistad.

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves VII de Pascua

Hoy es Jueves VII de Pascua.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 17, 20-26):

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Vaya que Jesús nos ama verdaderamente y realmente somos importante para Él. Y ésta oración que Jesus realiza en Juan 17 que hemos escuchado en estos días así lo dice. Había escuchado que orar por una persona es amarla. Y esto es verdad, nos animamos a rezar por alguien cuando está en nuestro corazón porque es importante para nosotros. Y Jesús oro por nosotros y lo sigue haciendo. Ha hecho mucho por nosotros y lo seguirá haciendo. Y para manifestar que somos conscientes de este gran amor de Jesús tenemos que manifestarlo cumpliendo sus mandamientos, su palabra… pero muy sobre todo estando unidos a Dios y estando unidos entre nosotros. En esta parte de la oración sacerdotal de Jesús, como se conoce a Juan 17, manifiesta su intención mas grande para nosotros “Que todos sean uno, como tú Padre, estás en mí y yo en ti”. Quien es consciente del amor de Cristo, quien realmente es su discípulo y lo sigue, lo primero que tiene en su corazón es el trabajar por la unidad y no la división. Un verdadero Cristiano se lo conoce por esto, en que ser una persona de unidad y no de diferencias ni división, es un ser de paz, de comunión. Si uno dice que cree en Jesús pero es una persona que discrimina y rechaza en su corazón a otras personas es porque realmente no cumple con lo que Cristo quiere. Sería una pena muy grande que cada uno de nosotros seamos personas que no cumplen con esto principal de Jesús. Miremos nuestras vidas y pensemos si cumplimos con lo Cristo quiere… de tal manera que si lo cumplimos estaremos dando un hermoso testimonio ante el mundo del amor de Dios en nosotros para ellos. Más allá de que sea muy difícil muchas veces que en nuestro corazón haya una herida por diferentes causas hacia una persona o varias, le pidamos la gracia a Jesús de perdonar y rezar por ellas. Así estemos en paz y cumplamos con lo que Jesús quiere. Que hoy entonces se cumpla en nosotros lo que Jesús quiere en su oración.

P. David Pintos

Liturgia – Jueves VII de Pascua

JUEVES VII DE PASCUA, feria

Misa de feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Pascual, de la Ascensión, después de la Ascensión o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 22, 30; 23, 6-11. Tienes que dar testimonio en Roma
  • Sal 15.Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
  • Jn 17, 20-26. ¡Qué sean completamente uno!

Antífona de entrada          Hch 4, 16
Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
“Dios ha puesto su Palabra en la boca de los hombres para que sea comunicada a otros.  Cuando la Palabra de Dios impacta a una persona, ésta lo comunica a otros. Dios ha querido obligarnos a buscar y encontrar su palabra viva   -hecha vida- en el testimonio de un hermano o una hermana, en la boca de alguna persona. Por lo tanto, el cristiano necesita de otro cristiano que le transmita la Palabra de Dios” (Dietrich Bonhoeffer, La Vida Juntos). — El núcleo de nuestra fe es que le debemos una nueva vida a Jesús, por quien hemos vuelto a nacer. El Espíritu   -que Jesús nos da sin medida-   nos impulsa a dar testimonio del mismo Jesús y de su nueva vida en nosotros.

• Tú, que nos das tu mismo Espíritu. Señor, ten piedad.
• Tú, que nos envías a continuar tu obra. Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos haces testigos de tu inmenso amor. Señor, ten piedad.

Oración colecta
TE suplicamos, Señor,
que tu Espíritu infunda con tal fuerza sus dones en nosotros,
que nos conceda un corazón que te agrade
y, propicio, nos haga conformes a tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Jesucristo, el Señor, haciendo nuestra su plegaria al Padre.

1.- Para que se realice la unidad de todos los cristianos, y así el mundo crea en Dios Padre y en su enviado Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que se llegue a la unidad de los pueblos en el respeto a las legítimas diversidades. Roguemos al Señor.

3.- Para que se consiga la unión de corazones de todos los hombres, y así el mundo sepa que Dios nos ama. Roguemos al Señor.

4.- Para que los aquí reunidos vivamos la unidad que Cristo ha pedido al Padre. Roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, escucha la oración que te dirigimos e intercede por nosotros ante el Padre. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual o de la Ascensión

Antífona de comunión          Cf. Jn 16, 7
Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
T
E pedimos, Señor,
que el sacramento recibido
nos ilumine con su luz
y nos transforme con su participación,
para que merezcamos alcanzar
los dones espirituales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
I
LUMINA, Señor,
a tu familia para que,
cumpliendo tu santa voluntad,
pueda practicar siempre el bien.
Por Jesucristo nuestro Señor.