Lectio Divina – Martes X de Tiempo Ordinario

Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra

1.- Oración Introductoria.

          Hoy quiero comenzar mi oración con una intensa acción de gracias por el regalo de la “sal” y de la “luz”. Con la sal descubro el sentido de la vida que no es otra cosa que una vida con sentido, una vida alegre, positiva, fecunda, en plena gratuidad. ¿Qué exige la sal cuando desaparece dando  sabor a la comida? Con la luz puedo ver los colores, la belleza de la creación, la hermosura de las personas por fuera y, sobre todo, por dentro. Gracias, Señor, por la luz y por la sal.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 5, 13-16

«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

3.- Qué dice el texto

Reflexión.

Jesús no se limita a decirnos: tenéis que tener sal y luz en vuestras vidas. Sabemos que el verbo tener indica imperfección, precariedad, limitación. Decimos: tengo salud; sí, pero relativa. ¿Quién te puede asegurar que mañana estarás sano? Decimos: tengo vida; sí, pero relativa. ¿Quién te puede asegurar que mañana vas a seguir vivo?  Somos muy limitados. Por eso Jesús no usa el verbo “tener” sino el verbo “ser” que connota plenitud, consistencia, estabilidad. Jesús no quiere que sus discípulos sean “fuegos artificiales”, que son bonitos, pero pronto desaparecen. Quiere que la esencia de nuestra vida sea luz. Que la luz sea el A.D.N más profundo de nuestro ser. Tampoco quiere el Señor que la sal de nuestra vida se desvirtúe y sea pisada por la gente. Quiere que “seamos sal”, que estemos siempre dispuestos a la entrega, al servicio, a la donación por los demás, hagamos  desaparecer un mundo soso, aburrido, a punto de morir de asco.  Y nos dediquemos a construir un mundo más alegre, más saleroso, más feliz. Y esto aunque sea a costa de desaparecer. “El que gana la vida para este mundo la pierde; pero el que la pierde la gana para la vida eterna”. Jesús murió para que todos vivamos.

Palabra del Papa

Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo. Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos «sabor» a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Silencio)


5.- Propósito.
Hoy voy a llevar un poquito de luz a alguna persona concreta que está totalmente desorientada.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Jesús, ¡qué bonita es la vida cuando estás Tú! Con tu presencia todo lo iluminas, hasta las zonas más oscuras del corazón. Sólo tu luz nos hace ver la luz. La luz de este mundo se convierte en oscuridad cuando Tú no estás. Y cuando Tú apareces, eres como la luz de la aurora que va creciendo e iluminando todas las cosas. Tú eres la alegría de la vida. Una vida sin tu presencia,  es aburrida, sosa, tediosa, triste. Contigo la vida tiene otro sabor. Un sabor a plenitud, un sabor a eternidad.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

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Comentario – Martes X de Tiempo Ordinario

Mt 5, 13-16

Vosotros sois la sal de la tierra.

La sal es cosa buena. Sin sal, la comida es sosa, sin sabor.

Jesús acaba de exponernos el tipo de hombre que El desea, el de las bienaventuranzas: un hombre «contento» de ser pobre, no violento, sino misericordioso, sincero y puro, perseguido, artesano de la paz. ¡Se trata de un tipo de hombre de muy alta exigencia y perfección! Si sois así, sigue diciendo Jesús, seréis entonces la sal de la tierra, seréis en verdad la fuerza sabrosa y tonificante de esta humanidad que corre constantemente el riesgo de debilitarse en la banalidad. Las gentes que han orientado toda su vida hacia el Reino de Dios son las que salvan a la humanidad… Las gentes que se alegran en las persecuciones son una fuerza irremplazable en el seno de la humanidad… La sal aumenta el sabor.

¿Qué es lo que crece y se desarrolla a mi alrededor? ¿La bondad, el amor. el sabor de Dios? o quizá ¿la amargura, la mezquindad… la banalidad?

Si la sal se pone sosa, ¿con qué se salará? Ya no sirve más que para tirarla a la calle y que la pise la gente.

Responsabilidad de los discípulos de Jesús.

Dar «sabor» al mundo.

Decididamente, Señor. no eres un predicador que halaga los instintos de facilidad de tu público. ¡Eres exigente! Hay aquí una advertencia: la vocación puede debilitarse, perder su vigor… la llamada de Dios en nosotros puede perderse en el desabrimiento… después de un tiempo de generosidad y de empuje. La Fe puede zozobrar. Se nos ha advertido. Entonces no valemos para nada.

Un cristiano inútil que «no sirve para nada».

Es el que ha perdido el sabor de Dios. Ser¦ «echado fuera», como el invitado al banquete que no llevaba puesto su traje de fiesta (Mt 22, 12), como el mal servidor que enterró su talento -su millón- (Mt 25. 30).

«El evangelio es sal. Algunos cristianos lo han hecho azúcar» (·Claudel-PAUL).

Vosotros sois la Luz del Mundo.

Segunda parábola con el mismo sentido de la primera… pero, ¡en mayor grado! ¡Ser el «sol» del mundo! Sin él no hay color, ni belleza, ni actividad vital.

«Sal de la tierra.» «Luz del mundo» (cosmos en griego).

La mirada de Jesús abarca un amplio horizonte. Propone a sus discípulos una perspectiva vasta como el mundo. Al lado de esto ¡cuán estrechos son nuestros puntos de vista! A mi alrededor ¿emana una luz resplandeciente y radiante? San Juan nos relata una palabra equivalente de Jesús: «YO soy la luz del mundo.» Los discípulos no son «luz» más que por reflejo, en la medida en que son transparentes y penetrados de la luz de Jesús.

¿Qué oración me sugiere esto?

No se puede ocultar una ciudad situada en lo alto de un monte: ni se enciende un candil para meterlo debajo del perol, sino para ponerlo en el candelero y que alumbre a todos los de la casa.

Jesús subraya la potencia, la virulencia de la luz; no se la puede destruir, ni resistir a su irradiación. ¡Sería absurdo encender una vela para esconderla debajo de un recipiente! El discípulo, el hombre de las bienaventuranzas es un hombre irradiante.

Así alumbre también vuestra luz a los hombres; que vean el bien que hacéis y glorifiquen a vuestro Padre del cielo.

El adjetivo «vuestro» me remite a «mi» vida cotidiana.

En esta frase de Jesús no se trata de ideas ni de verdades doctrinales. Lo que el mundo espera de los discípulos de Jesús son actos: la luz de la que habla Jesús, es una «vida»… «lo que hacéis, hacedlo bien». Y todo esto de un modo habitual, para Dios y para la gloria del Padre.

Noel Quesson
Evangelios 2

Música – Santísima Trinidad

Entrada: Alabaré, alabaré  CLN-612;  Alegre la mañana. (Cantos varios) Un  sólo Señor CLN 708; Ciudadanos del cielo CLN 709
Introito: En latin: Benedicta sit (Canto Gregoriano)
Salmo y Aleluya: Señor Dios nuestro…  (Propio)
Ofertorio:Nada te turbe (Cantos varios)  Este pan y este vino: CLN-H4
Santo: CLN-I 3
Aclamación al Memorial: 1CLN-J22.
Aclamación al Embolismo: 1 CLN-M 3
Comunión: Cerca de ti Señor CLN 702;   Como brotes de olivo CLN 528Si me falta el amor CLN 741;  Donde hay caridad y amor. CJN 026
Final: El Señor es mi fuerza. CLN 717; Por tantas cosas (1CLN-615)

Oración de los fieles – Santísima Trinidad

Padre, por medio de tu Hijo Jesucristo y sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo presentamos nuestras oraciones. Repetimos:

SEÑOR, QUE SEAMOS TU PUEBLO FIEL

1. – Santísima Trinidad, te pedimos por el Papa Francisco para que sea testigo fiel de tu Amor y guíe a la Iglesia iluminado por ese Amor. OREMOS

2. – Te pedimos también, por aquellos que andan alejados para que descubran que cumpliendo tus mandatos serán felices y multiplicarán sus días. OREMOS

3. – Para los enfermos, te pedimos la salud que sólo tu puedes darles. Recuerda, Padre, que ellos eran la predilección de tu Hijo. OREMOS

4. – Te pedimos, Trinidad Santa, que el Espíritu Santo sople en el corazón de los gobernantes y dirigentes, para que sean sus actos y decisiones a favor de la Paz y el respeto entre todos. OREMOS

5. – Te pedimos, Trinidad Santa, que Cristo vaya tras aquellas otras ovejas que se han separado de este redil, hoy que celebramos la unión perfecta de tres personas en un solo Dios, por ello reúne también en un solo rebaño a todos los que te siguen. OREMOS

6. – Santísima Trinidad, asiste y acompaña a todos los que hoy celebramos esta fiesta en tu honor y haz que siempre sintamos cercana tu presencia. OREMOS

Padre, envía tu Espíritu, para que nos ayude a asemejarnos cada vez más al único que es Camino, Verdad y Vida. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor

Amen.


Señor, tus ojos están puestos en los que esperan tu misericordia, por eso ponemos nuestras peticiones ante Ti, confiando en la generosidad de tu corazón.

QUE TU MISERICORDIA VENGA SOBRE NOSOTROS

1.- Por la Iglesia; para que dé razones sólidas para creer y esperar, y para que nos ayude a poner nuestras vidas en las manos de Dios, con la certeza de que la Trinidad habita en cada uno de nosotros. OREMOS

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes; para que nos enseñen a creer en la Trinidad y arrodillarnos ante el misterio para experimentar: la vida, el amor y la plenitud de Dios. OREMOS

3.- Pedimos por todos los religiosos y religiosas de vida contemplativa, que viven con tanta plenitud la Trinidad de Dios; para que el Señor les dé fuerza y les ayude a seguir adelante, pues ellos son el alma y el cimiento de la Iglesia. OREMOS.

4.- Por las naciones, los pueblos, las familias, las personas que no encuentran la paz; para que el Señor ablande su corazón y los lleve: a aceptar, a perdonar, a compartir, llegando así a la concordia y la tranquilidad. OREMOS

5.- Por las familias; para que la Trinidad las marque con su sello, siendo creadoras de vida, portadoras de amor y constantes en comunicación. OREMOS

6.- Por los enfermos, los que sufren, los que están fuera de sus hogares; para que encuentren en la Iglesia una mano tendida que les ayude en sus necesidades y los anime a creer y a esperar. OREMOS

7.- Por todo este pueblo fiel que se reúne en este Día Santo en la celebración de esta Eucaristía para que la meditación frecuente en el Misterio de Santísima Trinidad, nos acerque a todos al gozo de la eternidad OREMOS

Todo esto lo ponemos en manos de Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes X de Tiempo Ordinario

Hace unos meses, un hermano mío, de viaje por Egipto, entrevistó a un monje copto. Una de las preguntas que le hizo fue esta: “¿Qué diría usted a un cristiano que vive en una sociedad tan secularizada y desacralizada como la que tenemos en Europa Occidental?”. El monje se limitó a responder: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Aquí, en las palabras «Vosotros sois la luz del mundo», se contiene todo un programa de vida. No se trata de que hagamos más cosas o mejores que los demás. No se trata de conquistar a nadie. El desafío es más simple y profundo: reflejar la luz a través de un rostro encendido en la Luz que es Cristo (Yo soy la luz). El objetivo de ser luz lo expresa bien Jesús: Que den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Solemos hablar de un “rostro encendido”, de una mirada “iluminada”. ¿Qué es lo que produce este milagro? ¡El contacto con la luz! Moisés, al bajar del Sinaí, mostraba un rostro resplandeciente. El pueblo vio “algo” en él.

Sólo ilumina quien está en contacto con la Luz. Hemos ensayado casi todo en el campo de la evangelización. A veces, nos sentimos frustrados ante la falta de respuesta. Nuestra ansiedad nos lleva a imaginar continuamente caminos nuevos (si bien algunos dicen que hemos aflojado bastante en creatividad), pero, ¿es este el camino? Jesús no nos ha pedido que estemos todo el día con la lengua fuera, sino que encendamos nuestro pequeño cirio en el gran cirio que es Él y que creamos en el poder iluminador de la luz. No es fácil que nuestro “hombre viejo” entienda estas cosas.

Ciudad Redonda

Meditación – Martes X de Tiempo Ordinario

Hoy es martes X de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 5, 13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal sevuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Ustedes son la sal de la tierra. Con estas palabras Jesús nos anima a ser valientes en nuestro peregrinar terreno. La sal es ese condimento que realza el sabor de las comidas, también se le usa como medicina, o conservante, en fin, se le puede dar tantos usos, pero lo más importante es que, en el Evangelio, Jesús hace alusión a ella como condimento, que resalta el sabor, y es eso lo que nos propone hoy, que seamos sal en el mundo. Y esa sal es elEvangelio que da sabor a la vida, que se convierte en esperanza. Vale preguntarnos, ¿somos sal en nuestra familia? ¿Llevamos esperanza a nuestro prójimo? Ustedes son la luz del mundo. Ser luz en medio del mundo es ser un cristiano coherente, que se le reconoce, no tan solo por sus actos externos, sino por su amor al prójimo. Ser luz significa ser portador de la verdadera LUZ, que es Jesucristo, quien ilumina nuestro camino para llegar al cielo. Pero ese camino no es para que vaya yo solo, sino que es un sendero por el que yo puedo empujar a tantas almas y no llegar solo, sino rodeado de aquellos a quien en esta vida lleve la luz con mis obras y con mi oración. Ser candeleros es querer ser santos, pero la santidad consiste envivir de cara a Dios, en medio de las realidades temporales de esta vida, buscando agradarle con nuestras buenas obras y con nuestra vida de apóstol, dedicados a propagar la luz del Evangelio. «Tenemos por tanto una tarea y una responsabilidad por el don recibido: la luz de la fe, que está en nosotros por medio de Cristo y de la acción del Espíritu Santo, no debemos retenerla como si fuera nuestra propiedad. Sin embargo, estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los otros mediante las buenas obras. ¡Y cuánto necesita el mundo de la luz del Evangelio que transforma, sana y garantiza la salvación a quien lo acoge! Esta luz debemos llevarla con nuestras buenas obras.» (Ángelus, SS Francisco, 5 de febrero de 2017)

José Tórrez, LC

Liturgia – Martes X de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA X SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • 1Re 17, 7-16. La orza de harina no se vació, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.
  • Sal 4. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.
  • Mt 5, 13-16. Vosotros sois la luz del mundo.

Antífona de entrada          Sal 26, 1-2
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Ellos, mis enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Acto penitencial
Para probar qué gran profeta era Elías, el ciclo de Elías en el libro de los Reyes muestra cómo premió a la viuda procurando que ella no sufriera en tiempo de la hambruna por falta de alimento. Más tarde devolverá la vida a su hijo difunto.

  • Tú que llamaste a los Doce para que fueran tus amigos. Señor, ten piedad.
  • Tú que viviste con María y José en el seno de una familia. Cristo, ten piedad.
  • Tú que nos mandas honrar a nuestros familiares. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, fuente de todo bien,
escucha a los que te invocamos,
para que, inspirados por ti,
consideremos lo que es justo
y lo cumplamos según tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Imploremos. hermanos, la piedad de Dios Padre todopoderoso, y pidámosle que escuche nuestra oración.

1.- Para que conceda a la Iglesia el gozo del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

2.- Para que dé a los gobernantes el sentido de la justicia, de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.

3.- Para que otorgue a los pueblos la concordia leal y pacífica. Roguemos al Señor-

4.- Para que dé a los desterrados el gozo del retorno. Roguemos al Señor.

5.- Para que a nosotros, su pueblo, nos haga crecer en la fe, nos purifique el corazón y nos abra la puerta del reino eterno. Roguemos al Señor.

Muestra, Padre celestial, tu bondad al pueblo que te suplica, para que reciba sin tardanza lo que pide confiadamente, siguiendo tu inspiración. Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA complacido, Señor,
nuestro humilde servicio,
para que esta ofrenda sea grata a tus ojos
y nos haga crecer en el amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 17, 3
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

Oración después de la comunión
QUE tu acción medicinal, Señor,
nos libere, misericordiosamente, de nuestra maldad
y nos conduzca hacia lo que es justo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.