Meditación – Miércoles X de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles X de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 5, 17-19): 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte unosolo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Todo hombre tiene leyes y normas; vivimos con ellas, sin poderlas ignorar. Indican aquello que debemos cumplir y marcan un límite que no es conveniente sobrepasar. Ésta es nuestra realidad actual. Pero las leyes y normas también han existido en el pasado, e incluso alguna de ellas vienen escritas en el antiguo testamento. Detengámonos en el antiguo testamento. Parece que estas leyes y normas tienden a perder su sentido. Cristo vio que estas reglas se concebían como algo impuesto que limitaba nuestra libertad. Es natural en nosotros sentir unlímite cuando se nos dice que esto es pecado, que aquello otro que tanto me gusta también es pecado. Parece que las leyes y normas no tienen más efecto que limitar nuestra libertad. ¿Cuál es el verdadero sentido de toda ley y norma? Son diez los mandamientos, siete los pecados capitales, son incontables los pecados veniales que podemos cometer. ¿Cuál es el finde todo esto? Es aquí donde las enseñanzas de Cristo vienen a dar plenitud. Recordemos el mandamiento más preciado que nos dejó Cristo. El mandamiento del amor. Cuando Cristo nos manda… ordena… exige… que nos amemos no es propiamente una imposición que viene de fuera. Lo que sucede es que señala una necesidad. Esta necesidad está en lo más profundo de nosotros, de modo que cuando Cristo nos dice «AMA», despierta una sed natural.Nosotros nacemos para amar, nacemos para donarnos. Nosotros mismo hemos sido creadospara entregarnos sin reservas. El mandamiento del amor no es una imposición, sino la razón para la cual vivimos. Ahora leamos bajo esta clave los 10 mandamiento y descubriremos que más que imponernos una serie de reglas, despiertan la necesidad natural de vivir conforme alos diez mandamientos. De la misma forma, el pecado ya no se ve como un «no debo hacer esto» o «no puedo hacer aquello». El pecado simplemente es aquello que no nos permite amar. El pecado es un ahogarse en el amor propio. Amar es un arte, es difícil, es un reto. Sin embargo, hemos nacido en el amor, para amar y ser amados. Es nuestra necesidad vital. «El amor todo lo excusa… El amor nunca falla… Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor.» ( I Corintios, 13)

«Jesús vincula el amor a Él con el cumplimiento de los mandamientos, y en esto insiste en sudiscurso de despedida: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (v. 15); «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama» (v. 21). Jesús nos pide que le amemos, pero explica: este amor no se agota en un deseo de Él, o en un sentimiento, no, requiere la disponibilidad a seguir su camino, es decir, la voluntad del Padre. Y esta se resume en el mandamiento del amor mutuo —el primer amor [en la actuación]— dado por el mismo Jesús: «Que os améis unos a otros; como yo os he amado» (Juan 13, 34). No dijo: “Amadme como os he amado”, sino “amaos recíprocamente como yo os he amado”. Nos ama sin pedirnos nada a cambio. El amor de Jesús es un amor gratuito, nunca nos pide nada a cambio. Y quiere que este amor gratuito suyo se convierta en la forma concreta de vida entre nosotros: esta es su voluntad.» (Regina Caeli, SS Francisco, 17 de mayo de 2020)

H. Jorge Alberto Leaños, LC