Lectio Divina – Viernes X de Tiempo Ordinario

HABÉIS OIDO, PERO YO OS DIGO…

1.- Oración introductoria.

Señor, en esta oración, quiero aprender a solucionar los problemas elevando la mirada, purificando el corazón, y poniendo siempre a la persona en el centro. Y la persona no es sólo el hombre sino también la mujer. Señor, quiero tener tu mirada, tu comprensión, tu bondad, tu deseo de hacer siempre el bien a todos sin distinciones ni discriminaciones.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Mateo 5, 27-32

Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Me impresionan unos “peros” que aparecen en el evangelio y que nos lanzan a horizontes nuevos. Hoy se nos presenta un caso concreto: una ley dada por Moisés que dice así: “Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta, porque descubrió en ella “algo vergonzoso” le escribe el acta de divorcio, se la entrega y la echa de casa”  (Dt. 24,1). Eso es lo que se dijo. Pero Jesús no estaba de acuerdo con esa decisión. Iba en contra del plan de Dios desde el principio. Y, sobre todo, no estaba de acuerdo por la discriminación con relación a la mujer. El marido podía divorciarse de la mujer  (y según las interpretaciones, por una causa leve) pero la mujer nunca de su marido. Aquí lo vergonzoso era la misma ley machista y discriminatoria con relación a la mujer. Jesús reacciona en contra de la misma ley. ¿Qué pretende Jesús? Según U. Luz, uno de los mejores exegetas de Mateo, Jesús libera a la mujer de su dependencia como objeto jurídico y como posesión del marido y descubre la realidad de la relación interhumana del matrimonio. Jesús echa la mirada a la primera pareja del paraíso. Cuando Adán despierta del sueño y se encuentra con Eva, pronuncia  el más bello y bonito piropo: “Esto es carne de mi carne y hueso de mis huesos” (Gn. 2,23). El más hermoso  regalo que Dios  le pudo hacer, Adán se admira, se sorprende, se queda embelesado. Y esa actitud de asombro y embeleso es la que debe tener el esposo de todos los tiempos con relación a su esposa. El proyecto de Dios sobre la pareja humana era fantástico. Y a ese proyecto primitivo nos quiere llevar Jesús.

Palabra del Papa

“Sobre divorciados, vueltos a casar, éste es un tema que se pregunta siempre. La misericordia es más grande que los casos de que usted menciona. Yo creo que ésta es la época de la misericordia. Este cambio de época y también tantos pro­blemas de la Iglesia como el mal comportamiento de algunos sacerdo­tes e incluso la corrupción en la Iglesia, el problema del clericalismo… han dejado muchas personas heridas. Y la Iglesia es madre, debe ir a curar a los heridos con misericordia. Si el Señor no se cansa de per­donar, nosotros no tenemos otra alternativa. Antes de nada, curar los heridos. La Iglesia es mamá (Con los periodistas/Viaje de regreso de la JMJ-Río, 30-7-13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico  ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Cada uno de nosotros hemos sido objeto de un sueño eterno de Dios. ¿Seré capaz de responder hoy a ese sueño?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor Dios mío, después de este rato de oración, te quiero agradecer tus sueños, tus proyectos, tu imaginación, tu creatividad y hasta tu fantasía con relación a nosotros, los hombres y mujeres de este mundo. No lo pudiste hacer mejor. Pero nosotros, no lo hemos podido hacer peor. Menos mal que no te cansaste de nosotros y nos enviaste a tu Hijo Jesucristo, para levantar lo caído; para restaurar lo arruinado; para renovar lo envejecido.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

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Comentario – Viernes X de Tiempo Ordinario

Mt 5, 27-32

Habéis oído el mandamiento: «No cometerás adulterio».

Pues Yo os digo: Todo el que mira a una mujer casada excitando su deseo por ella, ya ha cometido adulterio con ella en su interior.

Segundo ejemplo de «cumplimiento» de la Ley.

No obstante, ¡Jesús revoluciona completamente la moral! Lo que cuenta, para El, no es lo que aparece a la mirada de los hombres, sino el fondo de los corazones. Lo que mancha al hombre no es su cuerpo, sino su mente, su deseo, su intención. En la humanidad, Jesús introduce un nuevo valor: el respeto profundo de sí mismo, el respeto del otro sexo, la nobleza del amor… En Israel, en tiempo de Jesús, el divorcio era legal: pero, dice Jesús, no es a este nivel «exterior~ que se juega lo esencial. La moral conyugal, la moral sexual, no es ante todo una lista material de actos permitidos y de actos prohibidos… es una actitud interior, mucho más exigente que pide una continua superación. Señor, ven a ayudarnos. Sin ti no podemos seguir tu evangelio.

Si tu ojo te pone en peligro, sácatelo y échalo fuera…

Son palabras de una dureza tremenda.

Se ha dicho alguna vez que Jesús no había tomado posición sobre la sexualidad, ni sobre lo que atañe a las costumbres.

Ahora bien, Mateo sitúa este versículo donde es cuestión de los «ojos» que tientan al hombre… justamente después del versículo donde Jesús decía de no «mirar» de manera culpable a una mujer.

El cuerpo humano no es malo. El recelo hacia él no es una actitud cristiana -si bien algunos autores se expresaron así-; pero es evidente que el cuerpo puede llegar a ser tentador: «si» te arrastra al pecado…

¿Cómo reaccionar? Por una determinación violenta: «quítatelo»…

En el momento que el paganismo contemporáneo se caracteriza por una agresión cada vez más neta y tajante en este terreno sexual, no es malo oír la toma de posición de Jesús.

No hay ninguna afectación en la pureza predicada por Jesús; El se sitúa más bien del lado de la fuerza y de la energía.

Se os ha dicho: «El que repudia a su mujer, que le dé acta de divorcio». Pues yo os digo: «Todo el que repudia a su mujer, fuera del caso de unión ilegal, la lleva al adulterio, y el que se case con la repudiada, comete adulterio~.

He aquí un punto, y más que un detalle, de la Ley de Moisés que es netamente cambiado por Jesús. El Deuteronomio 24, 1 permitía el divorcio. Jesús impugna pues una ley formal de su país -y lo que es más todavía ¡una ley de la Biblia!- La Ley imperfecta de la Antigua Alianza es pues reemplazada por una Ley nueva. Pero esta novedad aparente reemprende, de hecho, una intención original de Dios, expresada en el relato de la creación (Génesis 1, 26): Jesús dirá en otro pasaje: «en el principio no fue así» (Mateo 19, 1-9). Prácticamente, según las interpretaciones más autorizadas, Jesús no tolera ningún motivo de repudio. La excepción señalada, «la unión ilegítima», sería el caso de los que no están casados.

Más allá de todas las controversias de los Rabinos, Jesús es claro; lanza una llamada profética en favor de la indisolubilidad del matrimonio: ¿no es precisamente el voto mismo del amor? La intransigencia, mal comprendida a veces, de las posiciones de la Iglesia sobre este asunto, proviene de esta fuente evangélica: ningún poder en el mundo, ni la Iglesia, ni el Papa, no puede desligar lo que Dios ha ligado de manera tan clara. Quizá esto llevará, algún día, a comprender mejor en qué manera esta exigencia «salva el amor» de todo lo que, tan fácilmente, lo destruiría.

Hay que leer este pasaje con su complemento: la actitud tan comprensiva de Jesús para con la mujer adúltera (Juan 8, 1-11) ¿somos nosotros, cada uno de nosotros, tan buenos como lo fue Jesús con las pobres libertades humanas desfallecientes?

Noel Quesson
Evangelios 2

Comentario – Viernes X de Tiempo Ordinario

(Mt 5, 27-32)

Ya sabemos que Jesús se oponía a los fariseos que controlaban la conducta de la gente exigiéndole una multitud de prácticas, imponiendo todo tipo de normas y costumbres. Por eso algunos pensaban que Jesús estaba despreciando los escritos del Antiguo Testamento, que se solían llamar «la Ley y los Profetas».

El evangelio de Mateo muestra que Jesús no rechaza las normas morales del Antiguo Testamento, que se resumen en los mandamientos, y que no propone una fe sin moral ni exigencias.

Pero sabemos que nuestro cumplimiento de la Ley de Dios debe ser más perfecto que el de los que sólo cuidan la apariencia externa. Por eso no se trata sólo de evitar el adulterio, sino de sanar el corazón para que no esté dominado por la intención de cometerlo. El corazón que hace planes, en realidad ya está cometiendo lo que planea, porque Dios mira el corazón.

De esta manera, Jesús nos invita a preguntarnos qué es lo que realmente estamos buscando en la vida, aunque exteriormente nos cueste lograrlo. Esa intención profunda es lo que él quiere sanar y purificar.

Pero al mismo tiempo nos invita a no juzgar con severidad a los adúlteros, porque podemos cometer lo mismo que criticamos, aunque no lo hagamos de manera visible sino con la intención oculta del corazón.

Oración:

«Señor, yo quisiera tener un corazón libre de proyectos que te desagraden y experimentar la verdadera pureza interior, el gozo de buscar tu voluntad. Pero tú conoces mi debilidad. Sáname Señor».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias por revelarnos que el amor
es el único intérprete de tu misterio.
Tú te has hecho Dios con nosotros
y todavía andamos empeñados en caminar solos,
en crecer y vivir incomunicados,
en amarnos solo a nosotros mismos,
sin disfrutar de la entrega a nuestros hermanos.

 ¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias porque eres Alguien
al que no alcanzo a entender,
pero que vives en mí dando sentido a mí vida,
que hablas con la fuerza y la autoridad del Padre,
que amas con las palabras y el corazón del Hijo,
que impulsas y animas con el fuego del Espíritu.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mí Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias, Dios verdadero y único, Dios del futuro,
pero presente en nuestros problemas de cada día.
Dios, familia que llamas a la comunión;
Dios, amor que nos regalas la confianza del Padre,
la entrega del Hijo y la pasión del Espíritu.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Como un río en el mar de tu grandeza,
nuestra pequeñez se anega en tu infinito mar.
Haz de nuestras vidas tu comunitario cielo,
y llévanos cada día al hogar donde tú habitas,
Señor y Dios nuestro, Padre,
Hijo y Espíritu Santo.

La misa del domingo

Celebramos este Domingo el misterio de la Santísima Trinidad, «el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 234).

Creemos, como verdad revelada, que Dios es uno y único, que fuera de Él no hay otros dioses. Como verdad revelada creemos también que Dios, siendo uno, es comunión de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Tres personas distintas, no tres dioses distintos. Son un sólo Dios, porque poseen la misma naturaleza divina. Dios en sí mismo no es, por tanto, un ser solitario ni inmóvil: es Comunión divina de Amor.

Pero, ¿cómo llegó a nuestro conocimiento este profundo misterio que, «de no haber sido divinamente revelado, no se pudiera tener noticia» (Concilio Vaticano I)? Es el Hijo, Jesucristo, quien nos lo ha revelado: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (Jn 1, 18). Es Él, que conoce la intimidad de Dios, quien ha revelado el misterio de Dios al hombre, quien ha revelado la unidad y comunión existente entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Evangelio de este Domingo trae un pasaje en el que habla de este misterio divino. Dice el Señor Jesús a sus Apóstoles la noche de la Última Cena: «Muchas cosas me quedan por decirles, pero ustedes no las pueden comprender por ahora». Más que a cosas nuevas, se refiere el Señor a la iluminada y progresiva comprensión de todo lo que Él les había enseñado mientras estuvo con ellos. Para ello recibirán un Don de lo Alto, por lo que añade: «Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena». ¿Quién es este misterioso “Espíritu de la verdad”, prometido por el Señor? El Señor habla de Él como de una Persona enviada, del mismo modo que Él fue enviado por el Padre: «No hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga… Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo comunicará a ustedes». En efecto, el Señor mismo proclamó que Él no hablaba por su cuenta, «sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar… Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí» (Jn 12, 49-50). El Señor cumplió su misión de hablar lo que había escuchado del Padre, mas sería otro el que luego de su partida ayudase a sus discípulos a comprender lo que Él les había enseñado: el Espíritu los guiará hasta la verdad completa.

Concluye el Señor diciendo: «Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío y se lo anunciará a ustedes». De este modo habla de una íntima unidad, comunión y comunicación existente entre las tres divinas Personas. La divinidad del Padre pertenece también al Hijo, así como la divinidad del Hijo pertenece al Espíritu Santo.

Por lo que Cristo ha revelado y por la luz del Espíritu que llevó a los Apóstoles a la verdad completa, los cristianos profesamos que el Padre es Dios, que el Hijo es el mismo y único Dios y que el Espíritu Santo es el mismo y único Dios. Y aún cuando son tres Personas distintas, es un solo Dios.

En la primera lectura vemos que el mundo visible procede del acto creador de Dios. La personificación de la sabiduría, engendrada antes de la creación del mundo, presente y actuante en el momento mismo de la creación, hace pensar en la Palabra que existía ya «en el principio», antes de la creación del mundo, la Palabra que estaba con Dios y era Dios y por la que «todo se hizo» y sin la cual «no se hizo nada de cuanto existe» (ver Jn 1, 1-3). En este mismo proceso de la creación el Espíritu de Dios «aleteaba por encima de las aguas» (Gén 1, 2). Toda la creación es obra de la Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Brota de la sobreabundancia de su amor y tiene su culmen en la criatura humana, creada a imagen y semejanza de Dios (ver Gén 1, 26), creada poco inferior a los ángeles, coronada de gloria y dignidad y a quien Dios le entrega el mando sobre las obras de sus manos. (Salmo responsorial)

También la nueva creación es obra de la Santísima Trinidad. Ésta se inicia con la encarnación del Verbo divino gracias al Hágase generoso de María Virgen, encuentra su punto culminante en la muerte y resurrección del Señor Jesús, y se realiza finalmente por el amor divino derramado en los corazones humanos gracias al Don del Espíritu Santo. (2ª. lectura)

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Llama la atención que el ser humano, para ser feliz, necesite de los demás, de otros “tú” humanos como él. Nadie puede hallar la felicidad en la soledad. Antes bien, es a quedarnos solos a lo que más le tememos, lo que menos queremos, pues una profunda tristeza y desolación nos inunda cuando nos falta alguien que nos ame y a quien podamos amar, cuando nos falta alguien que nos conozca y a quien podamos conocer de verdad, cuando nos falta esa presencia.

Mientras que la tristeza acompaña a quien se halla existencialmente solo, la alegría y la felicidad inunda el corazón de quien experimenta la comunión, la presencia del ser amado, la comunicación de las existencias. Sí, el más auténtico y profundo gozo procede de la comunión de las personas, comunión que es fruto del mutuo conocimiento y amor. Sin el otro, y sin el Otro por excelencia, la criatura humana no puede ser feliz, porque no puede realizarse verdaderamente como persona humana.

Sin duda parece muy contradictorio que la propia felicidad la encuentre uno no en sí mismo, sino “fuera de sí”, es decir, en el otro, en la comunión con el otro, mientras que la opción por la autosuficiencia, por la independencia de los demás, por no amar a nadie para no sufrir, por el propio egoísmo, aparta cada vez más del corazón humano la felicidad que busca y está llamado a vivir. Quienes siguen este camino, lamentablemente, terminan frustrados y amargados en su búsqueda, concluyendo equivocadamente que la felicidad en realidad no existe, que es una bella pero inalcanzable ilusión para el ser humano. A quienes así piensan hay que decirles que la felicidad sí existe, que el ser humano está hecho para la felicidad —es por ello que la anhela tanto y la busca con intensidad—, pero que han equivocado el camino.

¿Y por qué el Señor Jesús nos habló de la intimidad de Dios? ¿Por qué es tan importante que el ser humano comprenda algo que es tan incomprensible para la mente humana? ¿De verdad podemos comprender que Dios sea uno, y al mismo tiempo tres personas? Sin duda podemos encontrar una razón poderosa en la afirmación de Santa Catalina de Siena: «En tu naturaleza, deidad eterna, conoceré mi naturaleza». El ser humano es un misterio para sí mismo, y «para conocer al hombre, al hombre verdadero, al hombre integral, es necesario conocer a Dios» (S.S. Pablo VI). Conocer el misterio de Dios, Comunión de Amor, es conocer mi origen, es comprender el misterio que soy yo mismo, es entender que yo he sido creado por Dios-Comunión de Amor como persona humana invitada a participar de la comunión de Personas que es Él mismo, invitada a participar de la misma felicidad que Dios vive en sí mismo.

Así pues, lo que el Señor Jesús nos ha revelado del misterio de Dios echa una luz muy poderosa sobre nuestra propia naturaleza, sobre las necesidades profundas que experimentamos, sobre la necesidad que tenemos de vivir la comunión con otras personas semejantes a nosotros para realizarnos plenamente. Creados a imagen y semejanza de Dios, necesitamos vivir la mutua entrega y acogida que viven las Personas divinas entre sí para llegar a ser verdaderamente felices. Y el camino concreto para vivir eso no es otro sino el que Jesucristo nos ha mostrado, el de la entrega a los demás, del amor que se hace don de sí mismo en el servicio a los hermanos humanos y en la reverente acogida del otro: «ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn 15, 12).

Comentario al evangelio – Viernes X de Tiempo Ordinario

La primera lectura será, posiblemente, una de las escenas más conocidas del profeta Elías: ¿dónde está Dios? ¿cualquier cosa le vale para hacerse presente entre nosotros? Parece ser que no… En la época de Elías, reinando Ajab, se intentó acabar con la presencia de Dios en medio del pueblo eliminando a todos los que animaban esta fe; parece que sólo quedó Elías, nombre que no por casualidad significa “Mi Dios es Yavé”. En él podemos reconocernos todos. Si tienes un rato y lo dedicas a leer seguida, la historia de Elías en el Reyes, verás que está llena de altibajos: se cree Dios y se viene abajo, es fiel y se toma la justicia por su mano, triunfa y fracasa, da la cara y huye… En fin, como todos. Y siempre, Dios está.

En el pasaje de hoy, a este gran profeta sólo le queda asombrarse del paso de Dios como brisa tenue después de haber caminado por el desierto, derrumbado y abatido por él y por el desprecio con que el pueblo trata a Dios. Y entonces, Dios no solo le consuela sino que le pide algo que solemos hacer bien poco: desanda el camino recorrido, vuelve por donde has llegado hasta aquí. ¿Verdad que lo hacemos poco?

Esta actitud pide de nosotros mucha abnegación, mucho negarnos a nosotros mismos. O en palabras de Mateo en el evangelio de hoy: mucho de ser valientes para dejar fuera aquello que no nos está llevando a Dios. Es decir, ¿a quién no le va a costar arrancarse el ojo derecho o la mano?, ¿a quién no le cuesta prescindir de voces que nos guían y nos enseñan a mirar o formas de hacer las cosas o…? Solemos intentar caminos intermedios, evaluamos, probamos otras direcciones… pero que pocas veces volvemos por donde hemos venido, desandamos lo andado y reconocemos que quizá, Dios nos pida otra cosa. Como en un cruce de caminos. Una vez que has tomado el camino equivocado y te das cuenta, o renuncias a ti y vuelves atrás para llegar a esa misma encrucijada o estarás dando vueltas, haciendo kilómetros y kilómetros, cansándote tú y cansando a los demás. Pero sin llegar al cruce de caminos donde volver a escuchar a Dios y a elegir lo que él elija.

Ciudad Redonda

Meditación – Viernes X de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes X de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 5, 27-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

»También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».

Hoy, Jesús continúa profundizando en la exigencia del Sermón de la Montaña. No deroga la Ley, sino que le da plenitud; por eso, su observancia es algo más que el simple cumplimiento de unas condiciones mínimas para tener en regla los papeles. Dios nos da la Ley del amor para llegar a la cima, pero nosotros buscamos el modo de convertirla en la ley del mínimo esfuerzo. ¡Dios nos pide tanto…! Sí, pero también nos ha dado lo máximo que puede dar, ya que se ha dado a sí mismo.

Hoy, Jesucristo apunta alto al manifestar su autoridad sobre el sexto y el noveno mandamiento, los preceptos que se refieren a la sexualidad y a la pureza de pensamiento. La sexualidad es un lenguaje humano para significar el amor y la alianza, por tanto, no puede ser banalizada, como tampoco podemos convertir a los demás en objetos de placer, ¡ni siquiera con el pensamiento!, de aquí esta afirmación tan severa de Jesús: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,28). Es preciso, pues, cortar el mal de raíz y evitar pensamientos y ocasiones que nos llevarían a obrar lo que Dios aborrece; esto es lo que quieren indicar tales palabras, que pueden parecernos radicales y exageradas, pero que los oyentes de Jesús entendían en su expresividad: saca, corta, arroja…

Finalmente, la dignidad del matrimonio debe ser protegida siempre, pues forma parte del proyecto de Dios para el hombre y la mujer, para que en el amor y en la mutua donación se conviertan en una sola carne, y al mismo tiempo es signo y participación en la Alianza de Cristo con la Iglesia. El cristiano no puede vivir la relación hombre-mujer ni la vida conyugal según el espíritu mundano: «No debéis creer que por haber escogido el estado matrimonial os es permitido continuar con una vida mundana y abandonaros a la ociosidad y la pereza; al contrario, eso mismo os obliga a trabajar con mayor esfuerzo y a velar con más cuidado por vuestra salvación» (San Basilio).

+ Pare Josep LIÑÁN i Pla SchP

Liturgia – Viernes X de Tiempo Ordinario

VIERNES X DE TIEMPO ORDINARIO

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • 1Re 19, 9a. 11-16. Permanece de pie en el monte ante el Señor
  • Sal 26. Tu rostro buscaré, Señor.
  • Mt 5, 27-32.Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio.

Antífona de entrada          Sal 30, 2
A ti, Señor, me acojo: no quedo yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo.

Monición de entrada y acto penitencial
La Iglesia siempre ha mantenido una gran veneración por los difuntos, orando por ellos, especialmente en la celebración de la eucaristía, donde rogamos al Señor de la Vida que tenga misericordia de ellos y los admita en el banquete del reino de los cielos. Por eso, en esta eucaristía, imploramos humildemente a Dios, que mire benignamente a nuestros hermanos, para que gocen eternamente de la compañía del Señor.

Acudamos nosotros hoy, para que nuestro mundo encuentre aquellos bienes espirituales y humanos que ha perdido; pongamos ante Dios nuestra vida, y pidamos perdón por nuestros pecados.

  • Tú, que has venido a llamar a los pecadores. Señor, ten piedad.
  • Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que nos das tu amor y tu bondad. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
Creador y Redentor de todos los fieles,
concede a tus siervos el perdón de todos los pecados,
para que consigan, por estas piadosas súplicas,
la misericordia que siempre desearon.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Al celebrar estos sagrados misterios, pidamos al Dios de la salvación que escuche misericordiosamente nuestras plegarias.

1.- Para que conceda a la Iglesia la libertad y la paz. Roguemos al Señor.

2.- Para que se digne establecer y conservar la justicia en todas las naciones. Roguemos al Señor.

3.- Para que descubra a los poderosos que mandar es servir. Roguemos al Señor.

4.- Para que dé a los súbditos una obediencia sin servilismo. Roguemos al Señor.

5.- Para que perdone a los pecadores, proteja a los justos, consuele a los que sufren y dé la salud a los enfermos. Roguemos al Señor.

6.- Para que despierte en nosotros el amor a los pobres y el deseo del cielo. Roguemos al Señor.

7.- Para que conceda el descanso eterno a nuestros hermanos difuntos. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, que derramas sobre los corazones de tus fieles el don de la caridad; concede a tus siervos la salud del alma y del cuerpo para que vivan en tu amor, cumpliendo tus mandatos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TEN misericordia, Señor,
de tus siervos por quienes te ofrecemos este sacrificio de reconciliación;
y, ya que permanecieron fieles a la fe católica en este mundo,
obtengan la recompensa en la vida futura.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 8, 12
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión
SEÑOR,
que nuestras súplicas ayuden a tus siervos,
para que les purifiques de toda culpa por este sacrificio,
y les hagas partícipes de la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.