Lectio Divina – Viernes XI de Tiempo Ordinario

DONDE ESTÁ TU TESORO AHÍ TAMBIEN ESTÁ TU CORAZÓN

1.- Oración preparatoria.

Señor, en el evangelio de este día nos hablas de un tesoro. Y para mí, el único tesoro de mi vida eres Tú. Me pregunto: ¿Y qué pasaría de mí si Tú no estuvieras? Mi vida sería una vida malograda, una vida sin sentido. ¿Dónde dirigir mi mirada si no pudiera verte?  ¿Dónde inclinar mis oídos si no pudiera oírte?  ¿Hacia dónde elevar mis brazos si no fueras mi norte? ¿En quién inclinaría mi cabeza cansada si tu corazón estuviera ausente?  Sólo en Ti descansa mi alma.

2.- Lectura reposada de la Palabra Mateo 6, 19-23

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No acumuleis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón. Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!».

3.- Qué dice este texto evangélico.

Meditación-Reflexión

Hay en este evangelio dos palabras muy unidas:  tesoro y corazón. Si preguntamos cuál fue el verdadero tesoro de Jesús Sin lugar a dudas, el verdadero tesoro de Jesús fue su Padre. Nos dice San Juan que, desde toda la eternidad, el Verbo estaba volcado, inclinado, gravitando junto al Padre (Jn. 1,1). Y esta actitud la mantuvo también aquí en su vida mortal. El hacer la voluntad del Padre, el dar gusto al Padre ha sido el móvil de su vida, ha sido la razón de su existencia. Y, junto a este tesoro, Jesús ha tenido otro: guardar como un verdadero regalo a los que el Padre le ha entregado: “Eran tuyos y Tú me los diste” (Jn.17,6). Nosotros somos un regalo del Padre para Jesús. Así nos ha visto, así nos ha amado. Entonces, ¿dónde ha puesto Jesús su corazón? En el amor al padre y en el amor a nosotros que somos “regalos del Padre”. Siendo esto así ahora no nos extraña que Jesús insista en que debemos tener siempre el corazón libre para amar a Dios y amar a los hermanos. Las riquezas y honores de este mundo pueden ser un obstáculo para el amor y de tal modo pueden avasallar nuestro corazón que no le dejen cumplir la misión para la que fue creado: vivir para amar. Todo lo que no se puede reciclar en amor es poner obstáculos al corazón.

Palabra del Papa.

         “No acumulen, para ustedes, tesoros en la tierra. Este es un consejo de prudencia, porque los tesoros sobre la tierra no son seguros: se estropean, vienen los ladrones y se los llevan. Y, ¿en qué tesoros piensa Jesús? Principalmente en tres y siempre vuelve sobre el mismo argumento. El primer tesoro: el oro, el dinero, las riquezas… Dime, ¿un euro más te hace más feliz o no? Las riquezas, tesoro peligroso, peligroso…. El segundo tesoro: la vanidad. El tesoro de tener prestigio, de hacerse ver. Y esto siempre es condenado por Jesús. De esto modo, ha invitado a pensar lo que Jesús dice a los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan limosna, cuando rezan para hacerse ver. Finalmente, el tercer tesoro es el orgullo, el poder. ¡El poder termina! Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en prisión. Es de ahí de donde viene la exhortación de no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Estos tesoros no sirven. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de junio de 2014, en Santa Marta).

4.- ¿Qué me dice hoy a mí este texto evangélico que acabo de contemplar? (Silencio)

5.- Propósito: Limpiar mi corazón de todo apego, de toda esclavitud, que le impidan amar como amó Jesús.

6.- Diálogo con Cristo

Señor, que yo tenga luz necesaria para ver con claridad dónde está el secreto de mi vida, el secreto de mi alegría y de mi felicidad: vivir para amar a Dios y a mis hermanos. No con un amor meramente humano sino como amaste Tú al Padre y a los hombres y mujeres de este mundo.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Viernes XI de Tiempo Ordinario

Mt 6, 19-23

Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban.

Amontonad riquezas «en el cielo»…

Esta es también una constante en el pensamiento de Jesús… como el perdón.
Sin cesar y de diversos modos, Jesús insiste en esta idea: no os apeguéis a las riquezas.

No acumuléis tesoros en la tierra.

Acumulad vuestros tesoros en el cielo.

Repetid, Señor, estas dos palabras. ¡Que las oiga de ti! Un tesoro es algo precioso, es siempre codiciado. No consiste sólo en objetos materiales sino todo lo que estimo valioso. Y ¿qué es lo más valioso para mí? ¿qué es lo que busco con mayor afán?

Jesús me invita a no contentarme con lo efímero. Nuestra existencia en la tierra es una existencia amenazada, frágil.

Jesús utiliza una imagen inolvidable: la pequeña carcoma roe y con ello estropea un hermoso mueble… y la minúscula polilla agujera el mejor de los vestidos de lana o seda… Si vuestro objetivo en la tierra se contenta con ese nivel elemental ¡hacéis un vano despilfarro! Los bienes de consumo no son los verdaderos bienes del hombre. Yo os indico otro objetivo: ¡trabajad para el cielo!

Donde está tu tesoro, tu riqueza, está también tu corazón.

El instinto de propiedad forma parte de la naturaleza humana, el deseo de poseer está profundamente inscrito en nuestros corazones. Los sabios de todas las religiones han aconsejado la moderación. Jesús no aconseja de sofocar el deseo sino de dirigirlo mejor. Todo depende, dice de lo que consideres como un «tesoro»… ¡Desea lo que no perece!

La lámpara del cuerpo es el ojo. Por esto si tu ojo está limpio, sano, tu cuerpo entero tendrá luz.

Importancia de los ojos… de la mirada.

Señor Jesús, en este momento pienso en tus ojos: ¡cuan límpida debía ser tu mirada, cuan alegres tus ojos y tan amables! Trataré hoy de mejorar la calidad de mis miradas. Importancia de los ojos para la comunión con los demás. ¡No sabemos ver! Pasamos al lado de innumerables ocasiones de entraren comunicación con los demás, hermanos nuestros, conocidos o desconocidos.

Señor, enséñanos a mirar… a salir de nosotros mismos.

Si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la luz que tienes está oscura, ¡qué oscuridad tan grande!

Ojo sano, es también corazón sano.

Ojo malo, es signo de un corazón malo.

El ojo es la imagen del corazón. El hombre entero se refleja en sus ojos.

Dios es Luz, dirá san Juan… ¡porque Dios es amor!

El que no ama vive en las tinieblas.

En el contexto que san Mateo sitúa estas frases, debe querer insistir en la necesidad que tiene el corazón de estar orientado hacia Dios, hacia los tesoros del cielo. El hombre que sólo mira las cosas de la tierra es un ciego, no ve los verdaderos bienes, ¡camina en la noche!

Señor, danos tu luz.

El Señor es mi luz y mi salvación ¡Aleluya!

Noel Quesson
Evangelios 1

La comunión fuente de fraternidad

Dios ha realizado una alianza de amor con su pueblo (Gn 14,18). Este pacto ha sido sellado, de una vez para siempre, en la muere y resurrección d su hijo Jesús (1 Co 11,26). Nada ni nadie es ajeno al plan de Dios. Él quiere que todos descubran su amor y su proyecto de vida, incluso los más necesitados son capaces de percibir su mensaje de esperanza a través de las acciones proféticas de Jesús. Nosotros, los creyentes, somos testigos de esta alianza de Dios con la humanidad (Lc 9,11b).

Señor, te alabamos y te adoramos, postrados ante tu altar.
Creemos que las calles y plazas de nuestra vida,
no siempre están preparadas ni dispuestas para acoger tu presencia.
La Eucaristía, nos habla de Ti, nos atrae hacia Ti, nos centra en Ti.
Vienes, Jesús, personalmente a cada uno de nosotros,
observas nuestra vida, te adentras en nuestros corazones,
y adviertes que, en ellos, no siempre hay lugar para Dios.
“QUE LA COMUNIÓN CONTIGO, SEÑOR,
NOS DÉ FUERZAS PARA CAMINAR”.

Convierte, Señor, nuestras almas en morada de tu presencia,
ilumina nuestros corazones con la luz de tu verdad,
abre nuestros ojos con el resplandor de tu Cuerpo,
dirige nuestros pies por los senderos de tu Verdad,
fortalece nuestro interior cuando sentimos el rechazo.
QUE LA COMUNIÓN CONTIGO, SEÑOR,
NOS DÉ FUERZAS PARA CREAR UN MUNDO DE HERMANOS.

Sin tu vida, nuestra vida está vacía e insatisfecha
porque un mundo sin Dios
es una realidad que pierde el sentido de futuro.
Acepta, Señor, por un día, por unas horas,
la ofrenda de nuestras calles,
el encanto de nuestras plazas engalanadas
la música de nuestros corazones,
amigo que caminas llevándonos de la mano.
“QUE LA COMUNIÓN CONTIGO, SEÑOR,
NOS DÉ FUERZAS PARA CAMINAR”.

El pan es vida y libertad, es gracia;
el pan es para todos, nos has dicho, Señor.
Ayúdanos a ser, ante nuestros hermanos,
testimonios vivos de tu presencia,
que, por el anuncio de tu evangelio, hacen posible ese Reino de Dios,
donde el pan multiplicado y compartido
llega a todos los necesitados.
QUE LA COMUNIÓN CONTIGO, SEÑOR,
NOS DÉ FUERZAS PARA CREAR UN MUNDO DE HERMANOS.

Isidro Lozano

Comentario al evangelio – Viernes XI de Tiempo Ordinario

Nuestra sociedad es contradictoria. Por una parte, está produciendo constantemente nuevos pobres, marginados, desengañados, y también, en no pocas ocasiones, abandonados y desesperados. En estos años de crisis la distancia entre ricos y pobres sigue aumentando. Por otra parte, aquí, en Occidente, vivimos en un mundo que de alguna manera podemos llamar opulento, lleno haste el borde de bienes, ocupado obsesivamente en la producción y disfrute de los mismos. Se conjugan en todos los tiempos verbos como tener, posee, atesorar, apropiarse, pertenecer, codiciar … A estas sociedades occidentales les viene bien bien hoy la advertencia de Jesús: «No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corrompen».

No deberíamos olvidar que estos bienes fascinantes no son el supremo bien y que cuando el hombre los adora, ¿no es verdad que traen como consecuencia ambiciones, angustias, sometimiento, rivalidades, injusticias, desesperaciones? Al final, tendremos que repetir las palabras de San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti». Al final, con tanta abundancia de bienes, no está sosegada ni aquietada nuestra sociedad.

Ser cristiano de verdad es vivir con el corazón puesto en los bienes de arriba, vivir en el mundo sin ser del mundo, tratar a las cosas con sabiduría como aquel que viviera un poco la vida eterna. No abdicamos, no, de nuestra pasión por el mundo sino que la transfiguramos de tal modo que esta pasión por nuestro mundo magnífico, fascinante, irresistible, es a la vez pasión por Dios.

Ciudad Redonda

Liturgia – Viernes XI de Tiempo Ordinario

VIERNES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • 2Re 11, 1-4. 9-18. 20. Ungieron a Joás y gritaron: «¡Viva el rey!»
  • Sal 131. El Señor ha elegido Sion para vivir en ella.
  • Mt 6, 19-23.Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

Antífona de entrada          Ap 7, 9
Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.

Acto penitencial
La Iglesia es por esencia católica, es decir, universal. Cristo la ha fundado, está presente en ella y la ha enviado en misión a todos los hombres sin distinción. Pidamos a Cristo que, por la Iglesia y en la Iglesia, lleve a plenitud su obra de salvación.

• Tú que, no conociendo el pecado, cargaste con el pecado de todos. Señor, ten piedad.
• Tú que, siendo inocente, fuiste condenado como pecador. Cristo, ten piedad.
• Tú que derramaste tu sangre para el perdón de los pecados. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que en la nueva alianza de Cristo no dejas congregar para ti,
de entre todas las naciones,
un pueblo en crecimiento hacia la unidad en el Espíritu,
haz que tu Iglesia, fiel a la misión recibida,
progrese sin cesar con la familia humana,
y actúe siempre como fermento y alma de la sociedad
que ha de ser renovada en Cristo y transformada en la familia de Dios.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos, elevemos unidos nuestras oraciones a Dios, nuestro Padre, por el bien de la Iglesia y de todos los hombres.

1.- Por la Iglesia, para que esté unida y viva en libertad y en paz en todo el mundo. Oremos.

2.- Por las necesidades y dificultades que plantea la evangelización según la peculiaridad de cada territorio, para que, cada día, surjan más jóvenes y adultos cristianos decididos a entregar sus vidas en la misión de toda la Iglesia. Oremos.

3.- Por la paz entre las naciones, para que sus gobernantes promuevan el bien común y el progreso de todos los ciudadanos. Oremos.

4.- Por nuestros hermanos más pobres, para que el Señor los cubra con su misericordia y encuentren en la Iglesia la mano samaritana y el hogar acogedor que necesitan Oremos.

5.- Por nuestra comunidad cristiana, para que vivamos unidos en el amor y por la santidad de vida, seamos reflejo de la Iglesia universal. Oremos.

Escucha benignamente las súplicas de tu Iglesia, Señor, para que se realice cuanto antes el deseo de Jesús: que haya un solo rebaño y un solo Pastor. Por el mismo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA complacido, Señor,
las ofrendas que te presentamos,
y haz que tu Iglesia, nacida del costado de Cristo dormido en la cruz,
encuentre siempre en la participación de este misterio la santidad
que le haga vivir y ser digna de su autor, Jesucristo, Señor nuestro.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Antífona de comunión          Jn 19, 34
Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Oración después de la comunión
RENOVADOS con el sacramento de tu Hijo,
te suplicamos, Señor,
que hagas fecunda la acción de tu Iglesia,
ya que por ella revelas la plenitud del misterio salvador a los pobres,
a los que llamas a ser porción principal de tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.