Comentario – Corpus Christi

(Lc 9, 11-17)

Este relato sobre la multiplicación de los panes nos muestra la verdadera voluntad de Dios: que no falte el pan para todos. Los apóstoles ofrecieron a Jesús cinco panes. Así vemos que cuando nos dejamos usar por la fuerza de su amor y le ofrecemos lo poco que tenemos, hay pan para todos, y sobra. Pero cuando algunos se dejan llevar por el egoísmo, el pan se acumula en pocas manos y no hay pan para todos. Porque Dios actúa en nuestra historia a través de instrumentos humanos, y cuando esos instrumentos se resisten a cumplir su función y se encierran en la ambición y la comodidad, no se cumple la voluntad de Dios en nuestra tierra. Por eso tenemos que reconocer que los problemas económicos, sobre todo cuando hay marcadas diferencias sociales, son problemas de amor, son el reflejo de una gran incapacidad de amar y de compartir. Pero cuando el pan se comparte y se reparte, se convierte en una forma de encuentro que es un anticipo del cielo, y hay pan para todos.

Pero además, estos panes son un símbolo de la Eucaristía, el pan espiritual del cual va a hablar Jesús más adelante. Y la Eucaristía siempre es pan para todos; nadie se ve privado de ella por falta de dinero; es pan sobreabundante tanto para ricos como para pobres, es pan que no hace distinción de personas.

La relación entre el pan que se comparte y el pan de la Eucaristía aparece con mucha claridad en 1 Cor 11, 20-22. Pero es importante que en este texto del evangelio de Lucas, que es el evangelio de la misericordia, reconozcamos cómo el pan que Jesús nos reparte en la Eucaristía nos exige también compartir el pan de nuestras mesas para mostrar a los pobres el rostro de Jesús que los ama y los cuida a través de nosotros. La Eucaristía es el Sacramento del amor fraterno, de la unidad y de la generosidad. Por eso mismo decía San Juan Crisóstomo: «¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez».

Oración:

«Señor, que te acercas a mí con todo tu amor en cada Eucaristía, concédeme que la comunión haga crecer mis deseos de amar y aumente mi generosidad, para que pueda reconocer tu presencia en el hermano necesitado».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

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