Lectio Divina – Natividad de San Juan Bautista

SAN JUAN BAUTISTA

1.- Oración introductoria.

Señor, te confieso que me fascina la figura de Juan y te pido que sepa imitarle en su humildad: “es la voz de otro”. Está llamado a señalar a otro que viene detrás y es más que él. Haz que el importante de mi vida no sea yo, sino que seas Tú. Que yo sólo viva para anunciarte con mis palabras y, sobre todo, con el testimonio de mi vida.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lc. 1,57-66

Se le cumplió a Isabel el tiempo y dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo: -No, se llamará Juan. Le dijeron: No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre. Se dirigieron entonces al padre y le preguntaron por señas cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Entonces, todos se llevaron una sorpresa. De pronto recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. Todos sus vecinos se llenaron de temor, y en toda la montaña de Judea se comentaba lo sucedido. Cuantos lo oían pensaban en su interior: «¿Qué va a ser este niño?». Porque efectivamente el Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

3.- Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión.

  • San Juan como hombre. Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres?  sacamos todos nuestros títulos… soy doctorado, licenciado, obispo, párroco, maestro, etc. En cambio, San Juan dice Yo no soy… No soy el Mesías. No soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente de Otro que viene detrás de mí y es más que yo. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles…que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como San Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre.
  • San Juan como profeta. A veces entendemos mal eso de profeta. Decimos que el profeta es como un adivino que ve el futuro y nos habla de lo que va a pasar. Pero el profeta es el que anuncia y denuncia. Anuncia la Buena Nueva de Dios o de Jesucristo. Da buenas noticias sobre Dios y de Jesús. Y denuncia todo lo que está mal. Juan tuvo valentía para decirle a Herodes: “No te es lícito tener la mujer de tu hermano”
  • San Juan, el Santo. De San Juan se dice que “nunca abaja el dedo”. No puede porque siempre debe apuntar a Jesucristo, a Dios. Dios es el Absoluto, el único necesario a quien debemos adorar. Hoy que tantos niegan a Dios o lo eliminan de sus vidas, hace falta cristianos con el dedo levantado, es decir, con su testimonio apuntando a Dios y gritando que la vida sin Dios no tiene sentido, ni tiene salida. O Dios o Nada.

Palabra del Papa.

“¿Quién es Juan? Él mismo, dijo el Papa, explica: «Yo soy la voz, una voz en el desierto», pero «es una voz sin la Palabra, porque la Palabra no es él, es Otro». He aquí el misterio de Juan: «Nunca se apodera de la Palabra». Juan «es aquel que indica, que señala». El «sentido de la vida de Juan – añadió – es señalar a otro».  Y realmente Juan «era el hombre de la luz, llevó la luz, pero no era su propia luz, era una luz reflejada.» Juan es «como una luna», y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan «comenzó a disminuir a bajar.» «Voz, no Palabra – dijo el Papa – luz, pero no propia»: «Juan parece ser nada” Esa es la vocación de Juan: desaparecer” (Papa Francisco: 24-06-2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Hacer todo en este día pensando: lo hago por Otro. Él es el importante. Yo soy su voz, pero no su palabra.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias por Juan Bautista, ese hombre tan grande por ser pequeño, por no querer ser protagonista de nada, por dar paso a otro, por no querer figurar. Su misión fue la de señalar con el dedo y decir: Ahí está el Cordero de Dios. Ése sí que es importante. Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Gracias, Señor, por esta figura tan genial. Haz que sepa imitarlo.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Jueves XII de Tiempo Ordinario

Mc 7, 21-29

No basta decirme: «¡Señor, Señor!», para entrar en el Reino de Dios; hay que poner por obra la voluntad de mi Padre del cielo.

No «los que dicen»… sino «los que hacen»…

Quiero, en primer lugar, repetir varias veces esta frase. Señor, como si Tú me la repitieras HOY de tus propios labios.

Los que hablan bien, los que «rezan bien», los que «oran» y no «hacen» ¡no entrarán en el Reino! Los que asisten a la misa, los que cantan «Kyrie… Señor», sin que, al mismo tiempo, transformen su vida cotidiana, ¡no entrarán en el Reino! Sí, Jesús, llegas a decir que «hacer la voluntad de Dios» tiene una mayor importancia que la «plegaria». Sin embargo, sé muy bien que has insistido también a menudo sobre la necesidad de la oración; y ¡sé que no rezo lo bastante! Pero me dices también que mi vida cotidiana tiene mucha importancia para ti: lo que interesa a Dios no es solamente «nuestros momentos de oración»… sino todos «nuestros momentos de vida».

¿Qué esperas HOY de mí, Señor?

¿Qué actos quieres que haga?

Que se haga tu voluntad en todo lo que haré HOY.

Aquel día muchos me dirán: «Señor, Señor, ¡si hemos profetizado en tu nombre y echado demonios en tu nombre y hecho muchos milagros en tu nombre!» Y entonces Yo les declararé:

«Nunca os he conocido. ¡Lejos de mí, malvados!».

La sentencia del Juez es severa. Se trata de cristianos -de ministros-que han «predicado»… «echado demonios»… «hecho milagros»… en Nombre de Jesús. Y que son condenados porque, en su vida personal no han hecho la voluntad de Dios. ¿Es verdad, Señor, que uno «pueda» salvar a los demás y él perderse?

Un cargo en la Iglesia, un papel de responsable… no es un seguro de salvación. Para éstos también, la «vida» debe corresponder… a las palabras.

Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca.

Edificar mi vida sobre la Palabra de Dios, ¡es edificarla sobre roca! Edificar mi vida sobre Dios es construir algo, ¡en verdad, sólido!

Notemos que hay dos cosas en esta frase:

-escuchar…poner por obra…

Tomar estas dos actitudes, es ser sabio.

«Poned en práctica la Palabra, y no os contentéis sólo con oiría.» (Santiago I, 22)

Poner en práctica la Palabra, encarnar la Palabra: es la definición misma de Jesucristo. El Verbo se hizo carne. ¿Procuro en mi vida que mi ideal se haga carne, gesto, servicio concreto?

Mi oración, ¿se encarna luego a su vez?-¿Cambia la oración mi jornada?

Todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra se parece al necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, vino la riada, soplaron los vientos, embistieron contra la casa y se hundió y su hundimiento fue total.

Sí, con demasiada frecuencia somos inoperantes. Las bellas teorías, los slogans fáciles, los hermosos principios… ¡no construyen nada que sea sólido!

Hay que tener valor para emprender, para comprometerse, para obrar.

¡Tal es la conclusión del primer sermón de Jesús!

¡Hay que remangarse! ¡Ponerse al trabajo! Es una invitación a la acción. Dios no está en las nubes sino allí donde nuestro trabajo nos espera.

Allá voy, Señor.

Noel Quesson
Evangelios 1

Natividad de San Juan Bautista

Nacimiento de Juan Bautista

Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista.

 

Origen de la fiesta

La Iglesia celebra normalmente la fiesta de los santos en el día de su nacimiento a la vida eterna, que es el día de su muerte. En el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento. San Juan, el Bautista, fue santificado en el vientre de su madre cuando la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, según el Evangelio.

Esta fiesta conmemora el nacimiento «terrenal» del Precursor. Es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que es motivo de mucha alegría, para todos los hombres, tener a quien corre delante para anunciar y preparar la próxima llegada del Mesías, o sea, de Jesús. Fue una de las primeras fiestas religiosas y, en ella, la Iglesia nos invita a recordar y a aplicar el mensaje de Juan.

El nacimiento de Juan Bautista

Isabel, la prima de la Virgen María estaba casada con Zacarías, quien era sacerdote, servía a Dios en el templo y esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a Abraham. No habían tenido hijos, pero no se cansaban de pedírselo al Señor. Vivían de acuerdo con la ley de Dios.

Un día, un ángel del Señor se le apareció a Zacarías, quien se sobresaltó y se llenó de miedo. El Árcangel Gabriel le anunció que iban a tener un hijo muy especial, pero Zacarías dudó y le preguntó que cómo sería posible esto si él e Isabel ya eran viejos. Entonces el ángel le contestó que, por haber dudado, se quedaría mudo hasta que todo esto sucediera. Y así fue.

La Virgen María, al enterarse de la noticia del embarazo de Isabel, fue a visitarla. Y en el momento en que Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en su vientre. Éste es uno de los muchos gestos de delicadeza, de servicio y de amor que tiene la Virgen María para con los demás. Antes de pensar en ella misma, también embarazada, pensó en ir a ayudar a su prima Isabel.

El ángel había encargado a Zacarías ponerle por nombre Juan. Con el nacimiento de Juan, Zacarías recupera su voz y lo primero que dice es: «Bendito el Señor, Dios de Israel».

Juan creció muy cerca de Dios. Cuando llegó el momento, anunció la venida del Salvador, predicando el arrepentimiento y la conversión y bautizando en el río Jordán.

 

La predicación de Juan Bautista

Juan Bautista es el Precursor, es decir, el enviado por Dios para prepararle el camino al Salvador. Por lo tanto, es el último profeta, con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador.

Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Venían hacia él los habitantes de Jerusalén y Judea y los de la región del Jordán. Juan bautizaba en el río Jordán y la gente se arrepentía de sus pecados. Predicaba que los hombres tenían que cambiar su modo de vivir para poder entrar en el Reino que ya estaba cercano. El primer mensaje que daba Juan Bautista era el de reconocer los pecados, pues, para lograr un cambio, hay que reconocer las fallas. El segundo mensaje era el de cambiar la manera de vivir, esto es, el de hacer un esfuerzo constante para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto serviría de preparación para la venida del Salvador. En suma, predicó a los hombres el arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida.

Juan reconoció a Jesús al pedirle Él que lo bautizara en el Jordán. En ese momento se abrieron los cielos y se escuchó la voz del Padre que decía: «Éste es mi Hijo amado…». Juan dio testimonio de esto diciendo: «Éste es el Cordero de Dios…». Reconoció siempre la grandeza de Jesús, del que dijo no ser digno de desatarle las correas de sus sandalias, al proclamar que él debía disminuir y Jesús crecer porque el que viene de arriba está sobre todos.

Fue testigo de la verdad hasta su muerte. Murió por amor a ella. Herodías, la mujer ilegítima de Herodes, pues era en realidad la mujer de su hermano, no quería a Juan el Bautista y deseaba matarlo, ya que Juan repetía a Herodes: «No te es lícito tenerla». La hija de Herodías, en el día de cumpleaños de Herodes, bailó y agradó tanto a su padre que éste juró darle lo que pidiese. Ella, aconsejada por su madre, le pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes se entristeció, pero, por el juramento hecho, mandó que le cortaran la cabeza de Juan Bautista que estaba en la cárcel.

¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?

Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia, así como era el Papa Juan Pablo II.

Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.

Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.

Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.

El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.

Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

Jesús no hace falsas promesas

1. – En el asedio de Sevilla en los tiempos del Rey Fernando III, había un vasallo llamado Garci-Pérez de Vargas que ha pasado a la leyenda por su fuerza descomunal y por su temeridad. Perdida la lanza, en plena lucha, arranca una rama de encina y continúa luchando a porrazos. Tan temerario era, que cuando algún nuevo voluntario se unía al grupo de Vargas los demás le decían: “¿Con Vargas vais? La cabeza lleváis prendida con alfileres”.

El Evangelio de hoy es un eco de esta frase: “¿Con Cristo vais? La cabeza lleváis prendida con alfileres”.

2. – Jesús no quiere llamar a engaño a sus seguidores. No les promete premios humanos, ni les da seguridades. Más bien, la compañía de seguros que Él hubiera fundado se hubiera llamado: “Compañía de Inseguridades SL”. Con un número de socios muy limitado porque no son precisamente inseguridades lo que buscamos los hombres.

Nos sentimos tan inseguros frente al futuro, que lo que han proliferado en nuestra sociedad han sido las compañías de seguros: seguros de enfermedad, seguros de accidentes, seguros de paro, seguros de vejez, seguros de incendios, seguros de vida, seguros de educación de los hijos,… Digo, seguros y reaseguros.

Y cuando la histeria de la inseguridad llega al colmo, entonces acudimos a visionarios, profetas o futurólogos.

3. – Y conociendo ese profundo anhelo de seguridades que tenemos los hombres, Jesús, no nos hace promesas falsas. Y, cuando sus discípulos, por asegurarle a Él un buen hospedaje que nos les dan en una aldea quieren pedir fuego del cielo, Jesús se enfada con ellos. Porque el Hijo de Dios ha venido a compartir las inseguridades de los hombres y por no tener, no tiene ni guarida, ni nido, ni siquiera donde reclinar su cabeza.

Y en medio de esas inseguridades humanas, Jesús nos dice: sígueme.

—Sígueme con la única seguridad de que Él va siempre delante. Eso dice, sígueme, venid detrás de Mí.

—Sígueme sin mirar a tras, ni siquiera para ver si los surcos de tu arado en el pasado fueron rectos o no. Deja el pasado estar, mira adelante, que el que pasa la vida mirando atrás lo único que consigue es hacer también torcidos los surcos del futuro. Sin mirar adelante no se puede guiar con maestría el arado.

—Sígueme con decisión, sin moratorias. Sin buscar razones para demorar el seguimiento. Razones prudentes para no seguir el camino “inseguro” de Cristo, las tendremos todas: la familia, el padre enfermo y anciano, un “no hay que exagerar”, la prudencia humana, ese mimo racional que acaba agotando los mejores deseos del hombre.

—Sígueme, defendiendo con energía tu derecho a equivocarte humanamente. Tu derecho a ser nota discordante del conjunto, por seguir a Cristo.

Mirad, nunca he sentido yo, tantos deseos por salirme de la normalidad, de la uniformidad japonesa, como ante el semáforo que hay delante de nuestra Universidad en Tokio. Para impedir atropellos está la luz cambiante del semáforo que, al tiempo, resuena estrepitosamente con un timbre. Además, hay un agente que con sus manos da o impide el paso, al tiempo que te atruena con su silbato. Y, por si fuera poco, al acabar todas estas operaciones te dice en elevadísimo japonés que el disco está verde y que puedes pasar. ¡Déjeme la libertad de que me atropellen, por favor!

Vamos a romper todas nuestras pólizas de seguros con el convencimiento de que la única seguridad de la felicidad de nuestras vidas es el seguimiento a Cristo en el cumplimiento del único mandamiento en que San Pablo resume toda la Ley: “amar a los demás”. Suscribamos esa póliza. Todas las demás son engañifas. Nos hacen gastar tiempo y energía.

Vayamos con Cristo aunque nos digan: “Con Cristo is, la cabeza lleváis prendida con alfileres”.

José María Maruri, SJ

Tolerancia

Los que me han hecho sufrir
tal vez no sean tan malos.
Los que no son de mis ideas
tal vez no sean intratables.
Los que no hacen las cosas como yo
tal vez no sean unos locos.
Los que discurren de otro modo
tal vez no sean unos ignorantes.
Los que no me son simpáticos
tal vez sean buenas personas.
Los que son más viejos que yo
tal vez no sean unos atrasados.
Los que son más jóvenes que yo
tal vez no sean unos inexpertos.
Los que tienen más éxito
tal vez se lo hayan merecido.
Los que me contradicen
tal vez tengan razón.
Los que tienen más dinero que yo
tal vez sean muy honrados.
Los que me han dicho una palabra
amable tal vez lo han hecho
con desinterés.
Los que me han hecho un favor
tal vez lo han hecho de mil amores.
Los que «pasan» de lo que a mí
me importa
tal vez me ayudan a buscar
lo verdaderamente importante.
Los que no van en mi misma dirección
tal vez buscan lo mismo por otros caminos.
Los que no me lo ponen fácil
tal vez me obligan a renovar
el esfuerzo y la ilusión día a día.

De la revista «El Ciervo»

Notas para fijarnos en el evangelio

• En la indicación que hace san Lucas del comienzo de su camino para “ir a Jerusalén” (51), hacia la Pascua, hay un énfasis especial en el carácter de determinación que este hecho tiene por parte de Jesús: “tomó la decisión” (51).

• Dice el evangelista que eso empieza “cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo” (51). Esta expresión nos lleva al final del evangelio (Lc 24,51): la ascensión de Jesús al cielo empieza en el momento de subir a Jerusalén, que será el lugar de su muerte, resurrección y glorificación a la derecha de Dios.

• En este texto hay dos partes. En la primera vemos cómo Jesús educa a los discípulos en el camino, enviándolos, poniéndolos en acción (52- 56). En la segunda hallamos que, ante posibles discípulos, Jesús presenta sin rebajas cómo es su camino (57-62).

• La primera de estas partes muestra que la “decisión” (51) de Jesús es firme a pesar de las dificultades (53). Sabe que dificultades, las hay y las habrá. Sabe que hay personas que lo rechazan y que le harán sufrir (Lc 9,22.44). Pero sigue adelante. Y muestra a los discípulos que hay que seguir, que las dificultades no tienen que disminuir la firmeza de la decisión (55-56).

• La actitud de los samaritanos para con Jesús (53) ha de entenderse como una muestra de su enemistad tradicional con los judíos. No acogen a Jesús porque va hacia Jerusalén, el centro del culto judío, que los samaritanos no aceptaban desde el momento en que habían sido excluidos del culto del templo (Jn 4,1-26; 8,48).

•  Los discípulos, en cambio, ante la dificultad (53) quieren que “baje fuego del cielo” (54) sobre los samaritanos que no han querido recibir a Jesús. Hay una alusión al profeta Elías, que había hecho bajar fuego del cielo contra los que querían hacerlo prisionero (2Re 1,10-12). En aquel caso, el fuego era como la prueba de que Elías era el profeta enviado por Dios. Jesús “les regañó” (55). No se reconoce en unos enviados que tienen actitudes prepotentes, que se quieren defender a base de pruebas y argumentos. Jesús sabe que el Evangelio no puede entrar nunca por la fuerza en nadie.

• La única muestra de credibilidad que tendrán los apóstoles, la misma que tiene Jesús, será la fidelidad a seguir el camino. Y seguir el camino no depende de las circunstancias favorables o adversas, que de todo hay. Depende de la fidelidad a la meta y al mismo camino: no podemos renunciar al estilo de vida, de caminar; no podemos darnos a cualquier método, por más que tengamos argumentos muy lógicos para reaccionar con los mismos modos con los que nos han causado daño. Por otro lado, la adversidad puede ser, ciertamente, el rechazo de los samaritanos. Pero también puede ser el prejuicio de los discípulos hacia los samaritanos (al fin y al cabo, a Jesús no sólo lo rechazan los samaritanos sino también los judíos).

• La fidelidad al camino que Jesús indica (56) acaba dando frutos: después de la resurrección de Jesús, Samaria acogerá a los cristianos que le traen el Evangelio (Hch 8,5-25).

• La segunda parte, con la presentación del camino a los candidatos a ser discípulos, muestra que seguir a Jesús supone desprenderse de estabilidades y seguridades: es un camino arriesgado, como comprueba el primer posible discípulo (57-58). El segundo (59-60) descubre, por la respuesta paradójica de Jesús (60), que el discípulo que lo quiere seguir de veras tiene que poner en un segundo término todas las demás actividades y preocupaciones, como el buen samaritano, que detiene su actividad para servir al hermano: anda, haz tú lo mismo (Lc 10,37). El tercero, finalmente, descubre que lo que de verdad marca la vida es el presente y el futuro del “Reino de Dios” (60), no lo que dejamosatrás, por muy importante que haya sido (61- 62). Todo lo que tiene valor, como los vínculos familiares, lo tiene más todavía si se vive desde la prioridad del “Reino de Dios” (60).

• Los tres (57-62) descubren que el Reino de Dios es prioritario en todos los sentidos. Y que hay que estar dispuesto a vivir en la pobreza y la provisionalidad.

Comentario al evangelio – Jueves XII de Tiempo Ordinario

Construir más arriba

Si bien es necesario que una casa se construya sobre unos cimientos sólidos, será una temeridad limitar nuestra atención sólo a los cimientos y construir descuidadamente las paredes y el tejado con materiales de mala calidad. Para que una casa sea infalible, debe tener unos cimientos sólidos como una roca, paredes fuertes y un tejado sólido. Si no es así, cuando llueva a cántaros, se desborden los ríos y sople el viento, la casa se derrumbará y ¡qué caída tan terrible! Un peligro similar puede ocurrir con nuestro edificio espiritual. Muchas personas comienzan con un fuerte fundamento en la palabra de Dios. Pero a medida que su vida progresa, se descuidan, ofrecen sólo un servicio de labios a Dios, compran los materiales más baratos del mundo, y siguen construyendo su edificio sobre esos débiles recursos. Cuando llegan las tragedias, su casa se desmorona y los propios cimientos se convierten en una piedra de tropiezo (cf. 1 Pe 2,7-8). Que Dios sea el fundamento, las paredes y el techo de nuestra vida espiritual. Que Dios esté por encima, por debajo, por delante, por detrás y alrededor de nosotros cada día.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Natividad de San Juan Bautista

Hoy celebramos la Natividad de San Juan Bautista.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 57-66. 80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos yparientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A losocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero lamadre intervino diciendo: «¡ No! Se va a llamar Juan». Y le dijeron: «Ninguno de tus parientesse llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidióuna tablilla y escribió: «Juan es su nombre» Y todos se quedaron maravillados.Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Losvecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña deJudea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porquela mano del Señor estaba con él. El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugaresdesiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

Hoy el Evangelio nos ofrece el relato del nacimiento del precursor, san Juan Bautista.Precursor es la persona que prepara a los demás para un acontecimiento. La tarea de SanJuan era justamente «preparar los caminos del Señor» (Lc. 3, 1-6). La misión de san JuanBautista fue, ante todo, hacer que las personas miraran a Cristo, quedando él en un segundoplano; y que el Mesías pudiera traer el mensaje de salvación. Cuando las personas se acercana él era para escuchar de Cristo. Esta es la misión que se le encomienda y por eso debellevar el nombre de Juan ya que su misión es conocida totalmente por Dios, incluso se reflejaal darle su nombre. Pidamos a Dios en esta oración que nos derrame su Espíritu Santo paraque, en cada encuentro que las almas tengan con nosotros, seamos capaces de llevarle alque nos ama hasta el punto de llamarnos por el nombre para que anunciemos al que «quitael pecado del mundo» (Jn. 1, 29-34).

«Para preparar el camino al Señor que viene, es necesario tener en cuenta los requisitos deconversión a la que invita el Bautista. ¿Cuáles son estos requisitos de conversión? Ante todo,estamos llamados a rellenar los barrancos causados por la frialdad y la indiferencia,abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esacordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo. Es decir,rellenar los barrancos producidos por la frialdad. No se puede tener una relación de amor, defraternidad, de caridad con el prójimo si hay “agujeros”, así como no se puede ir por uncamino con muchos baches, ¿no? Hace falta cambiar de actitud. Y todo esto hacerlo tambiéncon una atención especial por los más necesitados. Después es necesario rebajar tantasasperezas causadas por el orgullo y la soberbia.» (Ángelus de S.S. Francisco, 9 de diciembrede 2018).

H. Juan Pablo García Hincapié, L.C.

Liturgia – Natividad de San Juan Bautista

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA, solemnidad

Misa del día de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio propio, conveniente Plegaria Eucarística I. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Is 49, 1-6. Te hago luz de las naciones.
  • Sal 138. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
  • Hch 13, 22-26. Juan predicó antes de que llegara Cristo.
  • Lc 1, 57-66. 80.Juan es su nombre.

Antífona de entrada          Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Monición de entrada
Hoy es la solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista, Precursor del Señor, hijo de Zacarías e Isabel, que, estando aún en el seno materno, lleno del Espíritu Santo, exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano.

Considerado el último de los profetas, en la austeridad del desierto escucha y medita la Palabra de Dios, en el Jordán bautiza con agua preparando a los discípulos para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, y en todas partes proclama que la venida del Mesías está cerca. El mismo Jesucristo lo elogió diciendo que entre los nacidos de mujer no había nadie tan grande como él.

Acto penitencial
Hoy es un día en el que especialmente tenemos que alabar la bondad de Dios, y renovar nuestra voluntad de seguir, como el Bautista, sus caminos; por eso, al comenzar la celebración de la Eucaristía, reconozcamos nuestros pecados y pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros y convierta nuestro corazón.

• Tú, proclamado por Juan como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Señor, ten piedad.

• Tú, anunciado por Juan como el Mesías que había de venir. Cristo, ten piedad.

• Tú, ungido por el Espíritu Santo cuando fuiste bautizado por Juan. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que suscitaste a san Juan Bautista
para que preparase a Cristo el Señor
una muchedumbre bien dispuesta,
concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual
y dirige los corazones de todos los fieles
por el camino de la salvación y de la paz.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración de los fieles
En esta solemnidad del nacimiento de san Juan, oremos al Señor, nuestro Dios.

1.- Por la Iglesia, que ha recibido, como san Juan, la misión de anunciar a Cristo, para que su testimonio sea llamada a la conversión. Roguemos al Señor.

2.- Por el pueblo de Israel, para que llegue a reconocer en Jesús de Nazaret al Mesías anunciado por san Juan, el mayor de los profetas. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que buscan con sincero corazón, para que encuentren el camino de la salvación. Roguemos el Señor.

4.- Por nosotros, que nos alegramos con el nacimiento del Precursor de Cristo, para que seamos el pueblo bien dispuesto para recibir el Evangelio. Roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras súplicas, que san Juan, el mayor de los nacidos de mujer, te recomienda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
COLMAMOS de dones tu altar, Señor,
para celebrar con el honor debido
la natividad de quien proclamó
que el Salvador del mundo ya estaba próximo
y lo mostró presente entre los hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LA MISIÓN DEL PRECURSOR

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

En san Juan, su precursor,
a quien consagraste como el mayor
entre los nacidos de mujer,
proclamamos tu grandeza.

Porque su nacimiento fue motivo de gran alegría,
y ya antes de nacer saltó de gozo
por la llegada de la salvación humana,
solo él, entre todos los profetas,
mostró al Cordero de la redención.

Él, bautizó al mismo autor del bautismo,
para santificar el agua viva,
y mereció darle el supremo testimonio
derramando su sangre.

Por eso,
con las virtudes del cielo
te aclamamos continuamente en la tierra
alabando tu gloria sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo…

Antífona de comunión          Lc 1, 78
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.

Oración después de la comunión
ALIMENTADOS con el convite del Cordero celestial,
te pedimos, Señor, que tu Iglesia,
llena de gozo por el nacimiento de san Juan Bautista,
reconozca al autor de su nueva vida
en aquel cuya venida inminente anunció.
Por Jesucristo, nuestro Señor.