Lectio Divina – Sagrado Corazón de Jesús

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy es fiesta, una fiesta muy bonita: es la fiesta del corazón, es decir, la fiesta del amor. Y celebramos el amor desbordado de Dios a nosotros. No se trata de venerar “un músculo” de su cuerpo. Se trata de celebrar el significado profundo de este día. Dios es amor; Dios es corazón; Dios es misericordia; Dios es ternura. Con un Dios así, ¿quién va a estar triste? ¿Quién no va a estar contento?

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 15, 3-7

En aquel tiempo Jesús dijo esta parábola a los escribas y fariseos. ¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.» Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Esta parábola la dijo Jesús a los “escribas y fariseos”, es decir, aquellos que se escandalizaban de que Jesús hablara de un Dios tan cercano, tan entrañable, tan maravilloso. En Jesús no aparecen las palabras: ira, castigo, venganza, enemigos. Sí, en cambio, no cesa de hablar de un Dios que es ABBÄ-PAPÁ.  Nadie se había atrevido a hablar de Dios de esa manera. Los fariseos, tildaban a Jesús de irreverente. Y todavía más. Les anuncia que ese Dios de quien ellos hablan, no está contento de cómo ellos hablan de Él. En cambio, está entusiasmado de lo bien que habla de Él ese tal Jesús. Precisamente esta parábola quiere resaltar “el gozo de Dios”, la felicidad que siente Dios cuando un pecador se arrepiente y vuelve a su casa. Ese hijo le da más alegría que los otros que nunca se han ido de casa. ¿Cómo puede ser esto? Y dirá San Agustín: “Dame un corazón que ame y entenderá lo que digo”. Dios es Padre y Madre. Y aquí, en este mundo, suceden estas cosas: Si unos padres tienen cinco hijos y les cae uno gravemente enfermo, ese hijo, si se pone bueno, les da más gozo que los otros que están sanos. Así es Dios.

Palabra del Papa

“Así pues: seguir a Jesús por el camino de la caridad, ir con Él a las periferias existenciales: «La caridad de Jesús es una urgencia», decía Pablo (cf. 2 Co 5, 14). Para el buen Pastor, lo que está lejos, peri­férico, lo que está perdido y despreciado es objeto de una atención mayor, y la Iglesia no puede sino hacer suya esta predilección y esta atención. En la Iglesia, son primeros los que tienen mayor necesi­dad, humana, espiritual, material, más necesidad” (Papa Francisco con pobres y presos, Cagliari, 22.9.13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Sabiendo lo que agrada a Dios, voy a convertirme del todo para darle esa satisfacción.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te agradezco esta fiesta tan bonita del corazón, esta fiesta del amor. Si el amor y la fiesta van siempre juntos, ¿Por qué no soy feliz? ¿No será que amo demasiado poco? ¿No será que mi corazón es tacaño, ruin, miserable?  Dame, Señor, un corazón grande, capaz de amarte a Ti sobre todas las cosas y amar a mis hermanos como Tú quieres que los ame. Así mi corazón estará siempre en fiesta.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Viernes XII de Tiempo Ordinario

Mt 8, 1-4

Al bajar Jesús del monte lo siguió un gran gentío.

Todos los evangelistas notaron el éxito de la predicación de Jesús al comienzo de su vida pública. «Grandes muchedumbres», atraídas por su palabra, lo acompañaban en sus desplazamientos para escuchar de nuevo su palabra y para asistir a algún milagro.

Nosotros, conocedores de que este entusiasmo acabará en los abandonos y decepciones dentro de unos meses solamente, reflexionamos sobre la verdadera calidad de la Fe: los entusiasmos sensibles, las grandes concentraciones humanas, los milagros mismos… pueden ser un camino hacia la verdadera Fe. Pero ello puede ser también una coartada, una búsqueda de religiosidad ambigua… ¡que no conduce a nada! Señor, a ti confiamos nuestras sensibilidades humanas, nuestros entusiasmos pasajeros: trans

fórmalos en fe verdadera. Y si ya no experimentamos estos fervores sensibles, haz, Señor, que tu gracia nos ayude a mantenernos firmes en nuestras fidelidades: seguirte, Señor, incluso en la noche de la Fe despojada de todo sentimiento.

En esto se acercó a Jesús un leproso, y se puso a suplicarle: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Es el primer milagro concreto relatado por san Mateo. Después del primer gran discurso de Jesús, Mateo agrupará ahora una serie de milagros. Como ya lo había pedido a sus discípulos, Jesús no se contenta tampoco con «hermosas palabras», sino que pasa a los «actos»: salvará concretamente a algunas personas, que serán símbolo y anuncio del final de los tiempos en los que todo mal será vencido.

La elección de un leproso para este primer milagro, tiene su significación. Mateo escribía su evangelio para los judíos: en su contexto cultural y religioso, la lepra era el mal por excelencia… enfermedad contagiosa que destruía lentamente a la persona afectada, hombre o mujer, y que era considerada por los antiguos como un castigo de Dios, signo del pecado que excluye de la comunidad. (Deuteronomio 28, 27-35; Levítico 13, 14). El leproso era considerado impuro; todo lo que tocaba pasaba a ser impuro; no podía participar ni en el culto, ni en la vida social ordinaria; el leproso estaba afectado de un interdicto, de un tabú, que espantaba. Estaba prohibido tocarle.

Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «¡Quiero, queda limpio!» Y en seguida quedó limpio de la lepra.

Me imagino la alegría de ese desgraciado al contacto de la «mano» de Jesús… él a quien nadie había «tocado» desde meses y años… él, el solitario, el abandonado, el maldito. La mano tendida, el contacto es un signo de amistad, por este humilde gesto, Jesús reintegra al pobre enfermo en la sociedad ordinaria de los hombres.

Esta «mano tendida» es también un gesto de victoria y de maestría soberana.

Contemplo detenidamente ese gesto de Jesús: gesto de amor.

Señor, si quieres, ¡puedes limpiarme!

Señor, si quieres, ¡puedes limpiar el mundo!

Jesús le dijo: «Cuidado con decírselo a nadie; eso sí, ve a presentarte al sacerdote y ofrece el donativo que mandó Moisés, para que les conste.»

Actitud constante de Jesús: no quiere propaganda en torno a sus milagros. ¡Qué diferencia con los falsos taumaturgos y las sectas! que se valen de la atracción que tiene lo maravilloso para abusar de la fe de las gentes sencillas… naturalmente atraídas por todo lo que sobrepasa lo ordinario. Señor, danos una fe sencilla, una fe que no tenga necesidad de lo extraordinario.

«No he venido a derogar la Ley» decía Jesús… y, en un espíritu de sumisión a esta ley, prescribe al leproso hacer todo lo que la Ley mandaba. No pasarse de listo. Jesús actúa con sencillez, no busca llamar la atención. Acepta las costumbres y las instituciones de su país y de su tiempo… muy sencillamente.

Noel Quesson
Evangelios 1

Sagrado Corazón de Jesús

Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre.

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.
Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.

Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).

Debemos, por tanto, pensar si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

  1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).
  2. Pondré paz en sus familias.
  3. Los consolaré en todas las aflicciones.
  4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
  5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
  6. Los pecadores hallarán misericordia.
  7. Los tibios se harán fervorosos.
  8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.
  9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
  10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.
  11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
  12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

Acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Rendido a tus pies, ¡Oh Jesús mío!,
considerando las inefables muestras de amor
que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña,
de continuo, tu adorabilísimo Corazón,
te pido humildemente, la gracia de conocerte,
amarte y servirte como fiel discípulo tuyo.

Para hacerme digno de las mercedes y bendiciones
que generoso concedes a los que de veras
te conocen, aman y sirven.
Mira que soy muy pobre ¡oh dulcísimo Jesús!
y necesito de vos como el mendigo de la limosna
que el rico le ha de dar, mira que soy muy rudo
¡oh Soberano maestro!,
y necesito de tus divinas enseñanzas para luz
y guía de mi ignorancia.

Mira que soy muy débil,
¡oh Poderoso amparo de los débiles!
y caigo a cada paso,
y necesito apoyarme en vos para no desfallecer.
Sé todo para mí, Sagrado Corazón:
Socorro de mis miserias,
lumbre de mis ojos,
báculo de mis pasos,
remedio de mis males,
auxilio en toda necesidad.

Tú me alentaste y convidaste cuando con tan tiernos acentos dijiste,
repetidas veces en tu Evangelio:
“Venid a Mí, aprended de Mí, pedid, llamad…”
a las puertas de tu corazón vengo hoy,
y llamo, pido y espero.
Del mío te hago ¡oh Señor!
Firme, formal y decidida entrega:
tómalo vos, y dame en cambio lo que sabes
me ha de hacer feliz en la tierra
y dichoso en la eternidad.

Amén

Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

Comentario – Sagrado Corazón de Jesús

(Lc 15, 3-7)

Este capítulo 15 de San Lucas nos muestra que Dios busca todas las maneras posibles para hablarnos de su amor y de su misericordia. Las tres parábolas de la misericordia (la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo) indican que el amor de Dios no es general, como si nos quisiera a todos en multitud, sino que su amor es particular, porque su amor y su inteligencia infinita le permiten estar plenamente atento a todos al mismo tiempo y a cada uno en particular. Por eso, da la impresión de que al buscar la oveja perdida no hubiera en el mundo otra cosa más que ella.

Por otra parte, esta parábola, igual que las otras dos, destaca la sinceridad de esta preocupación del Señor, porque nos habla de la alegría, de la fiesta que hay en el corazón de Dios cuando recupera a un perdido. El pastor que recupera la oveja la pone sobre sus hombros «contento», y la mujer que recupera la moneda (que era como un anillo de casamiento) invita a sus vecinas para festejar.

Es la alegría de Dios la que se nos manifiesta de esta manera, una alegría de amor. Y así se nos habla de un amor divino lleno de dinamismo, de vida y de ternura. Ya lo había anunciado el profeta Sofonías cuando decía: «Tu Dios está en medio de ti, un poderoso salvador. El grita de alegría por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta» (Sof 3, 17-18).

Este amor es el que llena el corazón de Cristo, donde al infinito amor divino se unen la ternura y la pasión de un amor humano sano y maduro.

Oración:

«Señor, tu que conoces las tristezas ocultas de mi vida, mis secretas melancolías y mis angustias escondidas, entra en mí con el gozo de tu amor, devuélveme la tremenda alegría de tu salvación, para que pueda manifestar cómo somos amados por ti».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Comentario al evangelio – Sagrado Corazón de Jesús

Un corazón abierto

El Papa Benedicto XVI (Ratzinger, He aquí el traspasado) sitúa el Sagrado Corazón en el centro del Misterio Pascual, lo que da un vuelco a la comprensión del corazón como órgano de autoconservación:

«La tarea del corazón es la autoconservación, mantener unido lo que es suyo. El Corazón traspasado de Jesús también ha «trastocado» (cf. Os 11,8) esta definición. Este Corazón no se ocupa de la autoconservación, sino de la autoentrega. Salva al mundo abriéndose a sí mismo. El colapso del Corazón abierto es el contenido del misterio pascual. El Corazón salva, en efecto, pero salva entregándose. Así, en el Corazón de Jesús, se nos presenta el centro del cristianismo. Expresa todo, todo lo que es genuinamente nuevo y revolucionario en la Nueva Alianza. Este Corazón llama a nuestro corazón. Nos invita a salir del vano intento de autoconservación y, uniéndonos a la tarea del amor, entregándonos a él y con él, a descubrir la plenitud del amor que sólo es eternidad y que sólo sostiene al mundo».

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Sagrado Corazón de Jesús

Hoy celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 15, 3-7):

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a los fariseos y maestros de la Ley: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, contento, la pone sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión».

Hoy celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Desde tiempo inmemorial, el hombre sitúa “físicamente” en el corazón lo mejor o lo peor del ser humano. Cristo nos muestra el suyo, con las cicatrices de nuestro pecado, como símbolo de su amor a los hombres, y es desde este corazón que vivifica y renueva la historia pasada, presente y futura, desde donde contemplamos y podemos comprender la alegría de Aquel que encuentra lo que había perdido.

«Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido» (Lc 15,6). Cuando escuchamos estas palabras, tendemos siempre a situarnos en el grupo de los noventa y nueve justos y observamos “distantes” cómo Jesús ofrece la salvación a cantidad de conocidos nuestros que son mucho peor que nosotros… ¡Pues no!, la alegría de Jesús tiene un nombre y un rostro. El mío, el tuyo, el de aquél…, todos somos “la oveja perdida” por nuestros pecados; así que…, ¡no echemos más leña al fuego de nuestra soberbia, creyéndonos convertidos del todo!

En el tiempo que vivimos, en que el concepto de pecado se relativiza o se niega, en el que el sacramento de la penitencia es considerado por algunos como algo duro, triste y obsoleto, el Señor en su parábola nos habla de alegría, y no lo hace solo aquí, sino que es una corriente que atraviesa todo el Evangelio. Zaqueo invita a Jesús a comer para celebrarlo, después de ser perdonado (cf. Lc 19,1-9); el padre del hijo pródigo perdona y da una fiesta por su vuelta (cf. Lc 15,11-32), y el Buen Pastor se regocija por encontrar a quien se había apartado de su camino.

Decía san Josemaría que un hombre «vale lo que vale su corazón». Meditemos desde el Evangelio de Lucas si el precio —que va marcado en la etiqueta de nuestro corazón— concuerda con el valor del rescate que el Sagrado Corazón de Jesús ha pagado por cada uno de nosotros.

Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez

Liturgia – Sagrado Corazón de Jesús

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, solemnidad

Misa de la solemnidad (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria, Credo. Prefacio Propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. I (C)

  • Ez 34, 11-16. Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar.
  • Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • Rom 5, 5b-11. Dios nos demostró su amor.
  • Lc 15, 3-7. ¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido.

Antífona de entrada           Sal 32, 11. 19
Los proyectos de su Corazón subsisten de edad en edad, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Monición de entrada y acto penitencial
Celebramos hoy la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús; celebramos el amor misericordioso de Dios, manifestado en Cristo, simbolizado en su corazón.

Todo como en el Ordinario de la Misa. Para la tercera fórmula pueden usarse las siguientes invocaciones:

  • Tú, que has venido a sanar los corazones afligidos. Señor, ten piedad.
  • Tú, que eres manso y humilde de corazón. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que eres fuente de amor inagotable. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso, concede a quienes,
alegrándonos en el Corazón de tu Hijo amado,
recordamos los inmensos beneficios de su amor hacia nosotros,
merecer recibir una inagotable abundancia de gracia
de aquella fuente celestial de los dones.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Confesemos ahora nuestra fe con las mismas palabras con las que generaciones de cristianos anteriores a nosotros la han proclamado a lo largo de veinte siglos.

Oración de los fieles
Oremos con la confianza puesta en Cristo, por quien tenemos libre acceso a Dios Padre.

1.- Por la Iglesia, nacida del corazón de Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Por los que gobiernan los pueblos buscando la justicia y el respeto de los derechos humanos. Roguemos al Señor.

3.- Por los que se sienten cansados y agobiados por tantos trabajos y sufrimientos. Roguemos al Señor.

4.- Por los enfermos y los moribundos. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, que conocemos y celebramos el amor de Cristo. Roguemos al Señor.

Dios, Padre nuestro, que nos has manifestado tu amor en el corazón de tu Hijo, escucha nuestras súplicas. Por Jesucristo, nuestro Señor

Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor, el inefable amor
del Corazón de tu Hijo predilecto
para que los dones que te presentamos
sean ofrenda aceptable a ti
y expiación de nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL INMENSO AMOR DE CRISTO

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, con amor admirable,
se entregó por nosotros
y, elevado sobre la cruz,
hizo que de la herida de su costado brotaran,
con el agua y la sangre,
los sacramentos de la Iglesia,
para que así, acercándose al Corazón abierto del Salvador,
todos puedan beber siempre con gozo
de las fuentes de la salvación.
Por eso, con los santos y con todos los ángeles,
te glorificamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión          Cf. Jn 7, 37-38
Dice el Señor: «El que tenga sed que venga a mí, y que beba el que cree en mí: de sus entrañas manarán ríos de agua viva».

Oración después de la comunión
SEÑOR, que el sacramento de la caridad
encienda en nosotros el fuego del amor santo
por el que, cautivados siempre por tu Hijo,
aprendamos a reconocerle en los hermanos.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición solemne
— La paz de Dios,
que sobrepasa todo juicio,
custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos
en el conocimiento y el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo,
nuestro Señor.
R./ Amén.

— Y la bendición de Dios todopoderoso
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre vosotros.
R./ Amén.