Comentario – Sagrado Corazón de Jesús

(Lc 15, 3-7)

Este capítulo 15 de San Lucas nos muestra que Dios busca todas las maneras posibles para hablarnos de su amor y de su misericordia. Las tres parábolas de la misericordia (la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo) indican que el amor de Dios no es general, como si nos quisiera a todos en multitud, sino que su amor es particular, porque su amor y su inteligencia infinita le permiten estar plenamente atento a todos al mismo tiempo y a cada uno en particular. Por eso, da la impresión de que al buscar la oveja perdida no hubiera en el mundo otra cosa más que ella.

Por otra parte, esta parábola, igual que las otras dos, destaca la sinceridad de esta preocupación del Señor, porque nos habla de la alegría, de la fiesta que hay en el corazón de Dios cuando recupera a un perdido. El pastor que recupera la oveja la pone sobre sus hombros «contento», y la mujer que recupera la moneda (que era como un anillo de casamiento) invita a sus vecinas para festejar.

Es la alegría de Dios la que se nos manifiesta de esta manera, una alegría de amor. Y así se nos habla de un amor divino lleno de dinamismo, de vida y de ternura. Ya lo había anunciado el profeta Sofonías cuando decía: «Tu Dios está en medio de ti, un poderoso salvador. El grita de alegría por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta» (Sof 3, 17-18).

Este amor es el que llena el corazón de Cristo, donde al infinito amor divino se unen la ternura y la pasión de un amor humano sano y maduro.

Oración:

«Señor, tu que conoces las tristezas ocultas de mi vida, mis secretas melancolías y mis angustias escondidas, entra en mí con el gozo de tu amor, devuélveme la tremenda alegría de tu salvación, para que pueda manifestar cómo somos amados por ti».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día