El seguimiento de Jesús no tiene demora

1.- El contexto de este evangelio se sitúa en el momento en que Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén. Lucas nos muestra a un Jesús que comienza a proclamar más abiertamente las exigencias de su misión, que hace extensivas a sus discípulos. En el camino manda unos mensajeros a una aldea de Samaría para que le preparen alojamiento. Los samaritanos le rechazan porque se dirige a Jerusalén. Los discípulos quieren reaccionar violentamente y le piden que baje fuego a la tierra. Jesús es rechazado por los samaritanos e incomprendido por sus discípulos.

2.- Tres personajes aparecen en el camino. Uno le muestra su deseo de seguirle, a otro le invita Jesús -sígueme-, el tercero quiere también seguirle, pero impone condiciones. Son tres modos impropios de seguimiento, porque les falta la radicalidad, es decir, la libertad de espíritu para seguirle. Al primero, no sabemos si joven o viejo, rico o pobre, le dice que es necesario salir de la propia madriguera, saltar fuera del nido, es preciso percibir todas las implicaciones del auténtico seguimiento. La madriguera es el lugar en el que uno se agazapa y encuentra su seguridad, porque se halla a gusto y se siente protegido. El nido es el calor que alienta y protege. En lenguaje sicoanalítico es querer permanecer en el seno materno y en todo lo que representa, es decir estar al abrigo, al calor del hogar. Es la situación que viven hoy muchas personas, incapaces de asumir un compromiso definitivo por el Reino, porque tienen miedo o se sienten inseguros. Así vemos que muchos tienen miedo a dar un sí definitivo en el matrimonio o en la vida religiosa. Jesús nos invita a ser valientes, a optar por El sin miedo al futuro.

3.- El segundo personaje es invitado al seguimiento por Jesús. El acepta, pero solicita simplemente poder ir a enterrar a su padre. Las palabras de Jesús nos desconciertan: «Deja que los muertos entierren a sus muertos». No es que Jesús sea inhumano con esta respuesta. Lo que quiere subrayar es la primacía del Reino, que hay que dejar atrás todos los lastres para poder seguir a Jesús. La metáfora del padre representa aquí no sólo la figura del padre en sentido físico, sino a toda nuestra tradición ancestral: los hábitos familiares, las costumbres, la herencia….Jesús está diciéndole a esta persona que si no deja a su padre no se hace adulto, porque sigue atado al peso de las tradiciones familiares, que pueden impedirte la radicalidad del seguimiento. Por supuesto que hay que atender a nuestros padres en vida, porque es de bien nacidos ser agradecidos, y devolverles el amor y el cuidado que han tenido por nosotros. Pero, una vez cumplida nuestra misión «en vida», ni nuestro entramado social ni nuestras relaciones personales deben impedirnos el anuncio del Reino de Dios.

4.- El tercer personaje es de nuevo «otro» cualquiera, uno cualquiera de nosotros. Es un hombre quizá de temperamento impulsivo, pero pide «despedirse primero de la familia». Esta postura parece también razonable y tiene un precedente en el primer Libro de los Reyes, que es la primera lectura de este domingo. Elías llama a Eliseo y le echa encima el manto. Es el símbolo de la sucesión profética, como ha de verse después cuando Elías sea elevado al cielo en el carro de fuego y arroje su manto para que Eliseo recoja el testigo. Elías le permite despedirse, pero hay algo que, sin embargo, nos llama la atención: sacrificó la yunta de bueyes, quemó los aperos y se fue tras Elías y se consagró a su servicio. En este quemar las naves, vemos la capacidad de renuncia y la radicalidad de la decisión de Eliseo. Pero Jesús no acepta las pretensiones de nuestro personaje: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios». Le está diciendo que es todavía esclavo de su pasado, de su historia, de sus amigos, de sus conocimientos, de todo lo que constituye su mundo cultural y afectivo. Si estás siempre lamentándote de lo que has dejado o pensando en lo que queda o no queda de tu historia, no puedes seguir a Jesús. No se puede coger el volante del coche y continuar mirando hacia la casa que dejas atrás. Lo probable es que te estrelles…. El verdadero seguimiento de Cristo no admite ninguna demora, ningún apego al propio yo, a las personas, a las cosas, porque busca una total obediencia a Dios y a su Palabra. No podemos estar sometidos a ningún yugo de esclavitud, como dice San Pablo a los Gálatas. Nuestra vocación es la libertad y sólo debemos ser esclavos unos de otros por amor. Es más fácil el seguimiento radical de joven que en la edad adulta, cuando ya se está atrapado por ciertos hábitos, por un determinado círculo de relaciones y amistades. En el fondo es porque acogemos el Evangelio como una cosa superpuesta y no como algo que nos transforma y nos libera.

5.- Necesitamos la libertad evangélica de los hijos de Dios. Hemos de vencer las tres tentaciones que nos impiden el seguimiento radical de Jesús y ser libres frente a la madriguera del seno materno, frente a las tradiciones ancestrales del padre y frente al sometimiento a la propia historia. Es una triple libertad que indica nuestra madurez humana y cristiana. Nos queda, si somos sinceros, un largo camino por recorrer para llegar a identificarnos de verdad con el mensaje de Jesús….Pero seguirle sigue mereciendo la pena.

José María Martín OSA