Yo quisiera que…

1.- Yo quisiera que:

La Palabra de Dios (y no la mía por supuesto) moviera de tal manera el interior de los oyentes que les hiciera saltar de un antes tortuoso, a un después lleno de felicidad

La Eucaristía (aquella que se necesita y a la que no se asiste con el piloto automático o por simple obligación) fuera la presencia real y misteriosa de un Jesús que alimenta los deseos de vivir según El.

Las catequesis se convirtieran en encuentros personales y comunitarios con la vida del Resucitado. Trampolines de un descubrimiento impresionante de Aquel que dio el todo por los hombres

Nunca la sangre caliente se impusiera al sentido común. “Se atrae más con miel que con hiel”. Se predica al estilo de Jesús cuando se propone… uno se aleja de su modo de entender las cosas cuando se impone.

Los sacerdotes fuésemos juglares y heraldos de un evangelio que ni se compra ni se vende sino que, a favor y en contra, se presenta tan y cual es. Que pregonásemos con convencimiento, y sin rubor alguno, un mensaje que desata reacciones de pasión y de odio, interés e indiferencia, vida y sufrimiento. Que huyésemos de aquellas seguridades que, a veces, nos convierten en simples funcionarios o dispensadores de servicios.

La religiosidad popular (esa que expresamos exteriormente empujada por una fuerza interna) no se quedase reducida a los parámetros de la cultura o de las características de un pueblo.

El mundo (mi parroquia y mi pueblo, mi familia y mis amigos, mis compañeros y mis amistades, etc.,) acogieran a Jesús con la misma alegría y el mismo encanto que aquellos primeros apóstoles que dejaron todo por seguirle.

2. Yo quisiera que:

Los medios de comunicación social se hicieran eco del mensaje del Evangelio como la mayor novedad para sus audiencias

Yo quisiera, como decía Santa Teresita del Niño Jesús, que este mundo fuera un pedazo de cielo. A veces, también yo pienso en recurrir a esas “llamaradas” que pedían los entusiastas y cabreados amigos de Jesús ante la dureza y cerrazón de los samaritanos… y de nuestro propio mundo.

¿Cómo puede vivir este mundo tan de espaldas a lo que le podría hacer feliz?

¿Cómo pueden vivir en permanentemente ceguera los que intentan dirigir?

¿Cómo con tanto esfuerzo y trabajo no vemos aparentemente fruto?

Esta es nuestra misión; descubrir y hacer descubrir que JESUS sigue siendo vital para un nuevo orden y una nueva situación de la humanidad. ¿Qué lo tenemos difícil? ¡Cuando ha sido fácil presentar sin fisuras e íntegramente su proyecto!

3.- Este es nuestro empeño; hacer llegar a nuestras asambleas que, aquello que oyen y comen, rezan y practican, tiene una causa y un efecto, un poder y una realidad, un fin y un futuro: CRISTO

El Señor, aunque nos parezca todo lo contrario, nos sigue llamando. ¿Cómo le respondemos?

Que este verano, recién estrenado lejos de empujarnos a ser pirómanos de situaciones complicadas nos haga recuperar el sentido del evangelio como el mejor tonificante y refresco para tantas personas y almas quemadas.

4.- QUÉ SOMOS? ¿RELIGIOSOS O DISCÍPULOS?

Todo discípulo es un creyente, pero no todo creyente es un discípulo.
El religioso suele esperar panes y peces; el discípulo es un pescador.
El religioso lucha por crecer; el discípulo por reproducirse.
El religioso se gana; el discípulo se hace.
El religioso gusta del halago; el discípulo del sacrificio vivo.
El religioso entrega parte de sus ganancias;
el discípulo entrega parte de su vida.
El religioso puede caer en la rutina; el discípulo es creativo.
El religioso busca que le animen; el discípulo procura animar.
El religioso espera que le asignen tarea;
el discípulo es solícito en asumir responsabilidades.
El religioso murmura y reclama; el discípulo obedece y se niega a si mismo.
El religioso suele ser condicionado por las circunstancias;
el discípulo aprovecha las circunstancias para ejercer su fe.
El religioso reclama que le visiten; el discípulo visita.
El religioso busca en la Palabra promesas para su vida;
el discípulo busca vida para cumplir las promesas de la Palabra.
El religioso es yo; el discípulo es ellos.
El religioso se sienta para adorar; el discípulo camina adorando.
El religioso pertenece a una institución;
el discípulo es una institución él mismo.
El religioso vale para sumar; el discípulo para multiplicar.

Los religiosos esperan milagros; los discípulos obran milagros.
El religioso es un ahorro; el discípulos una inversión.
Los religiosos destacan llenando el templo;
los discípulos se hacen para conquistar el mundo.
Los religiosos suelen ser fuertes como soldados acuartelados;
los discípulos son soldados invasores.
El religioso cuida de las estacas de su tienda;
el discípulo ensancha el sitio de su cabaña.
El religioso hace hábito; el discípulo rompe los moldes.
El religioso sueña con la iglesia ideal;
el discípulo se entrega para lograr la iglesia real.
La meta del religioso es ganar el cielo;
la meta del discípulo es ganar almas para el cielo.
El religioso necesita de campañas para animarse;
el discípulo vive en campaña porque está animado.
El religioso espera un avivamiento; el discípulo es parte de él.
El creyente agoniza sin morir;
el discípulo muere y resucita para dar vida.

Al religioso se le promete una almohada; al discípulo una cruz.
El religioso es socio; el discípulo es siervo.
El religioso se enreda con la cizaña;
el discípulo supera las escaramuzas del diablo y no se deja confundir.
El religioso es espiga; el discípulo es grano lleno en la espiga.
El religioso es «ojala»; el discípulo es «Heme aquí.»
El religioso, quizá predica el Evangelio; el discípulo hace discípulos.
El religioso espera recompensa para dar;
el discípulo es recompensado cuando da.
El religioso es pastoreado como oveja; el discípulo apacienta los corderos.

El religioso recibió la salvación por la cruz de Cristo;
el discípulo toma su cruz cada día y sigue a Cristo.
El religioso espera que oren por él; el discípulo ora por los demás.
El religioso no se trata con miembros de las diferentes denominaciones;
el discípulo se hace como los demás para ganar a algunos de ellos para Dios.
El religioso busca consejos de los demás para tomar una decisión;
el discípulo ora a Dios, lee la Palabra y en fe toma una decisión.
El creyente espera que el mundo se perfeccione;
el discípulo sabe que éste no es el Reino de Dios y espera su venida.

Javier Leoz