Aventureros

1.- Tal vez, queridos jóvenes lectores, lo que voy a escribir al principio, sea mejor que lo leáis después, en acabando la segunda parte. Saltad, si os parece al siguiente párrafo y ya leeréis entonces este inicio. Supongo que sabéis que tengo siempre interés en que estéis convencidos de que las historias evangélicas no son cuentos ocurridos en el país de Jauja, o en la tierra de maría-castaña, como vulgarmente se dice. Jesús vivió en una tierra concreta, durante un tiempo histórico determinado, no lo olvidéis nunca. Nadie puede hoy negarlo: documentos y arqueología, dan fe de ello. Trato, pues, cada domingo, de recordároslo. La Fe es virtud teologal, asentada en verdades terrenas. Permitidme, pues, que sitúe geográficamente la escena y su entorno sociológico. Las tierras samaritanas de la época bíblica, coinciden, aproximadamente, con lo que hoy llamamos Cisjordania y los judíos israelíes, simplemente «territorios» (tal vez os suenen poblaciones actuales que desgraciadamente aparecen en los noticiarios, Nablus o Jenín. En Samaría están situadas). Para un judío de aquella época, resultaba ser territorio hostil. Se consideraban, los samaritanos, hijos de Abraham, pero tenían mezcladas en su doctrinas verdades de otras procedencias. Rivalizaban con Jerusalén, tenían su templo, del que hoy nada queda. En su montaña, el Garizin, conservan todavía acotado, un terreno, donde pone en un letrero que allá el Patriarca fue a ofrecer a Dios a su hijo Isaac. Celebran ellos hoy en día la Pascua, al pie de la letra, según las estrictas normas del libro del Éxodo. Quedan en el mundo algo más de 500, según leo. Tienen su sumo sacerdote y hasta realizan sus sacrificios rituales, junto a su sinagoga. En un barrio de Nablus. Fui testigo de ello en 1972. Aquel día le llevaron a sacrificar 20 pollos, que degolló con un limpio cuchillo y derramó su sangre en un hoyo que a continuación volvió a tapar. Ceremonia estrictamente bíblica. Para conservar su fe, librándose de influencias exteriores, han caído en la endogamia, de aquí que las enfermedades minen su existencia como pueblo y limiten la natalidad. Entre judíos y samaritanos existía sería rivalidad. Ni Jesús se dirigía comúnmente a Jerusalén pasando por tierras samaritanas, ni lo hace tampoco el peregrino de hoy. Sus paisajes no gozan de la fertilidad de Galilea, ni la majestuosidad del desierto. En un terreno así pasó, tenedlo en cuenta, lo que nos dice el evangelio de hoy.

2. Episodios de la lectura del evangelio de hoy.

En el horizonte del relato, el territorio y habitantes que he descrito antes. En primer plano, la inhospitalidad de sus habitantes y la violenta reacción de dos de los discípulos preferidos de Jesús: Santiago y Juan. Sí, el Juan místico, un muchacho que no pasaría entonces de los catorce años, el decidido discípulo del Maestro, que reposará su cabeza cerca del Señor, para poder recibir sus confidencias, la noche de la Santa Cena, reacciona airadamente, deseando que venga fuego del cielo, que abrase a aquellas gentes que, dicho sea de paso, no les facilitaron albergue porque eran viajeros hacia Jerusalén, pero tampoco les desearon el mal que ellos se atrevían a solicitar de Dios. No os alarméis, mis queridos jóvenes lectores, pues, si os sentís un día violentos. Malas ocurrencias, ataques de ira, los siente mucha gente, lo importante es no poner en práctica estas malas tendencias que surgen de improviso. El tiempo, la bondad de Dios, cura estos malos instintos. Si no os alejáis de Jesús, no derivareis al terrorismo, Su gracia y bondad os serenará. Como les ocurrió a Santiago y Juan. Y, aunque os enfadéis algún día, sintáis ira o rabia contra alguien, no por ello dejáis de estar invitados a ser santos, como aquellos apóstoles lo estaban y lo fueron.

3.- Voy a tratar de trasladar a nuestro tiempo, a nuestras costumbres, situaciones paralelas a las que relata el texto del presente domingo. Espero que mi imaginación acierte.

-Se acercó un joven y le dijo: me voy contigo, quiero estar en tu casa y ser siempre ayuda y compañero tuyo, colaborar contigo.

El Señor le respondió: tu has visto que algunos animales tienen nido y otros madriguera; yo en cambio ni siquiera tengo un piso alquilado, vivo donde puedo en cada sitio, o duermo al raso, cuando se presenta la ocasión, sin tener ni siquiera una tienda de campaña, ni una caravana donde refugiarme. Así estábamos aquel día en la montaña cuando fue dada la fortuna a algunos de contemplar a Moisés y a Elías y oír la voz del Padre. Los que vivían aquel día en palacios no se enteraron de nada. Ya sabes pues lo que te espera, no te niego que vivir conmigo sea una aventura fascinante, que tiene miga, en la que nadie se aburre, pero, a veces, cuesta.

-Hubo otro que le acompañaba un día. Al Maestro le gustaba tanto su entusiasmo que le dijo al oído, sin que los demás se enterasen: ¿por qué no lo dejas todo y te dedicas «full time» a lo que me oís predico, servir a los pobres, a los que se han hundido en el vicio, a los que están solos y nadie los atiende? ¿Por qué no entregas tu tiempo a visitar ancianos enfermos, a promocionar gratuitamente actividades con chicos de la calle, a estar dispuesto a ir donde sea y a hacer lo que convenga, para ayudar siempre a los demás?

Pero él le dijo: sí, lo haré cuando acabe los estudios y mis padres no me necesiten, deseo que tengan feliz ancianidad, se lo merecen.

-Te falta arrojo, le dijo sin ira, pero con acento firme, eres calculador en extremo, deja que se apañen por sí solos y tu entrégate a los demás, sin miramientos. Si tú te preocupas de lo que me inquieta y me ha encargado el Padre, yo ocuparé tu lugar y atenderé, en su momento, a aquellos que por mi amistad has dejado.

A una chica que le hizo la misma invitación, le respondió ella: ni hoy, ni mañana, ni pasado, puedo. Tengo un compromiso con una compañera, debemos ir a una fiesta de la hermana de la prima de una amiga, que celebra su fin de carrera, y nos espera. Además, me he matriculado a un curso de manualidades para párvulos, que me interesa y servirá profesionalmente.

4.- El Señor le advirtió: muchos como tú se ilusionaron un día, pero pensaron luego en los planes que habían hecho, vieron que en su agenda tenían apuntadas muchas citas y decidieron dejar el seguirme para más adelante. Desaprovecharon el momento, perdieron el tren. Te lo advierto, mi querida amiga, la gente calculadora, que huye de riesgos y no le apasiona descubrir nuevos horizontes, nuevos servicios, que le da miedo comprometerse, no pasa la selectividad para el Reino de los Cielos.

Pedrojosé Ynaraja