Lectio Divina – San Pedro y san Pablo

«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Santos Pedro y Pablo

1.- Oración introductoria.

Señor, en la fiesta de San Pedro me siento limitado como él; pecador como él; pero también muy querido de Ti como él. Haz que, como Pedro, yo también sepa superar mis pecados, mis deficiencias, mis negaciones, por la fuerza de mi sincero amor. Haz que, como Pedro, sienta de cerca tu perdón, tu fiel amistad, tu amor desbordado hacia mí. Y que, con la abundancia de tu amor, sepa yo también amarte con todo mi corazón.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».4Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».5Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

En el evangelio caemos en la cuenta que a Jesús le interesa la opinión de la gente: lo que piensa, lo que dice, lo que acepta, también lo que no le gusta de Él.  Pero todavía le interesa más la opinión de los suyos, de los que están con Él, de los que le siguen cada día.  A esta pregunta no podemos responder con teorías ni con evasivas. Debemos responder con sinceridad. En este caso es el propio Pedro el que contesta.   Aparentemente Pedro da una buena respuesta: “Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo”. Respuesta que recibe un elogio del mismo Jesús. Pero hay que seguir leyendo el evangelio y nos daremos cuenta de que esta respuesta es insuficiente ya que, cuando Jesús les dice que el Mesías debe padecer mucho y morir, San Pedro protesta enérgicamente: “De ninguna manera debe pasarte eso a ti”. Y Jesús le da una respuesta muy dura: “Apártate de aquí, Satanás”. Pedro se equivocó al pretender dar lecciones a Jesús marcándole el camino que debía seguir. El camino lo marco yo. Tú, ponte detrás de mí. En honor a Pedro, éste supo dar una buena respuesta cuando, después del anuncio de la Eucaristía, Jesús pregunta: ¿También vosotros queréis marchar? Y Pedro, en nombre de todos, contesta: Maestro, ¿adónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. (Jn. 6,68) Una respuesta válida para todos los tiempos: Sin Cristo estamos perdidos, no sabemos dónde ir. Sus palabras saben a vida eterna. Con Pedro, Cristo nos da también a nosotros las llaves para “abrir el libro de la vida” y descubrir el sentido de nuestra historia.

Palabra del Papa

“En el Evangelio de hoy Jesús plantea dos preguntas a sus discípulos. La primera: “La gente, ¿quién dice que es el Hijo del hombre?” es una pregunta que demuestra en qué medida el corazón y la mirada de Jesús están abiertos a todos. A Jesús le interesa lo que piensa la gente no para complacerla, sino para poder entrar en comunicación en ella. Sin saber lo que la gente piensa, el discípulo se aísla y empieza a juzgar a la gente según sus pensamientos y convicciones. Mantener un sano contacto con la realidad, con lo que la gente vive, con sus lágrimas y sus alegrías, es la única forma de poder ayudarle, de poder formarla y comunicar con ella. Es el único modo de hablar al corazón de las personas tocando su experiencia cotidiana: el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tráfico, la escuela, los servicios sanitarios, etc… Es el único modo de abrir su corazón a la escucha de Dios. En realidad, cuando Dios quiso hablar con nosotros se encarnó. Los discípulos de Jesús nunca deben olvidar de dónde fueron elegidos, es decir de entre la gente, y nunca deben caer en la tentación de asumir actitudes distantes, como si lo que la gente piensa y vive no les afectase y no fuese importante para ellos”. (Homilía de S.S. Francisco, 10 de noviembre de 2015).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio).

5.-Propósito: Intentaré saber la opinión de Jesús sobre mí para mejorar mi vida.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque hoy también me preguntas a mí: ¿Y tú qué piensas de mí? No caben respuestas teóricas. Yo me siento pobre, pequeño, limitado. pecador; pero soy sincero cuando afirmo que Tú Señor, eres mi pan y mi vino; mi aire y mi sol; mi suelo y mi cielo. Sin Ti yo no soy nada; sin Ti me siento totalmente perdido.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

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Comentario – Miércoles XIII de Tiempo Ordinario

Mt 8, 28-34

Los tres evangelios sinópticos aportan este relato extraño de unos «demonios» que fueron expulsados y que al salir ¡se fueron a los cerdos de una piara!

Marcos sitúa a los dos endemoniados entre los Gerasenos (Marcos 5, 1). Lucas, entre los Gergesenos (Lucas 8, 26) y Mateo entre los Gadarenos (Mateo 8, 28).

Podríamos preguntarnos: ¿cuál de los tres es verdadero si, en el evangelio, se buscara sólo un documento histórico, materialmente preciso como un reportaje? El Padre Lagrange, gran exégeta católico, subraya que «vale más un acuerdo tácito que manifiesto». Las divergencias de los evangelios, lejos de ser un escándalo ponen en mayor relieve su acuerdo profundo en lo que es esencial. Dos documentos, si uno de ellos es copia servil del otro sólo cuentan como uno. Lo significativo es que sean dos o tres los documentos que se cruzan -coincidenen lo esencial, conservando cada uno su autonomía, y aun, quizá, sus errores de detalle. Esto es humano. Sabemos cuan fácil es la deformación de los «nombres propios»

Desde el cementerio dos endemoniados salieron al encuentro de Jesús; eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino…

Mateo cita a «dos», Marcos y Lucas «uno» (?) Nueva ilustración de la ley enunciada arriba.

El panorama es siniestro. A orillas del lago hay unos senderos en cuesta abrupta y rocosa, con grutas y tumbas: guaridas de bandoleros y de anormales, que roban a los transeúntes… El demonio encuentra allí buena clientela.

Empezaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?» Ya hemos notado, en el relato de Marcos, esa lucidez extraordinaria de los demonios que, en general, ven más claro que los hombres. «Antes de tiempo». Parece hacer alusión a la Hora del Juicio final, en la que todas las fuerzas del mal serán reducidas a la impotencia… ¡los demonios lo saben! Pero Jesús -¡te lo agradecemos mucho! va a anticipar ese día para que todos tengamos confianza en esta victoria final y definitiva.

Señor, yo creo en esa Hora. La espero. Por ella me esmero. ¡Qué venga! En esa hora el «Príncipe de este mundo», el demonio, será definitivamente vencido.

El simbolismo que envuelve a los demonios: tumbas… cerdos… una violencia furiosa que impide a los hombres…

Los dos primeros símbolos son comunes a Marcos y a Lucas. El tercero es propio de Mateo: «impedían a las gentes de transitar por ese camino.» Sí, las fuerzas del mal atacan al hombre, le desvían de su ruta normal, le impiden de realizar su camino. El mal hace su juego contra el hombre… aun cuando toma la apariencia de ser su placer o su bien. ¡Es preciso desenmascarar a Satán, «aquel que impide al hombre de pasar.»!

He aquí que la piara entera se abalanzó al lago, acantilado abajo, y murió ahogada.
Este detalle nos choca. Corresponde a un esquema mental

judío que no llegaremos a percibir. El «cerdo» era un animal «impuro», cuya carne estaba prohibida comer (Levítico 11, 7-8). Jesús encuentra una piara en territorio pagano. Por medio de ese gesto espectacular, hace una catequesis popular para mostrar de manera sensible que el Mal será «tragado por el mar». La Bestia del Apocalipsis (19, 20), también es precipitada al «mar de fuego».

Los porquerizos salieron huyendo, llegaron al pueblo y lo contaron todo incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo salió adonde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que abandonase su país… A Jesús no le cuesta trabajo sacar a los demonios. En cambio choca con la incomprensión de los hombres. El relato termina con la declaración de un fracaso dramático: ¡Jesús es expulsado! El camino que conduce a Dios está abierto, los demonios lo interceptan, pero los hombres se resisten a comprometerse. Señor, sana el mal uso de nuestra libertad.

Noel Quesson
Evangelios 1

San Pedro y san Pablo

 Día en que se reconocen las virtudes cristianas de dos de los más grandes y reconocidos apóstoles que defendieron con su vida el Evangelio.

A continuación, cinco claves para entender por qué se celebran en la misma fecha:

1. Son fundadores de la Iglesia de Roma

Jesús dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Con estas palabras, Simón Pedro pasó a ser “la roca” de la Iglesia y se comprometió a apacentar el rebaño de Dios a pesar de sus debilidades humanas.

Luego de la Resurrección y Ascensión de Cristo, Pedro asumió con humildad ser cabeza de la Iglesia, dirigió a los Apóstoles y se encargó de que los discípulos mantuvieran viva la verdadera fe.

Pablo era conocido como Saulo de Tarso antes de su conversión. Luego del encuentro con Cristo continuó hacia Damasco donde fue bautizado y recobró la vista. Es reconocido como el apóstol de los gentiles y pasó el resto de su vida predicando el Evangelio sin descanso a las naciones del mundo mediterráneo.

“Sintiendo cercana la muerte, escribe a Timoteo: ‘He luchado el noble combate’. No es ciertamente la batalla de un caudillo, sino la de quien anuncia la Palabra de Dios, fiel a Cristo y a su Iglesia, por quien se ha entregado totalmente. Y por eso el Señor le ha dado la corona de la gloria y lo ha puesto, al igual que a Pedro, como columna del edificio espiritual de la Iglesia”, expresó el Papa Emérito Benedicto XVI en 2012.

2. Son columna espiritual de la Iglesia

En 2015, el Papa Francisco manifestó que San Pedro, San Pablo y la Virgen María “son nuestros compañeros de viaje en la búsqueda de Dios; son nuestra guía en el camino de la fe y de la santidad; ellos nos empujan hacia Jesús, para hacer todo aquello que Él nos pide”.

El Santo Padre explicó entonces que “la gloriosa herencia de estos dos Apóstoles es motivo de espiritual orgullo para Roma y, al mismo tiempo, es un reclamo a vivir las virtudes cristianas, en modo particular la fe y la caridad: la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, que Pedro profesó primero y Pablo anunció a la gente; y en la caridad, que esta Iglesia está llamada a servir con un horizonte universal”.

3. Ambos padecieron en Roma

San Pedro y San Pablo fueron detenidos y martirizados en la prisión Mamertina, también llamada el Tullianum, ubicada en el foro romano en la Antigua Roma.

San Pedro pasó sus últimos años en Roma liderando a la Iglesia durante la persecución, hasta su martirio en el año 64. Fue crucificado con la cabeza abajo a petición propia, por no considerarse digno de morir como su Señor. Fue enterrado en la colina del Vaticano y la Basílica de San Pedro está construida sobre su tumba.

San Pablo fue decapitado en el año 67. Está enterrado en Roma, en la Basílica de San Pablo de Extramuros.

4. Son patronos de Roma y representantes del Evangelio

En la homilía del 2012 por la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Benedicto XVI llamó a estos dos apóstoles “patronos principales de la Iglesia de Roma”.

“La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y a San Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo”, precisó.

5. Son la versión contraria de Caín y Abel

Benedicto XVI también presentó un paralelismo opuesto con la hermandad presentada en el Antiguo Testamento entre Caín y Abel.

“Mientras que la primera pareja bíblica de hermanos nos muestra el efecto del pecado, por el cual Caín mata a Abel, Pedro y Pablo, aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos”, dijo Benedicto XVI.

Oración a los santos apóstoles Pedro y Pablo

¡Oh Santos apóstoles Pedro y Pablo!
Yo los elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados;
y me alegro humildemente tanto contigo, san Pedro, príncipe de los Apóstoles,
porque eres la piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia;
como contigo, san Pablo, escogido por Dios
para vaso de elección y predicador de la verdad en todo el mundo.
Alcánceme, les suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta;
atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras,
diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos,
resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte;
para que mediante sus intercesiones y sus méritos gloriosos,
pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne,
me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno pastor de almas Jesucristo,
que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos,
para gozarle y amarle eternamente. Amén.

Revista LA VID 2022

Pedro y Pablo: sabor a unidad

1.- Un año más, la festividad de San Pedro y San Pablo, nos recuerda que Jesús establece una sólida amistad y confianza con las personas.

Pero, en este caso, “hay amores que matan”. Los dos, columnas de nuestra iglesia, vertieron su sangre, su vida, su ser, sus talentos para que la obra de Jesús (el gran amigo y tesoro por ellos encontrado) siguiese adelante. ¿Qué vio Jesús en ellos?

2. Celebrar la festividad de estos grandes personajes, de estas grandes tallas humanas y cristianas, es contemplar con orgullo y con emoción, los primeros años de la misión apostólica. A los dos les unió un mismo afán: la predicación del evangelio y…a los dos, una misma ciudad, Roma, acogió entre sus muros el doble martirio. El periplo misionero de Pedro y Pablo, con dificultades, persecuciones y gestas heroicas tuvo un final después de un duro combate: dar la vida por Cristo no es nada comparado con lo que les esperaba. Así lo sintieron, así lo vivieron y así lo testimoniaron. Su sangre fue la firma, personal y radical, de dos personas diferentes pero con un denominador común: amor a Jesús.

Uno (Pedro) fue roca, pero a la vez, frágil y apasionado, lleno de valor y del Espíritu Santo. Amigo entrañable de Jesús y con un corazón que no le cabía en el pecho. Un corazón que, lleno de amor a Cristo, se desbordó con una gran confesión: “Tú eres el hijo de Dios vivo”.

El segundo (Pablo) fue zarandeado en medio de su principal afición: persiguiendo a los cristianos. Su vida cambió totalmente camino de Damasco. Empuñó la espada para entregarse sin reservas al anuncio del Evangelio. Su carisma, fogoso, inteligente, incansable, aventurero, moderno…le hizo ser reconocido por anunciar, con tintes nuevos y universales, la salvación de Jesús: “Ay de mí si no evangelizare”

3.- Hoy, la figura de Pedro, visualizada en el Papa Benedicto XVI, sigue sugiriendo en nosotros el principio visible de la unidad y la transmisión del depósito de la fe. Todo aquello, que en tiempos de Pedro, quedó atado por indicación del mismo Jesús, lo sigue ejerciendo con la misma autoridad y el mismo empeño la figura del Papa en la Iglesia Católica.

4.- Hoy, más que nunca, contemplamos con optimismo la actitud abierta y positiva de un Papa Benedicto, dispuesto a reconducir y recuperar lo que, la historia, alteró en la Iglesia: su unidad. A nadie se nos escapa que, unidos, daremos más y mejor testimonio de Cristo ante el mundo.

Hoy, más que nunca, aún en periodo de pruebas, de dificultades, con San Pedro y San Pablo estamos llamados a ser signo del poder de Dios. Teniendo, a dos intercesores tan gigantes en el cielo, no tenemos que tener miedo a los enemigos de la fe ni a los tropiezos en nuestro afán evangelizador: ellos marcharon y cumplieron antes que nosotros. Qué bien lo expresó el Papa Juan Pablo II en el año 2002 “Quien confía en Dios, libre de todo miedo, experimenta la presencia consoladora del Espíritu también, y especialmente, en los momentos de la prueba y del dolor”.

No nos podemos quedar satisfechos ni con lo qué hemos conseguido, ni cómo somos, cristianamente hablando. Siguen existiendo millones de hombres y de mujeres que todavía no han escuchado, ni una sola vez, el nombre de Jesucristo; otros tantos que, aún siendo bautizados, no lo aman o…lo festejan de una manera relajada o lo viven a la carta; otros, aún siguiéndole, han roto sus vínculos de unión y de afecto con la Iglesia que, precisamente, les dio ese gran regalo: Jesús.

5.- Actualmente, como siempre y como en los tiempos de Pedro y de Pablo, sigue siendo un gran desafío el ser cristiano; el manifestar públicamente nuestra fe.

¡Cuántos cristianos que no viven en cárceles pero, su fe, la tienen excesivamente guardada en las celdas de la vergüenza y del “qué dirán”! ¿Puede ser una fe católica intimista y relegada en el rincón de la conciencia o de una sacristía?

¡Cuántos cristianos que siguen convencidos que, la evangelización, es cuestión de sacerdotes, obispos y de Papas!

¡Cuántos cristianos que viven su fe sin más trascendencia que las celebraciones sacramentales!

¡Cuántos cristianos que sucumben en sus creencias ante una sociedad caprichosa y hedonista!

Miremos a San Pedro y a San Pablo. Pongamos estas dos columnas en los cimientos de nuestra familia, de nuestras empresas, educación, iglesia, amistades, política, etc.

Renovemos nuestro afecto y nuestra adhesión al Papa Benedicto XVI. Si lo hacemos así, estaremos en sintonía y entraremos de lleno en el espíritu que marcó los primeros pasos de Pedro y Pablo: la unidad en la fe.

Javier Leoz

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Misión de los setenta y dos discípulos – Lucas 10, 1-12.17-20

En aquel tiempo designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares donde pensaba ir él. Y les decía: – La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: » Paz a esta casa» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios».

Explicación

¡Poneos en camino! -dice Jesús a sus amigos- Os envío como corderos en medio de lobos, para que seáis mensajeros de paz y bondad. En cualquier lugar que os encontréis sed amables, curad enfermos y anunciad que el Reino de Dios está cerca. Para el camino de la vida no llevéis mucho equipaje. Al contrario, vestíos de una enorme sencillez, porque si llenáis de cosas el corazón os faltará sitio, en el corazón, para las personas.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

DECIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO-C- (Lc 10, 1-12)

Narrador: En aquel tiempo mandó Jesús a setenta dos discípulos, delante de él, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir. Y les decía:

Jesús: La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

Discípulo 1: Maestro ¿por qué nos mandas de dos en dos?

Jesús: ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Discípulo 2: ¿Qué nos quieres decir? ¿Acaso tenemos que ir sin nada?

Jesús: Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.

Discípulo 1: Señor, van a pensar que somos unos aprovechados.

Jesús: No tengáis miedo. Si hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Discípulo 2: ¿Y si no estamos a gusto en esa casa?, ¿qué hacemos?

Jesús: Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Discípulo 1: Maestro ¿y qué es lo que tenemos que hacer?

Jesús: Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios”.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – San Pedro y san Pablo

Coniunctio eclesial

Con toda la importancia primordial que tienen Pedro y Pablo en la Iglesia, ¿por qué se agrupan sus fiestas en un solo día, en lugar de honrarlas con días individuales separados? Quizá podamos pensar en dos razones: (1) Esta fiesta se refiere más a la Iglesia que a ellos, y la Iglesia es siempre una comunidad, no un asunto individual. (2) El fenómeno Pedro-Pablo es una ventana a la naturaleza de la Iglesia que permanece abierta e inclusiva. Son dos extremos de un continuo. Pedro es todo lo que Pablo no es, y viceversa: Pedro es pescador, campesino de clase obrera, prácticamente sin estudios (sólo el bachillerato), y lleno de corazón (emoción). Pablo, por el contrario, es un intelectual, de clase noble, ciudadano romano, con estudios en la Ivy League, y lleno de razón. Si Dios los eligió a ambos, así debe ser la Iglesia: abierta a todo tipo de seres humanos. Como en la jerga alquímica, un coninuncio: una unión de opuestos.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – San Pedro y san Pablo

Hoy celebramos la fiesta de san Pedro y san Pablo.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 16, 13-19):

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Hoy, y desde los tiempos más antiguos, la Iglesia de Roma celebra la solemnidad de estos dos grandes apóstoles —maestros de la fe— como una única fiesta. Pedro fue la «roca» puesta como fundamento de la Iglesia; Pablo, la voz dada al Evangelio en su carrera entre los gentiles (los no judíos).

Recibieron de Dios un trato «peculiar». A Simón, hijo de Jonás, Jesucristo le cambió el nombre, anunciándole la entrega de una misión particular: confirmar en la doctrina a sus hermanos. Jesús rezó expresamente por él, para que su fe —como un don especial del Padre— jamás desfalleciera. Saulo de Tarso fue elegido mientras perseguía a los cristianos: se le apareció el Señor resucitado (unos 5 años después de la Ascensión), presentándosele como «Jesús, a quien tú persigues». 

—Señor, en su martirio, Pedro y Pablo se dan un abrazo fraterno y se convierten en «hermanos». Concédeme la fortaleza para continuar la construcción de la «nueva Roma» cristiana que ellos —juntos— fundaron.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – San Pedro y san Pablo

SANTOS PEDRO Y PABLO, apóstoles, solemnidad

Misa del día de la solemnidad (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio propio, conveniente la Plegaria Eucarística I. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV:

Leccionario: Vol. IV

  • Hch 12, 1-11. Ahora sé realmente que el Señor me ha librado de las manos de Herodes.
  • Sal 33. El Señor me libró de todas mis ansias.
  • 2Tim 4, 6-8. 17-18. Me está reservada la corona de la justicia.
  • Mt 16, 13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

Antífona de entrada
Estos son los que, mientras estuvieron en la tierra, con su sangre plantaron la Iglesia: bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy es la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio cuando llegaron a la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. Nuestra comunidad de fe y esperanza se funda en el mensaje de Pedro y Pablo testigos del Señor resucitado.

• Tú que perdonaste a Pedro cuando renegó de Ti. Señor, ten piedad.
• Tú que convertiste a Pablo en apóstol tuyo. Cristo, ten piedad.
• Tú que por la sucesión apostólica nos aseguras el perdón de los pecados. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que nos llenas hoy de santa y festiva alegría
en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo,
concede a tu Iglesia seguir en todo
las enseñanzas de aquellos
por quienes comenzó la difusión de la fe.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Profesemos ahora nuestra fe; la fe que es vida, libertad y alegría. La fe por la cual los apóstoles dieron su sangre.

Oración de los fieles
Celebrando la pasión gloriosa de tan grandes intercesores, oremos al Señor.

1.- Por el papa Francisco, sucesor de Pedro, para que realice su misión de guardar la unidad en la caridad de todas las Iglesias y confirme en la te a sus hermanos. Roguemos al Señor.

2.- Por la Iglesia, presente en la diversidad de naciones, razas y culturas, para que su misión evangelizadora lleve al conocimiento de Cristo a todos los pueblos. Roguemos al Señor.

3.- Por las Iglesias perseguidas o reducidas al silencio en algunos países, para que permanezcan firmes en la confesión de la fe y el testimonio cristiano. Roguemos al Señor.

4.- Por nosotros, aquí reunidos, para que perseveremos fielmente en la enseñanza y la misión recibidas de los apóstoles. Roguemos al Señor.

Señor, Dios nuestro, escucha nuestras súplicas, avaladas por la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor, que la intercesión de los apóstoles
acompañe la ofrenda que presentamos
para consagrarla a tu nombre,
y, por la celebración de este sacrificio,
nos haga vivir entregados a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LA DOBLE MISIÓN DE PEDRO Y PABLO EN LA IGLESIA

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque en los santos apóstoles Pedro y Pablo
has querido dar a tu Iglesia
un motivo de alegría:
Pedro fue el primero en confesar la fe,
Pablo, el maestro insigne que la interpretó;
aquel fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel,
este fue maestro y doctor en la vocación de los gentiles.

Así, por caminos diversos,
congregaron la única familia de Cristo
y una misma corona asoció a los dos
a quienes venera el mundo.

Por eso, con los santos y con todos los ángeles,
te alabamos, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que vienen en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión          Cf. Mt 16, 16. 18
Pedro dijo a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

Oración después de la comunión
A los que has alimentado con este sacramento,
concédenos, Señor,
vivir de tal modo en tu Iglesia
que, perseverando en la fracción del pan
y en la doctrina de los apóstoles,
seamos un solo corazón y una sola alma,
arraigados firmemente en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
Dios todopoderoso,
que los estableció sobre el fundamento apostólico los bendiga
por la intercesión de los gloriosos apóstoles Pedro y Pablo
R/. Amén.

Él, que quiso instruirlos
con la doctrina y los ejemplos de los apóstoles,
los ayude a ser ante todos los hombres
testigos de la verdad.
R/. Amén.

Que la intercesión de los santos apóstoles,
que los instruyeron en la sólida doctrina de la fe,
os permita a todos vosotros, alcanzar la herencia eterna.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
R/. Amén.