Comentario – Miércoles XIII de Tiempo Ordinario

Mt 8, 28-34

Los tres evangelios sinópticos aportan este relato extraño de unos «demonios» que fueron expulsados y que al salir ¡se fueron a los cerdos de una piara!

Marcos sitúa a los dos endemoniados entre los Gerasenos (Marcos 5, 1). Lucas, entre los Gergesenos (Lucas 8, 26) y Mateo entre los Gadarenos (Mateo 8, 28).

Podríamos preguntarnos: ¿cuál de los tres es verdadero si, en el evangelio, se buscara sólo un documento histórico, materialmente preciso como un reportaje? El Padre Lagrange, gran exégeta católico, subraya que «vale más un acuerdo tácito que manifiesto». Las divergencias de los evangelios, lejos de ser un escándalo ponen en mayor relieve su acuerdo profundo en lo que es esencial. Dos documentos, si uno de ellos es copia servil del otro sólo cuentan como uno. Lo significativo es que sean dos o tres los documentos que se cruzan -coincidenen lo esencial, conservando cada uno su autonomía, y aun, quizá, sus errores de detalle. Esto es humano. Sabemos cuan fácil es la deformación de los «nombres propios»

Desde el cementerio dos endemoniados salieron al encuentro de Jesús; eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino…

Mateo cita a «dos», Marcos y Lucas «uno» (?) Nueva ilustración de la ley enunciada arriba.

El panorama es siniestro. A orillas del lago hay unos senderos en cuesta abrupta y rocosa, con grutas y tumbas: guaridas de bandoleros y de anormales, que roban a los transeúntes… El demonio encuentra allí buena clientela.

Empezaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?» Ya hemos notado, en el relato de Marcos, esa lucidez extraordinaria de los demonios que, en general, ven más claro que los hombres. «Antes de tiempo». Parece hacer alusión a la Hora del Juicio final, en la que todas las fuerzas del mal serán reducidas a la impotencia… ¡los demonios lo saben! Pero Jesús -¡te lo agradecemos mucho! va a anticipar ese día para que todos tengamos confianza en esta victoria final y definitiva.

Señor, yo creo en esa Hora. La espero. Por ella me esmero. ¡Qué venga! En esa hora el «Príncipe de este mundo», el demonio, será definitivamente vencido.

El simbolismo que envuelve a los demonios: tumbas… cerdos… una violencia furiosa que impide a los hombres…

Los dos primeros símbolos son comunes a Marcos y a Lucas. El tercero es propio de Mateo: «impedían a las gentes de transitar por ese camino.» Sí, las fuerzas del mal atacan al hombre, le desvían de su ruta normal, le impiden de realizar su camino. El mal hace su juego contra el hombre… aun cuando toma la apariencia de ser su placer o su bien. ¡Es preciso desenmascarar a Satán, «aquel que impide al hombre de pasar.»!

He aquí que la piara entera se abalanzó al lago, acantilado abajo, y murió ahogada.
Este detalle nos choca. Corresponde a un esquema mental

judío que no llegaremos a percibir. El «cerdo» era un animal «impuro», cuya carne estaba prohibida comer (Levítico 11, 7-8). Jesús encuentra una piara en territorio pagano. Por medio de ese gesto espectacular, hace una catequesis popular para mostrar de manera sensible que el Mal será «tragado por el mar». La Bestia del Apocalipsis (19, 20), también es precipitada al «mar de fuego».

Los porquerizos salieron huyendo, llegaron al pueblo y lo contaron todo incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo salió adonde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que abandonase su país… A Jesús no le cuesta trabajo sacar a los demonios. En cambio choca con la incomprensión de los hombres. El relato termina con la declaración de un fracaso dramático: ¡Jesús es expulsado! El camino que conduce a Dios está abierto, los demonios lo interceptan, pero los hombres se resisten a comprometerse. Señor, sana el mal uso de nuestra libertad.

Noel Quesson
Evangelios 1