Lectio Divina – Jueves XIII de Tiempo Ordinario

Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa

1.- Introducción

Hoy, Señor, vengo a la oración para que me cures. Es un grave error el pensar que los milagros que tú realizaste en otro tiempo sólo se referían a aquellas personas que vivían en el siglo primero y entraron en relación contigo. Lo importante es el significado de aquellos acontecimientos que tendrían un valor perenne y permanente para todos los tiempos. Hoy soy yo el que quiero aprovecharme de aquel milagro. Hoy necesito que me cures mi parálisis espiritual.

2.- Lectura sosegada del evangelio Mateo 9, 1-8

Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Ser curado de una enfermedad siempre es gratificante, como lo fue para este paralítico.  Naturalmente que ese hombre se sentía feliz de poder caminar. Ya no exigía más a Jesús. Pero Jesús, que nos conoce por dentro, sabe que tenemos en el corazón ataduras internas, parálisis del alma, que nos impiden ser felices. Por eso no se limita a otorgar al paralítico una curación meramente externa para poder moverse por este mundo y no depender ya de otros. Quiere liberar a este hombre de la parálisis interior, la que le impide caminar en el mundo del espíritu, en el mundo de Dios. Quiere liberarle del pecado como “alienación total”. Por eso se le acerca y le dice: “Tus pecados te son perdonados”.   La curación física del paralítico sólo es la señal y garantía del poder de Jesús para liberarnos del todo.  Esta fuerza liberadora de Jesús se hace presente en el Sacramento del perdón. Jesús siempre lo vinculó a un banquete o a una fiesta. Debería ser el Sacramento de la alegría y nosotros, a veces, lo hemos convertido en el sacramento del miedo. Algo estamos haciendo mal cuando el Sacramento de la ternura lo hemos convertido en Sacramento de la tortura. Y aquello que debería ser una fiesta se ha convertido en fuente de tristeza y angustia. Urge resituar este sacramento en la perspectiva de Jesús.

Palabra del Papa

“El sacramento de la penitencia ha sido, a menudo, el centro de reflexión de los pastores de la Iglesia, por su gran importancia en el camino de la vida cristiana, ya que «toda la fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une a Él con profunda amistad». La Iglesia, continuando el anuncio de perdón y reconciliación, proclamado por Jesús, no cesa de invitar a toda la humanidad a convertirse y a creer en el Evangelio. Así lo dice el apóstol Pablo: «Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo, os pedimos que os reconciliéis con Dios». Jesús, con su vida anuncia y hace presente la misericordia del Padre. Él no ha venido para condenar, sino para perdonar y salvar, para dar esperanza incluso en la oscuridad más profunda del sufrimiento y del pecado, para dar la vida eterna; así, en el sacramento de la penitencia, en la «medicina de la confesión», la experiencia del pecado no degenera en desesperación, sino que encuentra el amor que perdona y transforma” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial del enfermo, 11 de febrero de 2012).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Ir a la próxima confesión a sentir la ternura de Dios, mi Padre (Buscaré al confesor que me haga posible esta experiencia).

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Jesús, hoy he descubierto tu proyecto sobre el Sacramento del Perdón. De ninguna manera pensabas en angustiarnos y fastidiarnos; al contrario, sólo pensabas en aliviarnos, liberarnos, sacarnos de una religión de miedo y llevarnos a la religión del amor y de la ternura de Dios, nuestro Padre. Tú, Señor, siempre celebraste este sacramento en un contexto de banquete y de fiesta. Y es que para Ti no hay mejor fiesta que la de convencernos a todos nosotros que eres el Dios del amor, de la liberación, de la cercanía, de la alegría y la fiesta.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR UCRANIA

Tú que nos enseñaste que a la diabólica insensatez de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno, ten piedad de nosotros, aleja la guerra y demás violencias malignas y permítenos llegar a soluciones aceptables y duraderas a esta crisis, basadas no en las armas, sino en un diálogo profundo.

Comentario – Jueves XIII de Tiempo Ordinario

Mt 9, 1-8

Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

Después de su viaje a territorio pagano vuelve a su país.

Le presentaron un paralítico echado en un catre. Viendo la fe que tenían, Jesús dijo al paralítico: «¡Animo, hijo! Se te perdonan tus pecados.»

Mientras Marcos (2, 4) y Lucas (5, 19) insertan aquí los detalles de la camilla bajada desde el techo después de levantar algunas tejas… Mateo, más sobrio, va directamente a lo esencial, el perdón de los pecados.

Es la primera vez que Mateo menciona este tipo de poder. Hasta aquí hemos visto a Jesús curando enfermos, dominando los elementos materiales, venciendo los demonios; y he aquí que ¡también perdona los pecados!

No debo pasar rápidamente sobre estas palabras ni sobre la actitud de Jesús que ellas expresan. ¿Qué pensaste entonces, Señor, cuando por primera vez dijiste «se te perdonan tus pecados»?

Entonces algunos escribas o letrados dijeron interiormente: «Este blasfema».

Es verdad que ese poder está reservado a Dios. Pues el pecado atañe a Dios ante todo.
Al hombre moderno, en general, le cuesta entrar en esta concepción. Vemos, más o menos, que el mal nos atañe, que somos nosotros los dañados por él. Constatamos que, a veces, son los demás los dañados, que les hace mal. Pero es importante captar que también Dios es vulnerable, en cierta manera.

Es una cuestión de amor.

Porque nos ama, Dios se deja «herir» por nuestros pecados. Señor, haz que comprendamos esto, mejor. Para que comprendamos mejor también el perdón que nos concedes.

Para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dijo entonces al paralitico: Ponte en pie, carga con tu catre y vete a tu casa.

Los escribas pensaban que la enfermedad estaba ligada a un pecado. Jesús denunció esa manera de ver (Juan 9, 1-41) «ni él, ni sus parientes no pecaron para que se encuentre en este estado». Pero Jesús usa aquí la visibilidad de la curación corporal, perfectamente controlable, para probar esa otra curación espiritual, la del alma en estado de pecado. Los sacramentos son signos visibles que manifiestan la gracia invisible. En el sacramento de la Penitencia, el encuentro con el ministro, el diálogo de la confesión y la fórmula de absolución, son los «signos» del perdón. Hoy, uno se encuentra, a menudo con gentes que quisieran reducir esta parte exterior de los sacramentos -«¡confesarse directamente a Dios!» De hecho, el hombre necesita signos sensibles. Y el hecho que Dios se haya encarnado es el gran Sacramento: hay que descubrir de nuevo el aspecto muy humano del sacramento.

Jesús pronunció fórmulas de absolución -«tus pecados son perdonados»-, hizo gestos exteriores de curación -«levántate y vete a tu casa»-.

De otro modo, ¿cómo hubiera podido saber el paralitico, que estaba realmente perdonado?

Al ver esto el gentío quedó sobrecogido y alababa a Dios, que da a los hombres tal autoridad.

El final de la frase de Mateo es ciertamente intencionada. Amplía voluntariamente la perspectiva: no se trata solamente del «poder» que Jesús acaba de ejercer… sino también del que ha confiado a «unos hombres», en plural. Mateo vivía en comunidades eclesiales donde ese poder de perdonar era ejercido, de hecho, por pobres pecadores, a quienes se les había conferido ese poder, pero al fin y al cabo, hombres ¡como los que iban a pedir el perdón!

La Iglesia es la prolongación real de la Encarnación: como Jesús es el gran Sacramento -el Signo visible de Dios… así la Iglesia es el gran Sacramento visible de Cristo. La Iglesia es la misericordia de Dios para los hombres.

Noel Quesson
Evangelios 1

Hacia una Iglesia misionera y pobre

1. – Que la Iglesia de Cristo, durante los tres primeros siglos de su historia, fue una Iglesia misionera y pobre es un dato evidente e indiscutible. Fue misionera porque, fiel al mandato del Señor y en su nombre, los apóstoles y los discípulos del Señor iban de pueblo en pueblo predicando la paz, curando a los enfermos y anunciándoles la cercanía del Reino de Dios. Y fue pobre porque, fieles al mandato del Señor, los apóstoles cuando iban a los pueblos no llevaban ni talega, ni alforja, ni sandalias de repuesto, es decir, vivían de la ayuda de los fieles a los que predicaban la buena nueva. Fue una Iglesia pobre y de los pobres, porque la mayor parte de los cristianos que componían la primitiva Iglesia eran pobres. Eran personas que creían en la posibilidad cercana de un Reino nuevo, donde desaparecerían las desigualdades sociales y donde todos podrían vivir como hermanos e hijos de un mismo Dios. Así se lo había asegurado el Señor Jesús y así lo creían ellos a pies juntillas. Las preguntas que debemos hacernos nosotros ahora son estas: ¿nuestra Iglesia actual es pobre y de los pobres?; ¿nos interesa a nosotros que nuestra Iglesia sea en el momento actual una Iglesia misionera y pobre, tal como la predicaron los discípulos del Señor durante los tres primeros siglos? En la respuesta que demos deberá ir incluido el programa de vida que estamos dispuestos a poner en práctica cada uno de nosotros, los cristianos, para conseguir este objetivo.

2. – Poneos en camino, mirad que os mando como corderos en medio de lobos. El buen misionero siempre está en camino, no es una persona aburguesada y quieta, vive todo el día pendiente de las personas a las que debe servir y predicar el evangelio, camina ligero de equipaje, siempre dispuesto a gastarse y desgastarse en el anuncio del Reino, es decir, en la búsqueda de un mundo nuevo donde reine la paz, la fraternidad y el amor universal que Jesús de Nazaret predicó con su palabra y con su vida. Debe hacerlo con la mansedumbre de un cordero, sin desanimarse nunca, aunque los lobos del entorno amenacen con devorarle. Los lobos del entorno… las estructuras de poder establecidas, los prejuicios, los miedos a perder poder y privilegios, las seguridades que nos proporcionan nuestras creencias inamovibles, nuestros comportamientos estereotipados. Sabiendo que predicar la sobriedad y la pobreza, el servicio y el amor, la fe en Dios y el compromiso con el prójimo, en la sociedad consumista y materialista en la que nosotros vivimos, es como exponer nuestra débil carne de corderos a las fauces irritadas de los lobos hambrientos. Pero esto es lo que Jesús de Nazaret recomendó hacer a los discípulos que quisieran seguirle y esto es lo que él hizo mientras estuvo en este mundo.

3 – La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma. Nos dice San Pablo que esta paz y esta misericordia de Dios sólo le vino a él después de que estuviera dispuesto a aceptar y a vivir crucificado por Cristo y con Cristo. Esta fue la norma que guió su vida, no fue la ley, circuncisión o incircuncisión, la que le trajo la paz y la misericordia de Dios, sino el haber aceptado llevar en su cuerpo, con amor, las marcas de Cristo Jesús. Supo renunciar al hombre viejo, para convertirse en una criatura nueva. Era la gracia de nuestro Señor Jesucristo la que llenaba su corazón y la que le permitía estar seguro de que su nombre estaba escrito en el cielo. No eran sus muchas buenas obras, ni sus muchos milagros los que le daban paz, era su gran confianza en el amor de Dios manifestado en Cristo el que le daba fe y confianza. Esta honda paz y esta gran misericordia de Dios que él sentía es la que deseaba para todos sus hermanos en la fe.

4. – Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos. El profeta Isaías habla a personas que habían sufrido el destierro y que lo habían perdido todo, menos la fe en la misericordia y en el amor de su Dios. También aquí el profeta quiere avivar y encender la esperanza de su pueblo, anunciándoles la venida de un nuevo Reino de paz y de abundancia y prometiéndoles, en nombre de Dios, que como a un niño a quien su madre consuela el Señor les consolará a ellos: se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado. ¿Tenemos nosotros suficiente esperanza en nuestro Dios, para que nuestro corazón se llene de alegría y para que nuestros huesos no se sequen por la desilusión y la desesperanza? Es verdad que la vida y el mundo en el que vivimos nos dan cada día algunos motivos para la desesperanza, pero si somos verdaderos discípulos de Jesús de Nazaret sabremos levantarnos cada mañana con el corazón henchido de esperanza, porque nuestra esperanza no está edificada sobre nuestros pobres méritos, sino que está construida sobre la roca firme de nuestra fe en un Dios perdonador y misericordioso. La esperanza es el alimento de los pobres y de todos los que luchan con esfuerzo para conseguir un mundo mejor; la esperanza debe ser el alimento de una Iglesia misionera y pobre. Sin esperanza la fe se arruina y la vida se apaga.

Gabriel González del Estal

Volvieron muy contentos

No les fue fácil;
para muchos era la primera vez
y no tenían experiencia;
quizá hubieran deseado otra compañía
para la aventura;
y los pueblos y aldeas tenían ya su fama,
unos de acogedores, otros de indiferencia.

Iban ligeros de equipaje,
con las entrañas enternecidas, aradas,
y la utopía del Reino desatada
porque portaban tu mensaje.

Y la experiencia y misión
estuvo llena de todo lo que tiene la vida
y trae la historia.

Acogida, cercanía,
casas abiertas,
mesa compartida,
descanso y despedidas…

También de risas socarronas,
de portazos y rupturas,
de hambre e indiferencia,
y de poca sintonía.

Pero volvieron contentos,
llenos de alegría,
con la misión cumplida
y con ganas de compartir
la experiencia tenida,
y te regalaron uno de los momentos
más gozosos de la vida.

¡Cuánto tenemos que aprender
los que nos sentimos elegidos hoy día!
Salir fuera y andar por plazas, cruces y veredas;
destilar paz… y un poco de osadía;
aligerar las pertenencias
y desbordar de alegría;

sacudirnos títulos y prebendas;
no sentirnos en casa inhóspita;
ofrecer buenas noticias y vida
y gozar siempre en compañía.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Jesús ya había enviado a los Doce a anunciar el Reino de Dios y a hacerlo presente (Lc 9,1-6), lo que sólo se puede hacer viviendo de un modo determinado. También envió a “otros setenta y dos” (1). Así indica que la misión es de todos los que van —vamos— con Él, no sólo de los Doce.

• Este envío también indica que la misión se dirige a todos los pueblos del mundo: el número de setenta y dos discípulos corresponde al de pueblos que hay en el mundo, según la antigua versión griega, en la lista de Gn 10. En el envío de los “setenta y dos” (1) está el envío de todos los discípulos a anunciar el Evangelio a todos los pueblos y ambientes, fruto de la Muerte y Resurrección de Jesús (Lc 24,47; Hch 1,6).

• Estos enviados no se predican a sí mismos. Son enviados a preparar a todos los pueblos, a todas las personas, para que puedan recibir a Dios que los visita en Jesús: “a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él” (1). “La paz” del Resucitado (Lc 24,36) es para todos los pueblos. Una paz que viene por el anuncio del Evangelio, recibido en las propias lenguas de cada pueblo (Hch 2,11).

• La misión que da Jesús se ejerce con palabras: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (9), y con hechos: “curad a los enfermos” (9). Exactamente igual que la de Jesús. Es más, la de Jesús y la de la Iglesia son una sola misión, una misma acción misionera. Por tanto, podríamos decir que no hay Iglesia de Jesucristo si no hay acción evangelizadora.

• La misión es siempre urgente: “no os detengáis” (4), y prioritaria: “no llevéis talega, ni alforja, ni sandalias” (4). Cualquier saludo tiene que ser misionero —“paz a vosotros” (Lc 24,36)-. Y el estilo de vida sencillo también será misionero, porque manifestará que los discípulos creen lo que predican: Dios está presente y activo.

• Como el desprendimiento, también la oración (2) será el reconocimiento de que Dios está presente y activo en la vida y misión de los discípulos. De hecho es la piedra de toque: sin oración, la acción es otra cosa.

• Si los enviados son rechazados (10-12), el anuncio se hará igual mente (11). Y “la paz” (6) no se perderá, porque esa paz la da Dios, no el éxito de la acción (20). Y Dios no deja de darla.

• «¡Ay de ti, Corozaín…, Betsaida…, Cafarnaún!» En los versículos 12-15, Jesús contrapone la actitud de tres ciudades de Galilea, que vieron infinidad de milagros y oyeron repetidamente el mensaje liberador proclamado por Él mismo, con la que hubieran tenido tres ciudades paganas: Sodoma, Tiro y Sidón. Son dos situaciones antagónicas. Se anuncia y explica así el escándalo que supuso la respuesta de los paganos y pecadores, muy superior a la del pueblo elegido. No siempre las personas religiosas y observantes, y las que más han recibido, son el mejor terreno para la acogida y florecimiento del Reino. ¡Es el misterio de la libertad humana!

• Lo que traen y dan los discípulos lo han recibido del Resucitado. Y es Él quien actúa en su acción: “en tu nombre” (17). Por eso están “contentos” (17) y pueden “estar alegres” (20), porque es al Resucitado a quien se someten los espíritus (17).

• Jesús valora la reunión para revisar la acción (17-10). Así los discípulos saben que Él no los deja. Y pueden redescubrir el sentido de fondo de la misión: “vuestros nombres están inscritos en el cielo” (20).

* Sobre “Satanás que cae del cielo como un rayo” (18) y la “potestad para pisotear serpientes y escorpiones” (19), hay que tener presentes algunas cosas. En el Evangelio según Lucas, todo el tiempo de la actividad pública de Jesús está marcado por la derrota del diablo (18-19); Jesús es más poderoso que las fuerzas del mal, y su presencia devuelve la salud a las personas (Lc 13,16; Hch 10,38). En cambio, a partir de la Pasión, Satanás, con su influencia negativa (Lc 22,3.31), domina momentáneamente la situación (Lc 22,53), hasta la Resurrección de Jesús. La “potestad” (19) que los discípulos enviados por Jesús tienen sobre los demonios —“serpientes y escorpiones” (19) son su representación— es un signo de la victoria de Jesús sobre Satanás y demuestra el fin del dominio de las fuerzas del mal sobre el mundo. Por eso Jesús “ve” (18) la caída de Satanás, es decir, su expulsión fulminante (Ap 20,1-3): ¡el Reino de Dios está aquí!

• Cuando Jesús dice a los enviados que “sus nombres están inscritos en el cielo” (20), les está diciendo que Dios los salva, como quiere salvar a todos. Éste es el verdadero motivo de alegría para los discípulos de Jesucristo. Y la motivación de cualquier acción que pretenda dar a conocer esta Buena Noticia a todo el mundo.

Comentario al evangelio – Santos Protomártires de la Iglesia Romana

Prueba de discipulado

Humanamente hablando, es mucho más fácil decir «lárgate» que decir «te perdono» a nuestros enemigos. Si perdonar fuera tan fácil, ¡qué diferente habría sido nuestro mundo, y qué libre de guerras y armas! Pero también es evidente que para Jesús el perdón era tan fácil que a menudo las palabras de perdón eran las que brotaban de él incluso en los momentos más duros, como en la cruz. Afortunadamente, es este don de la «facilidad de perdonar» el que Jesús ha ofrecido a cada seguidor como gracia y mandato. La misión que se nos ha confiado es la de «predicar el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones» (cf. Lc 24,47). Honramos a los primeros mártires de la Iglesia de Roma: lo que destaca de los mártires cristianos, empezando por San Esteban, es la facilidad con que perdonan a los infractores. Quizá sea ésta la verdadera prueba de nuestro discipulado cristiano: la facilidad con la que podemos perdonar a quienes nos ofenden.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Jueves XIII de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 9, 1-8):

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto lepresentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:«¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas se dijeron: «Esteblasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestroscorazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate yecha a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra paraperdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tucasa”». Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa aDios, que da a los hombres tal potestad.

El pueblo de Israel, relacionaba, la desgracia y la enfermedad con el pecado. Dios, para ellos, pagaba aquí y ahora según la conducta personal o familiar. Esto era sumamente grave y peligroso. Si te sientes pecador como acusan los escribas, terminarás despreciando tu propia vida, renegando de ella, porque serás siempre malo y castigado por Dios. Jesús, dice:« ¡Animo hijo!, tus pecados están perdonados». No hay pecado que sea imperdonable porque no hay situación de la que el hombre no pueda salir. Nadie puede caer demasiado bajo para Dios. Por muy perdido que uno esté, por mucho que te desprecies a vos mismo, y no quieras saber nada más en la vida con los demás, Dios puede con todo eso. Jesús ya lo derroto en la cruz. Y como para Dios el valor de un hombre no está en función de su pasado, sino de su futuro, de lo que puede alcanzar a ser, su pasado queda perdonado. Dios valora el futuro y perdona el pasado. Dios no juzga lo que hemos sido, sino lo que vamos a ser, mientras tengamos vida hay esperanza de crecimiento, de conversión y por tanto de perdón. Algunos de los escribas, los que sabían de la palabra de Dios, se dijeron: «Éste blasfema». “Insulta a Dios”. Se pone en evidencia que el Dios de Jesús no era el dios de los dirigentes de su pueblo. Hoy Jesús les diría ¿Qué parte no entendieron?

También nosotros corremos el peligro de hacernos un Dios a nuestra medida; con toda honradez debemos detenernos a pensar y discernir quién es nuestro Dios, cómo es: ¿El que predicó Jesús, Dios Padre de misericordia? o ¿una caricatura de él hecha a nuestro gusto y manera? si esto último te ocurre hay tiempo para cambiar, dejar a Jesús que entre en tu corazón, lo transforme y Él sea quien te diga, no temas, tus pecados están perdonados, de ahora en adelante no peques más y sé feliz, muy feliz, estoy contigo… ¿Cuántas veces te ha curado Cristo a vos, diciéndote «ponte en pie y camina»? Todos sufrimos diversas clases de parálisis. Por eso nos gozamos que nos alcance una y otra vez la salvación de Jesús, a través de la mediación de la Iglesia. Esta fuerza curativa de Jesús nos llega de manera especial en el sacramento de la Reconciliación, que Jesús encomendó a su Iglesia: «a los que perdonen los pecados les serán perdonados». Jesús nos quiere con salud plena. Ha venido de parte de Dios precisamente a eso: a reconciliarnos, a anunciarnos el perdón y la vida divina. Esta sí que es buena noticia. Como para dar gracias a Dios por su amor, y por habernos concedido en su Hijo, estos signos de su misericordia. ¿Cuánto hace que no sentís estas palabras de Jesús? Tus pecados te son perdonados. La gente quedó admirada y alababa a Dios. ¿Alguna vez te maravillaste por lo que hizo el amor de Dios perdonándote, reconciliándote, o viendo lo que puede ese amor en la vida de algún amigo tuyo? ¿Vos también hoy estás llamado aadmirarte y alabar el nombre de Dios, que es amor? Que Dios te bendiga mucho y haga feliz en el perdón de tus pecados.

Padre Gabriel Camusso

Liturgia – Santos Protomártires de la Iglesia Romana

SANTOS PROTOMÁRTIRES DE LA SANTA IGLESIA ROMANA, memoria libre

Misa de la memoria (rojo)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para vv. mártires). Prefacio de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • Am 7, 10-17. Ve, profetiza a mi pueblo.
  • Sal 18. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
  • Mt 9, 1-8. La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada
Las almas de los santos, que siguieron las huellas de Cristo, viven gozosas en el cielo. Derramaron la sangre por su amor, por eso se alegran con Cristo para siempre.

Monición de entrada y acto penitencial
Conmemoramos hoy en una misma celebración a todos aquellos que, acusados de haber incendiado la ciudad de Roma, fueron martirizados por orden del emperador Ncrón el año 64. Eran todos discípulos de los apóstoles y, después de ser torturados, despedazados y quemados, fueron los primeros mártires que la Iglesia de Roma presentó al Señor.
            Yo confieso…

Gloria

Oración colecta
OH, Dios,
que santificaste los fecundos comienzos de la Iglesia Romana
con la sangre de los mártires,
concédenos que nos fortalezca su valentía
en la lucha de tan gran combate
y nos alegremos siempre en la victoria santa.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, ahora, unidos al Señor. Él nos ofrece su amor y viene entre nosotros para salvarnos.

1.- Para que el Espíritu del Señor viva en su Iglesia. Roguemos al Señor.

2.- Para que los que sufren puedan recibir la Buena Noticia de su liberación. Roguemos al Señor.

3.- Para que cuantos sienten su corazón desgarrado encuentren quien los acompañe y consuele. Roguemos al Señor.

4.- Para que llegue a todos la gracia que el Señor nos ha prometido. Roguemos al Señor.

5.- Para que en nuestra patria brote la justicia. Roguemos al Señor.

6.- Para que entre todos los pueblos pueda renacer la alegría y la paz. Roguemos al Señor.

7.- Para que nuestra fidelidad a la voluntad del Padre nos convierta en sus activos colaboradores en la construcción del mundo que Él desea. Roguemos al Señor.

Padre, que colmas de bienes a los hambrientos у despides vacíos a los ricos. Ven entre nosotros y haznos cada vez más fieles a tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Padre santo,
las ofrendas que te presentamos en la fiesta de tus santos mártires,
y concédenos a nosotros, siervos tuyos,
permanecer siempre firmes en la confesión de tu nombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       Lc 22, 28-30
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino, dice el Señor, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino.

Oración después de la comunión
OH, Dios,
que iluminaste de modo admirable
el misterio de la cruz en tus santos mártires,
concédenos, por tu bondad, que,
fortalecidos por este sacrificio,
permanezcamos siempre fieles a Cristo
y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.