Notas para fijarnos en el Evangelio

• Jesús ya había enviado a los Doce a anunciar el Reino de Dios y a hacerlo presente (Lc 9,1-6), lo que sólo se puede hacer viviendo de un modo determinado. También envió a “otros setenta y dos” (1). Así indica que la misión es de todos los que van —vamos— con Él, no sólo de los Doce.

• Este envío también indica que la misión se dirige a todos los pueblos del mundo: el número de setenta y dos discípulos corresponde al de pueblos que hay en el mundo, según la antigua versión griega, en la lista de Gn 10. En el envío de los “setenta y dos” (1) está el envío de todos los discípulos a anunciar el Evangelio a todos los pueblos y ambientes, fruto de la Muerte y Resurrección de Jesús (Lc 24,47; Hch 1,6).

• Estos enviados no se predican a sí mismos. Son enviados a preparar a todos los pueblos, a todas las personas, para que puedan recibir a Dios que los visita en Jesús: “a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él” (1). “La paz” del Resucitado (Lc 24,36) es para todos los pueblos. Una paz que viene por el anuncio del Evangelio, recibido en las propias lenguas de cada pueblo (Hch 2,11).

• La misión que da Jesús se ejerce con palabras: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (9), y con hechos: “curad a los enfermos” (9). Exactamente igual que la de Jesús. Es más, la de Jesús y la de la Iglesia son una sola misión, una misma acción misionera. Por tanto, podríamos decir que no hay Iglesia de Jesucristo si no hay acción evangelizadora.

• La misión es siempre urgente: “no os detengáis” (4), y prioritaria: “no llevéis talega, ni alforja, ni sandalias” (4). Cualquier saludo tiene que ser misionero —“paz a vosotros” (Lc 24,36)-. Y el estilo de vida sencillo también será misionero, porque manifestará que los discípulos creen lo que predican: Dios está presente y activo.

• Como el desprendimiento, también la oración (2) será el reconocimiento de que Dios está presente y activo en la vida y misión de los discípulos. De hecho es la piedra de toque: sin oración, la acción es otra cosa.

• Si los enviados son rechazados (10-12), el anuncio se hará igual mente (11). Y “la paz” (6) no se perderá, porque esa paz la da Dios, no el éxito de la acción (20). Y Dios no deja de darla.

• «¡Ay de ti, Corozaín…, Betsaida…, Cafarnaún!» En los versículos 12-15, Jesús contrapone la actitud de tres ciudades de Galilea, que vieron infinidad de milagros y oyeron repetidamente el mensaje liberador proclamado por Él mismo, con la que hubieran tenido tres ciudades paganas: Sodoma, Tiro y Sidón. Son dos situaciones antagónicas. Se anuncia y explica así el escándalo que supuso la respuesta de los paganos y pecadores, muy superior a la del pueblo elegido. No siempre las personas religiosas y observantes, y las que más han recibido, son el mejor terreno para la acogida y florecimiento del Reino. ¡Es el misterio de la libertad humana!

• Lo que traen y dan los discípulos lo han recibido del Resucitado. Y es Él quien actúa en su acción: “en tu nombre” (17). Por eso están “contentos” (17) y pueden “estar alegres” (20), porque es al Resucitado a quien se someten los espíritus (17).

• Jesús valora la reunión para revisar la acción (17-10). Así los discípulos saben que Él no los deja. Y pueden redescubrir el sentido de fondo de la misión: “vuestros nombres están inscritos en el cielo” (20).

* Sobre “Satanás que cae del cielo como un rayo” (18) y la “potestad para pisotear serpientes y escorpiones” (19), hay que tener presentes algunas cosas. En el Evangelio según Lucas, todo el tiempo de la actividad pública de Jesús está marcado por la derrota del diablo (18-19); Jesús es más poderoso que las fuerzas del mal, y su presencia devuelve la salud a las personas (Lc 13,16; Hch 10,38). En cambio, a partir de la Pasión, Satanás, con su influencia negativa (Lc 22,3.31), domina momentáneamente la situación (Lc 22,53), hasta la Resurrección de Jesús. La “potestad” (19) que los discípulos enviados por Jesús tienen sobre los demonios —“serpientes y escorpiones” (19) son su representación— es un signo de la victoria de Jesús sobre Satanás y demuestra el fin del dominio de las fuerzas del mal sobre el mundo. Por eso Jesús “ve” (18) la caída de Satanás, es decir, su expulsión fulminante (Ap 20,1-3): ¡el Reino de Dios está aquí!

• Cuando Jesús dice a los enviados que “sus nombres están inscritos en el cielo” (20), les está diciendo que Dios los salva, como quiere salvar a todos. Éste es el verdadero motivo de alegría para los discípulos de Jesucristo. Y la motivación de cualquier acción que pretenda dar a conocer esta Buena Noticia a todo el mundo.