Lectio Divina – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

“Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario”

1.-Oración introductoria.

Hoy me llama la atención que Jesús, cuando todo el mundo le está buscando, está orando al Padre en los lugares solitarios. A Jesús todo el mundo le busca. Y ¿Por qué a nosotros nos buscan tan poco? La gente busca a Jesús porque “está lleno de Dios”. Jesús lleva algo especial. Se le nota en los ojos brillantes, en su palabra cercana, en su semblante fascinante. Tal vez debemos aprender algo importante: Lo primero de todo, antes de hacer cualquier cosa, la primera cita del día, la debemos tener con Dios.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero Él, conminaba  y no les permitía hablar porque sabían que Él era el Cristo. Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado. E iba predicando por las sinagogas de Judea.

3.- Qué dice el texto.

Meditación reflexión

Este texto de Lucas, que es común a Marcos (1,21-39) y a Mateo (8, 14-17) ha debido tener un interés especial en la comunidad primitiva ya que se trata de una “jornada-modelo”, es decir, de lo que solía hacer Jesús en un día ordinario. Y se destaca la oración: “Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario”.  Lo primero que hacía Jesús, en una jornada cualquiera, era rezar. Con el estreno del primer rayo de luz, con el estreno de la brisa mañanera, estrenaba su diálogo amoroso con el Padre en un lugar solitario. Jesús, antes de comenzar la misión, incluso  cuando “todos le buscan” necesita estrenar la ternura y el cariño de su Padre. No necesita ir al templo de Jerusalén, ni siquiera orientar su mirada al Templo, sino que “en el silencio”, “en la soledad”, siente una abrasadora cercanía de su Padre. Esto le hará mantenerse durante toda la jornada con paz, con gozo interior, con deseos  inmensos de servir a los hombres “sus hermanos”.  “A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos los llevaban”. Jesús trabajaba “de sol a sol”. Pero la caricia del sol de la mañana le mantenía fresco hasta el trabajo fatigoso del sol de la tarde. Entre los enfermos sanados estaba la suegra de Pedro. “Se inclinó a ella” como gesto cariñoso para hablar con ella, interesarse por su salud, y después hacer el milagro. La suegra de Pedro, una vez curada, se puso a servirles. La salud es para hacer el bien a los demás, para servirles mejor.

Palabra del Papa. .

“Señor, no me cansaré de repetirlo y te doy gracias por sostenerme en esta ilusión: te pido un corazón semejante al tuyo, que sepa estimar las cosas con tu percepción, que sepa apreciar las situaciones con tu espíritu, mirar a las personas con tu perspectiva. Dame un corazón que antes se canse de vivir para sí mismo, que de entregarse a los demás. Hazme un corazón sencillo, que no entienda de egoísmos, de «mi tiempo», de los «yo quisiera que», «me gustaría más», «preferiría mejor»… hazme un corazón cuya única ilusión sea amar, sea dar, entregarse, dar testimonio verdadero del Amor. Dame un corazón valiente, que sepa superar los miedos o sobrellevarlos, puesta la confianza en Ti. Un corazón que viva bajo la tensión del darse antes que la del buscarse. Dame un corazón que en entregarse totalmente encuentre su único descanso. Dame un corazón humilde, que sepa aprender de los demás, maravillarse, alegrarse, entristecerse, acompañar y elevar a todos hacia tu Amor”. (Homilía de S.S. Francisco, 24 de marzo de 2016).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito: Hoy, antes de hacer nada, iré a orar.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor-Dios mío, me quedo cada día más impresionado de la persona de Jesús, tu Hijo amado. Su jornada es “de sol a sol” y no se cansa.  Su secreto es la oración a ti,  Padre Dios. Le acompañas durante todo el día. ¿Cuándo aprenderé yo a relativizar las cosas y dar más importancia a Dios que a todo lo que hago? Sólo desde Dios puedo ir a evangelizar. Lo mío huele a viejo, a cansado, a repetido. En la predicación de Jesús siempre había un impacto de frescura y  novedad.

ORACIÓN POR LA PAZ.

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

Anuncio publicitario

Comentario – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

Lc 4, 38-44

Contemplemos las diversas actividades de Jesús, a través del relato de Lucas.

1.° Reza en público. Al salir de la sinagoga…

Cada pueblo judío tenía una «casa de oración», la Sinagoga… algo así como nuestras iglesias y capillas.
Muy de mañana iba Jesús, como otros muchos judíos piadosos; y allí, sentado en un banco, recitaba de memoria los salmos, balanceándose a derecha y a izquierda, como la Ley recomendaba, a fin que la Palabra de Dios penetrara hasta en los ritmos vitales corporales, como vemos que todavía lo hacen los orientales. Los Salmos… la Ley… Jesús quedó profundamente impregnado de ellos.

Sí, Jesús meditó, reflexionó, rumió las palabras de la Biblia. Ayúdanos, Señor, a que, como Tú, sepamos dar mucha importancia a esa impregnación regular de la Palabra de Dios. Cuando rezo los salmos en particular, ayúdame a rezar en unión contigo pensando que recitaste esas mismas plegarias venerables, cada mañana, en la sinagoga de tu pueblo.

2.° Vive con algunos allegados, algunos amigos. Jesús entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.

Cuando estabas en Nazaret, pasabas la mayor parte del día con tu familia. Al empezar tu vida pública, adoptaste otra familia, otra casa, la de Simón Pedro en Cafarnaúm. Allí tenías tus relaciones familiares, las de la vida ordinaria. Mi primer deber, también para mí, es el de prestar atención a aquellos con quienes comparto la vida cotidiana.

Trato de imaginar tu actitud, con las personas que te encontrabas todos los días… Pedro, su suegra…

3.° Hace el bien. Él se inclinó a la cabecera, increpó a la fiebre y se le pasó. Ella levantándose al momento se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron y El, aplicándole las manos a cada uno, los iba curando… De muchos de ellos expulsó demonios…
Esa es una de tus ocupaciones esenciales, Señor. Tu evangelio está lleno de enfermos curados y de demonios expulsados.

Has venido al mundo para sanar y salvar.

Por tu sola presencia, el mal retrocede. En este sentido, las enfermedades son un símbolo expresivo: son un ataque al hombre, lo disminuyen al quitarle sus capacidades de acción aparente, hacen daño… y con ello son como una imagen sensible y visible de ese otro mal más interior y menos controlable, que es el pecado. Y , para poner muy de manifiesto que éste es el mal más grave para el hombre, «expulsas a los demonios».

Señor, ayúdame a participar en ese gran combate que es el tuyo.

En lo profundo de mi vida, como en el mundo que me rodea, ¡que sepa yo hacer retroceder el mal y progresar el bien! ¡Que, contigo y como Tú lo hiciste, trabaje para el desarrollo, la felicidad y la promoción de mis hermanos! ¿Qué curación, HOY, puedo yo contribuir a hacer avanzar en mí? ¿en mis hermanos? ¿en la sociedad?

4.° De nuevo, Jesús ora en solitario. Jesús salió y se fue a un lugar apartado y desierto.

Tiene un tiempo para la plegaria pública, en la sinagoga, y un tiempo para la oración solitaria, de corazón a corazón.

5.° Evangeliza. He de anunciarles también la buena nueva del reino…

El mensaje que Jesús siente que ha de proclamar no puede retrasarse. «He de»

No me retengáis. Son tantos los hombres que no han oído aún todas las «cosas buenas» que debo decirles de parte de Dios. Es la sed misionera. Hacer que oigan el evangelio de la salvación los que están todavía fuera de su alcance. ¿Tengo yo ese ardor? ¿Soy cristiano solamente «para mi» ?

Noel Quesson
Evangelios 1

¿Qué quiere decir hoy Jesús?

Renuncias a los bienes – Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: – Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar». ¿O qué rey, si va a dar una batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con vente mil? Y si no, cuando el otro todavía está lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Explicación

Hoy el evangelio nos muestra a Jesús diciendo a los que quieren ir con él y ser sus discípulos, que por delante de todo y de todos, incluso los padres, él debe ocupar al primer lugar en nuestro corazón. También dice que hay que estar dispuestos a cargar con una cruz pesada, como es el rechazo, la incomprensión y el desprecio con que nos pueden tratar. Y, por fin, Jesús pide sensatez. Los necios que no miden sus fuerzas para saber si pueden o no con alguna empresa, fracasarán.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Narrador: En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

Jesús: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Niño 1: Maestro, eso es muy difícil ¿no crees?

Jesús: Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Niño 2: ¿A qué cruz te refieres?

Jesús: Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

Niño 1: En eso tienes razón. Nadie comienza a hacer algo si no cómo lo va a hacer.

Jesús: No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»

Niño 2: Sí. Sería un irresponsable.

Jesús: ¿0 qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Niño 1: Es cierto. A nadie le gusta perder y que le tomen el pelo.

Jesús: Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

Toque de curación

Aunque vivimos en una época en la que el tacto se ve con recelo y miedo -ya sea por las historias de abusos o por la pandemia-, el tacto humano cura física, psicológica y espiritualmente. En algunas culturas existe la tradición de que los niños toquen los pies de sus padres y maestros para pedir su bendición y que éstos les bendigan poniendo sus manos sobre sus cabezas. ¡Qué espectáculo tan conmovedor! «Jesús puso las manos sobre cada uno y los curó». No fue necesario que Jesús hiciera nada más que imponer sus manos suavemente sobre ellos y susurrar una oración. Nosotros también podemos hacer lo mismo y sanar a los que nos rodean: una suave mano en el hombro o un cálido abrazo cuando alguien está dolido, una palmadita en la espalda cuando alguien hace algo bueno, la imposición de nuestras manos y una oración sobre los que están enfermos – estos gestos hacen increíbles milagros en sus vidas.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XXII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 4, 38-44):

En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Hoy vemos a Jesús realizar varios milagros curando a la suegra de Pedro, a los enfermos que le traían, a algunos endemoniados… no es de extrañar que los de ese pueblo quisiesen que se quedase siempre con ellos. Pero Jesús tenía horizontes más amplios, “también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”.

Vemos que Jesús, en este pasaje y en otros con más claridad, no desea que le tengan como un milagrero y que le acepten como tal. No quiere que se queden con sus milagros, sino con su persona, con su mensaje, que acepten a Dios como Padre, a él como amigo, a los demas como hermanos… y que el amor reine entre ellos.

Y ese mensaje lo quiere extender a cuantos más pueblos mejor. Y al morir y resucitar, pide a sus apóstoles que lo extiendan por todo el mundo, porque es la mejor noticia que cualquier hombre, de cualquier nación y tiempo puede recibir para que su corazón se inunde de vida y vida en abundancia.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.

Liturgia – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par

  • 1Cor 3, 1-9. Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificio de Dios.
  • Sal 32. Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.
  • Lc 4, 38-44.Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado.

Antífona de entrada          Cf. Eclo 36, 15-16
Señor, da la paz a los que esperan en ti, escucha las súplicas de tus siervos y llévanos por el camino de la justicia.

Monición de entrada y acto penitencial
La paz y la justicia son aspiraciones permanentes de los hombres de todos los tiempos. El cristiano, con el auxilio de Cristo, Príncipe de la paz, es llamado a ser constructor de la justicia e instrumento de paz en medio del mundo. Para ello, pidamos en esta eucaristía los dones de la justicia y la paz.

• Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Señor, ten piedad.
• Tú, que te acercabas a los enfermos y los curabas. Cristo, ten piedad.
• Tú, que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que manifestaste que serán llamados hijos tuyos los amantes de la paz,
concédenos instaurar sin descanso aquella justicia
que puede garantizar una paz firme y verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
A Dios Padre, fuente y origen de todo bien, elevemos hoy nuestras súplicas confiadas, en nombre de Jesucristo, el Príncipe de la paz.

1.- Por la Iglesia, para que sea, cada vez más, un vivo testimonio de paz y justicia, para que todos los hombres se animen con una nueva esperanza. Oremos.

2.- Por los cristianos, para que trabajemos sin desfallecer por establecer en el mundo cauces de justicia, cuyo fruto es la paz. Oremos.

3.- Por los gobiernos de las naciones, para que crezcan en solidaridad y justicia, olviden los recelos y fomenten la mutua confianza, depongan las armas y trabajen por el diálogo y la paz. Oremos.

4.- Por los que son víctimas de las injusticias, las guerras, el terrorismo y toda clase de violencia, para que, instaurada la paz, puedan recuperar una vida acorde con la dignidad de toda persona. Oremos.

5.- Por nosotros, congregados alrededor del altar, para que, por nuestra convivencia fraterna, seamos en nuestro entorno testigos de la verdadera paz y justicia que nos brinda el Evangelio y que solo Cristo nos puede dar. Oremos.

Concédenos, oh, Dios, que en todos los pueblos de la tierra se instaure el reino de justicia y de paz de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, que el sacrificio salvador de tu Hijo, Rey pacífico,
ofrecido bajo estos signos sacramentales que significan la paz y la unidad,
sirva para fortalecer la concordia entre todos tus hijos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       Mt 5, 9
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Señor,
tu espíritu de caridad para que,
alimentados con el Cuerpo y Sangre de tu Unigénito,
fomentemos con eficacia la paz entre todos que él mismo dejó.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectio Divina – Martes XXII de Tiempo Ordinario

“Quedaron asombrados de su doctrina”

1.- Oración Introductoria.

Señor, hoy en este evangelio, me sorprende que seas tan admirado. Tienes algo íntimo, profundo, inefable, misterioso para aquellas personas de tu pueblo. Y me pregunto, ¿por qué hoy, en nuestra cristiana Europa, ya no eres admirado, ni tenido en cuenta, y, en algunos casos, eres rechazado? Tú, Señor, eres el mismo. Pero nosotros, tus seguidores, somos distintos. No te seguimos con interés, con entusiasmo, con alegría, con convencimiento. Ayúdanos a cambiar.


2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios. Jesús entonces le conminó diciendo: Cállate, y sal de él. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ¡Qué palabra es ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

No cabe duda que la clave de lectura de este evangelio está en la palabra “asombro”. Aparece al principio cuando se trata “de la doctrina” y al final “después de una curación”. Se admiraban de la doctrina de Jesús porque hablaba con “autoridad”. Había en Jesús una coherencia entre lo que decía y lo que hacía. La autoridad  no le venía de lo que “sabía” sino de lo que “vivía”.  Su vida irreprochable confirmaba sus palabras. Por otra parte, no se limitaba a predicar, sino a “sanar”. Ciertamente Jesús era un “sanador”. El demonio de entonces bien lo podríamos traducir hoy día como el “deshumanizador de la persona”. Intenta favorecer todo aquello que hace que “el hombre sea menos hombre” y “la mujer menos mujer”. Podemos poner una lista: violencia, guerra, alienación, droga, sida, guerras etc. Jesús lucha contra el mal, le conmina, le hace callar, y lo quita del medio.

Y esa hermosa tarea de sanar, cuidar, proteger la vida humana con palabras de esperanza, es la que debemos realizar los cristianos de nuestro tiempo. Sólo así se puede “extender su fama por todos los lugares”, como le ocurrió a Jesús.

Palabra del Papa

“A su enseñanza, que despierta la admiración de la gente, sigue la liberación de «un hombre poseído por un espíritu inmundo» que reconoce en Jesús «al santo de Dios», es decir, al Mesías. En poco tiempo, su fama se extendió por toda la región que Él recorre anunciando el Reino de Dios y curando a los enfermos de todo tipo: palabra y acción. San Juan Crisóstomo nos hace ver cómo el Señor «alterna el discurso en beneficio de los oyentes, en un proceso que va de los prodigios a las palabras y pasando de nuevo de la enseñanza de su doctrina a los milagros». La palabra que Jesús dirige a los hombres abre inmediatamente el acceso a la voluntad del Padre y a la verdad propia. No les sucedía así, sin embargo, a los escribas, que debían esforzarse en interpretar las Sagradas Escrituras con innumerables reflexiones. Además, a la eficacia de la palabra, Jesús unía la de los signos de liberación del mal”. Benedicto XVI, 29 de enero de 2012.

4. Qué me dice hoy a mí esta palabra que acabo de meditar. (Silencio).

5.-Propósito. Hoy me dedicaré todo el día a ser  lo que soy, lo que estoy llamado a ser.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor Dios mío, al acabar hoy mi oración, quiero darte gracias por Jesús, tu Hijo Amado. Sin Él, estaríamos solos y totalmente despistados, es decir, fuera de pista. Él es “el camino” que  conduce a todas las personas a la plena realización. Ojalá la gente caiga en la cuenta de que allá donde hay un cristiano de verdad, ahí hay un hombre cabal. Una mujer cabal.

ORACIÓN POR LA PAZ.

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

Comentario – Martes XXII de Tiempo Ordinario

Lc 4, 31-37

Jesús enseñaba… Estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Estamos pues en los primeros días de la predicación pública de Jesús. Todos los evangelistas han subrayado la autoridad extraordinaria, el prestigio que emanaba de su persona y de su palabra. El ambiente judío de aquel tiempo estaba marcado por una gran influencia de las «escuelas», de los grupos de escribas o letrados, que se dedicaban a comentar la Escritura a fuerza de referencias bíblicas. Ahora bien, Jesús expone unos comentarios nuevos que no se refieren a ninguna escuela de pensamiento: del fondo de sí mismo surge un pensamiento magistral revestido de autoridad… y que, más que apoyarse en tradiciones de escuela, apela directamente a la conciencia de sus interlocutores.

Jesús, yo quisiera también dejarme fascinar por tu palabra soberana, llegar a ser un mejor oidor tuyo y tu discípulo.

En la sinagoga había un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué tienes Tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?»

Un hombre «poseído por un demonio»…

Un hombre «no libre»… Un hombre «alienado»…

¡El demonio es siempre hoy el que gravita sobre la libertad del hombre, para encadenarlo, para «poseerlo»!

¿Cuáles son mis alienaciones? ¿Qué es lo que me encadena? ¿Cuál es el mal que pesa sobre mi libertad? Costumbres o hábitos, pecados, aficiones…

«Sé muy bien quién eres: el «Santo», el «Santo de Dios.»

El imperio del mal será destruido: la santidad misma de Dios, la infinita perfección del amor, entra en liza en el campo de batalla.

La pureza de Jesús vencerá nuestras impurezas.

El amor de Jesús derribará nuestros egoísmos.

La maravillosa relación filial de Jesús al Padre nos enseñará a rezar.

La valentía de Jesús arrastrará nuestras bajezas y nuestras inercias o negligencias.

¡Jesús, el santo! ¡Intercede siempre, sálvanos, libéranos!

Jesús le intimó: «¡Cállate la boca y sal de ese hombre!» El demonio tiró al hombre por tierra en medio de los asistentes y salió de él sin hacerle ningún daño.

Tal es el primer milagro relatado por los sinópticos. Una liberación. Un hombre «encadenado» que es libertado de la malévola influencia que pesaba sobre él.

Un hombre que vuelve a ser normal que vuelve a ser un hombre. «Sin hacerle ningún daño»… La fuerza malévola es verdaderamente dominada. El demonio ha encontrado a otro más fuerte que él.

Tal es Jesús. Desde el primer día. Un Salvador.

Todos quedaron estupefactos y se decían unos a otros: «¿Qué tendrá esa palabra, que manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos?»

En cuanto Jesús habla a las multitudes o a los demonios, es la autoridad y el poder de «su palabra» lo que choca. En el pueblo de Nazaret, resulta ser un reguero de pólvora. Se está asustado. Se le mira de modo distinto. ¿Quién es, pues? Se creía conocerlo, pero se estaba equivocado respecto a Él. No obstante, durante treinta años, se le ha visto vivir. Se era su cliente, su vecino, su amigo, su primo. Así sucede a menudo: nos vemos obligados a abandonar un primer punto de vista que habíamos formado sobre alguien… para descubrir otro aspecto de su personalidad profunda. Señor, haznos disponibles.

Y su fama se extendía por toda la región.

Hoy también Jesús «está de moda». La opinión pública le es favorable. Pero, ¿sabremos ir más allá de las publicidades superficiales? para descubrirle, a Él, en el secreto de su Persona viviente.

Noel Quesson
Evangelios 1

Música – Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Entrada: Vayamos jubilosos (Cantos varios)  Alabanza a Jesucristo CLN A!7 Vienen con alegría CLN 728, El Señor es mi fuerza CLN 717
Introito en latin: Iustus es  Domine
Salmo: Señor, tu has sido nuestro refugio
Ofertorio. Padre eterno, Dios  piadoso. CLN H1
Comunión: Vivo yo (Cantos varios); Bendigamos al Señor CLN 707Tú eres Señor, el pan de vida CLN 041; En la fracción del pa n  CLN  05
Final: Reune Señor, a tu santa Iglesia.Cantos varios