Lectio Divina – Jueves XVIII de Tiempo Ordinario

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

1.- Oración introductoria.

         Señor, tu pregunta, en este evangelio, es directa, personal, intransferible. Hoy me preguntas a mí y debo dar una respuesta concreta. No basta una respuesta aprendida, meramente teórica. Necesitas saber lo que Tú supones en mi vida. Yo me identifico con la respuesta de Pedro, pero no con la que da hoy sino aquella que dio después del discurso sobre la Eucaristía. Todos te  abandonan cuando dices que debemos comer tu cuerpo y beber tu sangre. Pero Pedro, en nombre de todos, dijo: Señor ¿a quién iremos?  Es bonito sentirse uno totalmente perdido sin Jesús. ¿Qué sería de mí si Tú desaparecieras de mi vida? No lo quiero ni pensar.

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 16, 13-23

Llegado Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Él les dijo: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

A primera vista, la respuesta de Pedro parece la correcta: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Pero siguiendo el texto descubrimos que Pedro no había entendido nada del mensaje de Jesús. Él era el Mesías, el Ungido del Señor, pero las ideas  de Pedro sobre el Mesías no coinciden con las de Jesús. Pedro sueña con un Mesías triunfalista, que expulsaría a los romanos y levantaría la choza caída de David. Pedro sueña con un Mesías al estilo del rey David, con poder, con ejércitos, con fama. Y Jesús piensa en un Mesías que iba a morir en una Cruz. San Pedro se había hecho ilusiones. Lo mismo que nosotros. También la Iglesia a lo largo de su historia, se ha dejado seducir por el poder, el dinero, el prestigio. Jesús le da a Pedro una respuesta durísima: le llama Satanás. Pedro le quiere poner obstáculos en el camino que le ha marcado el Padre. No podemos pensar en un cristianismo sin Cruz. Jesús ha ido a la cruz por amor. Jesús ha soñado en un mundo maravilloso, un mundo de hermanos, donde los bienes de este mundo fueran bien repartidos: un mundo donde hubiera agua para todos, pan para todos, escuelas para todos, hospitales para todos, casas para todos. Pero la envidia y la ambición de unos se oponen al proyecto de Dios. Jesús morirá pero su proyecto deberá seguir adelante. Y esta es la tarea de los cristianos: hacer que se cumpla ese maravilloso proyecto de Jesús.

Palabra autorizada del Papa

“Es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena”. (Benedicto XVI, 21 de agosto de 2011.)

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya reflexionada. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Renunciar a algo que me cuesta mucho y ofrecerlo a Dios por aquellas personas que han perdido su fe.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, me encanta tu pregunta a los apóstoles. Hoy me la haces a mí. Y tú, ¿qué dices de mí? Ya por el hecho de preguntar significa que yo te intereso, yo soy importante para ti, ocupo un lugar en tu corazón. ¿Qué más quiero? Tú eres ese amigo maravilloso que me miras, me llamas, me atraes, me seduces. Realmente el que te ha encontrado ha encontrado un “tesoro” estupendo. Sin ti, Señor, yo no soy nada. Tú, Señor, eres mi mejor yo. ¡Gracias!

         ORACIÓN POR LA PAZ.

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

Comentario – Jueves XVIII de Tiempo Ordinario

Mt 16, 13-23

Hemos meditado ya la célebre escena de hoy en el relato de San Marcos, el «jueves de la 6ª semana ordinaria» (Marcos 8, 27-33)

El gran misterio de la Fe de Pedro ante Jesús.

Cristo se dirige a Pedro: «¿Quién decís que soy yo?»

Pedro reconoce a Cristo el título de «Mesías, Hijo de Dios».

Jesús subraya que es un pensamiento que viene de Dios y no de los hombres.

Jesús otorga a Pedro el título de «Piedra de la Iglesia»

Cristo se dirige a Pedro: «me matarán».

Pedro no quiere reconocer a Jesús como el «Siervo sufriente».

Jesús subraya que es un pensamiento que viene de los hombres y no de Dios.

Jesús dice a Pedro que es «una piedra de escándalo», un obstáculo.

Dichoso tú Simón; porque eso ni la carne ni la sangre te lo han revelado…
«La carne y la sangre.» Hermosa fórmula gráfica y fuerte para evocar la debilidad natural del hombre dejado a sus solas fuerzas.

Sí, la Fe viene de fuera. El hombre entero de carne y hueso es incapaz de acceder a lo que es dominio misterioso de Dios.

Mi Padre es quien te lo ha revelado…

«Pedro recibió una «revelación» divina.

«Mi Padre»… Dejemos resonar unos momentos esta palabra en la boca de Jesús. Esos dos términos, tan simples nos dejan entrever el abismo infinito de su persona.

Ahora te digo Yo: «Tú eres Piedra y sobre esta roca …»

«Kefa» es un término arameo que significa «Roca» Fue traducido en griego por «Petros», luego en latín por «Petras» y en castellano por «Pedro».

Ese nombre de «Roca» como nombre propio no lo usaba nadie en aquella época, ni en el mundo judío, ni en el mundo greco-romano. ¡Fue una idea de Jesús!

Para un semita el «nombre» tiene una extraordinaria importancia, es como un talismán, un símbolo, una definición de la persona.

Si vemos una «gran roca» que aflora a ras del suelo… podemos pensar: sería un buen fundamento para edificar sobre ella…

¡Jesús dijo que tenía intención de «edificar»!

Edificaré mi Iglesia.

«Qahal» es un término arameo que significa «Asamblea». Se tradujo al griego por «Ekklesia», luego se conservó tal cual en latín sin traducir: «Ecclesia» del cual procede nuestro término castellano Iglesia.

Lo que Jesús quiere «edificar» es pues una «comunidad»… «su» comunidad, hombres y mujeres que tienen algo «en común» y que «se reúnen» para festejar -lo que tienen en común- y para vivirlo. El último Concilio definió la Iglesia como «el Pueblo de Dios». Pedro recibe un papel de responsabilidad en ese Pueblo.

A partir de este momento empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tendría que padecer mucho, ser ejecutado, y resucitar… Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo… Pero Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Apártate Satanás, tú eres un obstáculo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres.»

Tenemos que aceptar «toda» la revelación, todas las ideas y pensamientos de Dios y no solamente las ideas que nos gustan. La cruz, el anonadamiento provisorio, el fracaso aparente, el papel del humilde Servidor de Dios y de los hombres, antes de entrar en su gloria.

Noel Quesson
Evangelios 1

Los siervos vigilantes

1.- “Dijo Jesús: Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Estad como los siervos que aguardan a su amo cuando vuelva, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes su señor encuentre en vela”. San Lucas Cáp. 12. “Érase que se era un buen hombre, quien además había adornado su vida con numerosas devociones. Pero al final de sus días – ¡qué lástima! – se dejó arrastrar al pecado y murió sin confesión”. Aquí el predicador fruncía el ceño y cerraba los ojos, para iniciar la tremenda descripción del infierno. No es plenamente válida esta anécdota, inventada quizás por algún fraile cuaresmero, porque la gracia o el pecado no llegan de improviso. Son el fruto de un esfuerzo perseverante, o de un continuo descuido, frente al amor de Dios. Sin embargo, aquel predicador quería invitar a su auditorio a la perseverancia. La cual Jesús explica en diversas parábolas, comparándola con la necesidad de estar alerta a cada momento.

2.- Nos habla el Maestro de unos criados que aguardan que su amo regrese de un viaje, o de una boda. Podría llegar al comienzo, o a la mitad de la noche. O también a la madrugada. “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas”, señala Jesús. La primera expresión recuerda el rito de la Pascua judía. Los comensales, alrededor de la mesa, tendrían alzadas las túnicas hasta la rodilla mediante un cinturón, como estuvieron los hebreos, a mitad de la noche, aguardando la orden de Moisés, para emprender la marcha. Ceñirse la cintura era además indispensable para cualquier trabajo material. De igual modo, se pide a aquellos criados que mantengan encendidas las lámparas. Apenas una estrecha ventana iluminaba las casas judías, entonces al caer el sol, un siervo debía encender alguna lámpara de aceite para alumbrar el recinto.

3.- El Maestro presenta, desde un gesto inusual en las costumbres de entonces, la inesperada recompensa para los servidores fieles: “Os aseguro que su señor se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”. Tal vez aquí el Señor anticipaba lo que haría al despedirse de los suyos. San Juan nos cuenta que “habiendo Jesús amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Entonces durante la cena se levanta de la mesa, se ciñe una toalla, y se pone a lavarles los pies a sus discípulos”. Frente a tan extraña conducta, Pedro se resiste de entrada: “Señor, no me lavarás a mí los pies jamás”.

3.- La parábola es una invitación para los seguidores de Cristo a mantener viva la esperanza. Una esperanza que no equivale a una espera angustiosa y fatigante. Una esperanza que tiene mucho de presencia. Y aunque más adelante el Señor expresa: “A la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”, si somos fieles a nuestro deber, amando a Dios y sirviendo con generosidad a los necesitados, ese encuentro final nunca será de juicio sino de premio.

En el proyecto de Jesús no existe ningún Juan de Malas quien, cuando menos lo pensó, fue privado del cielo. A todos se nos ofrece la recompensa de un Dios que aquí demuestra su maternal solicitud: “Os aseguro que su señor se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”.

Gustavo Vélez, mxy

Vivir lúcida y responsablemente

Señor:
somos una chispa
surgida del fuego de la creación
que tu Espíritu sopla y mantiene
desde los orígenes,
y por unos instantes
-mientras Tú estás fuera, de boda-
hemos de iluminar lo que nos rodea.

No nos pides ser lumbreras ni soles,
ni que nuestra luz sea brillante y cegadora;
solo que vivamos con lucidez en tu casa,
que es la creación entera
que canta y gime,
que está de parto y se recrea, cada día.

No hemos de desesperar
si todo nuestro esfuerzo
solo consigue iluminar y calentar
unos pocos espacios y rincones,
pues Tú te alegras ya
con nuestros intentos
de lucidez y conmoción,
que nos llevan a reconocer, testificar y amar
todo lo que existe, nos rodea y acompaña.

Pero la superficialidad, la rutina, la pasividad,
la indiferencia, la inercia, la repetición,
la falta de novedad, el aburrimiento,
el olvido, la masificación, el cansancio…
están ahí, y nada que venga de fuera
tiene el suficiente poder para librarnos de ello.

Solo el gozo de la lucidez responsable,
del caminar vigilante,
del despertar consciente,
del amor desinteresado que nos abre y expone
es capaz de librarnos del tedio
y de conducirnos por el camino de la vida.

Pues quien vive desde su propia necesidad
se encierra a la novedad y riqueza
de la inmensidad que Tú nos ofreces,
sus anhelos y proyectos
se hacen pequeños y carentes de sorpresa
y el mundo y la vida se vuelven rígidos,
dogmáticos, tediosos y aburridos…

Tú, hoy, nos propones otro estilo de vida:
tomar las riendas, aquí y ahora, en tu ausencia,
vivir lúcida y responsablemente
más allá de nuestras propias necesidades
y esperar, vigilantes,
la novedad que viene en la noche…
o cuando menos se espera.

Florentino Ulibarri

Notas sobre el texto, contexto y pretexto

Este domingo el Evangelio es continuación del de hace ocho días, en el que Jesús nos prevenía de toda ambición de riqueza (Lc 12,15). Sólo hay un pequeño salto (Lc 12,22-31) donde Jesús, ante la posibilidad de darlo todo y quedarse sin nada, propone la confianza en el Padre como los pájaros y las fieras, que no acumulan para el día de mañana y tienen lo necesario para comer y para vestir.

Comentario al evangelio – Jueves XVIII de Tiempo Ordinario

Una fe esquizofrénica

La declaración de fe de Pedro en Cristo fue una revelación del Padre, como le señala Jesús. Sin embargo, ¿comprendió lo que significaba que Jesús fuera el Mesías, el Hijo del Dios vivo? Los últimos acontecimientos nos dicen que Pedro no tenía ni idea. Si la tuviera, no habría jugado a ser «Satanás» y oponerse al plan de Dios. Una cosa es recibir una revelación y otra recibir la gracia de comprenderla y vivirla. Cuántas veces lanzamos frases como: «Jesús es mi Señor y Salvador» y «creo en Dios»; pero ¿se traducen en carne y hueso en nuestras vidas? Si Jesús es el Señor y el Salvador, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a dejar que este Señor tome las riendas de nuestra vida y la lleve por donde él quiera? ¿Padece nuestra fe de una división esquizofrénica entre lo que proclamamos en el Credo y cómo vivimos nuestras vidas?

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – San Juan María Vianney

Hoy celebramos la memoria de san Juan María Vianney.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 9, 35—10, 1):

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha». Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.

Hoy es la fiesta de San Juan Maria Vianney, un pastor según el corazón de Dios, que entregó su vida en humilde y abnegado servicio ministerial por la salvación de sus ovejas. Siguiendo los pasos de Jesús, el santo Cura de Ars concibió su tarea sacerdotal en esta clave tan bien definida en el Evangelio de hoy: tuvo compasión de los fatigados y abatidos (cf. Mt 9,36), ofreciéndoles una mano amiga que les permitiera ser redimidos. Su acción sanadora fue, sobre todo, de las dolencias y enfermedades del espíritu. Desde el humilde lugar encomendado a su diligente cuidado pastoral, su fama —como la de Jesús— se extendió por pueblos y ciudades, y a él acudían las gentes hambrientas de paz.

La labor de todo buen apóstol, en línea con el ejemplo del Maestro, viene definida por unos momentos claves: anunciar la Buena Nueva del Reino; proclamar a los cuatro vientos que Dios es Amor y que, por tanto, Él te ama y no dejará nunca de amarte. ¡Créetelo!

Y entonces la segunda parte podrá ser una realidad: «Les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia» (Mt 10,1). La palabra proclamada con fuerza por el discípulo y aceptada por el oyente creyente aleja a los espíritus enemigos que acechan nuestra paz, y nos cura de la dolencia más cruel que nos martiriza: la carencia de amor.

«Nuestro corazón es pequeño pero la oración lo engrandece y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es un anticipo del cielo» (San Juan Mª Vianney). Profundo conocedor del interior del hombre, el santo Cura de Ars llevó en su oración a multitud de gentes y las condujo a experimentar la ternura del Buen Pastor. Necesitamos tomar la mano de Cristo que se nos ofrece bajo la figura de un pastor o de una persona sensible a nuestro dolor.

Rev. D. Josep Mª CAMPRUBÍ i Rovira

Liturgia – San Juan María Vianney

MARTES. SAN JUAN MARÍA VIANNEY, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor), o de un domingo del Tiempo Ordinario. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par

  • Jer 31, 31-34. Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados.
  • Sal 50. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.
  • Mt 16, 13-23. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

O bien: cf. vol. IV.


Antífona de entrada             Cf. Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón.

Monición de entrada y acto penitencial
Celebramos hoy la memoria de san Juan María Vianney, presbítero. Nació en Lion el año 1786. Durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, en Francia, con asidua predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la eucaristía, brilló de tal modo a lo largo y a lo ancho de toda Europa; con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas. Murió el año 1859.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS de poder y misericordia,
que hiciste admirable a san Juan María Vianney, presbítero,
por su celo pastoral, concédenos,
por su ejemplo e intercesión,
ganar para Cristo nuevos hermanos en el amor
y poder alcanzar con ellos la gloria eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Imploremos. hermanos, la piedad de Dios Padre todopoderoso, y pidámosle que escuche nuestra oración.

1.- Para que conceda a la Iglesia el gozo del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

2.- Para que dé a los gobernantes el sentido de la justicia, de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.

3.- Para que otorgue a los pueblos la concordia leal y pacífica. Roguemos al Señor-

4.- Para que dé a los desterrados el gozo del retorno. Roguemos al Señor.

5.- Para que a nosotros, su pueblo, nos haga crecer en la fe, nos purifique el corazón y nos abra la puerta del reino eterno. Roguemos al Señor.

Muestra, Padre celestial, tu bondad al pueblo que te suplica, para que reciba sin tardanza lo que pide confiadamente, siguiendo tu inspiración. Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS todopoderoso,
humildemente imploramos de tu Divinidad Majestad que,
así como estos dones ofrecidos en honor de san Juan María Vianney
manifiestan la gloria de tu poder divino,
del mismo modo nos alcancen el fruto de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos, dice el Señor.

Oración después de la comunión
SEÑOR,
que los sacramentos que hemos recibido
nos preparen a los gozos eternos
que mereció san Juan María Vianney,
tu servidor fiel.
Por Jesucristo, nuestro Señor.