Jesús nos pide una espera activa

1.- Donde está vuestro tesoro está vuestro corazón. Don Víctor Otaola Urruchi vivía de una muy buena pensión de la Diputación de Vizcaya. Cuando cobraba lo primero que pagaba era la cuenta del Hotel Goñi, hotel modesto del casco viejo de Bilbao. Y el resto lo repartía entre los pobres… y para las misiones. Y el solía decir que ponía su dinero en el Banco del cielo, donde le daban muy buenos intereses. No tenía guardado nada, solo una pequeña cantidad a nombre de un sobrino para cubrir los gastos de su entierro, porque el undécimo mandamiento es no estorbar.

Don Víctor tenía su corazón puesto donde estaba su tesoro, que desde su conversión era únicamente Dios. Sin más. El con esa su vida está canonizado por Dios, el más seguro y rápido de los canonizadores.

2.- El evangelio nos recomienda vigilante espera. No la espera aburrida y mortecina de una sala de espera de un apeadero de la RENFE(*). Mano sobre mano, con el único encanto de criticar a los demás. De esa clase de cristianos los hubo en tiempo de San Pablo y los sigue habiendo. Muchos cristianos de tiempos de San Pablo esperaban la llegada inminente del Señor Jesús. Y por eso abandonaban su trabajo y vivían picoteando aquí y allá, a costa de los demás. Y contra esos Pablo grita: “El que no trabaje que no coma…”

Cuantos de nosotros entretenemos nuestra aburrida espera sin hacer más que criticar a cercanos y lejanos, a la Iglesia, a los políticos, no tienen más fuerza que la crítica. Y se olvidan que ser cristiano es pasar haciendo el bien. Si esto no hacemos nuestra claridad de ideas no nos sirve para nada, ni nuestras confesiones tampoco, porque ser cristiano no es dejar de pecar, sino hacer el bien.

3.- Jesús nos pide una espera activa, donde, dice Él, hay que ceñirse la cintura (que era recogerse el manto largo para poder caminar aprisa sin tropezar), hoy podríamos decir que hay que quitarse la chaqueta, y subirse las mangas de la camisa, en disposición de trabajo.

También nos pide que llevemos encendida la lámpara, sin duda símbolo de la Fe, pero no una Fe decorativa, sino eficiente. El poeta indio Tagore nos dice: “admira, sí, las estrellas, sin dejar de atizar el fuego de tu hogar, porque la luz de las estrellas no te va a calentar ni a ti, ni a los demás. El que afirma que tiene la luz de la Fe, que la muestre en ayudar a los hermanos.

(*) RENFE es la compañía estatal española de ferrocarriles, actualmente privatizada.

José María Maruri, SJ

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