Comentario – Lunes XIX de Tiempo Ordinario

Mt 17, 22-27

Jesús anuncia su pasión, no inmediata.

Hemos meditado ya ese acontecimiento relatado, por Marcos 8,30 y Lucas 9,44. Mateo lo anota aquí, sin ningún comentario. Ocasión, ésta, para recordarnos que Jesús tenía muy presente el pensamiento de su «muerte». Cada vez que habla de ella es también para anunciar su «resurrección» . Si el misterio pascual tiene tanta importancia en nuestras vidas, la ha tenido antes en la vida de Cristo: es, manifiestamente, la cumbre de su vida y no, un incidente o accidente fortuito. De ahí la importancia de la eucaristía, cuyo «memorial» es.

Los que cobraban el «didracma», tributo anual para el templo, se acercaron a Pedro y le preguntaron: «Vuestro Maestro no paga el impuesto»? «¡Sí, cabalmente!»

Según la Ley, cada judío debía pagar un impuesto destinado a la conservación del Templo y a la ofrenda de los sacrificios. Es significativo que los recaudadores se dirijan a Pedro: aparecía ya como el responsable del grupo.

Es muy significativo también que Pedro responda espontáneamente «sí». Jesús es un ciudadano como los demás, un Israelita piadoso, cumplidor de sus deberes.

Me agrada, Señor, verte mezclado a la vida cotidiana de tus contemporáneos: la ley de encarnación va hasta ese compartir totalmente la vida humana.

Cuando llegó a casa se adelantó Jesús a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón?…»

Ese debía de ser tu método preferido. No das enseguida la «solución», preguntas, haces reflexionar.

Qué bellos debían de ser esos diálogos sostenidos entre Tú y tus apóstoles, a lo largo de los días, cara a los acontecimientos… o al anochecer, en la calma de la casa… Ayúdame también a ser una persona de diálogo, respetuoso, con la opinión ajena, capaz de escuchar, sin imponer mis propias opiniones.

Los reyes de este mundo, ¿a quiénes cobran tributos e impuestos? ¿a sus hijos o a los extraños? Contestó Pedro: «A los extraños» Jesús le dijo: «O sea, que los hijos están exentos…

Una vez más, y a propósito de un pequeño suceso banal, nos adentramos en la psicología profunda de Jesús. Un día había dicho:«…hay aquí más que el Templo…» (Mateo 12, 6). Y, en otra ocasión; «Hay aquí más que Salomón.» (Mateo 12, 42). ¡Pretensión orgullosa e insensata por parte de ese antiguo carpintero de Nazaret! Ahora bien, Jesús afirma hoy que ¡«el Hijo del rey» no paga el impuesto a su padre! Jesús está «en su casia» en el Templo de Dios; normalmente, no tendría pues que pagar el impuesto del Templo.

Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago y echa el anzuelo; toma el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda.

Reconozco aquí un rasgo de tu personalidad, Señor, no quieres dar escándalo. De nada sirve provocar. Es mejor «hacer como todo el mundo» en lo que no hay pecado. En nuestra vida y en la historia de la Iglesia, pueden darse situaciones en las que «habría razón» para obrar de otro modo, pero en las que es más razonable evitar un escándalo eventual, porque uno no sería comprendido.

¡Admirable humildad del Hijo de Dios, que «siendo de condición divina no reivindicó celosamente su igualdad con Dios», dirá San Pablo!

Toma esta moneda de «cuatro dracmas» y págales por mí y por ti.

Pues sí, finalmente Jesús paga el impuesto, para «dos personas», para sí mismo y para Pedro.

Noel Quesson
Evangelios 1