Comentario – Viernes XIX de Tiempo Ordinario

Mt 19, 3-12

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre…

Si uno repudia a su mujer… y se casa con otra, comete adulterio.

Jesús lanza una verdadera llamada a favor de la indisolubilidad del matrimonio. El conjunto del texto va, de modo manifiesto, en este sentido: la unión matrimonial transforma unos amantes, que podrían serlo sólo de paso, en «compañeros de eternidad». «¡Lo que Dios ha unido!»

No todos pueden entender esta palabra, sino sólo los que han recibido el don.

Esa frase misteriosa de Jesús responde a una cuestión que expusieron los apóstoles: «El matrimonio, así concebido, es demasiado hermoso, demasiado difícil. Si esto es así, más vale no casarse».

De ese modo, para Jesús la más alta concepción humana del amor conyugal es un «don de Dios». La doctrina de Jesús no será entendida por todos.

¡Señor, concédenos amar indisolublemente, fielmente, infinitamente… como Tú! ¡Definitivamente!

Salva de lo efímero nuestros amores, Señor. Esto supone muchos combates, día tras día.

Hay gentes que no se casarán… porque son incapaces por naturaleza… Otros porque han sido mutilados por los hombres… Pero los hay que no se casarán «por razón del reino de Dios». El que pueda con eso, que lo haga.

Por segunda vez, y sobre otro asunto, pero muy próximo en el fondo, aludes, Señor, a una cierta intuición misteriosa que es dada por Dios: esa palabra de Jesús es «abierta», hace alusión a una cierta afinidad, a una cierta capacidad de recibirla, a un «carisma» personal. No puede erigirse en ley general en la Iglesia, ni en el mundo; pero es un camino abierto, distinto del matrimonio: el celibato, la continencia voluntaria.

Es muy notable la insistencia de Jesús en dos puntos:

1.° La libertad que requiere esta decisión, que no es impuesta ni «por la naturaleza», ni por la fuerza.

2.° La motivación profunda de esta decisión voluntaria: «El Reino de Dios». Dice Jesús: hay quienes renuncian al matrimonio y a toda vida sexual para comprometerse con todo su ser en el «Reino», y teniendo, como amor casi exclusivo, a Dios. Así Jesús realza a un muy alto nivel el amor conyugal, dándole un horizonte eterno… y abre la hipótesis de un celibato de muy alto nivel, que tiene ese mismo horizonte.

Nota breve sobre la excepción de Mateo: «salvo en caso de unión ilegal».

Mateo es el único evangelista que introduce ese paréntesis, en una frase de Jesús que no tolera ningún motivo de repudio. El término griego debería más bien traducirse por «en caso de impudicia», o «en caso de prostitución». Parece que lo que Mateo tiene aquí en cuenta es el caso de aquellos que vivían juntos sin estar casados. En ese caso no hay divorcio en sentido estricto sino más bien restablecimiento de una situación normal. La tradición ortodoxa oriental ve en ello, por el contrario, una base para permitir un nuevo casamiento al consorte que ha sido víctima de un adulterio. Esta interpretación no la admite la Iglesia católica por lo menos como regla codificada por la ley; pero acepta que en lo concreto es la misericordia la que ha de resolver a veces ciertas situaciones excepcionales. Esto no hace más que subrayar la indisolubilidad fundamental del matrimonio en su dinamismo normal: los dos serán uno… para siempre.

Noel Quesson
Evangelios 1