Lectio Divina – Asunción de María

Proclama mi alma la grandeza del Señor…

INTRODUCCIÓN

«La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo» (Constitución sobre la Iglesia. n. 68).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Apo. 11,19ª; 12,1-6a.10ab.            2ª lectura: 1Cor. 15,20-27ª.

EVANGELIO

Lucas 1, 39-56:

          En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

          María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»  María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

REFLEXIÓN

Hoy celebramos los cristianos la fiesta de la Virgen, nuestra Madre, que va al cielo, en cuerpo y alma. Veamos estos tres aspectos. La fiesta de la madre. Su llegada al cielo. En cuerpo y alma.

 1.- La fiesta de la madre. Madre y fiesta son dos palabras que siempre deben ir unidas. ¿Acaso puede haber fiesta sin estar la madre? Las bodas de Caná son en el evangelio de Juan el símbolo de la alegría y de la fiesta. ¿Y qué nos dice el evangelio? Allí estaba María, la madre de Jesús. La madre era una de la fiesta. La madre es la fiesta de  la vida. Cuando los comerciantes ponen “el día de la madre” no nos consultan a los hijos. Para los hijos la madre no ocupa un día del año sino todos los días. Todo lo que decimos de la madre de la tierra lo afirmamos con  más fuerza todavía de la madre del cielo. Jesús, que como Dios nunca había tenido esa experiencia tan maravillosa, antes de morir, nos dejó a su propia madre por madre nuestra para que en este mundo ya no hubiera ninguna persona huérfana.

2.- Y la llevó con Él al cielo. ¿Qué significa el cielo? Dice la Biblia que allí ya no habrá ningún sufrimiento. “Enjugará las lágrimas de los ojos, y no habrá llanto, ni dolor, ni muerte”. (Ap. 21,5). La madre del cielo ya no puede sufrir. Bastante ha sufrido  durante la vida. Es verdad que todos en esta vida estamos en un valle de lágrimas. Pero las madres tienen un sufrimiento añadido y que viene expresado en esa imagen de la 1ª lectura: Ahí aparece una mujer embarazada, a punto de dar a luz, que grita con dolores de parto. ¿Acaso grita por el sufrimiento físico? No. Es por lo que ve: un enorme dragón que se va a tragar al niño apenas va a nacer. El dolor de la madre es el sufrimiento por el hijo. Y yo diría que es  el dolor del “presentimiento”. María sabía que una espada le iba a traspasar el alma… y vivió toda la vida con el alma en vilo. Como las madres de ahora. Con el alma en vilo en cada fin de semana. Cuando se van los hijos por la noche y ellas se quedan en casa, se preguntan: ¿Vendrá mi hijo a casa o se quedará en la cuneta de alguna carretera? ¿Me lo traerán vivo o me lo traerán muerto? Es la espada del presentimiento.  Pienso que las madres, por aquello que han tenido en la vida un sufrimiento añadido, también tendrán con María, la Madre de Jesús, un cielo añadido, un lugar muy cerca de María compartiendo sus propias experiencias.

3.– Y la llevó en cuerpo y alma. Debido a la filosofía de Platón donde lo importante es el alma y lo que debemos hacer es liberarla del cuerpo que es como una cárcel los cristianos hemos pensado también en estos términos. Santa Teresa habla de esta vida como “una mala noche en una mala posada”. Y, naturalmente, la mala posada  es el cuerpo, que es como una cárcel del alma.  Pero la filosofía bíblica que conecta con la sensibilidad del hombre actual es que cuerpo y alma van juntos y no se pueden separar. Si el hombre es cuerpo y alma no puede haber felicidad completa con el alma sola. Sería una felicidad de  “almas cándidas”… La Asunción  de la Virgen nos dice que ella es feliz porque está en el cielo en cuerpo y alma. Y ella es modelo y primicia  para todos nosotros. Lo que le ha sucedido a ella, nos sucederá a nosotros.  Entonces, en el cielo, nos podremos ver, nos podremos comunicar, nos podremos abrazar…Y, por supuesto, en el cielo veremos a la Virgen nuestra madre, la oiremos, le abrazaremos.

PREGUNTAS

1.– El triunfo de María al cielo en cuerpo y alma ¿Me llena de alegría? ¿Creo que eso mismo pasará conmigo?

2.- ¿Me da esperanza y gozo el pensar que mi felicidad será completa, es decir, de cuerpo y alma?

3.– En ese viaje tan largo y enigmático, ¿Me da alegría el pensar que será la Virgen, mi propia madre, la que saldrá a recibirme?

A la Asunción de Nuestra Señora

¿Adónde va, cuando se va, la llama?
¿Adónde va, cuando se va, la rosa?
¿Adónde sube, se disuelve airosa,
hélice, rosa y sueño de la rama?
¿Adónde va la llama, quién la llama?
A la rosa en escorzo ¿quién la acosa?
¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,
qué amor de Padre la alza y la reclama?
¿Adónde va, cuando se va escondiendo
y el aire, el cielo queda ardiendo, oliendo
a olor, ardor, amor de rosa hurtada?
¿Y adónde va el que queda, el que aquí abajo,
ciego del resplandor se asoma al tajo
de la sombra transida, enamorada?

(Gerardo Diego)

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

María decidida y con prisa

Hay tiempo para alzar la vista con mirada lánguida al horizonte y que se tope en los edificios de doce pisos de la ciudad. Hay tiempo para deleitarse lanzando la mirada hacia el horizonte de un mar en calma. Y hay tiempo para levantarse a destiempo como le pasó a María, que se puso en marcha deprisa hacia la montaña, con la alegría que le crecía notablemente en el vientre.

Cuando la palabra no tiene capacidad de expresarse, el silencio se explica en las huellas del camino de quien ha comprendido que es hora de compartir.

Encontré en el Diario del hno. Christophe de Tibhirine (1), dentro del texto que escribió el 8 de febrero de 1995, una cita de George Bernanos (2), que me produjo primero impresión y luego serenidad:  “La oración es la única rebelión que se mantiene en pie”.

Rebelión de los libres. Rebelión de los que no pierden la esperanza. Rebelión de los rebeldes con causas. La única rebelión que se mantiene erguida ante el poder y la injusticia… y es silenciosa.

María se puso en pie como mujer libre que dio su palabra y que alimentó su vida con esa única rebelión que se mantiene en pie, según Bernanos, en un mundo que no sabe detectar este tipo de rebeldía silenciosa de rebeldes con causas.

Muchas horas de oración silenciosa tuvo que vivir María desde el momento de la aceptación de la misión hasta que se levantó aquel día decidida y con risa y corrió hacia la montaña.

En el encuentro de aquellas dos mujeres, María e Isabel, sólo cabía proclamar, que es mucho más que concretar, hacer un discurso o expresar un momento grato. Es un manifiesto que quedó proclamado en el Magníficat, oración para todos los tiempos, también el que vivimos ahora.

“MAGNIFICAT” para el SIGLO XXI (3)

Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,
mi Padre, mi Todo.
Porque ha mirado la humildad y obediencia
de su hija, su criatura.
Desde que acepté su palabra,
me felicitan todas las generaciones
– antiguas y venideras-
porque he dejado que Él, que todo lo puede,
haga obras grandes a través de mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a los que le son fieles
y, a través de ellos, a los que no le conocen,
así, día tras día,
de generación en generación,
su amor se expande de corazón en corazón.
El Señor es fuerte:
confunde y desconcierta a los engreídos,
deja caer a los que ostentan el poder,
sostiene y pone como ejemplo a los humildes,
a los que tienen hambre de pan y amor los sacia
y a los que acaparan y no comparten
los despide vacíos.
Auxilia al mundo, su hijo pródigo,
porque no olvida la promesa de misericordia
hecha a Abraham, a los Apóstoles
y a las mujeres y hombres creyentes
de todos los tiempos.

María se quedó en casa de Isabel unos tres meses y volvió a su casa. Me gusta imaginar cómo lo pasarían las dos compartiendo vida y oración, alegres y expectantes y, quizás provocando muchas interrogaciones alrededor, pues hay veces que lo que se vive por dentro no tiene que ser necesariamente entendido por fuera.

Mari Paz López Santos


(1) “El soplo del don – Diario del hno.Christophe de Tibhirine, Ed. Monte Carmelo, pág.172

(2) George Bernanos (París, 20 de febrero de 1888 – Neuilly-sur-Seine, 5 de julio de 1948) fue un novelista, ensayista y dramaturgo francés. (Fuente: Wikipedia)

(3) “¿Qué quiere Dios que yo quiera?”,  Mari Paz López Santos, pág. 55-56   

Comentario – Lunes XX de Tiempo Ordinario

Mt 19, 16-22

Se acercó a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de «bueno» para conseguir «vida eterna?»

Este hombre conoce el fin del hombre: la vida eterna. Conoce también el camino: hacer el «bien». La bondad de la vida de aquí abajo, prepara la bondad de la vida sin fin…

¿Por qué me preguntas por lo «bueno»? Uno solo es «bueno»….

Penetremos en la psicología de Jesús. Dios está siempre presente en su pensamiento. Cuando se le pregunta sobre el «bien», El, inmediatamente hace referencia a Dios: Dios sólo es «bueno»… un único Ser es «bueno»…

Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

La única bondad del hombre es también conformarse con Dios: pues lo mandamientos vienen de El. «Que yo haga, Señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo».

¿Cuáles? dijo. -Jesús le contestó: «No matarás… no cometerás adulterio… no robarás… no darás falso testimonio… honra a tu padre y a tu madre… y también amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

¡Es absolutamente sorprendente! Jesús cita el Decálogo, pero salta algunos mandamientos y añade uno.
Jesús omite los «tres primeros mandamientos» del decálogo que conciernen a nuestros deberes para con Dios. Y no cita más que los deberes para con los hombres. Y a éstos añade el mandamiento del amor al prójimo.

Sin embargo, ¡Jesús no olvida a Dios! Acabamos de verlo. Pero, justamente, por aquí nos sugiere lo que dirá San Juan explícitamente: «el que no ama a su prójimo a quien ve, no podrá amar a Dios a quien no ve.» Dios es obedecido y amado cuando queremos a nuestros hermanos. Dios se considera afectado por la falta de amor con la cual frustramos a nuestros hermanos.

Notemos también la simplicidad de esos «mandamientos»: no tienen nada de original… es la ley de la conciencia universal más corriente… Así para Jesús, el camino de la vida eterna consiste simplemente en seguir las leyes de la conciencia humana. La «conciencia», dice el Concilio, es «una voz de Dios que habla en lo secreto del corazón humano». ¡Qué reconfortante es esto, cuando uno piensa en tantos hombres rectos que no tienen la Fe, pero que son fíeles a esos mandamientos de su conciencia!

Ayúdanos, Señor, a obedecer a nuestra conciencia en todo lo «bueno».

Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?

Ese joven, manifiestamente esperaba una respuesta más original, más inédita. «¿De verdad? es todo lo que hay que hacer?»

Jesús se conforma, muy sencillamente, a la tradición de su pueblo… y del conjunto de la humanidad.

Si quieres ser «perfecto»…

Es el horizonte habitual de Jesús. Incluso en lo cotidiano, lo banal, el saber ordinario de los buenos principios corrientes… Jesús no olvídala «perfección»: «Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto». (Mateo 5, 48.)

Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que Dios será tu riqueza; luego ven y sígueme… Cuando el joven oyó aquello, se fue muy triste pues tenía muchas posesiones.

Estar abierto a Dios. Según Jesús ese joven no es «perfecto» porque su corazón no pertenece del todo a Dios… su corazón pertenece también a sus posesiones. Está bloqueado por ellas. Esos supuestos «bienes» le estorban, le ponen trabas en vez de ayudarlo. Y el resultado es la tristeza.

Noel Quesson
Evangelios 1

Él hace proezas con su brazo

Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”(Ap 12, 10).

Esta victoria del Señor Jesucristo que canta el libro del Apocalipsis es la que se verifica también en la Asunción de su Madre, María, a los cielos.

Nos está tocando vivir tiempos que poco antes de este presente aciago nos parecía imposible. Las amenazas del mal, siempre presente con sus poderosas fuerzas destructoras, se nos impone obstinadamente en forma de pandemia, de guerra, de injusticias lacerantes, de desprecio a la dignidad del ser humano…. Los horizontes de futuro no acaban de ser tranquilizadores del todo. Sigue siendo cierto que nuestras confortables inmanencias se tambalean.

Y, sin embargo, en comunión con el Señor Jesucristo y con la Virgen María, tan estrechamente unida a Él, en su triunfo sobre el mal, nos invitan al gozo, a la alegría, a la esperanza.

También San Pablo (1 Co 15, 20-27) se hace eco de esta misma victoria pascual de Cristo que ilumina la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los cielos.

Llegados a este punto no me resisto a compartir con Ustedes el fragmento de una sugerente reflexión que nuestro hermano Fr. Timothy Radclife, OP, nos ofrecía en aquella hermosa e interesante entrevista publicada bajo el título “Os llamo amigos”.Al ser preguntado sobre  qué clase de Buena Noticia podíamos ofrecer los cristianos al mundo de hoy, Fr. Timothy iba enumerando una serie de situaciones extremas en la vida de la gran familia humana: guerras, muertes inesperadas de seres queridos, actuaciones terroristas, enfermedades crueles… para remarcar en cada una de ellas, que, pese al dolor desgarrador y al dramatismo causado por esas destructoras manifestaciones del mal, el cristiano podía ofrecer al mundo de hoy la certeza de que “la victoria es segura”.

Volviendo ahora mismo la mirada al Señor Resucitado atrayendo hacia su gloria a su Madre, María, también nosotros podemos decir que, a pesar de todos los pesares que nos toca y nos toque vivir, “la victoria es segura”. Y se afianza en nosotros la certeza firme de que todo terminará como empezó: en las manos amorosas del Padre Dios, en el Reino de la Vida y el Amor; y no en un pudridero, tras una pasión inútil, como a veces somos tentados a considerar.

Esta “victoria segura” será también la fuente de la alegría de nuestra fe. El relato del encuentro de María e Isabel en el pasaje evangélico de San Lucas en el día de hoy, está envuelto en esta luminosidad de la alegría de la fe, que emana de estas dos mujeres creyentes y que siempre se traducirá también en esperanza contra toda esperanza.

Cualquiera que sea nuestro desgarrón existencial, o las penas que habiten en la profundidad de nuestro ser, incluso la amargura de las injusticias que podamos padecer, hoy recibimos de la Virgen María, elevada al cielo, este regalo de alegría y esperanza que con maternal ternura nos ofrece.

Quiera Ella, la Virgen María, ser hoy, y siempre, inspiración para cada uno de nosotros, haciendo posible que nuestra vida, también cuando el dolor nos oprima, ser luz de alegría y de inquebrantable esperanza; de forma muy particular para quienes más se sienten amenazados por las adversidades de la vida. Y pienso con particular intensidad, al escribir estas líneas, en tantos jóvenes que se sienten encerrados en callejones oscuros, peligroso y destructivos. Brille para todos la luz de la esperanza que la humilde y extraordinariamente única, mujer de Nazaret, Madre de Dios y Madre nuestra, hoy nos ofrece en su Asunción a los cielos y en su canto de las maravillas realizadas por Dios en Ella, y en favor de los más aplastados por la impiedad de la historia. AMÉN.

Fr. César Valero Bajo O.P.

Lc 1, 39-56 (Evangelio Asunción de María Virgen)

Marco: la visitación de María a Isabel y el canto del Magnificat.

Reflexiones

1ª) Bendita tú y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?… ¡Dichosa tú que has creído!. Isabel, iluminada y movida por el Espíritu Santo, proclama que María es bendita y es Bendito* el fruto de su vientre. La bendición es la quintaesencia de lo que Dios ofrece al hombre para su salvación y para que sea feliz. Una bendición no es un deseo ni una palabra de ánimo, es una realidad que Dios deposita en manos de sus instrumentos de salvación para que se convierta en una herencia preciada futura y permanente. Este es el sentido de las bendiciones que encontramos en los relatos de los patriarcas. De esta manera la bendición y el Bendito por antonomasia se convierten en una promesa y un motivo de esperanza en el desarrollo de la historia de la salvación. Esta exclamación de Isabel contiene una consoladora experiencia pascual que se retrotrae* hasta el relato de la infancia. Cristo glorioso y exaltado es el Bendito para siempre. Y esta realidad aparece ya, como un anticipo y primicia, desde la infancia y relacionada con María que participa muy estrechamente de esta bendición que culmina en su propia resurrección y asunción. Cristo es nuestra Bendición y María es la primera que participa de ella. Por eso es motivo de esperanza para la Iglesia, enviada a proclamar y hacer presente en el mundo esta bendición definitiva. Hoy también proclamamos, porque lo necesitamos, que es una bendición eficaz por sí misma y que alcanza a todos los hombres que se abren al Evangelio y lo viven en la esperanza, en el amor y en el compromiso entre los hombres.

2ª) ¡Desde ahora me felicitarán todas las generaciones!

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. Todas estas maravillas de la intervención de Dios por medio de su Hijo en la muerte y en la resurrección liberadoras, aunque dieron comienzo en la concepción virginal, son cantadas y proclamadas en el Magnificat. Que es un canto cristológico y muy relacionado con María, porque ambas misiones estuvieron siempre una al servicio de la otra: Jesús en el centro y María estrecha colaboradora desde su sí. Jesús y María llevaron el proyecto hasta el final movidos por una gran fidelidad. En el Magnificat los primeros cristiano cantan el poder, la misericordia, la santidad y la fidelidad de Dios manifestados en plenitud en la muerte y resurrección de Jesús. Lucas coloca este canto en labio de María porque estimó que era la mejor cantora para hacerlo y para ello realiza una prolepsis*. Estos cuatro atributos consolidan la fe y aseguran firmemente la esperanza del creyente en la realización de ese plan y en la aplicación actual del mismo. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. Desde la encarnación, desde su participación junto a Jesús en llevar adelante el proyecto de Dios y ahora en su exaltación y glorificación. En la asunción de María se nos invita a cantar de forma singular el Magnificat porque exalta esos atributos de Dios presentes, principalmente, en la muerte y resurrección de Jesús y en la glorificación de su madre. La Iglesia tiene motivos para cantar con los primeros cristianos y con María: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo

1Cor 15, 20-26 (2ª lectura Asunción de María Virgen)

Marco: La resurrección de Cristo, cuyos testigos fueron los apóstoles (vv.2-8), es la prueba decisiva (vv.12-28) de la resurrección universal futura. La resurrección de Cristo es el fundamento mismo de la fe. La resurrección de Cristo, primicia de entre los muertos, no es sólo anuncia la resurrección de los cristianos, sino que es su principio eficaz (vv.20-28). Este es el fragmento que hoy proclamamos.

Reflexiones

1ª) ¡Todos volverán a la vida!

Si por un hombre ha venido la muerte, por un hombre ha venido la resurrección… Por Cristo todos volverán a la vida… Primero Cristo como primicia. Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Esta gran realidad de la vuelta a la vida de todos en Cristo Jesús es una afirmación firme el Nuevo Testamento. La experiencia humana es la de la muerte como una herencia del pecado de Adán (no es el momento de entrar en la discusión sobre el pecado original). El apóstol subraya el paralelismo entre Adán y Cristo, entre la obra de Adán y la de Cristo. Sobre este paralelismo descansa la experiencia de la muerte y de la vida. La herencia recibida de Adán, el pecado y la muerte, alcanza a todos los hombres. Por tanto, la herencia victoriosa de Cristo, causa y origen de la vida que no terminará jamás, alcanzará también a todos los hombres. Este es el gran consuelo que la resurrección aporta a la humanidad. Y la primera pura criatura que participó en esta nueva herencia fue María. Participó en las dos, aunque de la primera sólo en el resultado del pecado, es decir, en la muerte. Pero también ha participado de la victoria de la vida sobre la muerte que consiguió su Hijo y que se aplica a todos los hombres. Es posible la esperanza firme porque ha sido posible la victoria de la vida sobre la muerte.

2ª) ¡También vencedor de la muerte!

El último enemigo aniquilado será la muerte. Esta página de la carta y su realidad en Cristo Jesús y en María, son la respuesta al gran enigma de la muerte que pesa sobre la humanidad. Desde la perspectiva del anuncio de la resurrección todo tiene remedio, incluso la muerte. Pablo responde al problema acuciante que pesa sobre los corintios. Los que introdujeron la duda en la resurrección en la comunidad corintia afirmaban: los muertos no resucitan ni es necesario; por tanto, tampoco Cristo resucitó ni es una realidad importante. Pablo contesta con la experiencia kerigmática: Cristo ha resucitado, por tanto resucitarán los muertos. La lógica del proyecto de Dios rebasa ampliamente la lógica de la experiencia humana. Esta es la gran afirmación: la muerte será vencida en todos porque ha sido ya vencida en Cristo Jesús. Y en su madre, como primera criatura que la participa, al volver a la vida ya para siempre y ser asunta al cielo. El último enemigo aniquilado será la muerte: Dios ha sometido todo bajo sus pies. De nuevo se abre el camino a la firme esperanza para la humanidad: cierta es la muerte y más cierta es la vida para todos. Es necesario insistir en nuestro mundo en esta gran verdad realizada ya en Jesús y en María. Un porcentaje significativo de creyentes de nuestro propio país, dicen no creer en la resurrección de los muertos. Esta solemnidad es un motivo especial para insistir en la verdad consoladora de la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. La Iglesia ofrece una respuesta real a una necesidad real.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo

Ap 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab (1ª lectura Asunción de María Virgen)

Marco: El capítulo 12 se integra en un contexto más amplio: las visiones proféticas. Y dentro de la sección de las visiones proféticas en un bloque que tiene como tema los preliminares del «gran día» de Dios. Este capítulo se compone de dos visiones distintas: el combate de la Serpiente contra la Mujer y su descendencia (1-6 y 13-17), y el combate de Miguel contra la Serpiente.

Reflexiones

1ª) ¡Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas!

Después apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. La interpretación de la figura de la Mujer es muy rica y unifica diversas significaciones. La Mujer simboliza al Pueblo de Dios, cuyo principio fue Eva y da a luz, con dolor, a los tiempos mesiánicos, como leemos en Miqueas 4,9-10 e Isaías 66,7. La última visión del Apocalipsis representará al Pueblo de Dios puesto de nuevo en posesión del árbol de la vida y del paraíso terrestre. ¿Quiso el autor simbolizar también a la Virgen, nueva Eva, con la imagen de la mujer? Es muy probable, y no pocos intérpretes entre los Padres y posteriores así lo piensan, lo creen y lo expresan. Es muy probable por la conexión que establece la teología joánica, como la de san Lucas, entre María, la Mujer dolorosa del calvario, y la Hija de Sión, representación eminente del Pueblo de Dios. La representación que hace de esta mujer, expresa la plena victoria de la Mujer (Pueblo de Dios y María) sobre el tentador y causante de la muerte. Esta Mujer disfruta ahora de la gloria y participa en el reino glorioso del Hijo. La Iglesia confiesa que María fue asunta al cielo en cuerpo y alma. La reflexión de la Palabra de Dios puede afirmar que así como el Hijo de María murió y resucitó, así también la madre ha vencido la muerte en la resurrección gloriosa como primer fruto en una pura criatura de la resurrección del Hijo. La Iglesia se alegra del triunfo de la Madre sobre la muerte y del enemigo del hombre que causa la muerte.

2ª) ¡La victoria es de nuestro Dios!

La victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías. La lectura de hoy termina con un cántico que celebra las maravillas de Dios venciendo la muerte. El autor del Apocalipsis introduce con frecuencia cánticos en su relato. Es muy probable que estos cánticos sean anteriores a él mismo y sean fruto de la liturgia de la Iglesia. En su mayoría son himnos cristológicos que tienen como destinatario final a Dios y al Cordero sacrificado y vuelto a la vida. Son una expresión de la gloria de Cristo resucitado. El fragmento que proclamamos hoy termina también así: Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías. Ha sido perseguido por la Serpiente, pero ha salido vencedor en la resurrección. Y esta realidad se traslada también a su madre, cuya victoria sobre la muerte celebramos hoy como fruto primero de la muerte y resurrección de su Hijo. Por eso la Iglesia se alegra con la victoria del Hijo y de la madre. Y se abre un camino de esperanza para la misma Iglesia y para el mundo: esa es la meta a que conduce la fe en Jesús. Los hombres de nuestro tiempo necesitan este mensaje de victoria sobre la muerte porque esta es el gran enigma que atenaza a los hombres.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo

Comentario al evangelio – Asunción de María

Sueña como María

Si la Asunción de María es una garantía del destino que nos espera si elegimos bien, el Magnificat de María es una celebración de lo que Dios puede hacer en nuestra vida terrenal. El Magnificat proclama un nuevo orden mundial en el que las personas de los márgenes estarán en el centro y habrá una nueva forma de ser. Es un sueño poderoso que desafía a los poderes fácticos. La historia confirma cómo los poderes terrenales temblaron ante este himno: En 1805, la Compañía Británica de las Indias Orientales prohibió su recitación en Calcuta. En los años 70, la junta militar argentina lo prohibió cuando las madres de los ciudadanos «desaparecidos» lo utilizaron para llamar a la resistencia no violenta. En los años 80, el Gobierno de Guatemala prohibió su recitación pública. El Magnificat es María proclamando con valentía el sueño de Dios. Nosotros debemos realizar sin miedo su sueño para el mundo para compartir su destino en el cielo.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Asunción de María Virgen

Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de María Virgen.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 39-56):

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Ella, María, hace lo que quiere, y siempre viene en tu ayuda, pero, ¡cuántos tienen su corazón cerrado a Ella!; tantos la desprecian, pocos la dejan entrar en su vida y le abren, con alegría, su corazón, aunque a Ella, como buena Madre que es, no le importa; Ella ya está en camino hacia ti, y te ve y le dice a Jesús, su Hijo amado, que les diga a los ángeles de Dios que te ayuden; y ellos, los ángeles, te ayudan. Las cosas que salen bien a tantos, es porque María los está ayudando, aunque no le hayan pedido nada; porque ¿os imagináis a una buena madre, que sabe de ti y tus cosas, y no te ayuda?; es impensable, como es impensable que la Virgen María no se ponga en camino para los que la necesitan; pues, además, ¿qué creéis que hace y hará por los hijos que la aman y la llaman?… Ella irá siempre a Dios por ti, ¡claro que sí!, ¡siempre!, porque es una buena Madre, la mejor madre, la que vela por ti y te ama, e intercede por tus cosas, por todas tus cosas y persona. Ten fe en María de Nazaret.

… ¡Ya viene!, se ha puesto en camino… viene hacia ti.

“¡¡Madre!!”

P. Jesús

Liturgia – Asunción de María Virgen

ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, solemnidad

Misa del día de la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria, Credo, Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Ap 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab. Una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies.
  • Sal 44. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
  • 1Cor 15, 20-27a. Primero Cristo, como primicia; después todo los que son de Cristo.
  • Lc 1, 39-56. El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: enaltece a los humildes.

Antífona de entrada          Cf. Ap 12, 1
Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
O bien:
Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de la Virgen María: de su Asunción se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios.

Monición de entrada
Comenzamos la celebración de la eucaristía en el día del Señor. Dios nos ha llamado a la fe y nos ha hecho hijos suyos por el bautismo. A nosotros nos toca responder al gran amor de Dios que recibimos y celebramos con el testimonio de una vida verdaderamente cristiana; testimonio que, en ocasiones, estará marcado por el desprecio y el rechazo de los demás. No perdamos nunca el ánimo y confiemos en la Palabra del Señor que nos anima a ser valerosos y a seguir su ejemplo de fidelidad al Padre hasta la entrega de su propia vida.

Acto penitencial
Imploramos la misericordia de Dios e invocamos a la Virgen María, refugio de pecadores, para que interceda por nosotros, diciendo:

• Por tu pasión y gloria. Señor, ten piedad.
• Por tu muerte y resurrección. Cristo, ten piedad
• Por tu descenso al lugar de los muertos y tu exaltación a la derecha del Padre. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que has elevado en cuerpo y alma a la gloria del cielo
a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo,
concédenos que, aspirando siempre a las realidades divinas,
lleguemos a participar con ella de su misma gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oremos al Señor, nuestro Dios. Él es nuestro auxilio.

1.- Por la Iglesia, para que permanezca fiel al Evangelio y al hombre de nuestro tiempo, soportando toda oposición. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los que luchan tenazmente por un mundo más justo, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. Roguemos al Señor.

3.- Por las familias desunidas, sin amor, para que, renunciando al egoísmo, encuentren la verdadera felicidad. Roguemos al Señor.

4.- Por nosotros, aquí reunidos, para que seamos capaces de comprender las palabras de Cristo. Roguemos al Señor.

Señor, no tardes, ven deprisa a socorrernos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SUBA a tu presencia, Señor,
la ofrenda de nuestra devoción,
y, por intercesión de la santísima Virgen María,
elevada al cielo,
haz que nuestros corazones,
encendidos en el fuego de tu amor,
tiendan constantemente hacia ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio
LA GLORIA DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque hoy ha sido elevada a los cielos
la Virgen, Madre de Dios;
ella es figura y primicia de la Iglesia,
que un día será glorificada;
ella es ejemplo de esperanza segura
y consuelo del pueblo peregrino.

Con razón no quisiste, Señor,
que conociera la corrupción del sepulcro
la que, de modo admirable,
concibió en su seno al autor de la vida,
tu Hijo encarnado.

Por eso, unidos a los coros angélicos,
te alabamos proclamando llenos de alegría

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que vienen en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión          Lc 1, 48-49
Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de recibir los sacramentos que nos salvan,
te rogamos, Señor,
por intercesión de santa María Virgen,
elevada al cielo,
llegar a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
V/. El Señor esté con vosotros. R/.
V/. Inclinaos para recibir la bendición.

Dios que en su providencia amorosa
quiso salvar al género humano
por el fruto bendito del seno de la Virgen María,
os colme de sus bendiciones.
R/.  Amén.

Que os acompañe siempre la protección de la Virgen,
por quien habéis recibido al Autor de la vida.
R/.  Amén.

Y a todos vosotros,
reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María,
el Señor os conceda la alegría del Espíritu
y los bienes de su reino.
R/.  Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo † y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R/.  Amén.