1Cor 15, 20-26 (2ª lectura Asunción de María Virgen)

Marco: La resurrección de Cristo, cuyos testigos fueron los apóstoles (vv.2-8), es la prueba decisiva (vv.12-28) de la resurrección universal futura. La resurrección de Cristo es el fundamento mismo de la fe. La resurrección de Cristo, primicia de entre los muertos, no es sólo anuncia la resurrección de los cristianos, sino que es su principio eficaz (vv.20-28). Este es el fragmento que hoy proclamamos.

Reflexiones

1ª) ¡Todos volverán a la vida!

Si por un hombre ha venido la muerte, por un hombre ha venido la resurrección… Por Cristo todos volverán a la vida… Primero Cristo como primicia. Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Esta gran realidad de la vuelta a la vida de todos en Cristo Jesús es una afirmación firme el Nuevo Testamento. La experiencia humana es la de la muerte como una herencia del pecado de Adán (no es el momento de entrar en la discusión sobre el pecado original). El apóstol subraya el paralelismo entre Adán y Cristo, entre la obra de Adán y la de Cristo. Sobre este paralelismo descansa la experiencia de la muerte y de la vida. La herencia recibida de Adán, el pecado y la muerte, alcanza a todos los hombres. Por tanto, la herencia victoriosa de Cristo, causa y origen de la vida que no terminará jamás, alcanzará también a todos los hombres. Este es el gran consuelo que la resurrección aporta a la humanidad. Y la primera pura criatura que participó en esta nueva herencia fue María. Participó en las dos, aunque de la primera sólo en el resultado del pecado, es decir, en la muerte. Pero también ha participado de la victoria de la vida sobre la muerte que consiguió su Hijo y que se aplica a todos los hombres. Es posible la esperanza firme porque ha sido posible la victoria de la vida sobre la muerte.

2ª) ¡También vencedor de la muerte!

El último enemigo aniquilado será la muerte. Esta página de la carta y su realidad en Cristo Jesús y en María, son la respuesta al gran enigma de la muerte que pesa sobre la humanidad. Desde la perspectiva del anuncio de la resurrección todo tiene remedio, incluso la muerte. Pablo responde al problema acuciante que pesa sobre los corintios. Los que introdujeron la duda en la resurrección en la comunidad corintia afirmaban: los muertos no resucitan ni es necesario; por tanto, tampoco Cristo resucitó ni es una realidad importante. Pablo contesta con la experiencia kerigmática: Cristo ha resucitado, por tanto resucitarán los muertos. La lógica del proyecto de Dios rebasa ampliamente la lógica de la experiencia humana. Esta es la gran afirmación: la muerte será vencida en todos porque ha sido ya vencida en Cristo Jesús. Y en su madre, como primera criatura que la participa, al volver a la vida ya para siempre y ser asunta al cielo. El último enemigo aniquilado será la muerte: Dios ha sometido todo bajo sus pies. De nuevo se abre el camino a la firme esperanza para la humanidad: cierta es la muerte y más cierta es la vida para todos. Es necesario insistir en nuestro mundo en esta gran verdad realizada ya en Jesús y en María. Un porcentaje significativo de creyentes de nuestro propio país, dicen no creer en la resurrección de los muertos. Esta solemnidad es un motivo especial para insistir en la verdad consoladora de la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. La Iglesia ofrece una respuesta real a una necesidad real.

Fray Gerardo Sánchez Mielgo

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