Comentario – Lunes XX de Tiempo Ordinario

Mt 19, 16-22

Se acercó a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de «bueno» para conseguir «vida eterna?»

Este hombre conoce el fin del hombre: la vida eterna. Conoce también el camino: hacer el «bien». La bondad de la vida de aquí abajo, prepara la bondad de la vida sin fin…

¿Por qué me preguntas por lo «bueno»? Uno solo es «bueno»….

Penetremos en la psicología de Jesús. Dios está siempre presente en su pensamiento. Cuando se le pregunta sobre el «bien», El, inmediatamente hace referencia a Dios: Dios sólo es «bueno»… un único Ser es «bueno»…

Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

La única bondad del hombre es también conformarse con Dios: pues lo mandamientos vienen de El. «Que yo haga, Señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo».

¿Cuáles? dijo. -Jesús le contestó: «No matarás… no cometerás adulterio… no robarás… no darás falso testimonio… honra a tu padre y a tu madre… y también amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

¡Es absolutamente sorprendente! Jesús cita el Decálogo, pero salta algunos mandamientos y añade uno.
Jesús omite los «tres primeros mandamientos» del decálogo que conciernen a nuestros deberes para con Dios. Y no cita más que los deberes para con los hombres. Y a éstos añade el mandamiento del amor al prójimo.

Sin embargo, ¡Jesús no olvida a Dios! Acabamos de verlo. Pero, justamente, por aquí nos sugiere lo que dirá San Juan explícitamente: «el que no ama a su prójimo a quien ve, no podrá amar a Dios a quien no ve.» Dios es obedecido y amado cuando queremos a nuestros hermanos. Dios se considera afectado por la falta de amor con la cual frustramos a nuestros hermanos.

Notemos también la simplicidad de esos «mandamientos»: no tienen nada de original… es la ley de la conciencia universal más corriente… Así para Jesús, el camino de la vida eterna consiste simplemente en seguir las leyes de la conciencia humana. La «conciencia», dice el Concilio, es «una voz de Dios que habla en lo secreto del corazón humano». ¡Qué reconfortante es esto, cuando uno piensa en tantos hombres rectos que no tienen la Fe, pero que son fíeles a esos mandamientos de su conciencia!

Ayúdanos, Señor, a obedecer a nuestra conciencia en todo lo «bueno».

Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?

Ese joven, manifiestamente esperaba una respuesta más original, más inédita. «¿De verdad? es todo lo que hay que hacer?»

Jesús se conforma, muy sencillamente, a la tradición de su pueblo… y del conjunto de la humanidad.

Si quieres ser «perfecto»…

Es el horizonte habitual de Jesús. Incluso en lo cotidiano, lo banal, el saber ordinario de los buenos principios corrientes… Jesús no olvídala «perfección»: «Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto». (Mateo 5, 48.)

Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que Dios será tu riqueza; luego ven y sígueme… Cuando el joven oyó aquello, se fue muy triste pues tenía muchas posesiones.

Estar abierto a Dios. Según Jesús ese joven no es «perfecto» porque su corazón no pertenece del todo a Dios… su corazón pertenece también a sus posesiones. Está bloqueado por ellas. Esos supuestos «bienes» le estorban, le ponen trabas en vez de ayudarlo. Y el resultado es la tristeza.

Noel Quesson
Evangelios 1