Lectio Divina – Martes XX de Tiempo Ordinario

Un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos

1.- Oración Introductoria.     

Señor, teniendo ahí presente el evangelio de este día, casi me dan miedo tus palabras. ¡Qué difícil es entrar en el Reino de los cielos! Seguramente que estabas condicionado por la postura del joven rico. Por eso yo te pido en este día que Tú siempre seas para mí mi riqueza, mi tesoro, mi perla fina, la persona de la que siempre me puedo fiar. Estando contigo, pierdo todos los miedos.

2.- Lectura sosegada del evangelio. Mateo 19, 23-30

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible». Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. «Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

3.- Qué dice el texto

Meditación-Reflexión

Es muy corriente en el lenguaje de Jesús usar palabras y frases exageradas. Por supuesto que no hay que entenderlas al pie de la letra, pero sí como una fuerte “llamada de atención”. Jesús nos viene a decir que es muy difícil compaginar la riqueza y el evangelio. Pero nos deja siempre una puerta abierta: “Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible”. Jesús nos dice -una vez más- que el Evangelio no es ascética, esfuerzo, voluntarismo. Es “mística”. Es regalo, don, gracia. Después, y sólo después, vendrá la tarea, lo que debemos hacer. En las Bienaventuranzas, los pobres no son dichosos por el hecho de ser pobres, sino porque han descubierto a Dios como suprema riqueza de sus vidas. Nadie se quejaría de que han puesto muy caros los décimos de Lotería si supiera que ese año le iba a caer el gordo. Y para nosotros, la mejor lotería es haber conocido a Jesucristo. Si este Jesús se ha rebajado tanto que se ha quitado la capa del poder, se ha ceñido una toalla propia de esclavos, y se ha puesto de rodillas para lavar los pies a los discípulos, es muy lógico que yo no quiera estar, como Él, en los primeros puestos, y prefiera los últimos.  

Palabra del Papa

“La gratuidad en seguir a Jesús, es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús. Y cuando se quiere ir sea con Jesús que con el mundo, sea con la pobreza que con la riqueza, esto es un cristianismo a mitad, que quiere una ganancia material. Es el espíritu del mundo. Esos cristianos hacen eco a las palabras del profeta Elías: “cojean con las dos piernas porque no saben lo que quieren”. Para entender esto es necesario acordarse de que Jesús nos anuncia que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, o sea aquel que se cree o que es el más grande se tiene que volver el servidor, el más pequeño…Y cuando uno se cree importante pierde la cabeza y se pierde”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 26 de mayo de 2015 en Santa Marta).

4.-Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio).

5.-Propósito. Hoy voy a realizar por amor algún trabajo que sólo hacen los que están debajo de mí.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero fiarme de ti cuando dices cosas distintas de las que yo llevo en mi cabeza. Voy a creerme que “es mejor dar que recibir”; “que es mejor servir que dominar”: “que sólo hay una manera de ser grande, hacerse pequeño”. Pero no sólo quiero creerlo, quiero que me ayudes a ponerlo en práctica,

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

La recompensa eterna de Dios

1.- SÍ, HUMILDAD. «Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso» (Si 3, 19). Son consejos de Ben Sirac, el sabio inspirado por Dios. Palabras llenas de ciencia, fórmulas cargadas de sabiduría. En este pasaje el maestro aconseja al discípulo la humildad. Si en su vida procede humildemente será querido por todos, se le estimará más que al hombre generoso. Y es cierto. La persona que es humilde, sinceramente humilde, es sencilla, afable. Por su trato se da a querer… Ser humilde, ser sencillo. Olvidarse de sí mismo, estar contento con lo poco o lo mucho que la vida trae consigo. Ser consciente de la propia limitación, atribuir a Dios todo lo bueno que se pueda tener o que se pueda ser. No considerarse más que los demás, tratar a todos con la misma sonrisa, sin mirar a nadie por encima del hombro… El hombre humilde no tiene complejos, no teme quedar mal; no le importa que noten sus limitaciones. El humilde es por eso un hombre realmente libre.

«Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios» (Qo 3, 20). La fuerza de atracción de la humildad es tan grande, que ni Dios se resiste a ella. Sí, el Señor también se siente atraído por el que es humilde. Muchas veces vemos a Jesús inclinarse hacia el que es pequeño, pobre, enfermo, limitado, humilde. La mujer que Dios escoge por madre es una muchacha oculta entre la gente de su tiempo, una muchacha sencilla que habita en un pueblecito olvidado en las montañas de Galilea. La Virgen lo comprende y exclama: «Porque has mirado la pequeñez de tu esclava, por eso me llamarán bienaventurada todas las generaciones». Sí, Dios ensalza al humilde y abate al soberbio, enriquece al pobre y despide vacío al rico. Desprecia al que se cree justo y abraza al que se siente pecador… Luz, Señor, luz para descubrir la propia pequeñez. Valentía para aceptarla con sencillez. Humildad siempre, por muy alto que tú nos subas. Conscientes de que somos la nada, de que tú eres el todo.

2.- LOS PRIMEROS PUESTOS. «Notando que los invitados escogían los primeros puestos…» (Lc 14, 7) El Señor no hizo distinción de personas. Ni siquiera tuvo prevención con los que le miraban con malos ojos, aquellos que le invitaban para observarle de cerca y espiarle a gusto. Jesús conocía sus intenciones, pero no les esquiva ni se esconde. Él había venido para salvar a todos y a todos les da la posibilidad de que le conozcan y puedan amarle. Podemos decir que lo mismo ocurre ahora. En efecto, Jesucristo por medio de la Iglesia abre sus brazos a todos, no distingue entre rico o pobre, entre hombre o mujer, entre blanco o negro. El Señor quiere acercarse a la humanidad entera y se acerca de continuo de mil formas. Lo que ocurre a veces es que hay quienes no le acogen como se merece, quienes les cierran sus puertas, o se las abren a medias.

En aquella ocasión Jesús observa a los que han sido invitados a la boda, se da cuenta de cómo, a medida que van entrando, se colocan en los mejores puestos. Entonces el Maestro toma ocasión de este hecho para enseñarles cuál ha de ser la actitud y la conducta de un discípulo suyo. Quien quiera seguir su doctrina ha de actuar de una manera totalmente distinta. No ha de buscar el propio lucimiento, no ha de intentar ser el centro de la atención de los demás. Al contrario, ha de buscar la penumbra, el lugar más bajo, el pasar oculto. En un caso como el que están presenciando ha de elegir el último puesto, ser alzado a un sitio de más categoría por el dueño mismo de la casa. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Es una enseñanza cuyo alcance va más allá del caso de una invitación a un banquete. El Señor está pensando en otro banquete de más trascendencia, el banquete de las moradas eternas. Allí cada uno tendrá su puesto, cada uno gozará de su propia categoría. Entonces no valdrán los empujones ni las zancadillas para colocarse en los primeros puestos, no servirán las mentiras ni las apariencias. Entonces cada uno ocupará el puesto que realmente le corresponde, el suyo propio, ese que sólo Dios conoce. Puesto muy distinto quizá del que los hombres asignamos a los demás, o nos escogemos para nosotros mismos. Por eso no nos ha de preocupar otra cosa que ser grandes a los ojos de Dios, merecer sólo ante él y no ante los hombres.

El Maestro sigue exponiendo su enseñanza apoyado en ese banquete del que toma parte. Al hombre que le ha invitado le dice que cuando dé una comida o una cena no invite a quienes le pueden corresponder con otra invitación semejante. Cuando des un banquete, le dice, invita a los pobres, a esos que no podrán corresponderte. Sólo así será Dios mismo el que les pague, el que recompense su buena acción. Es decir, Jesús nos enseña que hemos de hacer siempre el bien, buscando no la recompensa y la gratitud de los hombres, sino la recompensa eterna de Dios.

Antonio García-Moreno

Comentario – Martes XX de Tiempo Ordinario

Mt 19, 23-30

Luego que se marchó el joven, Jesús dijo a sus discípulos: «Os aseguro que con dificultad entrará un rico en el Reino de Dios.»

Jesús está apenado. Propuso a un joven que lo siguiera, pero ¡éste prefirió su «bolsa»! ¿Cómo podemos sentir tales preferencias? Entre Tú, Señor, y el «dinero»… ¿Cómo es posible preferir el dinero?

Lo repito: «Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja, que no que entre un rico en el Reino de Dios.»

Dura palabra, que no hay que suavizar, aun siendo una hipérbole típicamente oriental. Esta palabra quiere ciertamente, chocar, despertar, sacudir nuestras torpezas. ¡Atención! ¡Grave peligro!

Y no es una palabra aislada, accidental, en el evangelio: veinte veces Jesús ha repetido cosas de este género. Para tener una idea equilibrada del pensamiento de Jesús sobre la «riqueza» es preciso recordar que:

1.° Constantemente puso en guardia a los hombres contra el obstáculo que suponen las riquezas para el que quiere entrar en la «vida»…

2.° Y sin embargo ha estimado y ha llamado a hombres ricos de rango social elevado, sin exigirles que abandonasen sus responsabilidades…

La riqueza en sí no es mala, sino «su origen», si esa riqueza ha sido adquirida injustamente… y «su empleo», si esa riqueza es malgastada egoístamente sin tener en cuenta a los más pobres… y sobre todo «su riesgo» de endurecimiento del corazón a los verdaderos valores espirituales -Ya no se necesita de Dios

Al oír aquello, los discípulos se quedaron enormemente desorientados y decían: «¿quién puede salvarse?» Jesús se los quedó mirando y les dijo: «Humanamente eso es imposible, pero para Dios todo es posible».

La cosa es seria. Es grave. Va en ello la salvación eterna. Señor, bien sabes todas las habilidades que los hombres han desplegado para tratar de atenuar esa Palabra… o para aplicarla, a «los demás», pues hay siempre uno «más rico que uno mismo».

Señor, es verdad, la pobreza me espanta y la riqueza me atrae. Es preciso que te lo diga, porque es así. Ayúdame. Convierte mi corazón.

Intervino entonces Pedro: «Nosotros ya lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿qué nos va a tocar?

Después que el joven rico, apegado a sus bienes se marchó, una sombra de abatimiento planeó sobre el grupo. Pedro interviene, como para consolar al Maestro y le ofrece el homenaje de su fidelidad. «Nosotros te hemos seguido.» Señor, da a tu Iglesia apóstoles… como ellos, capaces de dejarlo todo y de seguirte.

Concede, Señor, a todos los apóstoles que no piensen ante todo en las cosas que hay que hacer, ni en las empresas apostólicas que conviene activar… sino en ti, y en seguirte.

Vosotros, los que me habéis seguido…

No, para Jesús el apostolado no es una empresa, es una amistad.

Cuando llegue el mundo nuevo…

Tu pensamiento se dirige a menudo hacia «ese día», hacia ese porvenir. Tú eres un hombre que está en tensión hacia el fin del mundo, hacia el fin del hombre. ¡Qué venga, Señor, ese tiempo! ¡Ese mundo en el que todo será renovado… y todo será hermoso!

Os sentaréis con el Hijo del hombre… Recibiréis el céntuplo de lo que habéis dejado… Y heredaréis vida eterna…

El porvenir que prometes a los tuyos, a los que te han seguido, venciendo todos los obstáculos… es un porvenir alegre, es una abundancia de vida, una plenitud, es una expansión, un crecimiento divino.

Gracias, Señor. Condúceme hacia ese día.

Noel Quesson
Evangelios 1

Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios

Hemos comido y bebido contigo…

Alguien pregunta a Jesús acerca de un tema muy importante para el hombre y la mujer religiosa del judaísmo del siglo I. Probablemente existía una vaga idea sobre la poca cantidad de personas que se salvarían, porque cumplir la Torá para obtenerla era algo realmente difícil sino imposible. Jesús no responde a la pregunta -como es habitual- sino que prefiere exhortar a sus oyentes. Se dirige a todos no solamente al que preguntó. Exhorta a esforzarse… se comprende que la tarea no es fácil porque la puerta es angosta.

Ser discípulo y discípula de Jesús tiene su cuota de esfuerzo, dedicación, y trabajo arduo. A veces, es posible que pensemos que todo “está bien”, que no necesitamos convertirnos, transformarnos, seguir creciendo… Es probable que estemos “muy confiados” con lo que somos y hacemos -cualquiera sea el estado de vida y compromiso que tengamos-. Entonces, si nos dejamos tocar por estas palabras de Jesús y las acogemos seriamente, es imposible no sentirse sacudidos, interpelados: “Señor, ábrenos… si hemos comido y bebido contigo”; “no sé quienes sois… alejaos de mí, malhechores.En el griego la frase es más fuerte: hacedores del mal, obradores de injusticia, labradores de maldad… (ergátai adikías).

Es llamativa la relación de la imagen de la eucaristía con el argumento que dan los que se quedan afuera: comer y beber contigo; has enseñado en nuestras plazas… ¿es suficiente participar de la eucaristía y escuchar las enseñanzas de nuestros pastores? Según el evangelista Lucas: NO. Nuestras experiencias personales y comunitarias nos pueden mostrar la evidencia: podemos comer y beber con el Señor, conocer sus enseñanzas, y sin embargo, seguir obrando maldades e injusticia….

Después de la seria advertencia de Jesús viene una profecía tremendamente consoladora: vendrán muchos del norte y del sur; del oriente y occidente. Y esto conecta claramente con la primera lectura.

Reunir a todas las naciones y lenguas

La profecía del Trito-Isaías es quizá uno de los textos más bellos del cuerpo profético. Se anuncia una salvación universal, no solo para el pueblo de Israel sino para todos los pueblos de la tierra. ¡Y esto es maravilloso! Ese es el Dios en el que creemos los cristianos: un Dios que quiere la salvación de todos los pueblos, sin distinción.

Si tenemos la plena convicción de esto, entonces, no podemos quedarnos tranquilos, quietos o acomodados en nuestros respectivos lugares “de confort”, sino hacer realidad la invitación del Papa Francisco: “ser iglesia en salida…”

Y no porque queremos hacer proselitismo de la institución o la religión sino mas bien, porque queremos compartir la alegría de la salvación, la experiencia del amor misericordioso del Dios de Jesús, la profunda convicción de ser hermanos y hermanas de todos.

Por lo tanto, el corazón del creyente no puede discriminar, excluir, separar, dejar de lado a ninguna persona, cualquiera sea su condición, procedencia, creencia, etc.

Anunciar el Evangelio a toda la creación

El brevísimo salmo de hoy -paradójicamente- es una permanente exhortación a la misión, la evangelización, la predicación, a la pastoral en todas sus formas y posibilidades. Es el bajo continuo que siempre debemos escuchar en todas nuestras celebraciones, oraciones, reuniones, o encuentros.

¿Estás dispuesto a compartir la buena noticia: que la misericordia de Dios es firme y permanece para siempre?

Fr. Edgar Amado D. Toledo Ledezma, OP

Lc 13, 22-30 (Evangelio Domingo XXI de Tiempo Ordinario)

Dios nos espera para salvarnos

El evangelio puede sonar un poco desconcertante, dependiendo en gran parte del dicho aislado “esforzaros de entrar por la puerta estrecha”. El pasaje se sitúa en el camino que Jesús emprende hacia Jerusalén y el seguimiento que ello implica, es una catequesis lucana del verdadero discipulado. Pero ¿para qué es necesario ser discípulo de Jesús? ¿para salvarse, para salvarnos? ¿Esa era la mentalidad del tiempo de Jesús heredada en ciertos círculos cristianos rigoristas? ¿Son pocos los que se salvan? Conociendo el mensaje de Jesús y su confianza en Dios, tendríamos que afirmar que Jesús no respondía a preguntas que se resolvieran desde el punto de vista legal.

En realidad la lectura a fondo de este evangelio plantea cuestiones muy importantes desde el punto de vista de la actitud cristiana. Jesús no responde directamente a la pregunta del número, porque no es eso algo que pueda responderse. Lo de la puerta estrecha es un símil popular y no debe producir escándalo, porque los caminos de Dios no son lo mismo que los caminos de los hombres: esto es evidente. Esta es una llamada a la “radicalidad” en todo caso, que pudiéramos transcribir así: quien quiera salvarse debe vivir según la voluntad de Dios. Eso lo dice todo, aunque para algunos no resuelve la cuestión. Por ello deberíamos decir que esa preocupación numérica fue más de los discípulos que trasmitieron estas palabras de Jesús (el Evangelio Q para algunos especialistas), que estaban más o menos obsesionados con un cierto legalismo apocalíptico y no bebían los vientos del talante profético de Jesús.

Siempre se ha dicho que Jesús lo que busca son los corazones y la actitudes de los que le siguen. Les pone una parábola de contraste, la del dueño de la casa que cierra la puerta. La mentalidad legalista es la de esforzarse por entrar por la puerta estrecha. En la parábola se adivina un mundo nuevo, un patrón, Dios en definitiva, que no entiende las cosas como nosotros, por números, por sacrificios, por esfuerzos personales de lo que se ha llamado “do ut des” (te doy para que me des). Muchos pensarán que han sido cristianos de toda la vida, que han cumplido los mandamientos de Dios y de la Iglesia de toda la vida (si es que eso se puede decir), que han sido muy clericales… pero el “dueño” no los conoce. ¿No es desesperante la conclusión? El contraste es que podemos estar convencidos que estamos con Dios, con Jesús, con el evangelio, con la Iglesia, pero en realidad no hemos estado más que interesados en nosotros mismos y en nuestra salvación. Eso es lo que la parábola de contraste pone de manifiesto.

¿Las cosas deberían ser de otra manera? ¡Sin duda! Debemos aprender a recibir la salvación como una gracia de Dios, como un regalo, y a estar dispuestos a compartir este don con todos los hombres de cualquier clase y religión. Eso es lo que aparece al final de esta respuesta de Jesús. Los que quieren “asegurarse” previamente la salvación mediante unas reglas fijas de comportamiento no han entendido nada de la forma en la que Dios actúa. Por eso no reconoce a los que se presentan con señas de identidad legalistas, que ocultan un cierto egoísmo. No es una cuestión de número, sino de generosidad. En la mentalidad legalista y estrecha del judaísmo, que también ha heredado en muchos aspectos el cristianismo, la salvación se quiere garantizar previamente como se tratara de un salvoconducto inmutable e intransferible. No se trata de desprestigiar una moral, una conducta o una institución, como si el evangelio convocara a la amoralidad y el desenfreno para poder salvarse. Esta conclusión de moralismo barato (la “gracia barata” le llamaba Bonhoeffer) no es lo que piden las palabras de Jesús. Pero sí debemos afirmar rotundamente: si la salvación no sabemos recibirla como una “gracia”, como un don, no entenderemos nada del evangelio.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Heb 12, 5-7. 11-13 (2ª lectura Domingo XXI de Tiempo Ordinario)

¡Tengamos esperanza!

La lectura de Hebreos es una amplia exhortación a vivir la fe en medio de las dificultades que deben soportar. Los destinatarios son, muy probablemente, judíos convertidos que se encuentran un poco desasistidos de los apoyos que encontraban en la praxis del judaísmo, en la antigua religión. Ahora se les reprocha que no sean capaces de soportar algunas cosas. Por eso se les exhorta a que cuando reciban una corrección deben asumirla con paciencia, porque a pesar de desconcierto primero, el final siempre es positivo. El fruto verdadero de la corrección y la paciencia es una esperanza firme para no abandonar la fe.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Is 66, 18-21 – 1ª lectura Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Abrirse a todos los pueblos

Nuestra primera lectura de hoy es el del último capítulo del libro de Isaías que corresponde a un tercer Isaías, de la escuela del gran maestro que ha dado nombre a este libro en su totalidad. Es un oráculo que se dirige a los que ha retornado del exilio de Babilonia; es una llamada de esperanza universal. El fracaso del pueblo, con toda su identidad, debería haberles enseñado a abrirse a todas las pueblos, razas y lenguas, para que el proyecto universal de salvación de Yahvé, el Dios de Israel.

Es esto lo que se anuncia en esta lectura; es una llamada a la misión, que no van a escuchar los dirigentes y responsables. Se cerrarán en una teocracia sacerdotal, con el tiempo, y frustrarán muchas esperanzas. Comenzará a surgir una mentalidad cultual, legalista; una religión que no llegará al corazón reemplazará estas palabras proféticas, hasta que llegue el profeta definitivo, Jesús, quien volverá a recuperar para su pueblo y para el mundo lo que significa este oráculo.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Comentario al evangelio – Martes XX de Tiempo Ordinario

Seguir con un gancho

«¿Qué habrá entonces para nosotros?» Pedro personifica la típica mentalidad humana. Nos inclinamos a invertir sólo en aquellas empresas que traen algún rendimiento significativo, incluso en el ámbito espiritual. ¡Cuántas personas buscan a Dios sólo para utilizarlo como un cajero automático de múltiples maneras! Por supuesto, Dios satisface nuestras necesidades físicas, psicológicas y espirituales. Por lo tanto, Jesús respondió a la pregunta de Pedro de forma comprensiva y positiva y les prometió grandes beneficios. Sin embargo, en cuanto Jesús les prometió asientos de jueces con él en el Reino, ¡los hijos del trueno hicieron que su madre le pidiera a Jesús asientos privilegiados en el Reino (cf. Mt 20:20-21)! Sin embargo, a medida que su seguimiento de Jesús se hacía más cercano e íntimo, cambiaron. Sus intereses personales se desvanecieron y llegaron a perder la vida por él. Al igual que Pablo, llegarían a considerar todo como pérdida y basura sólo por el valor superlativo de conocer a Cristo y estar con él (cf. Flp 3,8-9).

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Martes XX de Tiempo Ordinario

Hoy es martes XX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 19, 23-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible».

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

Mientras preparo el comentario al Evangelio del  día, veo con dolor cómo, en días de altísimas temperaturas, en muchas zonas de la tierra se suceden los incendios; y de año en año con más frecuencia. No deja de ser otro síntoma de un planeta enfermo, que nos está diciendo de tantas formas distintas, pero relacionadas, algo que ya señala el papa Francisco en el número 34 de Fratelli Tutti: “Si todo está conectado, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad, pretendiendo ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe. No quiero decir que se trata de una suerte de castigo divino (…) Es la realidad misma que gime y se rebela.

Y al escuchar la Palabra de Dios a través del profeta Ezequiel y del Evangelio de Mateo, descubro en ella un mensaje de alerta sobre esta tendencia tan humana de querer ser lo que no somos, seducidos por los mensajes que se van colando en nuestra mente que nos dicen que el éxito social y el bienestar económico son la meta fundamental de la vida, por lo que hay que luchar, a cualquier precio y por encima de cualquier otro valor, con el falso planteamiento de que en realidad todo nos pertenece y a todo tenemos derecho; que la vida es subir, escalar puestos, alcanzar la cima mientras construimos la torre de Babel, mientras la tierra se desangra, la pobreza y la injusticia aumentan y cada vez hay más gente descartada.

En la primera lectura, se critica al príncipe de Sidón, y a través de él a todo el pueblo, porque su corazón se ha henchido, se ha creído Dios y ha construido un yo arrogante y prepotente.

En el Evangelio se nos habla de la relación humana con los bienes y la dificultad de que un rico pueda entrar en el reino de los cielos.

Y es que la cuestión es la siguiente: El Evangelio nos abre siempre un camino de sentido y de felicidad humana cuya clave fundamental es el amor, la primacía  del otro. Estamos hechos para el encuentro. Un encuentro que está llamado a vivirse desde la acogida y el reconocimiento del otro como es, la complementariedad, la diversidad, la donación mutua, el favorecer la vida de todos, la búsqueda del bien común. Quizás la palabra que hoy mejor recoge este sentido de la vida en la perspectiva del encuentro, es la llamada a la fraternidad, que es el mejor signo del Reino. Y está  claro que bajo la defensa a ultranza de tantos egoísmos enmascarados en palabras que los justifican como defensa de la libertad, del propio bienestar y de “mis” derechos, lo que en el fondo está en juego es la posibilidad de la existencia del otro como un hermano y no como una amenaza o un competidor. En el fondo, está en juego la posibilidad de vivir verdaderamente el Evangelio de Jesús que vino a servir y no ser servido, que hizo de su vida Eucaristía, pan entregado y vida  derramada, para alimentarnos a todos y sentarnos a la misma mesa.

Oremos hoy esta Palabra de Dios, reconociendo, agradeciendo los dones y bienes que hemos recibido. Preguntémonos si estamos atados a ellos y tenerlos se ha convertido en un fin para nosotros o nos sentimos libres para compartirlos. ¿Cómo Dios nos está llamando a cada uno a utilizar los bienes que de Él hemos recibido para colaborar en su sueño para nuestro mundo hoy?

Dejemos resonar la Palabra de Dios en nuestro corazón que nos dice…”eres hombre y no Dios” y que al mismo tiempo que nos señala la dificultad que tenemos para vivir una sana relación con los bienes nos abre el camino de la salvación. Porque nos puede pasar como a los discípulos que ante la dureza de la palabra de Jesús al hablar de los ricos nos preguntemos también espantados: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Y es bueno recordar lo que Jesús les contesta y nos contesta a nosotros: “Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo”.

Hna. María Ferrández Palencia, OP

Liturgia – Martes XX de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA XX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par

  • Ez 28, 1-10. Eres hombre, y no dios; pusiste tu corazón como el corazón de Dios.
  • Salmo: Dt 32, 26-36. Yo doy la muerte y la vida.
  • Mt 19, 23-30. Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos.

Antífona de entrada (Cf. Sal 67, 6-7. 36)
Dios vive en su santa morada. Dios, el que hace habitar juntos en su casa, él mismo dará fuerza y poder a su pueblo.

Monición de entrada
Hermanos, acudamos al Señor, que soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, suplicándole que ponga fin a este estado de sufrimiento en que se halla inmerso el mundo, la crisis económica y energética, la guerra, el hambre, las miserias que llevan padeciendo miles y miles de personas a consecuencia de la pandemia que hemos sufrido.

Acto penitencial
Y para celebrar dignamente estos misterios, comencemos la celebración pidiendo humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

• Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Señor, ten piedad.
• Tú, que te acercabas a los enfermos y los curabas. Cristo, ten piedad.
• Tú, que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Señor, ten piedad.

Oración colecta
SEÑOR Dios nuestro,
te remitimos a tu promesa
para con los que han dejado todo
a causa de tu reino
y están dispuestos a seguir a tu Hijo
a dondequiera que él les lleve.
Que sean hombres y mujeres
pobres en las cosas que cuentan en esta tierra,
pero ricos con tu amor y tu gracia
y con una riqueza de amigos
a quienes intentarán darles como sumo don
a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, pidiéndole que nos ayude a estar dispuestos a seguir radicalmente a Jesús, renunciando a todo lo demás.

1.- Para que el Señor abra nuestros ojos para orientarnos a poner nuestros corazones en las cosas importantes: como amor, servicio, generoso compartir. Roguemos al Señor.

2.- Para que los padres y educadores reten a los jóvenes a vivir según los valores del evangelio. Roguemos al Señor.

3.- Para que nosotros acojamos la gracia de Dios cuando se nos ofrece y respondamos con prontitud, aun cuando sea exigente con nosotros. Roguemos al Señor.

Dios y Padre nuestro, que quieres que sigamos generosamente a tu Hijo, escucha las oraciones que te hemos dirigido y haz que tengamos siempre un corazón generoso y desprendido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH Dios y Padre nuestro:
Al ver sobre la mesa el pan y vino,
nos acordamos de aquél
que se dio totalmente a los otros,
tu Hijo Jesucristo.
Le despojaron de todo,
excepto de la certeza de que podría contar con nosotros.
Haznos más conscientes de la pobreza
y de la vaciedad de nuestros corazones
y del valor superficial y pasajero
de las cosas materiales y mundanas
a las que nos apegamos.
Convierte nuestros corazones
y fíjalos en las riquezas y personas
que no se devalúan jamás:
tú y nuestro prójimo,
justicia, verdad, solidaridad y generoso amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 102, 2
Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios.

Oración después de la comunión
SEÑOR, Dios nuestro:
nos quedamos fácilmente satisfechos de nosotros mismos
y de nuestros pequeños mundos.
Despiértanos, y danos el valor de caminar con tu Hijo
en esta hermosa aventura de esperanza y amor.
Que nos preguntemos a nosotros mismos
no lo que hemos hecho por ti,
sino qué es lo que no hemos hecho todavía
y lo que aún nos queda por dar.
Por el poder de esta eucaristía
ayúdanos a seguir a tu hijo generosamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.