Lectio Divina – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

¡Id también vosotros a mi viña!

1.- Oración Introductoria.

Señor, no sé por qué esta parábola de los viñadores siempre me ha encantado. Nunca se me ha ocurrido pensar en la injusticia que se cometía al dar a los últimos lo mismo que a los primeros. Los últimos no han podido trabajar y tienen también derecho a comer. Señor, en vez de decir “esto es injusto”, me quedo con esto otro: ¡Qué Padre tan maravilloso! ¡Quiere que todos sus hijos coman! ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 20, 1-16

          En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Ahora vemos con normalidad que unos obreros que son despedidos de una fábrica porque no hay trabajo, tengan derecho a un tiempo de paro. Pero esto se ha conseguido después de muchas reivindicaciones por parte de los obreros. Pero Jesús lo tenía muy claro ya en el siglo primero. Aquellos obreros a quienes nadie ha contratado durante el día y sólo encuentran trabajo al final de la jornada, tienen mujer e hijos, y necesitan el sueldo completo para la familia. Los obreros que han trabajado todo el día, protestan. ¡Es injusto que nos pagues igual jornal!   ¿Y es más justo pasar hambre por no encontrar trabajo? Notemos una cosa: Pensemos que aquel dueño de la parábola se hubiera evitado las críticas si hubiera comenzado a pagar por los primeros. Les habría dado lo convenido y nadie  se hubiera enterado de lo que daba a los últimos. Pero Jesús, con esta parábola, nos quiere hacer pensar y, sobre todo, nos quiere cambiar de actitud.    El dueño de la viña es “un Padre” y no es “un Patrón”. Para un “patrón” lo importante es que el obrero “trabaje y rinda”. Para un padre lo más importante es que todos sus hijos trabajen honradamente y puedan comer.  En esta parábola de la viña, ¿hemos pensado en lo que ocurriría al día siguiente? ¿Acaso estos obreros de la última hora irían tarde? ¿Acaso serían  unos flojos? ¿O se adelantaron y sorprendieron al dueño enganchando antes de tiempo? Por supuesto que el dueño no les había exigido nada. Pero, un Dueño tan bueno, ¿no incentiva nuestra gratuidad? Pensemos en el hijo pródigo. ¿Nos pasa por la cabeza el pensar que, después del trato exquisito del Padre, iba a tener ya ganas de irse de casa?   Por ahí va la lógica del evangelio.

Palabra del Papa

“Un aspecto profundizado por el Santo Padre ha sido a través de una advertencia: «No acudamos a la voz de las sirenas que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsa de iniciativas, sin conseguir recoger lo esencial del compromiso de la evangelización”. Francisco ha señalado que a veces parece que estamos más preocupados por multiplicar las actividades que por ser atentos con las personas a su encuentro con Dios. «Una pastoral que no tiene esta atención -ha indicado- se hace estéril poco a poco». Asimismo ha querido recordar que una pastoral sin oración y contemplación no podrá nunca alcanzar el corazón de las personas. (Discurso de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Hoy no hago nada por cumplir un mandamiento o una ley. Lo haré todo por agradar a Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al terminar este encuentro contigo, quiero agradecerte el haberte comprendido un poco más. Tu amor de Padre te lleva al amor exagerado por tus hijos. No te interesa tener hijos esclavos que te sirvan, sino hijos libres que te amen y obren por amor. Haz que sea el amor el verdadero motor de mi vida y que todas las acciones de mi existencia las haga con el fin de agradarte.

ORACIÓN POR LA PAZ.

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

Homilía para el Domingo XXI de Tiempo Ordinario

También la liturgia de hoy nos propone unas palabras de Cristo iluminadoras y al mismo tiempo desconcertantes. Durante su última subida a Jerusalén, uno le pregunta: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Y Jesús le responde: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán» (Lc 13, 23-24). ¿Qué significa esta «puerta estrecha»? ¿Por qué muchos no logran entrar por ella? ¿Acaso se trata de un paso reservado sólo a algunos elegidos?

Si se observa bien, este modo de razonar de los interlocutores de Jesús es siempre actual:  nos acecha continuamente la tentación de interpretar la práctica religiosa como fuente de privilegios o seguridades. En realidad, el mensaje de Cristo va precisamente en la dirección opuesta:  todos pueden entrar en la vida, pero para todos la puerta es «estrecha». No hay privilegiados. El paso a la vida eterna está abierto para todos, pero es «estrecho» porque es exigente, requiere esfuerzo, abnegación, mortificación del propio egoísmo.

Una vez más, como en los domingos pasados, el evangelio nos invita a considerar el futuro que nos espera y al que nos debemos preparar durante nuestra peregrinación en la tierra. La salvación, que Jesús realizó con su muerte y resurrección, es universal. Él es el único Redentor, e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero con una sola condición, igual para todos:  la de esforzarse por seguirlo e imitarlo, tomando sobre sí, como hizo él, la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos. Así pues, esta condición para entrar en la vida celestial es única y universal.

En el último día —recuerda también Jesús en el evangelio— no seremos juzgados según presuntos privilegios, sino según nuestras obras. Los «obradores de iniquidad» serán excluidos y, en cambio, serán acogidos todos los que hayan obrado el bien y buscado la justicia, a costa de sacrificios. Por tanto, no bastará declararse «amigos» de Cristo, jactándose de falsos méritos: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas» (Lc 13, 26). La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir:  se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación. Podríamos decir que este es el «carné de identidad» que nos distingue como sus «amigos» auténticos; es el «pasaporte» que nos permitirá entrar en la vida eterna.

Queridos hermanos y hermanas, si también nosotros queremos pasar por la puerta estrecha, debemos esforzarnos por ser pequeños, es decir, humildes de corazón como Jesús, como María, Madre suya y nuestra. Ella fue la primera que, siguiendo a su Hijo, recorrió el camino de la cruz y fue elevada a la gloria del cielo, como recordamos hace algunos días. El pueblo cristiano la invoca como Ianua caeli, Puerta del cielo. Pidámosle que, en nuestras opciones diarias, nos guíe por el camino que conduce a la «puerta del cielo».

Benedicto XVI

Comentario – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

Mt 20, 1-16

La parábola de los obreros de la «Undécima hora» es célebre. Solamente la relata Mateo. Para interpretarla no olvidemos la regla elemental siguiente:

«la alegoría» es un género literario en el cual el conjunto de los detalles aporta una significación…

«la parábola», por el contrario, es un género literario en el que hay que buscar una lección central. El resto de los detalles está allí para ceñir el relato, forzar la atención, interesar. Está claro, por ejemplo, que ¡Jesús no pretende defender la injusticia social que consistiría en no pagar al obrero según su trabajo… o aun en establecer salarios completamente arbitrarios según el capricho del patrono!

El reino de Dios es semejante a un propietario que salió al amanecer a contratar jornales para «su viña»…

Todo el resto del relato muestra que no se trata de un propietario ordinario. No se va a contratar jornaleros cuando sólo falta una hora para terminar la jornada de trabajo. Esta «viña»… nos da ya una pista simbólica: en todo el Antiguo Testamento, y por lo tanto, para los primeros oyentes de Jesús, la «viña» de Dios, es el pueblo escogido, es el lugar de la Alianza (Isaías 5, 1-7)

Sí, Tú quieres, Señor, introducirnos en tu hacienda, en tu gozo y en tu alegría.

Les contrata… Al amanecer… A media mañana, sobre las nueve… Luego al mediodía… Luego a las tres… y a las cinco de la tarde -«la hora Undécima»-.

Adivinamos que no los contrata para su propio interés. Es un patrón que se preocupa profundamente del drama de los sin trabajo: «¿Cómo estáis aquí el día entero sin trabajar?»

Los últimos llegados cobraron «un denario»… como los primeros...

Humanamente hablando esto es inverosímil.

Pero, precisamente, es el caso que ya no estamos en un» historia «humana».
Ese amo sorprendente, lleno de bondad, que «favorece a los más pobres», para quien los «últimos son los primeros»… es Dios.

Y ¡se protesta! «Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno.»

Para Dios no hay privilegios. Las «naciones paganas», las últimas invitadas a la Alianza, son tratadas al igual con Israel, que se benefició más pronto de la Viña de Dios. Veinte veces, en el evangelio, Jesús valora así a los pobres, a los excluidos, a los «últimos».

«Amigo, quiero darle a este último lo mismo que a ti ¿Es que no tengo derecho de disponer de mis bienes? ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso?»

Tal es la lección central de esa parábola. Si sabemos leer entre líneas y no nos escandalizamos de detalles accesorios, he aquí el retrato maravilloso que Jesús nos traza de su Padre:

– un Dios que ama a los hombres prioritariamente, y los ama y quiere introducirlos en su propia felicidad…

– un Dios que reparte sus beneficios a todos y llama sin parar…

– un Dios cuya generosidad y bondad no está «limitada» por nuestros méritos, sino que da con largueza, sin calcular…

– un Dios que aparta a cualquiera que pretendiera tener derechos y privilegios impidiendo a los demás a aprovecharse…

Esta parábola nos hace una revelación absolutamente esencial: la salvación que Dios nos da es totalmente gratuita y desproporcionada a nuestros pobres méritos humanos. ¿Qué podríamos esperar si contáramos con sólo nuestras fuerzas? Pero, Señor, nos has dicho que lo esperemos todo de tu «bondad». Gracias.

Noel Quesson
Evangelios 1

Oración de los fieles – Domingo XXI de Tiempo Ordinario

En este mundo donde la oferta es cada vez más grande, donde se nos invita a probar todo, a entrar por todo, nosotros volvemos los ojos al Padre y te pedimos:

SEÑOR, SÉ TÚ NUESTRA PUERTA

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que no cesen en su labor de señalar la mejor puerta, la estrecha. OREMOS

2. – Por los que rigen las naciones, para que sea su labor la de abrir puertas en lugar de cerrarlas. OREMOS

3. – Por las familias para que se corrijan unos a otros en el amor del Señor. OREMOS

4. – Por los pobres y desamparados para que dejen de ser los últimos y se vean acompañados y reconfortados. OREMOS

5. – Por aquellas manos débiles y aquellas rodillas vacilantes para que en la Palabra de Dios encuentren la fortaleza para continuar el camino. OREMOS

6. – Por todos los que este domingo celebramos el día del Señor para que la asiduidad en la Eucaristía nos ayude a elegir siempre la puerta estrecha. OREMOS

Padre, Tú eres la meta de nuestro caminar y tu hijo fue quien nos trazó el camino; atiende estas plegarias y aquellas que surgen en nuestro caminar para que lleguemos un día a tu presencia y merezcamos entrar en tu Gloria. Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Amen

Música – Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Entrada: -Salvanos, Señor Jesús. CLN A14; Aclama al Señor CLN 611; Iglesia  somos (Cantos varios)  . Si me falta el amor CLN 74
Introito en latin: Inclina Domine  
Misa: En los meses de Julio y Agosto, en zonas con turistas extranjeros se puede cantar la Misa de Angelis
 Salmo y Aleluya. Id al mundo entero y proclamad …. (Propio)
Ofertorio: Señor te ofrecemos el vino y el pan (Cantos varios)
Santo: 1CLN-I2
Comunión: Tambien os amo yo  y Tan cerca de mi. (Cantos varios)Gustad y ved CLN 518;  Yo soy el pan de vida CLN 0 38.
Final: Gracias, Señor,  por nuestra vida CLN 609

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

La puerta estrecha – Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén , recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: – Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: – Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar, y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos», y él os replicará: «No sé quienes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quienes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahan, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.

Explicación

Muchos niños y niñas están contigo en el aula, incluso muchos años, y sin embargo casi no te conocen, ni saben de tí las cosas más importantes. Eso es porque la relación que has tenido con ellos/as es muy ancha. Llamamos relación estrecha no a la relación delgada sino a la intensa, cordial, íntima. Algo parecido pasa con Jesús : muchos han oído hablar de él pero no saben casi nada de su corazón, ni de su vida, ni de sus intenciones y deseos. Esa relación con Jesús es ancha, no grande sino ligth Para estar de verdad con él hay que entrar por una puerta estrecha y mantener una relación de amistad contínua, de fondo, entera. Eso es conocer y querer a todo un amigo o amiga.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Narrador: En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó:

Niño 1: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

Jesús: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.»

Niño 2: Maestro, ¿qué significa eso de levantarse, cerrar la puerta, quedarse fuera? no acabamos de entender.

Jesús: Voy a deciros aún más cosas. Esas personas comenzarán a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.»

Niño 1: Seguimos sin saber lo que nos quieres decir, maestro. ¿Qué es eso de comer, beber, enseñar en nuestras plazas?

Narrador: El Señor les responderá:

Jesús: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Niño 2: Maestro, ya voy entendiendo un poco lo que quieres decirnos.

Niño 1: Claro. Nos está hablando de los que estando con él, escuchándole en las plazas, no le hacen caso, incluso le rechazan por interés. ¿no es así, maestro?

Jesús: Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

Una justicia mayor

Esta parábola causa acidez a muchos que consideran injusto el acto del terrateniente. Pero quizás nos está enseñando una justicia mayor. Imaginemos el escenario: hay unos trabajadores que esperan ser recogidos para trabajar en el mercado. Salimos por la mañana para elegir a algunos de ellos. ¿A quiénes elegimos? A los jóvenes, a los aptos y a los sanos. Los viejos, los enfermos y los discapacitados quedan fuera. Por eso, cuando el propietario de la viña sale a la hora undécima, todavía están allí, y los elige. Sabiendo muy bien que tienen una familia que alimentar y necesidades que satisfacer, les paga generosamente; y les paga primero, porque, siendo viejos, enfermos o discapacitados, podrían tardar más tiempo en llegar a casa. Los obreros que trabajaron todo el día también recibieron exactamente lo que habían acordado. Jesús nos deja una pista al principio de lo que podemos esperar en el Reino: una justicia más profunda ungida de compasión.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 20, 1-16):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

El mensaje de esta parábola es claro. Jesús nos indica que tenemos un Dios que quiere y acepta a todos, incluidos los que llegan a las horas intermedias y a los que llegan a última hora a trabajar en su viña. Él es un Padre bueno y acogedor con todos sus hijos. También con los despistados que se dan cuenta tarde, pero a tiempo, de su equivocación. A los que critican esta actitud, el propietario de la viña, podemos decir el mismo Jesús, les dice: “¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

También la experiencia cristiana sabe dar una acertada interpretación a esta parábola. Trabajar desde bien de mañana, desde el principio, en la viña de Jesús no es un castigo, no es soportar el peso del día y del calor. Es una gran suerte y un gran premio, vivir desde el principio conociendo a Dios, gustar y disfrutar, desde apenas amanecido el día, de la amistad con Jesús. Quien ve las cosas así, no tiene envidia de que Dios ofrezca su casa, su amor a los que llegan “tarde”, sino todo lo contrario, se goza con el bien de los hermanos. ¡Gran suerte trabajar en la viña del Señor!

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.

Liturgia – Miércoles XX de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA XX SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Ez 34, 1-11. Libraré mi rebaño de sus fauces, para que no les sirva de alimento.
  • Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • Mt 20, 1-16. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Antífona de entrada
Las almas de los santos, que siguieron las huellas de Cristo, se alegran en el cielo: por eso exultan con Cristo para siempre.

Monición de entrada y acto penitencial
En nuestra celebración eucarística de hoy tenemos presente a todos aquellos hermanos nuestros que han llegado ya al final de su peregrinación en este mundo y gozan para siempre del descanso y la felicidad plena. Su recuerdo ha de ser un estímulo y un motivo de esperanza para los que somos aún la Iglesia peregrina, que va caminando y luchando en la tierra. Si ellos, frágiles como nosotros, fueron capaces de vencer en Cristo, también lo somos nosotros. La misma fuerza de Cristo que los sostenía a ellos, nos sostiene a nosotros. Con esta confianza y este ánimo, en la eucaristía que celebramos, nos unimos a la muchedumbre inmensa que forma la Iglesia celestial y participamos, ahora en prenda, de los que ellos ya gozan plenamente en el cielo.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios, fuente de toda santidad,
haz que cada uno de nosotros caminemos dignamente en nuestra vocación,
por los méritos de tus santos,
a quienes concediste en la tierra diversidad de carismas
y un mismo premio de gloria en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Por intercesión de los santos que reinan con Cristo, presentemos al Padre nuestra oración por todos los hombres.

1.- Por la Iglesia, santificada en la sangre de Cristo, para que sea conducida fielmente por sus pastores hasta la santidad de su Cabeza. Roguemos al Señor.

2.- Por el papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y laicos, para que el gozo de conseguir el reino de los cielos les infunda valor para vivir según el espíritu de las bienaventuranzas. Roguemos al Señor.

3.- Por aquellos que siguen el camino de la pobreza, la castidad y la obediencia, para que, fieles a su vocación, sean estímulo santificador para los hermanos. Roguemos al Señor.

4.- Por la justicia y la paz en todo el mundo, por los gobernantes, para que sean ejemplo de honestidad ante los demás ciudadanos. Roguemos al Señor.

5.- Por cuantos estamos reunidos celebrando esta solemnidad, para que mantengamos cada día nuestros compromisos bautismales. Roguemos al Señor.

Concede a tu pueblo, Dios todopoderoso, la protección de todos los santos, a fin de que, por su intercesión, obtenga los beneficios que te implora. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEAN agradables a tus ojos, Señor,
los dones que te ofrecemos en honor de todos los santos,
y haz que sintamos interceder por nuestra salvación
a los que creemos ya seguros en la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 5, 8-10
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración después de la comunión
OH, Dios, que nos alimentas con un mismo pan
y nos confortas con una misma esperanza,
danos también fuerza con tu gracia para que todos juntos,
formando con tus santos un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo,
resucitemos a la gloria con él.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.