Comentario – Jueves XX de Tiempo Ordinario

Mt 22, 1-14

La parábola del «Festín de bodas» se sitúa, en la progresión del evangelio de san Mateo, en el centro mismo de la ciudad de Jerusalén, sólo algunas semanas antes de la muerte de Jesús: Jesús anuncia, cada vez más claramente, el rechazo del Mesías por parte del pueblo escogido…

El Reino de los cielos es comparable a un Rey que celebra el banquete de bodas de su Hijo.

Dios sueña en una fiesta universal para la humanidad… una verdadera fiesta de «boda»… un conjunto de regocijos colectivos: banquete, danzas, música, trajes, cantos, alegría, comunión.

Dios casa a su Hijo… Conforme al querer del Padre la desposada a quien ama es: la humanidad. Y el Padre es feliz de ese amor de su Hijo.

Jesús enamorado de la humanidad. Esposo místico: Marcos 2, 19; Juan 3, 29; Mateo 9, 15; 25; Efesios 5, 25; II Corintos 19, 29; 21, 2-9; 22, 17.

Envió a sus criados a «llamar» a la boda a los invitados… Venid a la boda.

Dios invita, Dios llama, Dios propone.

Es una de las mejores imágenes del destino del hombre. Hoy, muchas personas no saben ya cuál es el objetivo de su vida: ¿a dónde vamos? ¿por qué hemos nacido? ¿qué sentido tiene nuestra vida?

Jesús nos responde: estáis hechos para la «unión con Dios» por mí. El objetivo del hombre, su desarrollo total, es la «relación con Dios»: ¡amar, y ser amado! Dios os ama. Y cada uno está invitado a responder a ese amor. Y todos los amores verdaderos de la tierra son el anuncio, la imagen, la preparación y el signo de ese amor misterioso y, a la vez, portador de una mayor plenitud.

Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos los escarnecieron y los mataron.

¿Cómo explicar que lleguemos a actuar de ese modo? ¿que prefiramos el «trabajo» a la «fiesta»; que vayamos a nuestras tareas en lugar de ir a participar del «manjar de Dios»? ¿que nos encerremos en nuestros límites, en nuestra condición humana tan pesada -y ¡tan absurda, según algunos intelectuales en lugar de ir a dar un paseo por el universo de Dios para respirar a fondo aires puros?

El rey se indignó… dio muerte a aquellos homicidas… y prendió fuego a su ciudad…

Mateo escribía esto en los años en que Jerusalén fue incendiada por los romanos de la Legión de Tito, en el 70. Los acontecimientos de la historia pueden interpretarse de muy distinta manera. En todo tiempo los profetas han hecho una reconsideración, desde la fe, de los sucesos que, por otro lado, tienen causas y consecuencias humanas. Todo lo que «ocurre», todo lo que nos sucede no se debe al «azar» Conviene buscar y detectar en ello prudentemente el proyecto de Dios… las advertencias que, por la gracia, se encuentran allí escondidas.

Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, buenos y malos, invitadlos a la boda… y la sala de bodas se llenó de comensales.

La Iglesia, comunidad abigarrada, mezcla de toda clase de razas y de condiciones sociales, pueblo de puros y de santos, pueblo de malos y de pecadores, cizaña y buen grano… ¡Dios quiere salvar a todos los hombres. Dios nos invita a todos!

Pero hay que llevar el «traje de boda» para no ser echado a las tinieblas de fuera.
El tema del «traje»: para entrar en el Reino, hay que «revestirse de Cristo», dirá San Pablo (Gálatas 3, 27; Efesios 4, 24; Colosense 3, 10) «revestirse del hombre nuevo». La salvación no es automática: hay que ir correspondiendo al don de Dios.

Noel Quesson
Evangelios 1

Lectio Divina – Jueves XX de Tiempo Ordinario

¡Venid todos a la boda!

1.- Oración introductoria.

Señor, esta parábola me da alegría y esperanza. Tú invitas a un banquete de bodas. Los cristianos, Señor, sabemos trabajar contigo, sufrir contigo, pero no hemos aprendido a disfrutar contigo. Hoy nos invitas a la alegría y a la fiesta. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 22, 1-14

Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

A Jesús no se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “El reino de los cielos es semejante a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto”. Pero sí se le ocurrió decir que “el Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas”. Jesús invita a la alegría, a la fiesta. Dios es Padre y disfruta viendo a sus hijos e hijas que se lo pasan bien. La invitación a la boda la hace a todos. A los de casa y a los de fuera; a los judíos y a los paganos; a los que conocen a Dios y a los que no le conocen. Si hay que salir a los caminos, se sale; si hay que recorrer las calles y plazas, se recorren. Lo importante es que no se desperdicie nada de lo preparado en el banquete. Como ya había anunciado Isaías, se trata del banquete preparado por Dios, a lo grande, a lo Dios: “El Señor Todopoderoso, ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares exquisitos, vinos de solera” (Is. 25, 6).  Hay una nota discordante en la parábola:” Los que no tienen vestido de boda son expulsados a las tinieblas”. Nos preguntamos: los que van al campo, los pobres de los caminos, ¿tienen que llevar un vestido de fiesta? Se ve que esas palabras no estaban en la parábola de Jesús sino en la redacción final que hizo el evangelista por motivos morales. De hecho, San Lucas, en el episodio paralelo, termina diciendo:” la casa se llenó de comensales” (Lc. 14,23). La invitación es para todos y a Jesús no le estorba nadie, y menos los pobres.

Palabra del Papa.

“Medita lo que Dios te dice en el Evangelio Te escojo a ti. Ven, amada alma. Ven al banquete que desde toda la eternidad he preparado para ti. Todos los siglos han preparado este momento en el que no te llamo siervo, sino amigo. Ven, pues desde toda la eternidad te he llamado por tu nombre para que participaras de este banquete donde mi cuerpo es tu alimento y mi carne tu bebida. Eres mío, yo te he creado… pero no pienso obligarte a venir. Eres libre. Te he entregado el poder de ser feliz, pues de una manera o de otra, cuando amamos de verdad, eso es lo que hacemos: entregamos nuestra felicidad en las manos del amado. Ven, no tengas miedo. Ponte el traje de fiesta, lava tus vestiduras en la sangre que brotó de mi costado. Deja que mi perdón inunde los rincones más profundos de tu alma. Ven, todo lo he preparado para ti. Muero de ganas por compartir contigo este banquete. No me dejes esperar en vano. Algunos invitados incluso maltratan y asesinan a los siervos que llevan la invitación. No obstante, la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Delante del rechazo de los primeros invitados, él no se desanima, no suspende la fiesta, pero antes propone la invitación, ampliándola hasta más allá de los límites razonables y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de las rutas para reunir a todos aquellos que encuentren” (Ángelus de S.S. Francisco, 12 de octubre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Lo que tengo que hacer en este día, lo tomaré como una invitación de Jesús a ser feliz.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque todo el evangelio es una invitación a la vida, a la alegría, a la salud, a quitar cargas pesadas a los hombres. Sólo quieres nuestro bien, nuestra felicidad. No has ido a la muerte por amor al sufrimiento, sino por amor a nosotros. Has sufrido para quitar de nosotros el sufrimiento y las causas que lo provocan.  Así de bueno eres, Señor.

ORACIÓN POR LA PAZ

Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tú nos amas. María Madre nuestra, auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal.

No sé quiénes sois

Con tantos perfiles y currículos
para hacernos presentes,
lo antes posible,
en los mercados de trabajo,
en los medios y las redes…

Con tantos instrumentos novedosos
para conectarnos al instante,
hablarnos,
exponernos
y conocernos…

Con tantas carpetas repletas
de álbumes de fotos,
instantáneas,
mensajes
y diálogos sobre todo…

Pendientes en todo momento
del móvil y la tablet,
de facebook
de internet,
de instagram y del whatsapp…

Resulta que llegamos a tu casa,
te llamamos…
y nos quedamos descolocados,
porque tú estás -a pesar de nuestras dudas-,
pero no nos conoces…

Insistimos que te hemos visto,
que hemos comido y bebido contigo,
que hemos seguido tus pasos,
que te conocemos desde hace tiempo…
pero tú no nos conoces.

¡Qué chasco!
¡Qué desastre!
Y eso que ya nos lo habías dicho
cómo ibas a reconocernos
si llegábamos tarde o de noche.

Florentino Ullibarri

Notas para situar el texto

• El comienzo de este texto (22) nos vuelve a situar en lo que empezó en el capítulo 9 (Lc 9, 51): el «camino hacia Jerusalén» (22). Un «camino» en el que Jesús encuentra de todo, camino cargado de vida: «recorría…, enseñando» (22).

• Hay dichos de Jesús que, si no sabemos leerlos en su verdadera perspectiva, nos pueden conducir a una grave deformación de todo el Evangelio. Así sucede con las palabras tan conocidas de este pasaje: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha» (v. 24). Mal interpretadas pueden llevarnos a un rigorismo estrecho, rígido y anti-evangélico en lugar de orientarnos hacia la verdadera radicalidad exigida por Jesús.

Comentario al evangelio – Jueves XX de Tiempo Ordinario

Lo no negociable

La parábola del banquete de bodas se abre con una invitación limitada seguida de un rechazo; y luego una invitación abierta, seguida de una expulsión. ¿Qué sentido tiene esta dinámica? La salvación se ofreció primero al «pueblo elegido» de Israel. Es típico de los seres humanos no valorar lo que se ofrece gratis. Los invitados están demasiado ocupados con sus proyectos miopes para ocuparse del banquete. La invitación se ofrece entonces gratuitamente a todos: El Evangelio sale a las cuatro direcciones del mundo y todos están invitados. No basta con responder a esta invitación estando presente: hay que estar presente con la actitud correcta del corazón, el traje de bodas, que no es negociable. Puedes venir tal como eres, pero al entrar, revístete de la mentalidad de Cristo (cf. Flp 2, 4-11) para que seas identificado, recibido y servido en el banquete de la vida.

Paulson Veliyannoor, CMF

Meditación – Jueves XX de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 22, 1-14):

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

En este pasaje del evangelio de San Mateo, son destacados los destinatarios de la enseñanza: sumos sacerdotes y ancianos. Los dirigentes de Israel. Envejecidos e incapaces de comprender la novedad que se hace presente con Jesús y su enseñanza. Son los guías ciegos que conducen a otros y todos caen en el hoyo.

Los convidados no aprecian la invitación. El banquete de bodas es irrelevante para ellos. Se insiste en la invitación, pero los intereses particulares priman sobre la significación de la boda. “Uno se fue a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y mataron.” No se trata de la gente sencilla, sino de los dirigentes, que son los que tienen el dominio y el poder. Ni acuden ellos ni dejan a otros acudir. La parábola encierra el reproche para aquellos que han recibido el encargo de acompañar al pueblo. En ellos no hay debilidad sino autosuficiencia, por eso acaban mal, de ahí que “el rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.”

¿Qué pasa con la boda?

La parábola trata sobre el reino de los cielos. El Reino está abierto y ofrecido a todos.  Es lo que significa “Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Reunieron, nos dice San Mateo, a todos los que encontraron, buenos y malos. La sala se llenó de invitados. Como es lógico, el rey saluda a cada uno. Un gesto de cortesía y de agradecimiento. En su recorrido encuentra a uno que no lleva el traje de fiesta. Le reclama: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? “Ha sido obsequiado con un traje nuevo y no lo ha aceptado. Por eso calla, no tiene argumento que le defienda. Si hubiera tenido que comprarlo, la falta de medios habría sido razón suficiente para no llevarlo, pero lo han dado gratis.

El vestido ha sido regalado a estos invitados. Es pura gracia acogida. Todo lo que dice el texto de Ezequiel resuena aquí. También lo que se le dice a Nicodemo: nacer de nuevo para ver el reino de Dios. Nacer de agua y Espíritu Santo para entrar en el Reino. El vestido de bodas es la vida nueva recibida de Dios y es por ella que se entra en el Reino. Dicho de otra manera: la vieja condición hay que dejarla de lado, pues ella impide participar de todo lo nuevo que se pone de manifiesto en la actuación de Dios en favor de la humanidad.

Con frecuencia tendemos a aferrarnos a nuestros esquemas inservibles, pero nuestros, y ofuscados, nos empeñamos en mantenerlos, aunque veamos que no sirven. Volver la mirada atrás descalifica para el reino de Dios. Necesitamos, sin duda, en los tiempos que vivimos, considerar lo que a través de Ezequiel se nos ha dicho de cara a la actuación de Dios y lo que en el evangelio se señala: muchos son los llamados y pocos los escogidos. ¿Pocos los que responden?

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.

Liturgia – Jueves XX de Tiempo Ordinario

JUEVES DE LA XX SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde).

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-par.

  • Ez 36, 23-28. Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu.
  • Sal 50. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias.
  • Mt 22, 1-14. A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.

Antífona de entrada
Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escucharé y seré para siempre su Señor.

Monición de entrada y acto penitencial
Un día más el Señor Jesús viene a nosotros; dispongámonos, pues, a acogerle y, al comenzar la Eucaristía le pedimos de todo corazón perdón por nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
DIOS de clemencia y reconciliación,
que concedes a los hombres días especiales de salvación
para que te reconozcan como creador y padre de todos,
ayúdanos propicio, para que,
aceptando de corazón tu mensaje de paz,
podamos cumplir tu voluntad de instaurar todas las cosas en Cristo.
Él, que vive y reina contigo.

Oración de los fieles
Oremos al Señor nuestro Dios.

1.- Para que la Iglesia sepa anunciar a Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que los políticos acierten en la solución de los graves problemas. Roguemos al Señor.

3.- Para que crezca entre todos los ciudadanos el sentido de la solidaridad. Roguemos al Señor.

4.- Para que sepamos dar un buen testimonio cristiano. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor, y concédenos lo que te pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
RECUERDA, Señor, que tu Hijo,
que es nuestra paz y nuestra reconciliación,
ha borrado el pecado del mundo con su sangre,
y, al mirar propicio los dones de tu Iglesia,
concédenos, poder llevar a todos la libertad de Cristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Antífona de comunión          Cf. Mt 11, 28
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré, dice el Señor.

Oración después de la comunión
EL sacramento de tu Hijo que hemos recibido,
aumente, Señor, nuestras fuerzas, para que,
por este misterio de unidad,
nos llenemos de tu amor saludable
y seamos en todas partes constructores de tu paz.
Por Jesucristo nuestro Señor.