Comentario – Viernes XX de Tiempo Ordinario

Mt 22, 34-40

Los «fariseos» al enterarse que Jesús había hecho callar a los «saduceos», se reunieron en grupo y uno de ellos «Doctor de la Ley», le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba…

Toda la «inteligentsia» de la capital, la élite intelectual se interesa por el «caso Jesús». Los partidos políticos, los grupos religiosos opuestos, buscan o atraerlo a su campo o hacerlo fracasar.

Se le hizo la pregunta entonces de actualidad: ¿hay que hacer huelga de impuestos? como lo sostenían ciertos grupos extremistas, los Zelotas. (22, 15-22).

Se le planteó la gran cuestión teológica que dividía las mentes: ¿Hay que creer que la resurrección es posible? (22, 23-30).

Los fariseos estaban en oposición al gobierno romano, pero los saduceos estaban a favor de la colaboración. Los saduceos no creían en la resurrección, los fariseos, sí. Jesús vivió en ese contexto de camorras y querellas políticas e intelectuales. HOY, los fenómenos de «opinión» pública han ampliado aún más esas luchas ideológicas. No nos tienen que hacer perder la cabeza; pero tampoco hay que dejar de tenerlos en cuenta refugiándose en una religión desencarnada. Y el mismo Jesús «tomó partido»:

– una vez, por los saduceos… pagar el impuesto a Cesar. (Mateo 22, 21).

– Otra vez, por los fariseos… creer en la resurrección (Mateo 22, 31).

Los fariseos, contentos de esa toma de posición a su favor, quieren poner a prueba a Jesús.

Maestro, ¿cuál es el Mandamiento mayor de la Ley?

Es una pregunta típicamente farisaica: la fidelidad a la Ley era el gran problema debatido en sus grupos. Tenían múltiples obligaciones, numerosas prácticas a observar y cantidades de interdictos. Pero sabían que era preciso, sin embargo, hacer distinciones, y no ponerlo todo en el mismo plano: hay mandamientos más graves y otros menos graves. Es pues una verdadera cuestión la propuesta por ese doctor de la Ley.

¿Busco, yo también, lo que es esencial en todas mis obligaciones?

Jesús contestó: «Amarás…

Todo se resume en esta palabra.

Es tan breve que tenemos el riesgo de pasarla por alto. Debo orar a partir de eso… y mirar mi vida a esa luz.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón-alma-mente. Este es el «mayor» y el «primer» Mandamiento.

Jesús cita aquí, la plegaria cotidiana de los judíos (Deuteronomio 4-7). El amor de Dios debe embargar todo el ser, de pies a cabeza, diríamos hoy. La palabra hebrea que se traduce por «con todo tu corazón, -con toda tu alma-, con toda tu mente» es una palabra intraducible de hecho: de tal manera expresa la totalidad del ser humano. ¿Es así como amo yo a Dios? O bien ¿le amo sólo con una parte de mi vida y de mi tiempo?

El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas.

No fue una respuesta original. Era la respuesta de los fariseos. Pero lo nuevo es:

1.° La aproximación de esos dos mandamientos que, en el pensamiento de Jesús, se apoyan el uno al otro, tiene la misma importancia y se parecen…

2.° El hecho de que resumen todos los otros mandamientos en una síntesis sencilla…
En medio de los conflictos políticos y religiosos de su tiempo, Jesús nos conduce «de nuevo a lo esencial… que relativiza todo lo restante con relación a eso.

Noel Quesson
Evangelios 1