Hay últimos que serán primeros

El estado de la cuestión: la salvación de Israel

Israel tenía conciencia de ser el pueblo elegido. Multitud de acontecimientos de su vida nacional lo recordaban. Por eso, muchos israelitas se lo creyeron: bastaba pertenecer al pueblo por raza o conversión; otros solo se salvarán los nacidos biológicamente de las 12 tribus. Sin embargo, Jesús en el evangelio de hoy dice: La llamada a la conversión es para todos: «Vendrán muchos de Oriente y occidente», y vosotros tened cuidado porque «no os conozco». Jesús establece otro criterio de selección: No es la pertenencia física al pueblo sino la apertura del hombre a la gracia de Dios que se manifiesta en las obras.

Fe en Cristo y las obras

La sociedad española sigue siendo una sociedad cristiana en teoría: bautizados, familias cristianas, educación religiosa; pero hasta el más ciego se da cuenta del desajuste entre ideas y vida de los cristianos. Estamos ante una nueva y preocupante situación religiosa.

Son las obras las que definen nuestra pertenencia al Reino: nuestra vida de superación y de lucha; nuestros trabajo de cada día; la inquietud de nuestras preocupaciones; nuestro sincero y concreto amor a los hermanos…

He ahí los signos de la pertenencia al Reino. El Reino que se hace presente entre nosotros por nuestra labor entre los hombres; el Reino que está en nosotros si nuestra fe genera obras de acuerdo con nuestra vida cristiana.

Algunas conclusiones

No basta, pues, pertenecer a la Iglesia para sentirse tranquilo y creer que ya hemos encontrado la salvación: no es cuestión de títulos, de méritos, de misas oídas… Hay que entrar por la puerta que es Jesús que se nos manifiesta como un Dios lleno de ternura, que no nos asfixia con normas, que respeta nuestra libertad; pero que exige vivir como él vivió, intentar reproducir vitalmente sus actitudes y sentimientos…

Las religiones son distintos caminos que desembocan en el mismo punto. ¿Qué importa que vayamos por distintos caminos si alcanzamos la misma meta? (Gandhi). Tenemos que aprender de todos y de todas las religiones: aceptar que en los otros también existen valores y, a la vez, tener claros los motivos de nuestra fe en Jesús. No todas las maneras de ver el mundo son iguales y equiparables. Nosotros hemos elegido un camino: el seguimiento de Cristo. Es un camino que conduce a la felicidad, pero que pasa por la entrega y el servicio a los demás hasta dar la vida.

Las lecturas de este domingo son una llamada de atención: El cristiano no puede vivir de brazos cruzados: la esperanza es algo activo, porque «hay primeros que serán últimos y últimos que serán primeros».

Isidro Lozano